Categoría: Cambio climático

Las olas de calor, cada vez más duraderas y mortales

Los periodos de calor estival intenso alcanzan temperaturas más altas, duran más días y provocan más muertes que hace tan solo una década.


Cada verano, las olas de calor se convierten en protagonistas indiscutibles de las noticias, afectando directamente a las personas más vulnerables y condicionando el día a día de todas las demás. Lo que antes era una rareza, hoy parece ser un fenómeno cada vez más habitual, que aumenta en duración, intensidad y consecuencias sociales y sanitarias.

La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) define las olas de calor como episodios de al menos tres días consecutivos en los que las temperaturas máximas superan las registradas en los meses de julio y agosto del periodo 1971-2000. Pero este fenómeno meteorológico, más allá de su definición, está dejando una huella más profunda de lo que pensamos: no solo impacta el clima, también tiene consecuencias directas sobre la salud y la vida de las personas.

En términos generales, según un estudio publicado recientemente en Environmental Sciences Europe, la duración de las olas de calor en España ha aumentado a un ritmo de 3,9 días por década desde 2009, con un aumento de la intensidad de 9,5 °C anuales. Es decir, si antes eran fenómenos puntuales, hoy el calor extremo se alarga cada vez más. Hasta 2015 lo más normal era que las olas de calor durasen en torno a 5 días, mientras que ahora es menos raro que se alarguen entre los 15 y 20 días, según datos de la AEMET.

 

Este verano, considerado ya como el más caluroso de la historia del planeta, las temperaturas de algunas ciudades españolas como Córdoba o Sevilla han superado los 44 °C en varios días consecutivos. Pero el calor extremo está cada vez más extendido por la geografía española. Así, en 2022 hubo una media de 39 provincias afectadas en todas las olas que tuvieron lugar ese año, el 78% del total, una cifra récord en el histórico de los datos de la AEMET, que arranca en 1975.

 

Las olas de calor se extienden por más tiempo y en más sitios, lo que no solo incrementa el malestar, sino que tiene efectos devastadores en la salud pública. Solo durante las tres primeras semanas de agosto de este año se produjeron en España 1.341 muertes atribuibles al calor, un 47% más que en el mismo periodo de 2023, cuando hubo 906 fallecimientos, según datos del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). 

La mayoría de estas víctimas eran personas mayores, con problemas crónicos de salud o vulnerables, cuyas viviendas no estaban preparadas para soportar el calor extremo. De hecho, se producen más muertes por calor en zonas menos calurosas, menos preparadas para las temperaturas extremas. Por ejemplo, en León se estima que fallecieron 58 personas por cada 100.000 habitantes este verano, frente a 18 en Málaga, pese a tener esta última el doble de días de calor extremo. Además, está demostrado que las temperaturas extremas agravan enfermedades crónicas y aumentan los casos de infarto y problemas respiratorios.

 

 

El aumento de las olas de calor está íntimamente ligado al cambio climático. La ciencia es clara: a medida que las emisiones de gases de efecto invernadero siguen elevando la temperatura global, las olas de calor se volverán más frecuentes e intensas, con la reacción en cadena que conlleva, también para el desarrollo económico. El calor extremo afecta a la productividad laboral, especialmente en sectores como la agricultura y la construcción, donde trabajar al aire libre bajo el sol se convierte en una tarea peligrosa. Además, el aumento de las temperaturas incrementa la demanda de agua y energía. Se crea un círculo vicioso en el que las ciudades necesitan más recursos para combatir el calor, lo que a su vez genera más emisiones.

¿El cambio climático es una cuestión de género?

género

Según la Organización de Naciones Unidas, el 80% de las personas desplazadas por desastres relacionados con el clima son mujeres, quienes también enfrentan mayores riesgos y cargas debido al cambio climático. Adoptar una perspectiva de género puede transformar a las mujeres de víctimas a agentes de cambio, acelerando una transición no solo verde, sino también socialmente justa.


