Autor: José A. Cano

Seis especies en peligro por el tráfico ilegal de animales

El tráfico ilegal de animales es el tercer mercado ilícito que más dinero mueve a nivel mundial, aproximadamente 20.000 millones de euros cada año según la ONG WWF, una cifra equiparable a la que mueve el tráfico de armas y de drogas. Se trata de un mercado en el que cada año cerca de 7.000 especies se ven afectadas directamente, tal y como recoge el informe ‘Informe mundial sobre los delitos contra la vida silvestre y los bosques 2020’ de la Oficina de las Naciones Unidas sobre el Crimen y las Drogas (UNODC). Es el caso de los rinocerontes y los elefantes. La propia UNODC y WWF estiman que alrededor de 20.000 elefantes y más de 1.000 rinocerontes son asesinados cada año para traficar con sus huesos, piel, colmillos y cuernos. Se calcula que los ingresos ilícitos anuales generados por el tráfico de marfil y cuerno de rinoceronte entre 2016 y 2018 -últimos datos disponibles debido a la COVID19- alcanzaron los 400 millones de dólares y 230 millones de dólares, respectivamente.

Una de las soluciones administrativas propuestas a este tráfico es el llamado Listado Positivo. Se trata de un documento que incluiría las especies cuya tenencia y comercio están permitidas, quedando prohibidas todas las demás. De esta forma se facilitaría el control de las especies que pueden comercializarse y mejoraría la eficacia en la detección de irregularidades. Por otro lado, autoridades como la secretaria general de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés), Ivonne Higuero, apuestan por facilitar a los gobiernos herramientas que les ayuden a abordar esta problemática. «Los datos precisos son la base de la formulación de políticas públicas», asegura la experta. De esta forma, se «proporciona a los gobiernos un panorama claro de la situación y se subraya la necesidad de actuar ahora para conservar nuestras especies y ecosistemas más valiosos».

En Red2030 hacemos un repaso por seis de las especies más afectadas por el tráfico ilegal: elefante, rinoceronte, tigre, pangolín, gorila y león.

Elefante

El tráfico ilegal de marfil es uno de los más lucrativos del mundo. Aunque el trabajo de los gobiernos ha conseguido disminuir su incidencia en la última década, la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) calcula que el número de elefantes de bosque africanos ha disminuido en más de un 86% en un período de 31 años, mientras que la población de elefantes de sabana africanos lo ha hecho en al menos un 60% en los últimos 50 años.

Ambas especies han sufrido fuertes disminuciones desde 2008 debido a un aumento significativo de la caza furtiva, que alcanzó su punto máximo en 2011. El Informe de la UICN sobre la Situación de los Elefantes Africanos calcula que quedan en torno a 415.000 individuos de las dos especies. La UNDOC añade “buenas noticias” hasta 2018: en la última década la caza de elefantes se ha reducido a un tercio, pero su situación “sigue siendo crítica”.

Rinoceronte

Desde la Edad Media el cuerno del rinoceronte está considerado un ingrediente fundamental en remedios milagrosos, lo que alimenta su caza furtiva. Sin embargo, con el crecimiento de ésta también lo han hecho los esfuerzos de diferentes países para proteger la especie, que arrojan algunas buenas noticias: de nuevo según la UICN, entre 2012 y 2018, la población de rinoceronte negro (Diceros bicornis) creció en toda África en un 2,5% anual, pasando de aproximadamente 4.845 a 5.630 animales en la naturaleza. Los modelos de población predicen un lento aumento similar en los próximos cinco años. Aun así, se mantiene en la Lista Roja de Especies Amenazadas.

Tigre

Al ser humano le ha bastado sólo un siglo para acabar con el 97% de la población de tigres salvajes. Estos son cazados furtivamente para diversos usos: su piel es utilizada en alfombras, sus huesos sirven para elaborar medicinas supuestamente milagrosas y sus garras y colmillos se venden como amuletos.

