Este término, acuñado en los años 90 por Dave Foreman y refinado por biólogos como Michael Soulé y Reed Noss, se refiere a una estrategia de conservación ambiental que busca restaurar ecosistemas degradados para devolverles su equilibrio natural y biodiversidad, reduciendo al mínimo la intervención humana.
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Patrimonios de la humanidad amenazados por el cambio climático
Los sitios con el título de Patrimonio de la Humanidad son aquellos que tienen una importancia cultural o natural excepcional. Sin embargo, puede que este legado no llegue a generaciones futuras. Una empresa dedicada a medir los riesgos climáticos ha configurado una lista con los cincuenta lugares más amenazados por el impacto del calentamiento global.
Lombrices de tierra, ingenieras de ecosistemas
Las lombrices de tierra aportan múltiples beneficios para la biodiversidad y la estructura del suelo a la vez que sirven de alimento para especies como aves, topos, tejones y zorros. Son algunos de los motivos por los cuales Charles Darwin señaló que «es dudoso que existan otros animales que hayan jugado un papel más importante en la historia del mundo».
Las formaciones geográficas más grandes del mundo
Cuando nos paramos a analizar con atención nuestra geografía nos damos cuenta de lo impresionantes que pueden llegar a ser algunos de sus elementos: lagos, montañas, mares, islas, volcanes... Por eso, en este vídeo exploramos las formaciones naturales que ostentan el récord de ser las más grandes del mundo, así como sus características.
¿Qué pueblos indígenas aún no han sido contactados?
«Existen otros mundos, pero están en éste». Esta célebre frase del poeta francés Paul Éluard encaja a la perfección si pensamos en los más de 150 pueblos indígenas no contactados que existen en el mundo, cuya supervivencia peligra por el avance del desarrollismo desmedido y la falta de una protección real.
En unas sociedades cada vez más desconectadas del estado primitivo y natural de la vida, las comunidades indígenas no contactadas suponen una seguridad global en cuanto a la conservación de la naturaleza. Ubicadas principalmente en la región amazónica, Nueva Guinea y algunas islas de Indonesia, estos pueblos conservan en gran medida sus formas de vida originarias y nos recuerdan que el ser humano posee capacidades innatas fundamentales para su supervivencia.
Dos ejemplos ubicados en la Amazonia son las tribus de los Mashco-Piro, en Perú, o los Korubo, de Brasil. De los primeros, se calcula que existen unas 750 personas que viven a lo largo de las cuencas medias y altas de los ríos que atraviesan los departamentos de Ucayali y Madre de Dios. En el caso de la tribu brasileña Korubo, no fue contactada hasta el año 1996 por la Funai (Fundación Nacional del Indio) y suma unos 200 miembros.
Ambas tribus viven en la selva y su supervivencia depende completamente de ella. Utilizan los recursos de manera sostenible, practicando la pesca y la caza con herramientas básicas. En general, poseen un vasto conocimiento del medio y se sirven de las plantas como remedios medicinales.
La tribu Korowai vive en casas construidas en la copa de los árboles, en grupos de 10 o 12 personas
En el sureste de Nueva Guinea Occidental, se calcula que hay aproximadamente 3.000 personas que pertenecen a la tribu Korowai. Una de sus principales características es que viven en casas construidas en la copa de los árboles, en grupos de 10 o 12 personas. Entre los vecinos se ayudan y participan en la construcción de las diferentes viviendas familiares. El hecho de vivir en lo alto de los árboles les ofrece protección contra los depredadores, además de simbolizar una existencia en simbiosis con la naturaleza.
En Indonesia, cerca de la costa del oeste de Sumatra, se encuentra la tribu Mentawai, originaria de las islas con ese mismo nombre. Está integrada por unos 64.000 individuos repartidos por todas sus islas, todos ellos cazadores seminómadas.
