Autor: Jorge Ratia

Deporte y cuidado del medio ambiente, binomio emergente (y urgente)

En el pasado, muchos eventos deportivos impactaron negativamente en el medio ambiente, pero hoy diversas iniciativas muestran que el deporte puede ser una herramienta plenamente eficaz para reducir la huella de carbono y proteger el planeta.


En las últimas décadas, muchos de los grandes eventos deportivos han supuesto graves efectos negativos sobre el medio ambiente. Por ejemplo, el Mundial de fútbol de 2014, en Brasil, emitió más de 2,7 millones de toneladas de CO2. Asimismo, la huella de carbono de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río 2016 fue de alrededor de 3,5 millones de toneladas. Afortunadamente, esto no sucedió en Tokio 2020 porque se celebró sin espectadores, y no ocurrió este verano en París porque se han tomado cartas en el asunto: se redujo a la mitad la huella de CO2.

Dado que la crisis medioambiental es una preocupación global, se requieren acciones coordinadas (y urgentes) para abordar sus consecuencias, y en este contexto, el deporte quiere demostrar que puede ser una herramienta poderosa para generar un impacto positivo, además de redimirse de sus errores del pasado. De este modo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU reconocen el papel del deporte en la lucha por la sostenibilidad ambiental, pues contribuyen a la consecución del ODS 13 («adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático») y el ODS 15 («conservar la vida de ecosistemas terrestres»).

Hoy más que nunca, las organizaciones deportivas tienen la capacidad de educar a su comunidad y promover valores de desarrollo sostenible, que incluyen el uso eficiente de energías renovables, la reducción de residuos, la minimización del ruido, el fomento de productos ecológicos, la preservación del patrimonio cultural y la lucha contra la violencia deportiva.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU reconocen el papel del deporte en la lucha por la sostenibilidad ambiental, y contribuyen a la consecución del ODS 13 y el ODS 15

A nivel internacional, hay numerosas iniciativas que conciencian sobre el uso respetuoso del medio natural. Entre ellas, Earth Hour Run es una carrera organizada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), cuyo objetivo es sensibilizar sobre la importancia de la conservación del medio ambiente. En este evento anual, los participantes salen a correr durante la Hora del Planeta, que es un apagón eléctrico voluntario.

Otro caso es el de PADI Aware, un movimiento de la Asociación Profesional de Instructores de Buceo (PADI) centrado en la conservación marina. La iniciativa incluye programas como Dive Against Debris, que moviliza a los buceadores y entusiastas del mar para recoger residuos bajo el agua.

Indudablemente, el abandono de residuos en entornos naturales es un problema que afecta gravemente a la conservación del medio ambiente, y en España también hay iniciativas que luchan contra ello. El proyecto LIBERA, de Ecoembes y SEO/BirdLife, en colaboración con la Asociación del Deporte Español (ADESP), trabaja para mantener los espacios naturales libres de residuos y sensibilizar a la ciudadanía sobre su impacto negativo. En su cometido, esta iniciativa forma a deportistas amateurs como «ecovoluntarios» para concienciar sobre el problema de la basuraleza en eventos deportivos. También quiere crear «ecoembajadores», deportistas de élite que difunden las acciones del proyecto a través de sus redes sociales.

Proyectos nacionales e internacionales, como Earth Hour Run, PADI Aware, LIBERA o Plogging Tour ilustran cómo practicar un deporte es compatible con la defensa del medio ambiente.

Por otro lado, el Plogging Tour España es otra iniciativa que combina el deporte con la acción medioambiental. El plogging es un concepto que combina jogging (correr) y plocka upp (recoger), y se refiere a la práctica de recoger basura mientras se corre. En muchas ciudades españolas se organizan eventos en los que los participantes se dedican a correr o caminar mientras recogen residuos del entorno. Estos eventos promueven tanto la actividad física como la limpieza de espacios naturales y urbanos.

En conclusión, durante los últimos años han surgido iniciativas que incorporan criterios ambientales en la gestión deportiva y organización de eventos, una demostración de que el deporte puede contribuir a la protección medioambiental. Ahora bien, si el objetivo es que el deporte no sea el estandarte de huellas de carbono de 3,5 millones de toneladas, se requiere el esfuerzo colectivo de todas las partes interesadas, gobiernos y ciudadanos, para adoptar prácticas respetuosas con el planeta y crear un futuro prometedor.

El tiburón ballena, «gigante gentil» en peligro de extinción

tiburón ballena

A pesar de ser el pez más grande del mundo, este animal se enfrenta a graves amenazas como la caza ilegal y el cambio climático, que requieren esfuerzos de conservación para garantizar su supervivencia a largo plazo.


En las profundidades del Mar Rojo, el Golfo de México y las costas australianas viven los llamados «gigantes gentiles», criaturas de 15 metros de largo y 20 toneladas de peso que, aunque ellos no lo sepan, son el pez más grande el mundo.

Hablamos de los tiburones ballena, fácilmente reconocibles por su piel llena de puntos blancos y líneas horizontales sobre un fondo gris oscuro. Ahora bien, son reconocibles en las fotografías, pues bajo el mar es precisamente este patrón de formas y colores lo que les permite camuflarse. Una particularidad de este animal es que, a pesar de su tamaño, se alimenta principalmente de plancton y peces pequeños, y no representa una amenaza para los humanos que intentan interactuar con ellos. De hecho, el tiburón ballena tiene unos dientes tan pequeños que no puede morder ni masticar, y eso que su boca mide más de un metro de ancho. Asimismo, son peces tremendamente longevos: ¡pueden vivir hasta 150 años! Desafortunadamente, se especula que menos del 10% sobrevivehasta la edad adulta. Hoy por hoy, el tiburón ballena es una especie en peligro de extinción. Su población se ha reducido un 50 % en los últimos 75 años y se estima que actualmente ronda entre 7.000 y 12.000 ejemplares. 