De las nueve subespecies que existían, tan sólo quedan seis, y en la actualidad viven más tigres en cautividad que en libertad. Se calcula que en los últimos 15 años se han matado al menos 1.755 tigres, principalmente en Laos, Vietnam y Tailandia. Ahora bien, no todo es malo: hay que celebrar que la población mundial de tigres está creciendo por primera vez, aumentando de 3.200 a 3.890 ejemplares en menos de una década.

Pangolín

El pangolín es un pequeño mamífero con el cuerpo cubierto de escamas de hábitos solitarios. Algunos han querido ver en él el origen de la pandemia de la COVID19, ya que su carne está considerada un manjar en algunos países del Sudeste asiático. Sus escamas, además, se utilizan en la medicina tradicional, lo que fomenta su caza furtiva hasta el punto de que UICN lo ha llegado a considerar el mamífero más amenazado del mundo.

WWF estima que, en la última década, más de un millón de pangolines han sido cazados en la naturaleza para satisfacer la demanda asiática, sobre todo de China y Vietnam, afectando al 80% de su población. En 2016, el Convenio CITES, que implica a más de 180 países, alcanzó un acuerdo para prohibir totalmente el comercio de pangolines, un gran paso para proteger a la especie de la extinción. Sin embargo, el tráfico ilegal de la especie continúa, hasta alcanzar la cifra de 2,7 millones de ejemplares cazados al año según UICN.

Gorila

Al gorila no solo le afecta la caza furtiva, también la degradación de su hábitat natural por la acción humana -como la minería ilegal en algunas zonas de áfrica- y enfermedades como el ébola. El tráfico ilegal en los últimos años ha aumentado debido al auge del comercio ilegal de su carne (bushmeat), cada vez más codiciada, según WWF.

UICN pone el foco en cómo el gorila oriental (Gorilla beringei) ha sufrido una “devastadora reducción de su población”, de más del 70%, en apenas 20 años. Dicha población se estima actualmente en menos de 5.000 individuos. Por su parte, el gorila oriental de planicie (G. b. Graueri), una de las dos subespecies del gorila oriental, ha perdido el 77% de su población desde 1994.

Aun así, se vislumbra un crecimiento positivo de la población de gorilas. Los últimos datos disponibles estiman que el número total de ejemplares de todas las especies presentes en África Ecuatorial es de 360.000 ejemplares, cuando los cálculos anteriores no alcanzaban los 200.000.

León

En las últimas décadas, la población de leones ha disminuido un 40% y su área de distribución se ha reducido un 94% en todo el mundo. La UICN calcula que quedan unos 30.000 ejemplares, pero estudios más recientes alertan sobre importantes disminuciones especialmente en poblaciones pequeñas de África occidental y oriental, por lo que se puede hablar de cifras inferiores a los 20.000 ejemplares en libertad.

Su vulnerabilidad ha incrementado en los últimos años porque el tráfico de leones estaba menos vigilado que el de tigres y los furtivos y traficantes han cambiado de mercado en consonancia. Por ejemplo, el vino de huesos de tigre, símbolo de estatus social en algunos países asiáticos, ha pasado a ser vino de huesos de león.

Seis lecturas de verano para comprender el reto de proteger la naturaleza

Llegan las semanas de descanso. Un momento perfecto para aprovechar el tiempo para leer lo que la rutina diaria no nos deja, relajarnos y, por qué no, ampliar horizontes con otro tipo de ejemplares literarios que abordan temáticas como el cambio climático o la preservación de especies. En este artículo recopilamos seis ensayos para reflexionar sobre el medio ambiente y nuestra relación con el entorno natural. 

El sentido del asombro, de Rachel Carson

La bióloga y escritora estadounidense Rachel Carson, que vivió a comienzos del siglo XX fue una de las pioneras de lo que ahora llamamos la ética ambiental o el ecologismo. En este ensayo, que parte de un artículo publicado en una revista que fue ampliando, desarrolla su pensamiento ligado al respeto por el medio natural, el pacifismo y una educación centrada en respetar el sentido del asombro de los niños y su capacidad para los cuidados antes que para la destrucción.