De los mentawai destaca su profunda espiritualidad. Practican una religión llamada Arat Sabulungan de tipo animista, que vincula el poder sobrenatural de los espíritus ancestrales con la naturaleza que les rodea en la selva tropical. Los seres vivos e inertes tienen una esencia espiritual que debe ser respetada.
A pesar de la relativa seguridad que ofrece el aislamiento a todos estos pueblos, están lejos de estar a salvo. La deforestación, la minería, la agricultura extensiva o los planes de empresas privadas apoyadas por diferentes gobiernos para construir carreteras y otras infraestructuras ponen en peligro su hábitat y, con él, su medio de vida.
Una vez situados en el mapa, es más sencillo reconocer todo lo perteneciente a una comunidad de habitantes: su existencia y sus derechos
Para evitarlo, la tecnología está jugando un papel fundamental de salvaguarda. La forma más eficiente de proteger a estos territorios de la vorágine desarrollista es registrando su ubicación por medio de GPS para, de esta forma, marcar y documentar los límites de su territorio y poder emplear estas coordenadas, en casos de litigios legales.
Eso fue lo ocurrido en la parroquia de Yurimaguas, en el Amazonas peruano. La ONG Pastoral de la Tierra formó a un equipo de nativos en el empleo del GPS para registrar las fuentes de agua ante la autoridad Nacional de Aguas del Estado.
Aunque sea un proceso largo y en ocasiones peligroso –pues hay que enfrentarse a las hostilidades de la selva amazónica– esta fue la mejor manera que encontraron para poder obtener el título de propiedad comunal, sin el cual las comunidades y sus hábitats están totalmente desprotegidas.
Aunque pueda parecer mentira que la tecnología es la mejor herramienta de las comunidades indígenas para protegerse, parece que así es. El empleo del GPS, la implicación de la ONG y la colaboración de los propios nativos fue, en este caso, la única forma de defender esta área de bosque amazónico.
Una vez situados en el mapa, es más sencillo reconocer todo lo perteneciente a una comunidad de habitantes: su existencia y sus derechos. Con ello, se hace presión y resistencia ante los diferentes proyectos que hoy amenazan la vida de una parte importante de estas tribus.
No deja de ser paradójico que el desarrollismo, al tiempo que amenaza a estas culturas milenarias, nos brinde herramientas como la tecnología para intentar preservarlas. Pero esta es solo una de las muchas contradicciones que acompañan a la innovación.
Así se diferencian las distintas lluvias de estrellas
Leónidas, Gemínidas, Perseidas, Dracónidas... Todos estos eventos meteorológicos son similares y consisten en restos de cometa atravesando la atmósfera terrestre. Sin embargo, hay diferencias entre ellas: su intensidad, su origen o la época del año en la que se dan.
Solastalgia, ecocidio y otros términos que nos hablan de medio ambiente
El interés por el medio ambiente y la sostenibilidad no deja de crecer, y con él, aparecen nuevas palabras para explicar fenómenos que ahora entendemos con mayor claridad. En este artículo, exploramos algunos términos clave que reflejan los desafíos del cambio climático y nuestra relación con la naturaleza.
En los últimos años, el interés por el medioambiente y la sostenibilidad ha crecido enormemente, y con él también lo ha hecho nuestro vocabulario. Conceptos nuevos surgen para describir fenómenos complejos que antes no eran tan visibles o comprendidos. En este artículo, repasamos algunos de los términos más interesantes, necesarios y, en ocasiones, desconcertantes que nos ayudan a entender mejor los retos climáticos actuales.
Solastalgia
Imagina sentirte nostálgico por un lugar que no has dejado atrás, sino que ha cambiado radicalmente debido al impacto humano. Ese es el concepto detrás de la solastalgia, un término acuñado por el filósofo ambiental Glenn Albrecht en 2003. Describe la angustia emocional que experimentan las personas cuando su entorno natural se degrada. Por ejemplo, comunidades que ven cómo su región se convierte en desierto o cómo los bosques cercanos desaparecen debido a la deforestación. Según un estudio de The Lancet Planetary Health, este sentimiento afecta especialmente a quienes dependen directamente de su entorno para vivir, como es el caso de los agricultores o pescadores.
