Autor: Jara Atienza

La ingeniería también tiene nombre de mujer

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Eva Pagán y Sara Gómez son ingenieras. La primera es directora general de Transporte de Red Eléctrica de España; la segunda, directora general de Universidades de la Comunidad de Madrid. En un mundo tradicionalmente masculino, han conseguido abrirse camino y llegar a lo más alto. En este diálogo conversan sobre las dificultades a las que se han enfrentado y analizan cuáles son los principales desafíos para que mujer e ingeniería sean compañeras inseparables en el viaje hacia un futuro digital.

Sara Gómez. La falta de mujeres en la ingeniería –solo representan un 25% del alumnado en este tipo de carreras STEM–, es un problema global, no local. Sin embargo, estas cifras enmascaran de alguna manera la realidad: hay carreras universitarias como la ingeniería biomédica o la bioingeniería donde ahora encontramos una igualdad casi total entre hombres y mujeres. En el otro extremo hay ingenierías como la informática o la electrotecnia, que es la que tú hiciste, en las que la presencia femenina está a punto de pasar a un dígito. ¿Por qué sucede eso?

Eva Pagán. El problema viene desde antes de la universidad, del período de madurez, de la adolescencia, cuando tomas la decisión de si prefieres estudiar matemáticas y física en vez de literatura o historia. Y en esas edades el papel de los educadores es clave.

Sara Gómez. Por eso es tan importante enamorarte de estas profesiones cuando tienes cinco o seis años. Cuando los niños y niñas están en infantil, los profesores –en su mayoría mujeres– tienen muy poca formación en STEM. Por eso es un problema estructural: o cambiamos la formación de los formadores o será difícil que luego las niñas escojan física o matemáticas. Porque las dos sabemos que, si no te gustan los números, hacer ingeniería no es una buena opción.

Sara Gómez: "Hay que acabar con los mitos que rodean la ingeniería e impiden ver la vertiente social y eso a las mujeres nos importa"

Eva Pagán. No es solo la formación de los docentes, debería cambiar también la idea que hay de que para hacer una ingeniería tienes que ser muy listo, porque también tienes que serlo para convertirte en un buen abogado o un buen periodista. Se transmite que la ingeniería es algo que haces solo, en un sitio cerrado, peleándote con las máquinas, y a lo mejor las mujeres, que somos más sensibles a tener trato con los demás, esa imagen que se da nos condiciona. Además, la realidad es que un equipo de ingeniería siempre es multidisciplinar: ya sea para construir un puente, una instalación eléctrica o una gran infraestructura, necesitas un equipo.

Sara Gómez. Fíjate, una de las razones por las que estoy peleando por evangelizar, como yo lo llamo, para que haya más vocaciones STEM en general –y en niñas y chicas en particular–, es precisamente porque desde las ingenierías hemos comunicado mal lo que hacemos. En mis visitas a los colegios, les preguntaba a las niñas qué creían que hacemos los ingenieros o las ingenieras y me decían: “No lo sé, pero sois un poco raros”. Y esa percepción de que somos muy empollones o solitarios y que no tenemos vida social, pesa. Hay que romper los falsos mitos, primero, porque impide que se vea la vertiente social de la ingeniería y eso a las mujeres nos importa; y, segundo, porque no deja avanzar. La ingeniería, la ciencia en general, es la palanca de transformación más poderosa del mundo, y más en este momento.

Eva Pagán. ¿Y no es ahí donde tenemos que involucrarnos más las que ya tenemos experiencia en el mundo de la ingeniería? Deberíamos decirles a las niñas: “Oye, bueno, soy rara, pero de una rareza media, más o menos como cualquier otro”. No hay que tenerle miedo y hay que ser un referente. Si te gusta trabajar con piezas, ¿por qué no vas a poder hacerlo, si las piezas no saben de mujeres ni de hombres? Esos filtros los ponemos nosotros, y son los que nos llevan a pensar que una profesora educación infantil es más cosa de mujeres y que ser ingeniero es más de hombres.

Sara Gómez. ¿De dónde crees que vienen esos prejuicios?

Eva Pagán. Creo que de la infancia, están incluso en los juegos mismos. Recuerdo que, cuando era pequeña, me regalaron por mi comunión uno de los primeros bebés que hablaban y lloraban a la vez. A mí me gustaban mucho las muñecas, pero cuando me dieron eso, en cuanto me quedé sola, la curiosidad me llevó a coger un cuchillo y abrirlo para ver por qué demonios aquel muñeco lloraba, para disgusto de mi madre. Pero es que yo creo que una muñeca es jugar, pero también es descubrir por qué llora.

Eva Pagán: "Si te gusta trabajar con piezas, ¿por qué no vas a poder hacerlo, si las piezas no saben de mujeres ni de hombres?"

Sara Gómez. Exacto. Los porcentajes existentes sobre el tiempo que las mujeres dedicamos a cuidar de los demás son altísimos, por eso hay que fomentar en las niñas el desarrollo de habilidades que van más allá de lo social, como las de descubrir por qué pasan las cosas. ¿Tú crees que las mujeres somos más timoratas? Hay algunos estudios, como el de una universidad americana, en el que se hace una oferta de empleo con una serie de indicaciones que los candidatos han de cumplir. Hicieron una muestra bastante equilibrada entre hombres y mujeres y vieron cómo los varones aplicaban cuando cumplían un 40 o 50% de los requisitos, pensando “lo que no sé, ya me lo enseñarán”. Sin embargo, las mujeres, no lo hacían hasta que no estaban seguras de poder cumplir el 80 o el 90% de las especificaciones. ¿De dónde nos viene esto?