La población de esta especie se ha reducido un 50 % en los últimos 75 años y se estima que actualmente ronda entre 7.000 y 12.000 ejemplares

Si realmente son tan respetados en el fondo marino y tampoco ponen en peligro a los humanos, ¿por qué cada vez quedan menos? La caza ilegal de tiburones ballena para conseguir su carne, aletas y aceite son algunas de las  razones principales. Aunque existen leyes internacionales para evitarlo, la demanda en algunos mercados persiste. Por otro lado, la degradación de los ecosistemas marinos debido a la contaminación, el desarrollo costero y el cambio climático también está afectando a las áreas de alimentación y reproducción del animal. Además, el cambio climático es el gran factor del siglo XXI. Tanto las alteraciones en las corrientes oceánicas como la distribución de plancton influyen directamente la disponibilidad de alimento para estos gigantes del mar al tiempo que  los cambios en la temperatura del agua pueden alterar los patrones migratorios y los hábitats adecuados para esta especie.

Dicho lo cual, no hace falta ser cazador furtivo para que, a nivel individual, pongamos en peligro al tiburón ballena. En muchas regiones del mundo, el buceo con estos peces se ha convertido en actividad turística por excelencia, y esta práctica lucrativa contribuye a su desaparición. Varias agrupaciones de biólogos denuncian que la interacción constante con humanos puede influir en el comportamiento y hábitos de los animales. La constante cercanía de personas y embarcaciones no solo aumenta su estrés, sino que puede aumentar el riesgo de lesiones, ya sea por contacto con las hélices o por el comportamiento imprudente de algunos turistas. Además, la concentración de actividad humana en áreas específicas puede degradar el hábitat natural, lo que afecta la disponibilidad de alimento y la calidad del agua.

El buceo turístico en muchas regiones del mundo se ha convertido en un factor que contribuye a la desaparición del tiburón ballena

En conclusión, no por ser el pez más grande del mundo se está a salvo. El tiburón ballena se enfrenta múltiples amenazas que han llevado a su inclusión en la lista de especies en peligro de extinción, y por ello se requiere una acción inmediata. Los esfuerzos globales de conservación, la protección legislativa, la investigación científica y la sensibilización pública ofrecen una esperanza para la preservación de esta especie tan icónica. Debemos asegurarnos de queen las profundidades del Mar Rojo, el Golfo de México y las costas australianas sigan viviendo los «gigantes gentiles» por muchos siglos más.

La fragilidad de la salud mental en nuestro puesto de trabajo

El bienestar psicológico se ha convertido en un objetivo prioritario tras los efectos de la pandemia, la crisis económica y las tensiones sociales. ¿Cómo influye esto en el entorno laboral?


Hace diez años, en España se hablaba del ébola, del fallecimiento de Gabriel García Márquez y de la abdicación del rey emérito. Era lo que nos preocupaba en aquel momento, y otros asuntos, como la salud mental, prácticamente no existían en el debate público. Sin embargo, 84 millones de personas en la Unión Europea, o sea, uno de cada seis ciudadanos, ya luchaban entonces contra algún trastorno psicológico. Por sorpresa, en 2020 llegó el covid, dejando unas secuelas sin precedentes que se sumaron a la crisis medioambiental y a las tensiones geopolíticas, empeorando la calidad de vida de muchas personas en todo el mundo.

Hoy, la salud mental se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de nuestra sociedad, pues afecta a todos los ámbitos de nuestra vida: familia, ocio y trabajo, al que dedicamos alrededor de un tercio de cada día. La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo estima que más del 40% de los trabajadores sienten más estrés desde la pandemia. Además, al 50% le preocupa que revelar problemas psicológicos pueda tener un impacto negativo en su carrera, prueba de que el estigma en torno a la salud mental persiste todavía en muchos países, e impide que las personas busquen ayuda.

La Agencia Europea Seguridad y Salud en el Trabajo estima que más del 40% de los trabajadores sienten más estrés desde la pandemia

Entre todos los trastornos, la ansiedad es la más prevalente, con un 17% de los trabajadores diagnosticados con esta condición, según otro informe. Los problemas de sueño ocupan el segundo lugar (14%), seguidos de la depresión (12%). Sorprendentemente, España presenta los porcentajes más altos de trabajadores que dicen tener ansiedad o experimentar síntomas de depresión, alrededor del 50% en ambos casos.

Estos datos no deben escudarse –exclusivamente– en los estragos de la pandemia, dado que hay muchas otras razones, entre ellas el empleo precario, las grandes cargas de trabajo, las tareas repetitivas y la falta de autonomía. Todas ellas contribuyen enormemente al estrés y la insatisfacción de los empleados.

Asimismo, una cultura laboral tóxica que normaliza la discriminación y las faltas de respeto tiene un efecto nefasto a todos los niveles: un sistema con trabajadores desamparados significa un sistema ineficiente. A nivel mundial, se calcula que cada año se pierden 12.000 millones de días de trabajo debido a la depresión y la ansiedad, lo que equivale a aproximadamente 1 billón de euros por año en pérdida de productividad. Estos datos, sin duda, subrayan la urgencia de implementar medidas que promuevan la salud mental.

Cada año se pierden 12.000 millones de días de trabajo debido a la depresión y la ansiedad, lo que equivale a 1 billón de euros por año en pérdida de productividad

La Unión Europea reconoce la necesidad de una mayor acción y aboga por la introducción de una directiva europea sobre riesgos psicosociales, con el objetivo de combatir la actual «epidemia de estrés». Esta medida debe ir acompañada del esfuerzo genuino de entidades empleadoras y trabajadores de las mismas, y velar por una cultura corporativa de respeto, inclusión y apoyo mutuo.