Ecocidio
Nos trasladamos al plano legal para hablar de ecocido, que se refiere a los daños graves y deliberados al medioambiente. Aunque no es aún un delito reconocido universalmente, organizaciones como Stop Ecocide trabajan para que se incluya en la Corte Penal Internacional, al igual que el genocidio o los crímenes de guerra. Algunos de los casos más sonados han sido el desastre de Doñana de 1998, cuando una presa minera vertió residuos tóxicos al río Guadiamar o el vertido del petrolero Prestige frente a las costas de Galicia.
Si el ecocidio se reconociera como crimen, las empresas y gobiernos serían responsables penalmente por este tipo de acciones
Cambio climático
Aunque es un término ya conocido por muchos, no podía faltar en este glosario. El cambio climático se refiere al calentamiento global causado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO₂ y el metano. Una de las muchas cifras que respaldan su existencia es que, según la ONU, las temperaturas globales ya han subido 1,2 ºC respecto a la era preindustrial, lo que genera fenómenos extremos como huracanes más intensos, olas de calor prolongadas y el deshielo acelerado de los polos.
Huella ecológica
¿Sabías que cada uno de nosotros tiene una «huella» en el planeta? La huella ecológica mide el impacto que nuestras actividades tienen sobre los recursos naturales. Por ejemplo, el transporte que utilizamos, la energía que consumimos o los alimentos que compramos. La Global Footprint Network señala que en 2023, la humanidad consumió en solo ocho meses lo que el planeta puede regenerar en un año completo.
Entender estos términos no es solo cuestión de estar al día, sino también de conectar más profundamente con el entorno y los desafíos que enfrentamos
Antropoceno
Vivimos en el Antropoceno, una era geológica marcada por la influencia humana en la Tierra. Desde la industrialización, los seres humanos hemos alterado significativamente el clima, la biodiversidad y los ecosistemas. Aunque el término no es oficial, muchos científicos lo utilizan para destacar cómo la actividad humana está remodelando el planeta de forma irreversible.
Entender estos términos no es solo cuestión de estar al día en materia de sostenibilidad, sino también de conectar más profundamente con el entorno y los desafíos de nuestro siglo. Conocer el lenguaje del medio ambiente es dar un primer paso hacia tomar decisiones más conscientes porque nos invita a hacer una reflexión más profunda sobre nuestro impacto y nuestras posibilidades de actuar.
Theresa Zabell: «Tenemos la misión de proteger nuestra casa, que es más agua que tierra»
Fundada en 1999 por Theresa Zabell, la Fundación Ecomar es una organización sin fines de lucro comprometida con la conservación y preservación de los mares. Su misión es proteger y restaurar los ecosistemas marinos, cuidando de la biodiversidad, combatiendo la contaminación, sensibilizando a la población y promoviendo un estilo de vida saludable y sostenible.
Cuando se creó Ecomar, en 1999, no había la misma concienciación que en la actualidad sobre la importancia de cuidar los mares y el medio ambiente. ¿Cuáles fueron las razones que la llevaron a crear la Fundación?
Ecomar nació después de una carrera deportiva de más de 20 años navegando por todos los mares del mundo, que me sirvió para darme cuenta de que mi terreno de juego, el mar, estaba enfrentándose a retos cada vez más difíciles. Sentí que tenía la responsabilidad de trasladar a la sociedad estos mensajes y empezar a formar parte de la solución. Fue la realización de un sueño que comencé a tener cuando era adolescente y no entendía por qué el mar tenía cosas flotando que no eran suyas. Me propuse ayudarle y ya llevamos 25 años haciéndolo.
¿Qué retos había entonces y qué retos hay ahora? ¿Han cambiado mucho las necesidades del mar?