Eva Pagán. Quizá de la autoexigencia, de las inseguridades… Esa inseguridad es la que nos hace pensar “no voy a poder con las matemáticas” o “no voy a poder resolverlo porque mis compañeros van a hacerlo mejor… Quizá quitando eso seríamos conscientes de que no te van a considerar rara, que eres tan capaz como cualquier otro. ¿Tú has tenido muchas dificultades para abrirte camino en este sector tan mayoritariamente masculino?

Sara Gómez. Yo diría que sí. Empecé teniéndolas incluso a la hora de hacer la carrera. Vengo de un pueblo de Segovia, de una familia muy tradicional, donde mi padre quería que yo hiciera farmacia –o medicina, o magisterio– y mi hermano ingeniería. Así que cuando dije que quería hacer una ingeniería, el primer choque lo tuve en casa. Luego, cuando empiezas a trabajar, vas sumando anécdotas. Recuerdo que, la primera vez que estuve en obra, estábamos haciendo una zanja para hacer los cimientos y había una piedra de dimensiones gigantescas. El jefe de obra vino y me dijo: “Ingeniera, ¿qué hacemos con esta piedra?”. Y no tenía ni idea, pero sabía que con ese comentario me estaba midiendo, poniéndome a prueba.

Eva Pagán. Eso sí que nos ha pasado a todas: el escuchar un “¡Buah!” cuando te ven llegar y eres una mujer. Para eso quizá el mejor antídoto es dar seguridad y perseverar, perseverar y perseverar…

Sara Gómez. Y organizarnos. Las administraciones, las empresas y la sociedad en general debe tomarse el tema de la igualdad en serio. El diagnóstico lo tenemos bastante acertado, ahora tenemos que empezar el tratamiento. De ahí que ese movimiento feminista –hablo de feminismo en términos de igualdad, no de posiciones radicales– robusto y solvente sea imprescindible y debemos seguir ahí perseverando, hablando de los problemas con naturalidad. En eso soy optimista porque gracias a ello ahora soy más consciente de algunas situaciones o comentarios fuera de lugar a los que antes no les daba importancia.

Sara Gómez: "Sí que he tenido que utilizar alguna técnica bastante masculina para hacerme un hueco"

Eva Pagán. ¿Has llegado al punto de adoptar actitudes “más masculinas” para que te tomen en serio?

Sara Gómez. La verdad es que yo no he tenido nunca una mujer jefa, probablemente por lo que decíamos antes de que estamos en un mundo muy masculino. Pero cuando he tenido yo ese liderazgo, sí que he utilizado alguna técnica o algún método bastante masculino, para hacerme un hueco. Es más, en alguna reunión he llegado a dar un puñetazo físico encima de la mesa porque estaban midiéndome una vez más. Después de eso todos nos dimos cuenta de que estábamos haciendo el tonto y que no podíamos seguir jugando a esto. También es verdad que creo que, en general, las mujeres escuchamos más de lo que nos escuchan, o al menos yo tengo esa impresión.

Eva Pagán. Yo también lo he notado. Además es algo que se acentúa cuando juntas dos cosas: juventud y que seas mujer. Quizá con los años consigues ganarte algo más de respeto y que te escuchen más.

Sara Gómez. Por mi experiencia creo que con el paso del tiempo tomas conciencia de cosas como que antes te interrumpían más los discursos. Algo parecido sucede con la brecha salarial, que es otro de los grandes mantras que tenemos hoy que las mujeres y que hasta hace poco no se había denunciado. Además, es algo que está cuantificado: ante el mismo desempeño profesional, nos pagan menos. Lo curioso es que hace poco en un debate comentaban que las profesiones que están feminizadas –hablamos de ejemplos como medicina o las enseñanzas– se pagan menos a medida que se van feminizando. Esto rompía una de mis teorías, ya que yo pensaba que si éramos más en las carreras STEM, la brecha se reduciría; pero si acabamos siendo el 70% en estas carreras y lo que hacemos es bajar el sueldo… Debe hacerse algo más desde el punto de vista sociológico, que no sea solamente responder a la oferta y demanda.

Eva Pagán . Yo creo que en ese punto hay que tener en cuenta cómo es el profesional que se demanda en el futuro. Si vivimos en una sociedad que se está digitalizando, si estamos hablando constantemente de crear modelos digitales de todos nuestros procesos … ¿Cuáles van a ser las cifras de empleo de las mujeres? Porque si, para demandar eso vamos a ir a las universidades tecnológicas o a las carreras STEM, ahí los porcentajes son demasiado bajos. Debemos resolver el problema respondiendo a lo que espera la sociedad, viendo qué es lo que tenemos ahora y cómo lo proyectamos de cara a 2030. ¿Cuál crees tú que es el camino a seguir?

Sara Gómez. No creo que exista una receta mágica: es un problema estructural y complejo y debe abordarse como tal. Eso sí, debemos ser capaces de decirles también a los hombres de que el problema es de los dos. Es decir, hay encrucijadas en la vida de una mujer que no están en la vida de un hombre y debemos acabar con ello. Si tuviera que dar alguna clave esta sería la educación en igualdad y la educación sin perjuicios y sin estereotipos. Es responsabilidad de todos conseguirlo.

Eva Pagán: "Hay que aplicar medidas de choque, porque no podemos esperar 150 años para alcanzar la igualdad"

Eva Pagán. En mi opinión deberían aplicarse también medidas de choque que nos ayuden a trabajar en el largo plazo, porque no podemos esperar 150 años, que es cuando dicen los organismos internacionales que alcanzaremos la igualdad total, y aún menos a la velocidad que vamos.

Sara Gómez. Sin duda, la velocidad inicial tiene que ser muy fuerte. Pero creo que nos encontramos en este momento en el que estamos convencidos de que tenemos que cambiar. ¿No ves tú un entorno de convencimiento?