Por otro lado, el apoyo psicológico es también un pilar fundamental. Las empresas deben proporcionar acceso a servicios de asesoramiento sobre bienestar mental, así como ofrecer herramientas a sus plantillas como, por ejemplo, talleres de manejo del estrés. Paralelamente, es recomendable sensibilizar tanto a líderes como empleados sobre la importancia de la salud mental. Al fin y al cabo, si fuimos capaces de superar las preocupaciones que teníamos hace diez años, también seremos capaces de superar los retos a los que nos enfrentamos hoy.

Estos son los países más megadiversos de la Tierra

El cambio climático y la destrucción de los hábitats naturales a causa de la acción humana pueden tener graves consecuencias para muchas especies de plantas y animales. Para hacer frente a este problema, el Grupo de los Países Megadiversos Afines promueve la conservación de la diversidad biológica en territorios clave.


¿Sabías que el 70% de toda la fauna y flora mundial está concentrada en menos del 10% del territorio? Con esta premisa, el biólogo Russell Mittermeier introdujo en 1997 el concepto de «países megadiversos», para identificar aquellos territorios con una extraordinaria cantidad de especies y conseguir que se prestara más atención a su conservación.

El nombre funcionó, pues el Centro de Seguimiento de la Conservación Mundial (WCMC, por sus siglas en inglés), que pertenece al Programa de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, ha designado 17 países megadiversos. Su objetivo era el mismo que perseguía Mittermeier: crear conciencia social y promover la necesidad de implementar estrategias de conservación en estos lugares. Los elegidos fueron Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú, Venezuela, Estados Unidos, Madagascar, India, Indonesia, Malasia, Papúa Nueva Guinea, Filipinas, Australia, China, República Democrática del Congo y Sudáfrica. 

A menudo se debate sobre un posible ranking que ofrezca detalles de la situación de cada país. En este sentido, quizá se podría colocar en primer lugar a Brasil, ya que es el hogar de una cantidad excepcionalmente alta de primates, anfibios, plantas y mariposas. Se estima que entre el 15% y el 20% de todas las especies conocidas en el mundo se encuentran en Brasil. No obstante, es complicado derivar conclusiones sólidas debido a las diferentes formas de medir la biodiversidad y la falta de datos completos en algunos territorios.

El Centro de Seguimiento de la Conservación Mundial reconoció 17 países como «megadiversos» para promover la necesidad de implementar estrategias de conservación.

Sea como sea, los 17 países comparten características que facilitan la alta concentración de especies, como por ejemplo que muchos de ellos están ubicados en los trópicos, donde las condiciones climáticas son ideales para la vida vegetal y animal. Asimismo, la abundancia de luz solar y agua favorece la fotosíntesis, lo que promueve una mayor productividad primaria y, en consecuencia, una mayor diversidad biológica. Además, la estabilidad climática de estas áreas, con menos variaciones estacionales extremas, permite a las especies desarrollarse y evolucionar durante largos períodos sin interrupciones drásticas. 

Ahora bien, el clima favorable no es condición suficiente para ser reconocida como zona megadiversa. En realidad, se deben cumplir dos requisitos inapelables: tener al menos 5.000 plantas endémicas y poseer un ecosistema marino dentro de sus fronteras. Además, hay otros factores que se tienen en cuenta, como la diversidad de paisajes, el aislamiento geográfico, la extensión territorial y la historia evolutiva de la región.

Actualmente, se estima que entre el 15% y el 20% de todas las especies conocidas en el mundo se encuentran en Brasil.

Hoy por hoy, casi 30 años después de la invención de la «megadiversidad», la acción sigue en marcha gracias al Grupo de Países Megadiversos Afines, un mecanismo de consulta y cooperación que se formó en 2002 para promover los intereses relacionados con la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica, así como la participación justa y equitativa en la utilización de recursos genéticos. 

En conclusión, la noción de «megadiversidad» defiende que la conservación de ecosistemas extraordinarios no solo es vital para la supervivencia de numerosas especies, sino también para la salud y el bienestar humanos. Por lo tanto, con la vista puesta en el futuro, la acción concertada a nivel local, nacional e internacional será imprescindible para seguir enfrentándonos a los desafíos ambientales y garantizar un futuro sostenible para el planeta.

¿Cuáles son los bulos más comunes sobre el cambio climático?

La era digital ha facilitado el intercambio de información sobre medio ambiente, pero también ha disparado la propagación de bulos, y en este contexto, debe ser prioritario aprender a discernir la realidad científica de la actitud conspiranoica.


El cambio climático es una de las primeras crisis globales que se viven, en buena parte, a través de las pantallas. Gracias a la digitalización, la información sobre la salud del planeta es más accesible que nunca, pero los bulos al respecto también se han multiplicado.

Un estudio de la revista Nature muestra que la desinformación sobre el cambio climático es más persuasiva incluso que los hechos científicos

Muchos usuarios difunden en redes sociales afirmaciones que son imprecisas, conspirativas o simplemente carentes de sentido.

Asimismo, un estudio reciente publicado en Nature Human Behavior muestra que la desinformación sobre el cambio climático es más persuasiva incluso que los hechos científicos. Pero, ¿cuáles son los ejemplos de bulos más comunes?

«El cambio climático es un ciclo natural de la Tierra»

Es verdad que nuestro planeta ha experimentado cambios climáticos a lo largo de su historia. Ahora bien, la situación actual es drásticamente diferente, y por eso la solución debería ser inmediata. Las actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles y la deforestación, han acelerado el ritmo del cambio climático a un grado sin precedentes. Durante los últimos años, los registros científicos confirman que la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera ha aumentado significativamente desde la Revolución Industrial, y eso está contribuyendo al calentamiento global de forma que nos afecta (pero sobre todo nos afectará) enormemente.

«El agujero de la capa de ozono causa el cambio climático»

La degradación de la capa de ozono es un problema grave, indudablemente, pues en las últimas décadas ha habido una reducción significativa en la cantidad de ozono en la atmósfera, y eso ha llevado a un aumento de la radiación ultravioleta en ciertas regiones de la Tierra. Sin embargo, no es la principal causa del cambio climático.