Hace 25 años el gran reto era conseguir que la población entendiera que nuestros mares estaban en peligro y que teníamos que actuar. Nuestros mares y océanos eran tan inmensos que nos parecía que eran capaces de «tragar» todo lo que les mandábamos. Desde Ecomar hemos trabajado con más de 2,5 millones de personas a través de las cuales educamos, concienciamos, actuamos y reparamos todo lo que podemos. La tarea es enorme, pero anima mucho ver cómo niños que han pasado por nuestros programas educativos están ahora en puestos de toma de decisión.
Después de 25 años, ¿cuál considera el mayor logro de la fundación?
Una fundación no cumple 25 años si no sirve a la sociedad y a las personas. Ecomar llegó para demostrar que las cosas también se podían hacer de otra manera, de forma inclusiva, contando con las empresas, las instituciones y las personas, centrándonos no solo en el qué sino también en el cómo. Lo que nosotros llamamos la «filosofía azul». Nuestra manera de hacer las cosas ha calado muy hondo, y servido de modelo para muchos otros que siguen nuestra estela. Se han subido a nuestra ola y la siguen surfeando. Sin ninguna duda, esto y los más de dos millones y medio de personas que han pasado por nuestras actividades son los mayores logros de la Fundación Ecomar.
Una parte muy importante del trabajo de Ecomar es la educación y sensibilización. ¿Cuáles son las principales actividades educativas que llevan a cabo y qué resultados han observado?
Nuestro primer proyecto educativo fue un concurso escolar en el que los mejores eran premiados con una Semana del Mar. Con la crisis económica nos tuvimos que reinventar y ahora hemos volcado toda nuestra experiencia y conocimiento en una plataforma digital con la que llegamos a muchos más niños, niñas y adolescentes. Conseguimos, a través de todos nuestros programas, que los participantes conozcan el papel fundamental que juegan nuestros mares y océanos en nuestra supervivencia en este planeta, el problema al que nos enfrentamos como humanidad. Conseguimos también que quieran ponerle solución. Asimismo, tenemos el programa educativo de la Grímpola Ecomar, que está implantado en un centenar de clubes de España y Portugal en los que los niños que van a aprender un deporte náutico también aprenden lo que les da y cómo cuidar su terreno de juego.
¿Qué papel cree que juegan adolescentes y personas jóvenes en este proceso? ¿Cómo fomenta Ecomar su participación?
Las nuevas generaciones juegan un papel importantísimo. De lo que aprendan ahora depende el futuro del planeta. Ecomar les educa y conciencia en cada uno de sus programas. Les hacemos partícipes de actividades como una limpieza de costas para que vean de primera mano la realidad de la situación. A partir de ese momento se quieren involucrar más y acaban siendo nuestros «embajadores».
Uno de sus proyectos recientes es la plataforma Bosque Marino, en colaboración con Redeia. ¿Cómo surge esta iniciativa y en qué consiste?
Después de años estudiando cómo dar un paso al frente en la recuperación de ecosistemas marinos para ser más útiles a la sociedad y el planeta, nos aliamos con Redeia, que lleva 10 años trabajando una iniciativa pionera. En la Fundación Ecomar nos gusta trabajar en equipo y sumar esfuerzos para conseguir mayores resultados con menor inversión, y por ello nos juntamos para constituir la plataforma Bosque Marino. No solo se trata de restaurar las praderas de posidonia, que también, sino de implantar una manera de hacerlo junto con la comunidad científica y la colaboración público-privada, que la iniciativa sea escalable, y así conseguir en un futuro un verdadero cambio. Además, haremos talleres en colegios e institutos para que los más jóvenes aprendan a identificar y valorar esta planta, sean partícipes del proyecto y crezcan sabiendo cómo cuidarla.
A partir de vuestra experiencia colaborando con Redeia, ¿qué papel juega el sector privado en la conservación de los ecosistemas marinos?