Eva Pagán. Es como lo que nos está sucediendo en el ámbito energético, en el que ya no queda nadie por convencer del cambio climático y de que tenemos que hacer una transición. Ahora lo que estamos discutiendo cómo somos capaces de alcanzar esos objetivos de descarbonización. Yo creo que esto es algo parecido: caminamos en el buen sentido pero ahora debemos debatir cómo lo hacemos para que el cambio sea rápido, eficiente y sin que nadie se descuelgue, porque eso sería un fracaso.

Sara Gómez. Para eso debemos estar convencidos que la diversidad enriquece. Tenemos el qué: que es que debemos ser diversos. ¿Y el cómo? Es lo que nos falta por definir, pero yo creo que estamos en camino.

Transición energética a la alemana: una carrera de obstáculos

Pocos días antes de que la activista sueca Greta Thunberg hiciese sonrojar a los líderes mundiales reunidos en Nueva York el pasado mes de septiembre, con motivo de la Cumbre de Acción por el Clima de la ONU, la canciller alemana, Angela Merkel, anunció la puesta en marcha de un plan nacional de 54.000 millones de euros para combatir el cambio climático. La propuesta –que comprende un total de 70 medidas enfocadas a lograr el objetivo de reducir el 55% de las emisiones de CO2 de cara a la próxima década– fue uno de los planes más completos a nivel internacional presentado pocos meses después en la COP25 de Madrid.

Con el objetivo principal de eliminar el carbón totalmente en el año 2038, Alemania sigue avanzando en el proceso de transición energética que comenzó hace ya más de una década pero que, para algunas voces, no está teniendo ni el éxito ni la velocidad deseados. A continuación, se detallan algunas claves para entender los retos a los que se enfrenta este país centroeuropeo:

1. El Energiewende, de los 80 a la actualidad

En los años 80, Los Verdes acuñaron el término Energiewende para defender el abandono de la energía nuclear. En la actualidad, el concepto define la transición energética de Alemania hacia un modelo más sostenible apoyado en las renovables. No obstante, el verdadero cambio comenzó en 2010 cuando el Ministerio Federal de Economía y Tecnología aprobó el Energy Concept, un ambicioso marco regulatorio con el que el país se comprometía a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero con tres horizontes: un 40% para 2020, un 55% para 2030 y alcanzar al menos el 95% en 2050.

Pero diez años después, el país centroeuropeo todavía parece estar demasiado cerca de la línea de salida. Para reactivar la transformación energética, la nueva hoja de ruta presentada por Merkel el año pasado hace hincapié fundamentalmente en un objetivo: impulsar la participación de las energías verdes en el sistema eléctrico germano, de forma que estas representen el 65% en 2035.

Según datos del Fraunhofer Institute for Solar Energy Systems, en 2010 las renovables suponían el 37% del total del parque generador y generaban casi un 20% de la electricidad del país. ¿Cómo ha evolucionado Alemania durante la última década?

2. Adiós nuclear… ¿adiós carbón?

Energiewende se acuñó en los 80 para defender el abandono de la energía nuclear

Tras el accidente nuclear en la central de Fukushima en el año 2011, Merkel decidió llevar a cabo, con el apoyo del 60% de la población, el llamado “Atomausstieg”, o lo que es lo mismo, romper definitivamente con la energía nuclear con una fecha en el horizonte: 2022. Esto ha tenido un claro efecto: en 2010, Alemania contaba con 21,5 GW de potencia nuclear instalada, mientras que en 2019 esa potencia solo sumaba 9,5 GW.

Esta apuesta por el adiós nuclear ha tenido una consecuencia irremediable: ha ralentizado el proceso de descarbonización del sistema eléctrico alemán. Si bien el objetivo del Gobierno alemán en esta década también ha sido reducir la dependencia de este combustible fósil, el apresurado abandono de la energía nuclear lo ha retrasado de forma tangible. En el año 2010, esta fuente tenía una representación en el parque generador alemán del 34% (52,9 GW) en cuanto a potencia instalada y generaba el 43% de la energía eléctrica. Nueve años más tarde, los números no han descendido todo lo deseado. La potencia supone ahora el 20,8% del total (43,8 GW) y generó en 2019 el 29,1% de la electricidad. Estos datos la convierten aún en la tercera fuente energética en potencia instalada y la primera en generación.

La fecha del Gobierno alemán para eliminarlo definitivamente de la generación eléctrica se sitúa en 2038 pero la realidad es inequívoca: el carbón sigue siendo imprescindible para la seguridad del suministro en el país alemán.

3. ¡Hola, renovables!

Además de perseguir el abandono de la nuclear y el carbón, el objetivo prioritario del gigante europeo ha sido potenciar las energías renovables, especialmente la eólica que es la principal materia prima del país. Y se ha conseguido en buena parte, ya que a cierre de 2019 estas tecnologías ya representaban el 58% de la potencia total instalada, haciendo posible que las fuentes verdes generasen el 46% de la electricidad. Si echamos la vista atrás a 2010, veremos que las renovables han experimentado un ascenso notable. Entonces solo sumaban el 37 % del parque generador siendo responsables de casi un 20 % de la producción eléctrica. Además, en 2019 la eólica se ha consolidado como la principal tecnología en capacidad instalada del país por cuarto año consecutivo.

Las fuentes de energía verde generan el 46% de la electricidad en 2019

Pero no siempre sopla el viento a favor, ya que los datos de integración de renovables muestran que el crecimiento se ha ralentizado en los últimos tres años y los avances se están produciendo a un ritmo más lento. En el año 2010, Alemania contaba con 27 GW de energía eólica instalada y esta generaba el 7% de la energía eléctrica del país. Durante los siguientes seis años, la presencia de la eólica aumentó de manera exponencial: 55,6 GW de potencia instalada en 2017 (duplicando la cifra de 2010) y su generación de electricidad se multiplicó por tres (24% del total). Sin embargo, entre 2017 y 2019, solo se integraron 5,3 GW de energía eólica, cuando lo necesario para cumplir el objetivo de 2035 sería crecer esa cifra de manera anual. La tendencia empieza a ser preocupante.