El cambio climático es una amenaza global, aunque no afecta a todos por igual: exacerba desigualdades estructurales preexistentes y afecta desproporcionadamente a los grupos más vulnerables. Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), las mujeres, junto con los niños, tienen 14 veces más probabilidades de morir que los hombres cuando se dan desastres climáticos extremos. De las 230.000 personas que murieron en el tsunami del Océano Índico en 2004, el 70% eran mujeres. Además, la violencia de genero se agrava en el contexto del cambio climático, y la vulnerabilidad en aspectos de salud y seguridad impide a muchas mujeres escapar de situaciones adversas. El UNFPA descubrió que, por ejemplo, la trata sexual se disparó después de que ciclones y tifones azotaran la región de Asia y el Pacífico, y que la violencia de pareja aumentó durante la sequía en África oriental.

Las mujeres no solo sufren mayores riesgos, sino también más cargas para hacer frente a las consecuencias del cambio climático. Una de ellas, procede de los roles tradicionales que desempeñan, como la recolección de agua y alimentos. En el Sur Global desempeñan el 60% del trabajo agrícola, produciendo el 80% de los alimentos

Las mujeres trabajan en las tierras más pequeñas, menos productivas, sin ser propietarias de ellas y sin acceso a recursos esenciales para la agricultura

No obstante, las mujeres trabajan en las tierras más pequeñas y menos productivas, sin ser propietarias y sin acceso a recursos esenciales para la agricultura. Además, encargadas de ir a por agua en el 80% de los hogares donde hace falta, se enfrentan a los efectos de su escasez, con un 30% más de trabajo, caminando cada vez más lejos. Por otro lado, en situaciones desesperadas, pueden llegar a recurrir a la prostitución, para sobrevivir. Este círculo vicioso de exigencias contrapuestas y falta de acceso a recursos perpetúa su vulnerabilidad e impide el acceso a oportunidades que podrían mejorar su situación.

La adaptación al cambio climático requiere más que tecnología y medidas verdes. Las mujeres desempeñan roles cruciales en sus comunidades, como cuidadoras, gestionan recursos naturales y aseguran la supervivencia de sus familias frente a las adversidades. Como expertas productoras de alimentos poseen un conocimiento valioso que puede enriquecer las estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático. Sin embargo, su conocimiento y experiencia suelen ser ignorados en las políticas y estrategias climáticas: solo 55 países tienen medidas específicas de adaptación que hacen referencia a la igualdad de género y únicamente 23 países reconocen a las mujeres como agentes de cambio para acelerar el progreso en los compromisos climáticos.

Tal y como declaró Nisreen Elsaim, presidenta del UN Secretary General’s Youth Advisory Group on Climate Change, se debe cambiar el discurso de «no dejar a nadie atrás» a «poner a las personas al frente». La participación femenina en el liderazgo climático y en la financiación es un agente de cambio crucial.

Enfocar la acción climática desde una perspectiva de género, lejos de limitar, amplía el alcance y la profundidad de las políticas climáticas

Tal y como remarca la organización She Changes Climate, las mujeres representan la mitad de la población mundial y, aun así, siguen estando infrarrepresentadas en las negociaciones dirigidas a combatir el cambio climático, enfrentándose a obstáculos como el techo de cristal o las barreras de financiación. De las 28 presidencias de la Conferencia de las Partes de Cambio Climático de la ONU (COP), solo 5 han sido mujeres, la participación femenina en delegaciones se ha mantenido alrededor 30% en los últimos 10 años, según WEDO, y el acceso a financiación climática se limita a un 1% de organizaciones lideradas por mujeres.

Enfocar la acción climática desde una perspectiva de género, lejos de limitar, amplía el alcance y la profundidad de las políticas climáticas.

Medidas como el sistema de cuotas o la copresidencia son a veces percibidas como inclusión artificial. Sin embargo, en el ámbito político, se ha demostrado que el liderazgo femenino está relacionado con medidas más efectivas contra el cambio climático

Por ejemplo, los países con mayorías parlamentarias de mujeres tienden a ratificar más tratados ambientales, crear áreas protegidas y adoptar políticas climáticas estrictas. La inclusión de mujeres en estos espacios no solo es justa, sino también estratégica para enfrentar el cambio climático de manera integral. Según la Guía Práctica: Igualdad de género e inclusión para una transición justa en la acción climática de la OMT, en 2021, por cada 100 hombres considerados como «talento verde» entre más de 800 millones de usuarios, solo había 62 mujeres. Mantener una posición neutral de género puede excluir a las mujeres de oportunidades económicas también en el futuro, en sectores emergentes, más estables y lucrativos, como la transición energética. 