El capital privado es fundamental para la conservación y el equilibrio de nuestro planeta en general, y en la Fundación Ecomar involucramos al sector privado en todas nuestras actividades. Sin su apoyo no habríamos sobrevivido. Todos estamos en el mismo barco, metafóricamente hablando, y debemos remar en la única dirección posible: la de proteger nuestra casa que, dicho sea de paso, es más agua que tierra. Con Redeia participamos en un proyecto muy innovador, que estoy segura va a sorprender gratamente a muchos.
Una de las primeras acciones del proyecto Bosque Marino es la restauración de posidonia oceanica en las aguas de la Comunitat Valenciana. ¿Cuál es la finalidad de esta iniciativa?
Empezar a regenerar los fondos marinos del Mediterráneo, que están muy deteriorados por diferentes razones. El objetivo es restaurar 30 hectáreas de aquí al 2030 en línea con la reciente Ley de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea y con los objetivos globales de biodiversidad y conservación marina de la ONU.
¿Cómo seleccionan las áreas donde desarrollan proyectos como Bosque Marino?
Los científicos y expertos en la materia con los que trabajamos hacen estudios exhaustivos, bajan a examinar los fondos y valoran el número de plantaciones que hay que realizar. A partir de ahí se valora la viabilidad y se eligen las localizaciones en función de la necesidad y de dónde se estima que pueda haber una mayor tasa de supervivencia.
¿Es parecido este proyecto a otros como Acción Posidonia? ¿Qué diferencias o similitudes destacaría de ambos?
Son proyectos paralelos con un mismo objetivo. En el proyecto Acción Posidonia, Redeia es uno de los socios, además de un apoyo fundamental. El objetivo es mejorar la salud ambiental de las praderas de posidonia oceanica involucrando al sector pesquero, a los científicos y a la ciudadanía, promoviendo a su vez la sensibilización ambiental de la sociedad y la I+D en la mitigación del cambio climático. Acción Posidonia forma parte del Programa Pleamar de Fundación Biodiversidad y cuenta con fondos de la Unión Europea.
Su vida siempre ha estado muy ligada al mar y al deporte. ¿Cómo puede promover el deporte una mayor concienciación y compromiso con el medio ambiente?
Me gusta decir que el deporte es la mejor escuela para la vida, ya que a través de él aprendemos una serie de valores que difícilmente podríamos adquirir de otra manera. Los deportes practicados en la naturaleza, además, te enseñan la importancia de tu «terreno de juego», en mi caso el mar. Al final todos cuidamos aquello que amamos, y es un buen comienzo para empezar a cuidar nuestro entorno.
Para quienes tengan interés en contribuir a la conservación marina, pero no saben por dónde empezar, ¿qué consejo daría?
Los cambios empiezan por pequeñas acciones, decisiones que tomas en tu día a día, como lo que consumes y su procedencia. Los animaría a que sigan nuestros diferentes canales de comunicación para aprender gestos que puedan impactar positivamente en el estado de nuestro planeta, y a que se hagan Socios Ecomar con una pequeña cuota que es 80% desgravable, que además de ser una gran ayuda para nosotros, sirve para que puedan participar en nuestras actividades.
El Ártico, diana del cambio del cambio climático
El calentamiento global está provocando la desaparición de muchos casquetes polares. Según WWF, cada década perdemos un 13% del hielo marino del Ártico. Las consecuencias de esta reducción de la cantidad de capa de hielo afectan a numerosas especies de animales.
Los incendios forestales en cifras
El cambio climático y la acción del hombre provocan que cada año miles de hectáreas sean arrasadas por las llamas, con efectos devastadores para especies animales, vegetales y vidas humanas.