Perdido en el paraíso, de Umberto Pasti

Autor de numerosos libros de divulgación sobre jardinería, el italiano Umberto Pasti decidió un buen día establecerse en la aldea de Rohuna, en el norte de Marruecos, no muy lejos de Tánger, para realizar su proyecto soñado: un gran jardín de especies en peligro de extinción para así preservarlas. El paisaje que había elegido era seco, aislado, sin carreteras, agua o electricidad. Esta es la historia de cómo llevó a cabo con éxito su proyecto y además convirtió Rohuna en su hogar.

En islas extremas, de Amy Liptrot

La escritora Amy Liptrot se mudó de vuelta desde Londres a la vieja granja de las Islas Orcadas, en Escocia, donde pasó su infancia. Huyendo de la precariedad y otras circunstancias vitales por las que atravesaba, el regreso a los paisajes naturales donde creció la permite levantar una nueva vida en comunión con su entorno. Unas memorias noveladas que recogen las verdaderas experiencias de su autora a modo casi de diario íntimo.

El murciélago y el capital, de Andreas Malm

El ecologista Andreas Malm escribió este ensayo de plena actualidad en mitad de la pandemia. Con calma, pero sin ocultar la urgencia de la crisis climática, el activista sueco explica cómo la pandemia del coronavirus es inseparable del sistema económico en el que se produce y de un estilo de vida que condena al planeta, a la biodiversidad y a nosotros mismos. Malm conserva una nota de optimismo para describir las oportunidades de cambiar de modelo y las experiencias que ya están funcionando en diversas partes del mundo.

Walden, de Henry David Thoreau

El más antiguo. Un clásico es un clásico. En los árboles de la sociedad industrial y el nacimiento de los EEUU, el activista y escritor Henry David Thoreau decidió marcharse a vivir en la naturaleza en una cabaña construida por él mismo y alimentándose de su propia huerta. Durante ese tiempo llevo un diario de sus pensamientos y sus vivencias que publicó más tarde en este tomo, en el que reivindica la vida en comunión con el medio natural como la verdadera libertad para el ser humano y la necesidad de ser consciente del coste de nuestra comodidad.

Perdiendo el Edén, de Lucy Jones

La periodista inglesa Lucy Jones recoge en este ensayo en parte autobiográfico las investigaciones más recientes sobre la necesidad de las personas de vivir en contacto con la naturaleza. Un repaso divulgativo de cómo el medio natural marca nuestro lenguaje, nuestra forma de vivir y nuestro ánimo incluso en las modernas ciudades del siglo XXI en las que pasamos el 90% de nuestro tiempo entre cuatro paredes. Jones describe las escuelas forestales cada vez más comunes en el norte de Europa o los últimos avances en terapia en la naturaleza, además de reflexionar sobre el estilo de vida del Occidente actual.

Consejos para enseñar ecología y consumo responsable a los niños durante el verano

Llegan las vacaciones y cambia la rutina, pero hay hábitos que se pueden seguir fomentando e incluso reforzar durante los meses de verano. Precisamente esta época, donde disponemos de más tiempo para disfrutar con nuestros hijos, es perfecta para enseñar a los más pequeños de la casa costumbres de vida sostenible que les permitan interiorizar cómo relacionarse con su entorno de manera respetuosa.

Ya sea nuestro destino de playa o montaña existen multitud de opciones para integrar en nuestro día a día actividades que fomenten valores medioambientales. A continuación os dejamos algunas opciones para disfrutar de unas vacaciones sostenibles que muestren a los niños la importancia de la ecología y el consumo responsable:

No dejar basura… y recoger la que encuentres

Los espacios naturales son entornos en los que disfrutar con respeto, no vertederos. Un paseo por el bosque o una tarde junto al mar son el momento perfecto para que los más pequeños aprendan la importancia de no tirar basura, cuidar de la naturaleza e incluso poner su granito de arena recogiendo aquellos desperdicios que encuentren a su paso. Ayudar a conservar un paisaje limpio en todos los sentidos es la mejor manera de enseñar que su salud es la nuestra. 

Esta actividad puede realizarse en familia o a través de campamentos o programas de voluntariado ambiental que promueven ayuntamientos de toda España. A través de estas iniciativas la relación con el medio ambiente se convierte en un juego que ayuda a los niños a sentirse parte de esa naturaleza que queremos cuidar.