Como el resto de formas de desigualdad social, el género y el cambio climático son cuestiones inseparables. Reconocer y abordar estas intersecciones, desde la evaluación de necesidades y el diseño de soluciones, hasta la medida de impacto, es fundamental para asegurar que las políticas climáticas beneficien a todos, especialmente a los más vulnerables. Al hacerlo, no solo se promueve la igualdad de género, sino que también se fortalece la capacidad global para enfrentar uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, apostando por una acción climática verdaderamente efectiva y justa.

Agujero azul, un profundo fenómeno con mucho por descubrir

Featured Video Play Icon

El planeta Tierra está lleno de lugares impresionantes y, muchas veces, llenos de misterios. Es el caso de los conocidos «agujeros azules», unas cuevas submarinas verticales de gran profundidad formadas durante la Edad de Hielo. Un fenómeno sobre el que las investigaciones científicas todavía tienen muchas preguntas sin respuesta. 

La contaminación en las playas, un problema todavía latente

Featured Video Play Icon

El 96% de los españoles ha encontrado basura en las playas, según señala un reciente estudio de LIBERA. Un problema de contaminación que cobra mayor importancia en una época estival donde muchas personas pasan sus días de vacaciones cerca del mar. Por eso, conviene recordar que existen muchos pequeños gestos que ayudan a disfrutar del verano sin contaminar el ecosistema. 

Conciertos sostenibles, una gira mundial contra la huella de carbono

conciertos

La famosa cantante estadounidense Taylor Swift se encuentra en medio de una gira mundial que concluirá en diciembre en Vancouver (Canadá) tras 151 conciertos. La artista, que se ha convertido en la primera en superar la barrera de los 1.000 millones de dólares de recaudación –y a quien se le ha criticado su ingente uso del jet privado–, ha querido mostrar que está comprometida con el medio ambiente y concienciar a su público sobre el cambio climático. 

Así, antes de comenzar su recorrido, Swift compró bonos de carbono que, según afirma, serían suficientes para compensar su impacto medioambiental –aunque las cifras no se han hecho públicas–. En febrero, la presión pública empujó al icono pop a deshacerse de uno de sus aviones privados. 

Antes de comenzar su gira, Taylor Swift compró bonos de carbono para compensar su impacto medioambienta

Por su parte, la banda británica Coldplay se marcó como objetivo disminuir a la mitad su cifra de emisiones respecto a 2016-2017 y prometió plantar un árbol por cada entrada vendida. Los últimos datos reflejan que su cambio ha sido un éxito, elevando el porcentaje hasta el 59%. Del mismo modo, Ed Sheeran, abiertamente comprometido con la causa medioambiental, anunció un tour en 2022 pensado para maximizar la eficiencia de su recorrido reduciendo al máximo el número de vuelos y, por tanto, la emisión de carbono. 

Los ejemplos no se detienen ahí. Billie Eilish eliminó unas 35.000 botellas de agua de un solo uso durante su gira sustituyéndolas por tanques de agua y vasos reutilizables para los asistentes; el merchandising que acompaña a Olivia Rodrigo está teñido de forma sostenible y es 100% algodón orgánico; y Shawn Mendes da prioridad a aquellos alojamientos que minimizan su impacto medioambiental. La propia Eilish junto a otros artistas como Pink o Maroon 5 se han unido a Reverb, una organización que impulsa medidas ecológicas en los conciertos por parte, tanto de artistas como de espectadores a través del reciclaje y de distintas acciones ecológicas. 