Los incendios forestales, tanto los provocados por la acción humana como por los fenómenos naturales, se han convertido en una de las grandes amenazas para los ecosistemas a nivel mundial. En un contexto de cambio climático, las temperaturas más altas y los periodos de sequía prolongados están haciendo que estos eventos sean cada vez más destructivos y frecuentes. Y la península ibérica, con su clima mediterráneo, es una de las regiones más afectadas de Europa: cada verano, los incendios arrasan miles de hectáreas, destruyendo bosques, alterando hábitats y poniendo en peligro la vida de humanos y animales.
España, junto a Portugal, es uno de los países europeos más golpeados por los incendios forestales en las últimas décadas. Según datos del Centro de Coordinación de Información sobre Emergencias Forestales (EFFIS), el número de incendios en la península viene mostrando una tendencia preocupante. En 2022, España registró casi 500 grandes incendios forestales (se considera así a los que superan las 30 hectáreas) en uno de los peores que se recuerda en este aspecto. El observatorio estima que 306.555 hectáreas fueron devastadas solo durante ese periodo. Este dato supone un incremento considerable con respecto a los promedios históricos, con un 237% más de hectáreas arrasadas que el promedio anual de la última década, que no llega a 100.000 anuales. Además, según los datos más recientes del MITECO, en España ha habido un total de 17 grandes incendios (>500 hectáreas) en lo que va de año.
Si bien factores naturales como los rayos pueden provocar incendios, el 95% de los incendios en España tienen su origen en actividades humanas, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Ya sea por negligencia (quemas agrícolas descontroladas, hogueras mal apagadas…) o intencionadamente, la acción humana directa es un factor clave en la propagación de estos desastres.
Y si el ser humano es el encendedor, el cambio climático es el combustible. Las temperaturas más altas, las olas de calor más prolongadas y las sequías recurrentes crean un entorno propicio para la rápida propagación de incendios. Un informe reciente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte de que, si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando, las condiciones extremas que facilitan los incendios serán aún más frecuentes en el sur de Europa.
Los incendios forestales no solo destruyen vastas áreas de bosques, sino que también alteran drásticamente los ecosistemas. Se estima que más de 4.400 especies terrestres y de agua dulce están amenazadas por la creciente frecuencia de incendios a nivel global, según el estudio Fire and biodiversity in the Anthropocene, publicado en la revista Science en 2020. Aunque no existen datos concretos sobre el general de la península ibérica, sí se sabe que casos como el del incendio de la Sierra de la Culebra, en Zamora en 2020, afectaron a unas 60 especies de vertebrados.
La erosión del suelo es otro efecto colateral grave de los incendios forestales que además genera un círculo vicioso. Los suelos que quedan expuestos tras los incendios pierden su capacidad de retener agua, lo que aumenta el riesgo de inundaciones y reduce la fertilidad del terreno, afectando así a la regeneración natural de los bosques y la agricultura local. Si durante los años 60 y 70 lo normal era que las zonas arboladas se viesen más afectadas por el fuego, a partir del siglo XXI suelen ser las hectáreas sin vegetación, más extendidas, las que se convierten en pasto de las llamas.
Además de los daños ambientales, los incendios forestales tienen un impacto directo en la vida humana. En España, miles de personas son evacuadas cada año ante el avance del fuego. Por ejemplo, en el año 2022, los incendios obligaron a más de 30.000 personas a abandonar sus hogares, dejando pérdidas millonarias en infraestructura y propiedades, según los datos de Greenpeace.
Y aún hay más: el humo de los incendios también tiene consecuencias graves para la salud. Los incendios forestales generan grandes cantidades de partículas finas, que pueden viajar a largas distancias y aumentar la contaminación del aire en áreas urbanas y rurales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición prolongada a estas partículas está relacionada con enfermedades respiratorias y cardiovasculares –o incluso la demencia–, y se estima que la mala calidad del aire contribuye a que haya unas 4,5 millones de muertes prematuras al año en todo el mundo.
Estas son solo algunas de las cifras que ilustran el daño que provocan los incendios, un fenómeno que va mucho más allá de unas hectáreas quemadas.