4. Se avecinan problemas… Seguridad del suministro y rechazo ciudadano

Pero en Alemania saben que ser verde no es un camino de rosas.  Por un lado, la eólica y, en general el desarrollo de las renovables afronta varios retos. Por un lado, los requisitos administrativos para poner en funcionamiento parques eólicos son cada vez más exigentes. A eso hay que añadir las protestas ciudadanas contra estas mega construcciones: cada obra superior a un gigavatio está condenada a afrontar una larga batalla judicial. En el estado de Baviera, por ejemplo, la ley exige que la distancia entre una turbina y la vivienda más cercana sea de 10 veces la altura del mástil, obligando además a pagar 10.000 euros por turbina instalada a la comunidad más cercana a esta.

Por otro lado, los alemanes también se enfrentan al reto de preservar la seguridad y calidad del suministro eléctrico. A la intermitencia natural que caracteriza a las renovables hay que añadir un factor geográfico: el potencial eólico se concentra en el norte, mientras que el sur del país aglutina a la industria, principal foco de la demanda. Para casar estas dos realidades de forma exitosa, Alemania debe reforzar su red de transporte de electricidad, que ya se encuentra altamente congestionada. Pero no está resultando tarea sencilla ya que existe gran oposición ciudadana –y va en aumento- a la construcción de nuevas líneas.

Fuente de los datos: Fraunhofer Institute for Solar Energy Systems  https://www.energy-charts.de/index.htm

El nuevo capitalismo ¿verde?

green new deal

Enero de 2007, Estados Unidos. Una crisis financiera comenzaba a cocinarse en el gran continente. Pocos meses después, un déficit de capital se extendería como la pólvora por los bancos estadounidenses hasta explotar con la quiebra del gigante financiero Lehman Brothers en verano de 2008. Un acontecimiento que marcaría el origen de una crisis económica y financiera de repercusión mundial.

Ese enero, antes de la precipitación de tan desafortunados acontecimientos, el columnista de The New York Times, Thomas L. Friedman, acuñó el término Green New Deal para referirse -en una clara alusión a la reforma que llevó a cabo el presidente Roosevelt para paliar los efectos de la Gran Depresión en los años 30- a un amplio programa con el objetivo de revitalizar la economía americana que girase en torno a las energías verdes. La idea cayó en el olvido durante los últimos meses de presidencia de George W. Bush, y aunque Barack Obama retomó el plan durante su primera campaña electoral, el Green New Deal quedó camuflado en medio de la feroz crisis. La idea nunca llegó a enterrarse.

En 2007 el columnista Thomas L. Friedman ya acuñó el término Green New Deal


En 2012 la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20) reabría la puerta al debate: ¿es posible un capitalismo respetuoso con el planeta y sus recursos naturales? ¿Puede la economía verde ser la alternativa al modelo de producción y consumo actual? Desde esa cumbre, numerosos economistas y expertos han analizado la posibilidad de un nuevo capitalismo verde o ecocapitalismo que reinvente el sistema económico mundial. Ahora, con la celebración de la Cumbre del Clima (COP25) que se ha celebrado en Madrid a inicios de diciembre, se ha vuelto a poner sobre la mesa la idea de una maquinaria basada en un beneficio que sea compatible con la protección de los ecosistemas y la lucha contra el cambio climático.

Sin embargo, si hubiese que datar el verdadero impulso del Green New Deal, al menos como propuesta tenida en real consideración, sería en 2018 con la llegada a la política de Alexandria Ocasio-Cortez. La congresista demócrata, apoyada por el ala más izquierdista del partido Demócrata de Estados Unidos, entre los que se encuentran el senador Bernie Sanders y la senadora Elisabeth Warren, propone la creación de una serie de medidas económicas y sociales. Todas ellas orientadas hacia la transformación de la economía estadounidense y sustentadas en una transición ecológica justa y generadora de empleo sostenible. Puesto sobre papel y presentado ante el órgano legislativo, el proyecto tiene todavía sus detractores pero ha sido la punta de lanza para teóricos económicos y sociólogos. También para movimientos juveniles, como el Sunrise Movement en Estados Unidos, que están dispuestos a trasladar de manera pacífica la intención política de combatir el cambio climático a las calles.

El economista y sociólogo estadounidense Jeremy Rifkin es también uno de los abanderados de este Pacto Verde. Según explica en su último libro El Green New Deal Global, la descarbonización de la economía -que, según sostiene, sucederá de una manera casi natural cuando la sociedad de los combustibles fósiles colapse entorno a 2028-, permitirá que la transición ecológica sea rentable y justa a la vez.


Hacia una Europa verde y sostenible


El Pacto Verde también ha echado raíces en Europa. La nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció hace unos días un ambicioso pero realista Europen Green Deal, una hoja de ruta que pretende transformar el continente en el primero neutro para 2050. Para ello, el Ejecutivo ha desplegado un plan que desplegará un paquete legislativo que revolucionará de forma integral la economía europea para hacer frente al cambio climático. Los principales ejes de este plan serán: incrementar la ambición climática con horizonte 2030 y 2050; garantizar el suministro y la producción de energía limpia, asequible y segura; movilizar a la industria por una economía circular y limpia; fomentar la construcción y la renovación de edificios eficientes; conseguir un medioambiente con polución cero; preservar y restaurar los ecosistemas y la biodiversidad; impulsar un modelo agroalimentario justo y saludable; y acelerar el cambio a una movilidad inteligente y sostenible.