Reducir los plásticos

La reducción del uso de plásticos es un hábito que debemos integrar en nuestro día a día. Sin embargo, durante las vacaciones se suele tender a utilizar en mayor medida productos elaborados con plástico de un solo uso, como pueden ser platos, cubiertos o comida envasada. Es el momento de predicar con ejemplo y evitarlo, reduciendo al máximo su consumo. Las alternativas existentes son cada vez mayores y nos permiten integrar hábitos con menor impacto ambiental mediante el uso de bolsas de tela para la compra, botellas de acero para el agua, el uso de tuppers de cristal o los cubiertos de madera sostenible para llevarnos el picnic a la playa, entre otros. 

Trabajar en el huerto

El turismo rural es una opción elegida por muchas familias que nos permite acercarnos a la naturaleza de diferentes maneras. Una de ellas es a través de las huertas. A través de ellas  los niños pueden aprender a relacionarse con la tierra, conocer de dónde provienen los alimentos y el trabajo que requiere obtenerlos. 

También es un buen momento para enseñarles la estacionalidad de los alimentos, los tipos de frutas o verduras según la época del año y por qué es importante integrar los alimentos de temporada en nuestra alimentación. Es una actividad para practicar en familia, en la que enseñar a las niñas y niños las ventajas de un trabajo paciente, del que a medio plazo acabarán recogiendo sus frutos, refuerza los lazos al disfrutar del resultado de un esfuerzo compartido.

Compra sostenible

Lo mismo que con los plásticos, se trata de mantener hábitos que ya integramos en nuestro día a día durante el resto del año. Si en casa estamos intentando comer productos de kilómetro cero y de temporada, no tenemos por qué dejar de hacerlo al viajar. Las tiendas locales ofrecen productos de cercanía respetuosos con el entorno y que impulsan la economía local. 

Por otro lado, la oferta de productos ecológicos o elaborados de forma sostenible como protectores solares, bañadores o sandalias es cada vez mayor. Explicar estas decisiones de compra a los más pequeños ayuda también a reducir el consumo compulsivo.

La bicicleta como forma de vida

La movilidad también es importante. Organizar excursiones en bicicleta con nuestros hijos es una manera perfecta de explicar conceptos como la movilidad sostenible para que se conviertan en una forma natural de moverse más allá de los meses de verano. Además del cuidado del entorno, a través de la reducción de la emisión de gases, la bicicleta es una buena manera de mostrarles cómo salud y medio ambiente son dos conceptos que van de la mano.

Los residuos como fuente de oportunidades para la economía circular

Somos una civilización que nada en basura, y no es del todo una metáfora, la gran isla de plástico del Pacífico está ahí para recordárnoslo. Es por ello que uno de los grandes retos que debemos abordar en la próxima década es el de reducir drásticamente la creación de residuos. Un desafío que solo se podrá superar si se adopta una cultura de consumo y un sistema productivo basado en los principios de la economía circular. 

En este marco, la Comisión Europea aprobó el pasado mes de marzo un nuevo Plan de acción para la economía circular, que según fuentes de la organización va a ser «uno de los principales elementos del Pacto Verde Europeo, con medidas que tienen por objeto adaptar nuestra economía a un futuro ecológico y reforzar nuestra competitividad». En España el compromiso en esta materia se ha reforzado en el último año. Así, el pasado mes de junio, se aprobaron la Estrategia Española de Economía Circular, denominada España Circular 2030, y el anteproyecto de Ley de Residuos. Este último, pone especial foco en la reducción de los plásticos de un solo uso, así como en la disminución de los residuos que se generan en la cadena alimentaria y los hogares, con un 50% de reducción per cápita a partir de este año a nivel de hogar y consumo minorista, y un 20% en las cadenas de producción y suministro.

Un tercio de la comida del mundo se pierde

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) lleva décadas advirtiendo sobre el enorme desgaste de recursos que supone el desperdicio alimentario. Se calcula que aproximadamente 1.300 millones de toneladas de alimentos se pierden o desperdician en todo el mundo al año, el equivalente a un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano.  