El agujero de la capa de ozono no causa cambio climático: el ozono protege a la Tierra de los rayos ultravioleta del Sol, pero no contribuye a la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera

La capa de ozono «simplemente» protege la Tierra de los rayos ultravioleta del Sol, mientras que el cambio climático sucede por la acumulación de gases de efecto invernadero (como el dióxido de carbono y el metano) en la atmósfera, que atrapan el calor y provocan un aumento de la temperatura global.

«El cambio climático está provocado voluntariamente mediante técnicas como los chemtrails»

El bulo de los chemtrails es una teoría de la conspiración que sostiene que las estelas de condensación dejadas por aviones contienen productos químicos dispersados por los gobiernos (u otras entidades) para propósitos oscuros, como el control del clima o la manipulación de la población. Esta teoría ha sido ampliamente desacreditada. Los singulares trazados en el cielo son simples nubes artificiales formadas por la condensación del vapor de agua en las estelas de los aviones a grandes altitudes, y están compuestas principalmente de agua y dióxido de carbono. No solo no hay evidencia que respalde la existencia de ningún rociado químico, sino que la logística necesaria para llevar a cabo tal operación sería tan inmensa que sería imposible de ocultar.

«El aumento en la cobertura de hielo en la Antártida refuta el cambio climático»

Esta afirmación tampoco es cierta. Aunque la cobertura de hielo puede fluctuar de un año a otro, debido a factores como la variabilidad del clima y las oscilaciones atmosféricas, los datos a largo plazo muestran una clarísima tendencia a la disminución de la masa de hielo en la región debido al calentamiento global. En este contexto, hay que distinguir la cobertura de hielo marino de la pérdida de hielo terrestre: por un lado, la primera alude a la capa helada que flota en el océano y puede experimentar variaciones estacionales; por otro lado, la segunda se refiere al derretimiento de los glaciares y los casquetes polares en tierra firme. Este segundo sí es un indicador mucho más fiable del impacto del cambio climático. Además, tiene consecuencias significativas, como el aumento del nivel del mar y la alteración de los ecosistemas del territorio afectado.

Biohidrógeno, ¿tan prometedor como dicen?

El biohidrógeno forma parte del universo del biogás y se posiciona como fuente de energía renovable capaz de acelerar la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, es una tecnología en desarrollo con retos económicos pendientes por resolver.


Científicos ambientales, ingenieros, físicos, meteorólogos… Todo tipo de expertos advierten que se debe reducir la dependencia de los combustibles fósiles y aumentar la adopción de fuentes de energía renovable. En este contexto, el hidrógeno se presenta como una prometedora fuente de energía para lograr la neutralidad climática en 2050, tal como reconoce la Estrategia del Hidrógeno 2020. Esto se debe a su alta eficiencia, a la capacidad de reciclaje, su baja contaminación y su baja toxicidad, entre otros. No obstante, uno de los principales retos a los que se enfrenta el sector del hidrógeno es la descarbonización de su producción. 

Más del 95% de la capacidad europea de producción de hidrógeno en 2020 procedía de combustibles fósiles, según la Asociación Europea de Biogás

Históricamente, la mayor parte del hidrógeno se ha producido a partir de combustibles fósiles; de hecho, más del 95% de la capacidad europea de producción de hidrógeno en 2020 procedía de combustibles fósiles, según la Asociación Europea de Biogás (EBA). Por ello, a pesar de que el hidrógeno pueda usarse sobre todo en transporte y generación de electricidad, se enfrenta a desafíos de viabilidad ecológica y económica.

Durante la última década, sin embargo, se ha estado llevando a cabo una producción de hidrógeno distinta, que requiere menos energía, puede ser realizada a temperatura y presión ambiente y que se obtiene por medio de procesos fotosintéticos y fermentativos por algas y bacterias: estamos hablando del biohidrógeno. Este consiste en aprovechar el gas hidrógeno que producen los microorganismos en sus procesos biológicos. En otras palabras, cuando estos organismos se alimentan, descomponen los compuestos orgánicos mediante unas enzimas, y a medida que esto ocurre, liberan gas hidrógeno como un subproducto metabólico. Este gas se recolecta y almacena, y es lo que se utiliza para producir energía.

A diferencia de las otras formas de hidrógeno, el biohidrógeno (o hidrógeno verde) puede ser cero o incluso «carbono negativo» si se obtiene a partir de materias primas como residuos y estiércol. Además, dependiendo de la tecnología que se utilice, su producción puede generar coproductos como dióxido de carbono biogénico puro, digestato o biocarbón, que pueden utilizarse como fertilizantes o pesticidas, algo que refuerza aún más su papel en la descarbonización de las industrias. Asimismo, mientras el 95% de hidrógeno «normal» procede de combustibles fósiles, la producción de biohidrógeno representa menos del 1%, y este puede ser usado directamente en motores de combustión interna o también pueden ser usados para pilas de combustibles para la producción de electricidad.

El biohidrógeno requiere menos energía que el hidrógeno tradicional

Entonces, si es tan prometedor, ¿por qué no se extiende en los sistemas de producción? Gran parte de los estudios hablan de las complicaciones en su uso, almacenamiento, distribución, transporte y elevados costes de producción. Por lo tanto, para que aumente la cantidad de biohidrógeno producido habría que mejorar los procesos de producción y contar con mucho tiempo. Según Giulia Cancian, secretaria general de la EBA, «la Unión Europea avanza hacia el establecimiento de un mercado único de energía, y se encuentra en un punto crítico en el desarrollo de leyes que regulen el futuro del biohidrógeno. Si bien es cierto que el biohidrógeno es un producto innovador, el marco regulador carece de impulsores para alcanzar la madurez comercial».