La estrategia europea 20-20-20 fue el germen del Green New Deal en el continente


Pero el Green New Deal no es una política nueva en Europa. En 2007 ya nacieron los primeros brotes con la puesta en marcha de la Estrategia Energética de la Unión Europea, conocida como 20-20-20, que pretendía, según el documento, “provocar una nueva revolución industrial y crear una economía de alta eficiencia energética y baja emisión de CO2”. El plan ambiciona reducir en un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero, en un 20% el consumo de energía y garantizar que en otro 20% la energía provenga de fuentes renovables. Ese mismo año, en Reino Unido nació Green New Deal Group, un grupo de activistas ecologistas que publicaron un manifiesto con el mismo nombre que marcaba unas pautas para iniciar una transición hacia un nuevo sistema económico orientado a frenar el cambio climático.


El Green New Deal, a examen


Sin embargo, no todos los autores son favorables a una alteración radical del sistema económico que afecte a todas las piezas del engranaje, incluidas la industria, el transporte o el sector de la energía. Es el caso de la escritora Naomi Klein, que alerta de los posibles peligros de un sistema económico verde basado en el capitalismo. “No necesitamos un New Deal pintado de verde, sino una doctrina de choque”, señala Klein en su libro On Fire: The Burning Case for a Green New Deal (2019). A su juicio, las políticas hasta ahora definidas no están lo suficientemente orientadas a solventar todos desafíos interconectados con la crisis climática, como el de acabar con la pobreza, la desigualdad o el hambre. “Necesitamos estar en guardia contra la posibilidad de que el estado de emergencia se convierta en un estado de excepción, en el que poderosos intereses explotan el miedo y el pánico del público para revertir derechos ganados con dificultad, o forzar soluciones tan falsas como rentables para ellos”, sostiene.

Y frente a este amplio abanico de perspectivas de teóricos y políticos, jóvenes en todo el mundo se manifiesta desde el 2018 con más ímpetu que nunca. Más allá de planteamientos económicos, exigen un cambio radical y democrático que permita abordar la cuestión climática. La joven activista sueca Greta Thunberg -que en el último año se ha convertido en el estandarte de la lucha contra el cambio climático- es un claro ejemplo de la demanda de las nuevas generaciones. "Millones de personas alrededor del mundo marcharon y demandaron acciones reales contra el cambio climático. Mostramos que estamos unidos y que los jóvenes somos imparables". Con estas palabras, Thunberg hace una llamada a todos los ciudadanos para que dejen de lado sus intereses y diferencias y aúnen fuerzas para luchar contra la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad.

La industria de la moda se viste de verde

moda

Se necesitan cerca de 2.000 litros de agua para producir una camiseta de algodón, más de 4.000 para unas zapatillas y 10.000 para unos pantalones. Los cálculos de la Water Footprint Network solo ratifican los datos repetidos una y otra vez por Naciones Unidas que indican que la industria textil es el segundo sector más contaminante del mundo, solo superado por el petrolífero. Consciente de la gran huella ecológica que supone su desarrollo, el sector de la moda ha comenzado a movilizarse para cumplir con la Agenda 2030 y garantizar así la supervivencia del planeta.

A día de hoy, Prada se ha convertido en el baluarte de la moda sostenible. Hace apenas unos días, la firma italiana anunciaba que había suscrito un préstamo a cinco años por valor de 50 millones de euros con la entidad bancaria francesa Crédit Agricole Group. En él se definen los intereses y las cláusulas en base a factores de sostenibilidad. Es decir, a medida que la empresa alcance objetivos vinculados con la innovación y el desarrollo sostenible verá reducida su tasa de interés.

Con este pacto, la marca que lidera Miuccia Prada se ha convertido en la primera del sector de lujo en comprometerse con el medio ambiente a través de un acuerdo económico vinculante. Lejos de ser un salto radical, la empresa llevaba ya años transitando hacia un modelo de negocio más sostenible. Hace unos meses anunció que emplearía materiales reciclados y dejaría de utilizar pieles de animales de cara a 2020. Se trata de una decisión que en los últimos años cada vez más compañías han ido abrazando para adaptarse a las exigencias del sector y, también, de los clientes. La toma de conciencia de la necesidad de una industria más sostenible se refleja en las decisiones de compra de personalidades tan influyentes como la monarca británica Isabel II, que ha decidido poner fin a la tradición de usar pieles. No obstante, los esfuerzos realizados hasta ahora por el mundo de la moda no han sido suficientes.

El sector de la moda representa el 10% de las emisiones globales de CO2

Por eso, el pasado agosto, grandes marcas de lujo como Saint Laurent, Gucci, Balenciaga o Salvatore Ferragamo se comprometieron durante la cumbre del G7, celebrada en Biarritz, a impulsar el cambio hacia un modelo más sostenible. Este pacto verde se ha convertido en un punto de inflexión para un sector que representa el 10% de las emisiones globales de CO2 y el 20% de los vertidos tóxicos en las aguas. Sin embargo, para frenar el calentamiento global y evitar que los efectos del cambio climático sean irreversibles, se necesita no solo un cambio radical en el sistema de producción, sino también en los hábitos de consumo.

Según un estudio de la Fundación Ellen MacArthur, institución enfocada a acelerar la transición hacia una economía circular, la industria mundial de ropa ha pasado de producir 50.000 millones de prendas en el año 2000 a 100.000 millones en 2015. En esos quince años, el consumidor medio ha pasado a comprar un 60% de prendas más y a utilizarlas la mitad de tiempo.

Afortunadamente, frente a la cultura del usar y tirar, cada vez más jóvenes se lanzan a la reutilización y el intercambio de prendas, una práctica que podría hacer tambalear los cimientos del sector y acelerar su transformación. El auge de las compras de ropa de segunda mano y las apps de compra-venta son un buen indicio de ello.

El último informe elaborado por ThreUp señala que en los últimos años ha aumentado hasta 21 veces más rápido la adquisición de artículos de ocasión que en los últimos cinco años. Pero el estudio va más allá: con la progresiva toma de conciencia de los jóvenes sobre el cambio climático –que suponen el mayor grueso de compradores– se espera que esta tendencia llegue a superar la moda rápida (o fast fashion) en 2028 a menos que esta cambie de rumbo hacia un modelo más sostenible.