El desplazamiento hasta el lugar de celebración representa un tercio de las 670.000 toneladas de CO2 que produce la industria

Otro estudio analizó cada detalle de los conciertos de Massive Attack desde 2019 y extrajo conclusiones aplicables al resto de la industria musical. Una gira comprometida al máximo con el impacto medioambiental eliminaría los aviones privados y evitaría volar, dando paso a los viajes en tren o en vehículos eléctricos. El recinto seleccionado se abastecería de energía solar o eólica y utilizaría iluminación y sonido de bajo consumo. Además, debería contar con aparcamiento para bicicletas. Para incentivar su uso, la entrada llevaría incluido el billete de transporte público y todo aquel que eligiese esta opción recibiría algún tipo de incentivo. Este es uno de los puntos clave de la reducción, pues el desplazamiento hasta el lugar de celebración representa un tercio de las 670.000 toneladas de CO2 que produce la industria

Tal y como dice Chris Spinato, director de comunicación de Reverb, «lo importante es hacer algo. No hay que ser perfecto y no hay que hacerlo todo, cualquier paso suma en la lucha contra el cambio climático».

Huir del calor, la nueva diversificación del turismo

El turismo en España se diversificó notablemente en el año 2023, con respecto a los años anteriores a la pandemia. Parece haber empezado un cambio tanto de área geográfica de origen y destino como de periodo vacacional. Y el cambio climático podría tener mucho que ver en ello.


España es líder mundial indiscutible en atraer turistas, sobre todo a los que buscan sol y playa. Al menos hasta hace poco. El turismo constituye uno de los principales pilares de la economía del país: según la Cuenta Satélite del Turismo de España, la actividad turística supuso el 11,6% del PIB en el 2022 y en 2023, se superó el umbral de los 85 millones de turistas internacionales. Pero hoy este sector afronta nuevos retos, como el cambio climático. ¿Cómo está afectando esto a España? ¿Se pueden observar cambios actualmente?

El país está muy expuesto a las consecuencias del cambio climático, y esto conlleva que cada año las temperaturas son más altas y las lluvias, más escasas e irregulares. Sin embargo, en 2023, el turismo internacional se situó en máximos históricos en España en términos de llegadas de turistas, pernoctaciones hoteleras y gasto medio por viajero. ¿A qué se debe? 

En 2023, el turismo internacional en España se situó en máximos históricos

Hay varias razones para ello, pero una de ellas es que no todo el país está sufriendo el mismo impacto por el calor y la sequía. En 2023, las pernoctaciones hoteleras de extranjeros aumentaron principalmente en las regiones del norte de España, y no tanto en los archipiélagos y el sur peninsular. No hay que olvidar que, el cambio climático también está afectando al norte, donde las temperaturas también han aumentado, pudiendo atraer más turistas. Otra diferencia fue la época: hubo más visitas en los meses de otoño e invierno que en el período estival-, según un reciente análisis del Banco de España. Un factor determinante en este cambio han podido ser las olas de calor, cada vez más frecuentes e intensas (AEMET).

En los años previos a la pandemia, el turismo internacional en España se concentraba, principalmente, en un área geográfica y en unos meses concretos. Canarias, Baleares, Cataluña y Andalucía recibían alrededor del 80% de los turistas. Y cerca de la mitad de los turistas internacionales venían en los meses de verano. 

Asimismo, antes de la pandemia, los principales países emisores de turistas eran el Reino Unido, Francia y Alemania, pues sus ciudadanos viajaban a España principalmente buscando sol y calor. Sin embargo, el año pasado, el origen de los turistas internacionales se diversificó, aumentando notablemente el número de turistas procedentes de América y Asia; en particular, de Estados Unidos y Japón, con viajeros que se caracterizan por un gasto medio por persona más elevado.

Los turistas se están desplazando hacia el norte y están cambiando los meses de verano por los de otoño o invierno

Es difícil no pensar en el cambio climático al observar esta diversificación del turismo. Los viajeros se están desplazando hacia regiones con temperaturas más moderadas al norte de la península en verano, y están empezando a cambiar los meses de calor por periodos otoñales o incluso invernales. El sector turístico se enfrenta a otros retos, como la adaptación al proceso de transición energética, a la demanda de agua, o a crear hoteles más sostenibles. En definitiva, es cierto que el turismo en España está particularmente expuesto a los riesgos asociados al cambio climático, por eso es vital que el sector invierta en acciones que den respuesta a los desafíos climáticos al tiempo que fomenta formas de viajar más sostenibles y responsables con las comunidades locales. 