Ahora bien, la responsable técnica de la EBA, Marina Pasteris, es optimista y defiende que el biohidrógeno será clave para apoyar las estrategias europeas de mitigación del cambio climático «por su capacidad única de eliminar carbono de la atmósfera», y considera que «está bien situado para ayudar a sectores con opciones limitadas de descarbonización a alcanzar la neutralidad de carbono». Asimismo, el microbiólogo Tasios Melis, de la Universidad de California, apunta que otra promesa de esta fuente de energía es que se pueden cultivar algas donde los cultivos convencionales no tienen oportunidad. 

El hidrógeno verde podría ser una pieza fundamental —todavía por encajar— en el puzzle de la transición ecológica y en la lucha contra el cambio climático. Su versatilidad y bajo impacto ambiental lo posicionan como una alternativa prometedora a los combustibles fósiles. En última instancia, se necesitan tiempo y recursos para descubrir si el biohidrógeno es sinónimo de oportunidad para mitigar los impactos del cambio climático y construir un futuro más limpio para las generaciones venideras.

Almacenamiento energético, un nuevo reto para las renovables

Hace varias décadas, la transición «verde» descubrió nuevas fuentes de energía para garantizar el suministro eléctrico sin abusar del planeta. Ahora, la clave ya no está en producir, sino en guardar adecuadamente lo producido. 


En España, la producción de energía renovable es especialmente buena durante los meses de primavera y verano, cuando el sol aprieta y los vientos son más fuertes. Sin embargo, es en invierno cuando mayor uso se hace de este recurso, dadas las bajas temperaturas y las pocas horas de luz natural. ¿Cómo somos capaces de abastecernos de una temporada a otra?

Hoy por hoy, en el país hay más capacidad instalada para generar energía solar y eólica de la que se puede utilizar o vender a otros países. De hecho, el último informe elaborado por Trinomics, Fraunhofer-Gesellschaft y TNO apunta que España es uno de los países que «más proyectan energía almacenada en la Unión Europea», fruto de su gran inversión en tecnología de almacenamiento energético. 

Ahora bien: si realmente se produce tanta energía renovable, ¿qué se hace con ella, tanto para periodos de escasez como para prevenir el desperdicio? Su naturaleza intermitente presenta desafíos para la gestión de la red eléctrica y la satisfacción de la demanda en todo momento, por lo que un almacenamiento efectivo es –por ahora– el puente más estable entre generación de energía y suministro constante.

España posee más capacidad para generar energía solar y eólica de la que puede utilizar, y es uno de los países que más proyecta energía almacenada en la Unión Europea

Hace poco más de un año, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) presentó su estrategia de almacenamiento energético, en la que destacaba el hidrógeno renovable como uno de los sistemas más innovadores, ya que «desempeñará un papel clave en la reducción de las emisiones de sectores difíciles de descarbonizar, de procesos industriales de alta temperatura (por ejemplo la fundición de metales o la producción de cerámica) o de múltiples medios de transporte convencionales, desde los vehículos ligeros a camiones, autobuses o trenes».

Otra propuesta prometedora son las baterías de litio, que a pesar de su coste elevado parecen ser las más eficientes, aptas para el autoconsumo, y las que más proyección de futuro tienen. De este modo, si se combinan con placas solares, pueden almacenar la energía sobrante para utilizarla en momentos en que no haya sol. Sin embargo, el problema de este sistema es que el litio es un bien tan preciado que acabará escaseando, pues se utiliza en buena parte de los dispositivos electrónicos, incluidos los teléfonos móviles y los coches eléctricos.

El hidrógeno «verde», las baterías de litio o las centrales hidroeléctricas de bombeo son algunas de las propuestas más prometedoras para almacenar energía de forma eficiente

Asimismo, las centrales hidroeléctricas de bombeo son de las tecnologías más maduras de entre las actuales. Estas instalaciones utilizan la energía excedente para bombear agua hacia un depósito en altura durante períodos de baja demanda. Luego, el agua se libera para generar electricidad en momentos de alta demanda. Estas centrales comparten protagonismo con el almacenamiento término, que intenta preservar energía en forma de calor en materiales como sales fundidas o líquidos calientes, algo especialmente interesante para aplicaciones de calefacción y refrigeración.

En definitiva, el almacenamiento de energía renovable no es simplemente un capricho, sino una oportunidad para impulsar la transformación de nuestro sistema energético y mitigar el cambio climático. A medida que las renovables continúan ganando terreno, la capacidad de gestionarlas de forma eficiente se vuelve cada vez más relevante. Si bien los desafíos son evidentes, las innovaciones tecnológicas y las inversiones en esta área prometen una revolución en la forma en que capturamos, almacenamos y utilizamos la energía, allanando el camino hacia un futuro más limpio y sostenible para nuestro planeta.

Carmen Pellicer: “En los últimos años, las escuelas han logrado que los niños deseen un futuro colectivo.”

En el mundo de los adultos, los ODS son, cada vez con mayor frecuencia, una asignatura de estudio diario. Pero ¿qué papel juegan en el mundo infantil? 

Los ODS y la Agenda 2030 son un retrato del futuro que queremos conseguir como planeta. Cuando educamos a los más pequeños, hay que dibujarles un futuro deseable, un horizonte ético y ambicioso que dé sentido a la cotidianidad de sus vidas, y en ese horizonte están los ODS. Además, es muy importante no dar una visión derrotista, sino confiar en que se pueden cambiar las cosas. Ahora bien, en el mundo infantil hay que ser crítico y no centrarse exclusivamente en la sensibilización medioambiental. También hay que darle más importancia al entrenamiento de conductas comprometidas y motivaciones éticas.

 

¿Están los niños interesados –de algún modo– en los ODS?