La COP25 arranca con un compromiso ambicioso: una ley europea para frenar el retroceso climático

Ursula von der Leyen

La nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado este lunes que el próximo mes de marzo presentará una ley europea para evitar que se den pasos atrás en el camino de la neutralidad climática de la Unión Europea. La presidenta ha hecho este comunicado en el contexto de la COP25, que ha arrancado hoy en Madrid y en la que se espera que se cierren las negociaciones sobre el reglamento del Acuerdo de París, que entrará en vigor en 2020. 

Hace apenas unos días, el brazo ejecutivo de la Unión Europea aprobó una resolución para declarar a la región en situación emergencia climática, convirtiéndose en el primer continente en anunciar esta situación. Ahora, tras tomar posesión el domingo, Ursula von der Leyen ha puesto sobre la mesa un plan de inversiones para poner en marcha una acción climática que se sustente en la investigación, la innovación y las nuevas tecnologías. También contempla la creación de un Fondo de Transición que garantice que nadie se quede atrás en el proceso de transformación. “Esto implicará dotar de una perspectiva climática a todos los sectores económicos”, ha anunciado la comisaria.

En diez días se presentará el Green New Deal Europeo

Otro de los ejes vertebradores del discurso que la presidenta ha pronunciado frente a los mandatarios mundiales ha sido la activación de un Green New Deal europeo que, según ha asegurado, presentará de aquí a diez días. El objetivo es convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro para 2050. “Si queremos alcanzar esta meta tenemos que actuar e implementar nuestras propias medidas ahora. Porque sabemos que esta transición necesita un cambio generacional”, ha concluido la comisaria.

“Ambición, ambición, ambición”. Con estas palabras, el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha inaugurado la Cumbre del Clima que hasta el próximo día 13 de diciembre reunirá a los líderes de todo el mundo. En este foro se acabarán de definir, en el mejor de los casos, los próximos pasos para cumplir con el pacto de limitar el aumento de la temperatura en 1,5°C. Por eso, el adelanto de las futuras medidas que aplicará la Unión Europea, cuando menos ambiciosas, abre la puerta al resto de las partes firmantes del Acuerdo de París y les invita a presentar unos planes de acción más combativos contra el cambio climático.

Juan Carlos del Olmo: “No podemos afrontar la crisis climática sin propuestas ni presupuestos”

biodiversidad

La comunidad científica advierte: el cambio climático ya está aquí y, con él, la pérdida de la biodiversidad y la degradación del entorno se aceleran. Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF, nos recuerda: “frenar esta situación depende de lo que hagamos en las próximas décadas”. Conversamos con él para conocer qué debemos cambiar para garantizar la supervivencia del planeta, y de la especie humana.

Diversos estudios, entre ellos el Informe Planeta Vivo y el informe IPBES, alertan de que la biodiversidad mundial disminuye a ritmos alarmantes ¿Qué podemos hacer para frenar la degradación del entorno natural?

El informe IPBES sobre la pérdida de biodiversidad ha puesto de manifiesto que estamos en medio de una crisis climática muy grave, porque no solo estamos hablando de que un millón de especies de esas ocho millones conocidas desaparecerán, sino de que esas especies son los resortes que hacen que funcionen los ecosistemas y de que, además, son la base nuestra economía. Estamos poniendo en riesgo los fundamentos de la sociedad. Como dice Greta Thunberg, no hay que entrar en pánico: todavía hay tiempo para revertir la situación. En primer lugar, lo que podemos hacer es tomárnoslo en serio. En general, nuestros líderes políticos no lo hacen. Es lamentable que estén mirando al corto plazo y no de cara a 2050 o 2100. En segundo lugar, las empresas tienen que darse cuenta de que no pueden seguir como hasta ahora, basando sus negocios en la explotación de la naturaleza y la biodiversidad. Si no quieren desaparecer, deben transformarse muy rápidamente.

¿Qué papel debería ocupar el cambio climático en las prioridades de los partidos políticos?

Algunos partidos políticos, como el partido socialista y, en general, los partidos de izquierdas, han situado la transición ecológica y la lucha contra la destrucción de la naturaleza entre sus prioridades. Luego ya veremos si las políticas se trasladan en presupuestos concretos y, sobre todo, en acciones. Pero es importante que esté en sus agendas. No podemos afrontar la crisis climática que viene sin propuestas, pero tampoco sin presupuestos ni funcionarios técnicos trabajando en las estructuras. Mucho peor es que hay otros partidos que entienden el problema del cambio climático y la cuestión de la naturaleza como algo menor. Algunos ni siquiera lo incluyen en sus programas y eso es una irresponsabilidad, como lo fue la suspensión de Madrid Central, que me parece una medida que refleja exactamente el corto de miras de quienes no ven que estamos ante un cambio de paradigma y a las puertas de algo muy importante.

Para frenar el aumento de la temperatura del planeta, urge un cambio en el modelo energético que permita la descarbonización de las economías. ¿Cómo debería ser esa transición?

Debe ser lo más rápida posible porque no hay tiempo. Y remarco el “posible” porque hay que hacerla bien; evitando los daños colaterales y reduciendo al máximo los efectos que esa transición pueda tener, sobre todo, en el sector de los combustibles fósiles que acabarán por desaparecer. De la misma manera, hay que mirar que los nuevos proyectos de energías renovables estén bien calibrados. Además, tiene que ser un modelo democrático descentralizado. No puede ser que las empresas que provocaron que nos encontremos en esta situación sean las que controlen las energías renovables. Desde WWF apostamos por un modelo donde las personas, la sociedad organizada, tenga un papel principal en el futuro de las energías renovables.