Zonas verdes para reducir la temperatura de las ciudades

Featured Video Play Icon

Según las estimaciones de la ONU, el 70% de la población que habitará el planeta en 2050 vivirá en ciudades. A su vez, para esa fecha, se estima que la temperatura haya aumentado hasta los 50 grados en los entornos urbanos. Razones más que suficientes para el desarrollo de zonas verdes urbanas que mejoren la calidad de vida de sus habitantes y mitigar el calor. 

Estos son los países más megadiversos de la Tierra

El cambio climático y la destrucción de los hábitats naturales a causa de la acción humana pueden tener graves consecuencias para muchas especies de plantas y animales. Para hacer frente a este problema, el Grupo de los Países Megadiversos Afines promueve la conservación de la diversidad biológica en territorios clave.


¿Sabías que el 70% de toda la fauna y flora mundial está concentrada en menos del 10% del territorio? Con esta premisa, el biólogo Russell Mittermeier introdujo en 1997 el concepto de «países megadiversos», para identificar aquellos territorios con una extraordinaria cantidad de especies y conseguir que se prestara más atención a su conservación.

El nombre funcionó, pues el Centro de Seguimiento de la Conservación Mundial (WCMC, por sus siglas en inglés), que pertenece al Programa de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, ha designado 17 países megadiversos. Su objetivo era el mismo que perseguía Mittermeier: crear conciencia social y promover la necesidad de implementar estrategias de conservación en estos lugares. Los elegidos fueron Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú, Venezuela, Estados Unidos, Madagascar, India, Indonesia, Malasia, Papúa Nueva Guinea, Filipinas, Australia, China, República Democrática del Congo y Sudáfrica. 

A menudo se debate sobre un posible ranking que ofrezca detalles de la situación de cada país. En este sentido, quizá se podría colocar en primer lugar a Brasil, ya que es el hogar de una cantidad excepcionalmente alta de primates, anfibios, plantas y mariposas. Se estima que entre el 15% y el 20% de todas las especies conocidas en el mundo se encuentran en Brasil. No obstante, es complicado derivar conclusiones sólidas debido a las diferentes formas de medir la biodiversidad y la falta de datos completos en algunos territorios.

El Centro de Seguimiento de la Conservación Mundial reconoció 17 países como «megadiversos» para promover la necesidad de implementar estrategias de conservación.

Sea como sea, los 17 países comparten características que facilitan la alta concentración de especies, como por ejemplo que muchos de ellos están ubicados en los trópicos, donde las condiciones climáticas son ideales para la vida vegetal y animal. Asimismo, la abundancia de luz solar y agua favorece la fotosíntesis, lo que promueve una mayor productividad primaria y, en consecuencia, una mayor diversidad biológica. Además, la estabilidad climática de estas áreas, con menos variaciones estacionales extremas, permite a las especies desarrollarse y evolucionar durante largos períodos sin interrupciones drásticas. 

Ahora bien, el clima favorable no es condición suficiente para ser reconocida como zona megadiversa. En realidad, se deben cumplir dos requisitos inapelables: tener al menos 5.000 plantas endémicas y poseer un ecosistema marino dentro de sus fronteras. Además, hay otros factores que se tienen en cuenta, como la diversidad de paisajes, el aislamiento geográfico, la extensión territorial y la historia evolutiva de la región.

Actualmente, se estima que entre el 15% y el 20% de todas las especies conocidas en el mundo se encuentran en Brasil.

Hoy por hoy, casi 30 años después de la invención de la «megadiversidad», la acción sigue en marcha gracias al Grupo de Países Megadiversos Afines, un mecanismo de consulta y cooperación que se formó en 2002 para promover los intereses relacionados con la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica, así como la participación justa y equitativa en la utilización de recursos genéticos. 

En conclusión, la noción de «megadiversidad» defiende que la conservación de ecosistemas extraordinarios no solo es vital para la supervivencia de numerosas especies, sino también para la salud y el bienestar humanos. Por lo tanto, con la vista puesta en el futuro, la acción concertada a nivel local, nacional e internacional será imprescindible para seguir enfrentándonos a los desafíos ambientales y garantizar un futuro sostenible para el planeta.

Antropoceno, ¿vivimos en la era geológica marcada por la actividad humana?

Los expertos continúan un debate sobre cuándo fue el momento en el que la humanidad tomó el protagonismo, como ente transformador, frente a la naturaleza. Por lo pronto, la última era de la Tierra seguirá siendo el Holoceno y habrá que esperar diez años para saber si existe el Antropoceno.