Los niños pueden ser motivados por casi cualquier cosa. O, mejor dicho, los niños están interesados en todo lo que se les propone de forma creativa y estimulante. De todos modos, el interés no es repentino ni duradero, hay que motivar a los alumnos para que mantengan ese entusiasmo y lo conviertan en un trabajo consistente y riguroso. Al fin y al cabo, motivar significa convencer a alguien de que quiere hacer algo que en principio no quería, y luego resulta que se siente bien haciéndolo. En Secundaria, por otro lado, es importante mostrar la insatisfacción ante una vida mediocre y despertar un enojo creativo ante la injusticia, la discriminación o la violencia, y proponer múltiples oportunidades para transformar las cosas. 

 

¿Tienen los niños de ahora una actitud distinta a los niños de hace 50 años?

Sí. Hemos avanzado, a pesar de las dificultades. Hace 40-50 años nos preocupaba mucho más el futuro individual: «¿Qué voy a ser de mayor? ¿Qué voy a estudiar? ¿Qué nota tengo que sacar?» Lo que se respiraba en la cultura escolar era un perfeccionamiento personal. Aquello nos ayudó para superarnos a nosotros mismos, pero al margen de los pros de aquella perspectiva, creo que ahora hemos ganado en conciencia comunitaria. Tenemos más en cuenta lo que queremos y debemos de conseguir como grupo. «O todos nos hundimos o todos nos salvamos», como dicen algunos de mis niños. Creo que en los últimos años muchas escuelas han logrado que los niños deseen un mejor futuro colectivo, y son más conscientes del impacto que tienen nuestras decisiones sobre la vida de los otros. Por el contrario, hay un problema y es que no hemos avanzado en la creación de un modelo eficaz de educación ética, y los niños no conocen, o al menos no practican con asiduidad, las renuncias y los sacrificios personales que conlleva la consecución del bien común.

 

¿Cuál es el principal desafío educativo relacionado con la sostenibilidad para este curso?

El currículum de una escuela, es decir, el tiempo que se dedica a cada materia, es como una caja de quesitos. Para meter dos quesitos nuevos, hay que sacar otros dos. Si lo que queremos es que realmente en las escuelas se vibre con los ODS, que realmente pase a la conciencia colectiva de las futuras generaciones, necesitamos aligerar el currículum de las cosas menos necesarias o que pueden ser sustituidas con el uso de las tecnologías. El «cómo» es la clave. Ahí entran los educadores, que tienen una función fundamental. Ellos deben ayudar a despertar la curiosidad del alumno, pero también exigir un aprendizaje real. En los adolescentes, por ejemplo, en lugar de contarles solo las bondades de los ODS, hay que hacerles sentir algo más, hay que practicar lo que llamo hermenéutica del enojo: hay que hacerles sentir insatisfechos con las decisiones individualistas e insolidarias y dar alternativas realistas pero ambiciosas. Los proyectos de emprendimiento social o de aprendizaje servicio, las experiencias de voluntariado o unas buenas tutorías son ejemplos de oportunidades para trabajar en ese sentido

 

Recientemente, la decisión de Suecia de dejar en suspenso su estrategia de digitalización en la enseñanza ha abierto el debate sobre la integración de estas tecnologías en las aulas. ¿Qué papel debe desempeñar la digitalización en la educación?

Hoy por hoy, no existe un modelo de digitalización en el sistema educativo, no ha habido tiempo de hacerlo. El cambio ha sido tan brutal y tan rápido que vamos a remolque de los avances de la tecnología. Pero no es la primera vez que sucede, en mi época, por ejemplo, estaba el debate sobre el uso de las calculadoras en el aula… Siempre surge una crisis cuando se cuestionan las viejas seguridades. Actualmente, está el debate del uso del móvil: «¿dejo a mis alumnos entrar a clase con ellos o no?» Si les quito el teléfono durante cinco o seis horas, eso no les educa a utilizarlo mejor, sino que los reprime. Cuando suene el timbre y estos niños sean liberados del colegio, lo que harán será ir a buscar su móvil y utilizarlo -probablemente- mal. Por esto, la digitalización no es una asignatura optativa. No hay elección de dejarla fuera, hay que educarles en cómo usarla correctamente. Para ello los docentes necesitamos mucha formación. Por tanto, digitalización sí, es el presente, es el mundo por el que se mueve la gente, pero hay que hacerlo de forma equilibrada, que se compense con la educación integral de cada individuo, que cuide la dimensión ética, emocional, el bienestar físico, la salud mental y con el entrenamiento del pensamiento crítico, creativo y riguroso. 

 

Los ODS abarcan diversas áreas, desde la erradicación de la pobreza hasta la igualdad de género. ¿Cómo puede el sistema educativo promover una educación integral que aborde todas estas áreas de manera efectiva?

El principal problema es que es un sistema tremendamente burocratizado, lleno de requisitos contradictorios, confusos, y en mi opinión poco sensible con los ODS. Creo que es necesario y urgente reducir esa burocracia. Por estas cosas, a veces da la sensación de que los directores y profesores de un colegio no están ahí para diseñar el mejor plan educativo para la escuela, sino para cumplir a rajatabla una lista de requisitos burocráticos de las administraciones. Esa sensación genera un escepticismo generalizado entre los docentes, que no es para nada positivo. Por tanto, hay que reducir la burocracia, apostar por la gobernanza inteligente, por un modelo que respete la autonomía de los centros para diseñar proyectos educativos que respeten la idiosincrasia de cada comunidad de aprendizaje. 

 

¿Y cómo se consigue eso?