“El movimiento de los jóvenes evidencia la importancia de que la sociedad sea quien lidere el cambio”

Cada minuto se vierten 33.800 botellas de plástico al mar Mediterráneo. La Unión Europa prevé suprimir los plásticos de un solo uso de cara a 2021. ¿Es la regulación legislativa la solución?

El problema de los plásticos es solo una evidencia más, aunque muy notoria y visual, del modelo de consumo contaminante y excesivamente desmedido que tenemos y que conlleva un incremento del CO2 en la atmósfera. Todo nuestro modelo de consumo está disparatado: vemos bosques tropicales que están desapareciendo por la explotación del aceite de palma y los mares cada vez más degradados por la pesca intensiva. Este año presentamos un informe sobre la huella ecológica y, en el mes de mayo, Europa ya había consumido todo su capital natural. A partir de ese momento ya se empieza a consumir el agua, la madera y demás recursos naturales de otros países. Este es un modelo económico ilimitado que se basa únicamente en seguir creciendo económicamente a costa del planeta.

¿Qué rol tiene la ciudadanía en esta transición?

El papel de la ciudadanía es vital: lo poco o lo mucho que avanzamos se debe a la movilización de la sociedad. Si el Parlamento Europeo votó por mayoría aplastante eliminar los plásticos de un solo uso, es porque los la sociedad estaba presionando a los grupos políticos. Eso antes no pasaba. Se trata de un cambio perceptible de una sociedad organizada en un sistema inmunológico conectado a través de las redes sociales que fusiona conocimiento e innovación. Además, ahora ha empezado a sumarse gente joven, lo que evidencia la importancia de que sea la sociedad la que lidere el cambio. Solo así habrá esperanza para el planeta.

Ese cambio de mentalidad que mencionas se ha hecho evidente con la aparición de movimientos como Fridays for Future.

No ha ocurrido de forma espontánea, sino que hay un trabajo detrás. En WWF llevamos 50 años trabajando, junto con organizaciones ecologistas, para crear una sociedad cada vez más formada y concienciada. Es consecuencia de un proceso de años, pero es verdad que nunca la evidencia fue tan clara como ahora, que tenemos los datos encima de la mesa. Ya no son las organizaciones como la nuestra las que advierten de la degradación del planeta, ahora son los paneles de Naciones Unidas los que dan la voz de alerta. Sin embargo, tenemos el problema delante, no puede ser más claro, y no estamos actuando como deberíamos. Por eso la reacción de la gente joven es tan necesaria: vienen a sacudir esa normalización de las amenazas. Han hecho muy bien en organizarse y en salir a recordarnos esa realidad. Todos aquellos partidos políticos que hacen oídos sordos a ese movimiento de gente de 16 o 17 años que tienen en su ADN la protección y defensa del medio ambiente se equivocan. Esas personas serán las que, en el mejor de los casos, en las próximas elecciones votarán de una manera más consciente.

Sin ese cambio necesario, las perspectivas de futuro son descorazonadoras. ¿Hay motivos para ser optimistas?

Hace 20 años nos decían que era utópico cambiar el modelo energético y ahora esa utopía es lo que nos hace movernos porque es la única realidad posible para el futuro. Nuestro futuro va a depender de lo que hagamos en las próximas décadas, de si le damos una vuelta al modelo de producción y consumo. Soy optimista en cuanto a la actual movilización de la sociedad, pero tenemos que sacar a nuestros líderes empresariales de la realidad sesgada en la que se encuentran en este momento.


Fotografías: Alejandra Espino

"Es absurdo entender la energía solo como un negocio: el ciudadano tiene que estar en el centro"

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¿Cómo podemos acelerar la transición energética? Con esta pregunta como motor, Fernando Ferrando lleva la batuta de Fundación Renovables desde 2017. Ingeniero industrial de profesión, Ferrando ha trabajado en el sector energético durante más de tres décadas. Ahora, introducir las energías limpias en el mundo eléctrico y hacerlo de manera justa se ha convertido en una de las principales líneas de actuación de la entidad que preside. Consciente de que el camino está todavía por trazar, el experto sugiere un primer paso: convertir la energía en un derecho que sitúe al ciudadano en el centro.

Para garantizar la sostenibilidad del planeta, el futuro energético se prevé 100% renovable. Sin embargo, según los últimos datos de la Oficina Europea de Estadística, solo en España los combustibles fósiles representan cerca del 74% del consumo de energía actual. ¿Qué estamos haciendo mal?

Hasta ahora hemos favorecido lo que no tenemos: los combustibles fósiles. Por eso, el primer paso para dar el salto es gravar el uso de los combustibles, porque si quieres favorecer la electricidad pero es más cara que el gasóleo, la gente acaba consumiendo gasóleo. El segundo paso es el de apostar por lo que sí tenemos, que es energía renovable,  y bajar los precios para fomentar el consumo de electricidad. La electricidad está en ese futuro.

¿Cómo transitar hacia esa sociedad más electrificada?

Primero hay que hacer la electricidad más barata. También, si por ejemplo quieres cambiar la calefacción, se deberían garantizar unas ayudas para sustituir una caldera de gas por una bomba de calor. Luego, no debería hacerse publicidad de combustibles fósiles: nos venden que utilizar calderas de gas natural es apostar por un combustible limpio y, en realidad, son mentiras que solo provocan un aumento del consumo no responsable. La Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) debería regular eso. Al final no se trata de un componente fiscal o de precio, sino de un paquete global que debe dirigirse a dar facilidades de acceso para consumir y utilizar electricidad. Por ejemplo, el caso de los vehículos es paradigmático: si todas las ciudades pusieran trabas, como se está empezando a hacer con los coches de combustión interna, todo el mundo utilizaría el transporte público o vehículos eléctricos.

De entre los actores sociales, el ciudadano es al final uno de los más perjudicados por los estragos del aumento de la temperatura planetaria.