Si algo sabemos seguro es que la actividad humana ha transformado radicalmente los ecosistemas. Un estudio de la Universidad de Bergen en Noruega sugiere, incluso, que el impacto humano tiene su origen mucho antes de la Revolución Industrial, concretamente hace entre 4600 y 2900 años. La contaminación de los océanos, la deforestación, la extinción de especies animales y el calentamiento global son algunas de las consecuencias de producir y consumir a costa de la naturaleza. Esto invita a reflexionar sobre si realmente la Tierra se encuentra en una nueva era geológica a la que, por todo esto, se podría (o no) denominar Antropoceno. Es decir, una era en la que la humanidad es la protagonista frente a la naturaleza.

Esta teoría sugiere que hemos dejado ya atrás el Holoceno, un periodo en el que las temperaturas se suavizaron y varios casquetes geológicos se separaron

Esta teoría sugiere que hemos dejado ya atrás el Holoceno, un término acuñado en 1867 por el geólogo Paul Gervais, que se refiere a un periodo de la Tierra en el que las temperaturas se hicieron más suaves y varios casquetes geológicos se separaron. Cabe destacar también que en esa era aumentó (por el mismo fenómeno de la elevación de la temperatura generalizada) el nivel de los océanos, y es el único periodo en el que han habitado los humanos.

Los datos señalan a un cambio sustancial en las condiciones del planeta debido a las decisiones y acciones humanas. En 2020, un estudio publicado en la revista científica Nature reveló que por primera vez en la historia del planeta la masa de todo aquello producido por la humanidad ya superaba en cantidad a la biomasa. Esto se puede ejemplificar con el dato de que el peso de toda la materia creada artificialmente en Nueva York equivale al de todos los peces del mundo. Además, en este estudio no se habían contabilizado las toneladas de basura. Sin embargo, lo que sí deja ver es que el peso de todos los plásticos del mundo ya duplica al de todos los animales del planeta.

El peso de todos los plásticos del mundo ya duplica al de todos los animales del planeta

Con esa información, no sorprende que varios científicos consideren la existencia de una nueva era para la Tierra. El químico holandés Paul Crutzen (ganador del Premio Nobel de Química en 1995) fue el primero en utilizar el concepto de Antropoceno. Hacia el año 2000, mientras se encontraba en una conferencia en la que otro académico se refería al Holoceno, él pensó que ese término quizá ya había quedado obsoleto y que lo correcto sería hablar de una nueva era en la que el protagonismo fuese para la humanidad como ente transformador de todo. 

Una cuestión de tiempos

En marzo de este año, la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS, por sus siglas en inglés) rechazó la oficialidad del término Antropoceno, algo que ya había hecho en una votación anterior.

La propuesta fue hecha por un grupo de trabajo dedicado al estudio y análisis de este concepto, y que proponía como inicio de la era el año 1952. En esta fecha se comprobó que en los suelos de todo el mundo ya había residuos tóxicos de pruebas de bombas nucleares. Además, es la década en la que se considera que la humanidad dio un salto radical hacia la producción y el consumo para las masas. También fue cuando la tecnología comenzó una carrera en la que hasta la fecha no ha hecho más que acelerar, y donde el impacto de la humanidad sobre los ecosistemas a nivel global se hizo más evidente. Sin embargo, para la mayoría de expertos, esos motivos no son determinantes para inaugurar una nueva era. 

El gran argumento en contra es la inexactitud de la fecha de inicio del supuesto Antropoceno. Los expertos no debaten si la actividad humana ha redefinido el entorno natural, el punto a discutir es cuándo nació realmente esa nueva era. Es cierto que en la década de los cincuenta los cambios fueron a gran escala, pero eso sería referirse solo a los tiempos recientes. En definitiva, el ser humano ha sido un ente transformador desde hace muchísimos siglos atrás. 

De momento, habrá que esperar a una nueva propuesta, y con nuevos argumentos, para que el Antropoceno sea introducido en las aulas y los libros de texto. Aún así, ya es un término ampliamente extendido y de uso coloquial, a pesar de que el Holoceno siga siendo la era oficial.