Hay distintos planos para enfrentarse a este reto. Hay un plano administrativo, la ley de educación, que en este caso la LOMLOE en su redacción ha hecho una mayor apuesta por los ODS. Pero una vez que la ley pasa a las escuelas, bajamos mucho el listón. En este sentido, hay dos formas de abordar los ODS: una perspectiva en la que se incluyen asignaturas o eventos exclusivamente sobre ODS o una perspectiva transversal, en la que todas las asignaturas incluyen ciertos aspectos de los ODS. El primer caso es el más frecuente, pero yo creo que organizar un Día de la paz o un Día de la sostenibilidad al año no cambia nada, por lo que yo apostaría es por combinar ambas. Hay otro plano donde está el agujero más grande del sistema: la metodología. Las metodologías tradicionales no sirven para entrenar comportamientos que aterricen los ODS en la vida personal de los alumnos. No se puede enseñar (ni se puede aprender) sobre ODS estudiándolos en los libros o viendo videos al respecto. Se trata de que los alumnos entrenen decisiones éticas, y eso es poco común en las escuelas, porque están sobrecargadas por otras prioridades.

 

Precisamente, uno de los objetivos marcados por la ONU persigue el refuerzo de la educación en todos los rincones del planeta. ¿Se puede lograr que todos los estudiantes del país tengan acceso a una educación de calidad?

La educación de calidad es perfectamente posible. Ahora bien, no se puede confundir la escolarización con la educación de calidad. Es verdad que en el último siglo hemos universalizado la escolarización y la hemos extendido dos años más, hasta los 16 (un reto todavía pendiente en muchos países), pero no podemos conformarnos con tener a la población escolarizada. Hay que darles más. Y para alcanzar ese «más» hay que sentarse a pensar, a tomar decisiones, y a tener una política inteligente y generosa y que tome decisiones coherentes y sostenibles. También hay que tener en cuenta que cada escuela tiene una idiosincrasia y posibilidades diferentes, entonces hay que diseñar un proceso a medida, como hacen los sastres con los trajes.

 

¿Qué tipo de decisiones?

Tomando como ejemplo las pruebas de la EVAU. Si en vez de examinarnos solamente de problemas matemáticos y de memorización, incluyéramos una prueba de competencias éticas, probablemente avanzaríamos más rápido. Algo que he visto últimamente en algunas escuelas, especialmente en Estados Unidos, es que tienen una forma diferente de preparar a los alumnos de cara a la educación universitaria. Allí, desde hace algún tiempo, valoran los resultados académicos, pero también el currículum no formal del alumno. O sea, que en muchas universidades de prestigio, el 30% de la «nota» que obtienen en el proceso de aplicación depende de los voluntariados que han hecho, los trabajos que han tenido, los deportes que practican… Los alumnos se involucran y se preocupan por hacer cosas fuera de las aulas. 

 

El mundo parece evolucionar a un ritmo acelerado desde el comienzo de la década. ¿Cómo se imagina la educación en 2030?

Las revoluciones empiezan en las trincheras, no en los despachos. Y las trincheras de la educación son las aulas. El primer paso para el cambio es pensar: «¿Qué puedo cambiar yo en mi clase? ¿Qué podemos hacer este año en nuestra escuela?».  

Suelo decir que un profesor puede cambiar la vida de un niño, y una escuela puede cambiar una comunidad. Pero si queremos cambiar el país hay que cambiar el sistema educativo, y cada uno tiene que trabajar en el plano que le corresponde para lograrlo.

 

Uno de los grandes desafíos de la educación, digamos para 2030, es hacer ese traje a medida, un plan individualizado para cada escuela, y si puede ser, personalizado a cada alumno. Necesitamos descubrir el potencial de cada alumno, fortalecerlo y ayudarle a alcanzar la plenitud de sus posibilidades en todos los aspectos de la vida. Y nuestras aulas están llenas de millones de esos momentos que nos dan la esperanza de que esa visión de una educación excelente es posible.

 

¿Quién ha sido el profesor o profesora que cambió tu vida?

Tengo muy buenos recuerdos de muchos maestros y maestras, desde el colegio, el instituto y la universidad, pero si tengo que elegir a una, fue mi madre. Era maestra en todo lo que hacía, desde los libros hasta la cocina. Llevaba el enseñar en la sangre, y de ella aprendí a no tirar nunca la toalla, con ningún alumno o alumna, ni con nadie que espere ayuda de nosotros.

El futuro de la energía solar, ¿está en el espacio exterior?

Cada hora llega a la Tierra más energía del Sol de la que usamos todos los humanos en un año entero. ¿Cómo es posible, entonces, que haya una crisis energética cuando deberíamos tener recursos prácticamente infinitos? Lo cierto es que no todo es tan sencillo como parece: el 30% de los rayos solares vuelven al espacio a causa del reflejo provocado por la atmósfera; además, elementos como las nubes, la noche y las tormentas dificultan la labor diaria de las plantas fotovoltaicas.

La energía solar sigue ganando popularidad y se sitúa entre las favoritas a la hora de alimentar las sociedades del futuro. Según el Avance del informe del sistema eléctrico español 2021, la potencia instalada de solar fotovoltaica creció en 2021 casi un 30%, incorporando más de 3.300 MW al parque de generación nacional. Esto permitió que su producción experimentase un aumento cercano al 37%.

Este proyecto formaría parte del Net Zero Innovation Portfolio con el que se prevé alcanzar las cero emisiones netas para 2050

Ahora, el Gobierno de Reino Unido quiere dar un paso más allá, literalmente, contribuyendo a la construcción de una estación de energía solar en el espacio. Esta tendría un coste estimado de 16.000 millones de libras, y aunque el ministro británico de Ciencia, George Freeman, dijo que está dispuesto a apoyar económicamente la nueva estación, matiza que el Gobierno no «escribirá un cheque» para su construcción íntegra.

Esta idea futurista formaría parte del Net Zero Innovation Portfolio, un plan de financiación nacional dedicado a tecnologías que contribuyen a alcanzar las cero emisiones para el 2050. Lamentablemente, el presupuesto total del portfolio es de 1.000 millones de libras, por lo que si queremos ver el macroproyecto espacial hecho realidad, los 15.000 millones restantes se tendrán que financiar por otros medios.

¿Cómo funciona esta estación solar espacial?