El ciudadano tiene un papel total en el desarrollo de todas las energías renovables porque es el que consume. Por eso debemos colocar al ciudadano, a los consumidores, en el centro del modelo y preguntarles cómo quieren abastecer sus necesidades. Lo que es un absurdo es que en estos momentos entendemos la energía únicamente como un negocio: cuando se habla de energía se hace referencia sobre todo a las empresas, pero nunca se habla de las personas que hay detrás. Hay que enfocarla hacia el ciudadano. Se tiene que cambiar esa idea de que la energía es oferta y no demanda, y enfocar la cultura de la energía hacia el que la consume, no al que la vende.

“La transición energética debe ser justa, pero para todos y con la vista puesta en el futuro”

El pasado 2018 el Gobierno de España derogó el conocido como ‘Impuesto al sol’, derribando así las trabas burocráticas de las instalaciones de autoconsumo. ¿Qué papel juega el autoconsumo en el cambio de modelo energético?

El autoconsumo es un ejemplo más de que el consumidor está en el centro. La Directiva Europea de Renovables ya recoge que el consumidor tiene derecho a comprar y vender, a generar y empaquetar. Se trata de un derecho innato: igual que tú tienes el derecho de comprarle la energía a quien quieras, también tienes el derecho de poder producirla. El autoconsumo es la máxima expresión de libertad y de la recuperación de los derechos de los consumidores.

Según datos de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), los sistemas de autoconsumo se han disparado en un 94% desde la derogación del “impuesto al sol”. Aunque los datos son positivos, la generación de energía renovable en el país no supera el 40% y queda lejos de ser el principal modelo energético. ¿Se está avanzando lo suficientemente rápido?

El Real Decreto de autoconsumo 244 se aprobó hace pocos meses. No se puede pretender un cambio radical tras cinco años de presión y multas: es como pasar de una dictadura a una democracia, y acabar siendo Suecia en dos días. Aún así, hay un crecimiento del sector muy por encima de lo esperado.

En España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 se propone descarbonizar la economía de cara a 2030 y cumplir así con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero ¿cómo lograr una transición energética justa que no deje a nadie atrás?

Se tiene que entender la transición justa en su máxima expresión. Debe ser una transición intergeneracional, para no dejar a los que vienen detrás una hipoteca como los niveles actuales de CO2. Además, desde un punto de vista territorial, está muy bien llegar a un acuerdo con las fuentes mineras, pero no puedes aplazar siete años el cierre de las centrales nucleares, porque eso de transición justa tiene poco y un cambio de modelo productivo real pasa también por tener una administración de los afectados. Luego, a la prohibición de actividades debe seguirle la propuesta de alternativas: no se puede sancionar la entrada a una ciudad con coche diésel y no reforzar los aparcamientos disuasorios o el transporte público. De la misma manera, la transición tiene que ser tecnológica y basarse en invertir en I+D. Tampoco hay que olvidar las necesidades del sector eléctrico, porque si este se niega a cambiar el modelo, iremos a una velocidad mucho más lenta. Así que por supuesto que tiene que ser una transición justa, pero para todos y con la vista puesta en el futuro.

Un 'sprint' por el futuro

Si tuviéramos una máquina del tiempo, ¿podríamos evitar el cambio climático? Aunque esa pregunta no podremos resolverla, lo que sí sabemos es que en los últimos años ha crecido la conciencia medioambiental y, con ella, los compromisos internacionales adquiridos para intentar limitar el imparable aumento de la temperatura global. Desde el año 2015 en el que se firmaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible a este 2019 protagonizado por una nueva y mediática Cumbre del Clima, estos son algunos de los hitos más relevantes en la batalla verde por salvar el planeta.

  • El papa Francisco presentó en junio su encíclica 'Laudato Si', una carta inédita en la que pedía a los católicos de todo el mundo que uniesen sus fuerzas a la lucha contra el cambio climático.
  • En diciembre, 195 países firmaron el primer acuerdo vinculante mundial sobre el clima en la Conferencia de París sobre el Clima (COP21). El objetivo quedó bien definido: limitar el aumento de las temperaturas planetarias a 1,5 °C y evitar así que las consecuencias del cambio climático sean irreversibles.
  • De los Acuerdos de París nació, de manera casi natural, la Agenda de Desarrollo Sostenible de la ONU, un programa que pretende transformar el mundo de cara a 2030. Para ello, los líderes mundiales definieron 17 objetivos que sirven de guía universal para poner fin a la pobreza y proteger el planeta.
  • En el Foro de Davos (World Economic Forum) se puso de manifiesto por primera vez que el cambio climático es uno de los mayores riesgos para la economía mundial.

 

  • Bajo el movimiento estudiantil Fridays For Future, liderado por la activista Greta Thunberg, jóvenes de todo el mundo comenzaron a manifestarse semanalmente para reclamar una mayor implicación política en la lucha contra el cambio climático.
  • Larry Fink, presidente de BlackRock, la empresa de gestión de inversiones más grande del mundo, lanza una pregunta a los CEO de las empresas en su carta anual: «¿Qué papel jugamos en la comunidad? ¿Cómo gestionamos nuestro impacto en el medio ambiente?»
  • Como respuesta a las manifestaciones juveniles, la sede de la Organización de las Naciones Unidas acogerá durante esta semana la llamada Cumbre de Acción Climática, en la que participarán mandatarios internacionales, pero también representantes de grandes compañías y figuras comprometidas con la causa. La cumbre extraordinaria parte de la premisa de que los esfuerzos que están realizando los países para paralizar la crisis climática no son suficientes.
  • Según la organización sin ánimo de lucro Climate Bonds Initiative (CBI), en lo que llevamos de 2019, la emisión global de bonos verdes llegó a los 150.000 millones de dólares y para el conjunto de este año se espera que superen los 250.000 millones, un 50% más que el anterior.