Básicamente, consiste en poner en órbita una nave espacial gigante cubierta de paneles solares. De este modo, estos capturarían la energía ininterrumpidamente, ya que no se encontrarían con interferencias como las nubes o la entrada de la noche. Esta energía capturada se transmitiría a la Tierra de forma inalámbrica, concretamente mediante ondas de radio de alta frecuencia. Una vez en la superficie, una antena especial llamada rectenna –o antena rectificadora– convertía las ondas de radio en electricidad, enviándose entonces directamente a la red eléctrica. Gracias a este sistema nos beneficiaríamos del Sol las 24 horas del día, logrando reducir una buena parte de nuestras emisiones de carbono.

El plan consiste en poner en órbita una nave espacial gigante cubierta de paneles solares que capturarían la energía ininterrumpidamente

Sin embargo, aún hay muchos desafíos que superar antes de enviar definitivamente una planta fotovoltaica gigante al espacio. Uno de ellos pone en cuestión la base misma del proyecto: para que un objeto atravesase la atmósfera habría que lanzarlo a gran potencia, lo que, aparte de ser muy caro, está asociado a un alto nivel de contaminación. Un avance esencial en este sentido sería descubrir cómo reutilizar los sistemas de lanzamiento espacial. Por otra parte, existen contratiempos en la transmisión inalámbrica de energía: llevar energía solar de un punto a otro tan lejano es complicado e ineficiente. Actualmente, con la tecnología que disponemos solo lograríamos traer a la Tierra una pequeña fracción de todo lo absorbido en el cosmos.

De momento, los sistemas de energía solar basados en el espacio son solamente una primera aproximación a nuevas fuentes de suministro mundial. Aún no sabemos si llegaremos a tener naves espaciales que absorban rayos solares, pero sí sabemos que estamos más cerca de hallar una solución para descarbonizar el planeta antes de 2050.

Australia declara al koala en peligro de extinción

Los koalas se asentaron en los campos de eucalipto de Australia hace millones de años. Les gustó especialmente la parte oriental, que convirtieron en su hábitat hasta que, hace apenas 250 años, los colonos británicos decidieron instalarse en la región y despejar terreno salvaje para dar cabida a la agricultura y a las infraestructuras urbanas. En consecuencia, los marsupiales de la zona quedaron en jaque teniendo que huir de su entorno al ver destruidos los campos que les servían de cobijo y alimento. Una huida que se vio agravada por la persecución de cazadores furtivos que codiciaban sus pieles, que empezaban a adquirir un enorme valor.

Afortunadamente, los dos siglos que nos separan desde aquella época permitieron a la población australiana reconciliarse paulatinamente con el koala, hasta el punto de convertirlo en símbolo nacional y embajador turístico. Sin embargo, pese a que hoy en día la caza furtiva de esta especie se ha controlado y casi eliminado por completo, el número de ejemplares continúa disminuyendo. Y es que el gran enemigo en el siglo XXI ya no lleva escopeta, los incendios, las sequías y la urbanización masiva es lo que, desde hace 20 años, está destruyendo el hábitat de los koalas.

En los últimos tres años, Australia ha perdido alrededor del 30% de las poblaciones de koalas, según un estudio de la Australian Koala Foundation

En 2012, los colectivos animalistas ya ejercieron presión a las autoridades para tomar cartas en el asunto, y consiguieron que los koalas fueran clasificados como especie vulnerable. No obstante, esa etiqueta no fue suficiente para frenar el declive. En los últimos tres años, Australia ha perdido alrededor del 30% de las poblaciones de koalas, según un estudio de la Australian Koala Foundation. Concretamente, si en 2018 se contabilizaron más de 80.000 ejemplares, el año pasado no llegaron a 60.000.

Ante esta situación, con la llegada de 2022, el Gobierno de Australia ha decidido incluir al koala en la lista de animales en peligro de extinción, y así dedicar más recursos a devolverles el espacio que una vez les perteneció. El primer ministro del país, Scott Morrison, ha anunciado que invertirá 50 millones de dólares durante los próximos cuatro años para la conservación y recuperación de la especie. “Los protegeremos mediante la restauración de su hábitat, el apoyo económico a tratamientos y cuidados médicos, el refuerzo en investigación en salud animal e intentaremos comprender mejor a sus poblaciones”, ha asegurado. De esta forma, se prevé que la ley medioambiental nacional no solo devuelva la calidad de vida a los koalas sino a muchos otros animales con los que comparten entorno.

Aun así, diversas organizaciones animalistas reclaman que esta acción no basta para solucionar el problema. El científico conservacionista Stuart Blanch, que trabaja en WWF-Australia, indicaba que “esta decisión es bienvenida, pero no parará el descenso de marsupiales hasta la extinción a menos que se tomen medidas legales más severas.” A fin de cuentas, en una década los koalas han pasado de no figurar en ninguna lista a ser catalogados como vulnerables, y de vulnerables a estar en peligro de extinción.

Australia invertirá 50 millones de dólares durante los próximos cuatro años para la conservación y recuperación de esta especie

Por otra parte, hay organismos que no están completamente de acuerdo con la decisión del primer ministro australiano. Si bien hay unanimidad en que el koala es una especie frágil, no la hay en cuanto al peligro de extinción. El origen de esta ambigüedad surge de la dificultad por censar koalas, ya que las estimaciones varían en gran medida según la zona y el equipo que realice el recuento. Por ejemplo, la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que es la máxima autoridad a nivel global sobre el estado de conservación de las especies, niega que el koala esté en un peligro de extinción real.

Sea como sea, los koalas están en una situación delicada, lo suficiente como para ser atendidos con más empeño que en el pasado. No podemos olvidar el gran papel que ocupan en el círculo de la vida: su desaparición de los ecosistemas conllevaría una complicación en la reproducción de los bosques, lo que supondría un impacto irreversible para el planeta y para todas las especies que habitamos en él.