Un derroche de recursos que supone, un gran impacto social, teniendo en cuenta que hoy en día aún hay más de 800 millones de personas que sufren hambre o desnutrición; pero también un enorme impacto ecológico, ya que la huella ambiental de estos residuos equivale a 3,3Gt de CO2, un consumo de agua de 250 km³ y el uso de 1,4 billones de hectáreas de tierra cultivable.

El reaprovechamiento de los residuos es clave para poder avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

El reaprovechamiento de los alimentos que no llegan a consumirse, así como el de los residuos que derivan de la alimentación, como pueden ser los plásticos o el papel de los envases, es clave para poder avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, donde no solo el reciclaje es una vía para recuperar dichos residuos, sino que gracias a la innovación pueden reutilizarse para la elaboración de otros subproductos como el biodiesel o la biomasa. Una alternativa que favorece el avance hacia la transición energética.

Restaurantes y granjas que generan energía

La producción de biogás a partir de materia orgánica es un procedimiento cada vez más extendido. Restaurantes en países como EE.UU. o Alemania están incorporando en sus establecimientos, al igual que lo vienen haciendo granjas y explotaciones agrícolas, biodigestores como parte de su gestión de residuos. Esta tecnología, que es relativamente nueva, representa una gran oportunidad en la reducción de la huella ambiental de este tipo de negocios, así como en el ahorro de costes, al permitir producir su propia energía verde. 

El biodigester o biodigestor es un contenedor cerrado de forma hermética que almacena materia orgánica procedente de alimentos en descomposición y excrementos. Con los microorganismos presentes en los desechos orgánicos se produce una reacción conocida como fermentación anaeróbica con la que se obtiene abono y biogás, que puede emplearse para cocinar, en sustitución de otros combustibles como el gas propano, la leña o la electricidad. Por su parte el abono producto del biodigester se considera un excelente acondicionador del suelo con una alta concentración de nutrientes esenciales para el buen desarrollo de las plantas. 

En España la consultora en Economía Circular Red Miogas es una de sus principales impulsoras de esta tecnología. 

Innovación para alcanzar el objetivo de residuos cero

Son muchas las empresas e instituciones que investigan nuevas vías para alcanzar el objetivo de residuos cero. Ejemplo de ello es el grupo de investigación BIOSAHE de la Universidad de Córdoba que trabaja en la búsqueda de procesos que aprovechan los desechos para su uso como biocombustibles, nuevos combustibles para motores de combustión interna alternativos, que permitirían recuperar el equilibrio entre el ecosistema humano y el ecosistema natural, mediante la producción de energía limpia. En este campo, uno de los grandes descubrimientos ha sido el hongo llamado Aspergillus awamori, capaz de degradar la basura orgánica para producir biodiesel.

En Colombia, el país líder en la producción de café, se crean 500 toneladas anuales de restos de cascarillas de café. La firma Diseclar ha basado su estrategia en la creación de un nuevo material partiendo del plástico reciclado y de la fibra vegetal del café, que es ideal para la fabricación de acabados arquitectónicos o muebles para el hogar.

Grupo Red Eléctrica ha reducido su volumen de residuos generando 4,7 veces menos de desechos en los dos últimos años

A este tipo de iniciativas se suman las apuestas de las compañías que buscan reducir al mínimo su impacto ambiental a través de políticas de gestión de residuos. En España destaca el caso del Grupo Red Eléctrica, que se ha fijado, como parte de su modelo de negocio y de sus objetivos de sostenibilidad, el objetivo de ser una empresa líder en economía circular en 2030. «Integrar la circularidad en nuestro modelo de negocio nos ayuda a contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y preservar el medio ambiente, una responsabilidad global e individual ineludible, pues de seguir consumiendo como hasta ahora, acabaremos consumiendo completamente al planeta. Pero, es que además, la economía circular conlleva grandes ventajas: supone una diferenciación competitiva, reduce nuestra huella medioambiental y el coste de las materias primas, nos acerca a un modelo más innovador y nos trae fuentes de ingreso adicionales», asegura Antonio Calvo, director de Sostenibilidad de Red Eléctrica.

La compañía ha diseñado una hoja de ruta con acciones concretas enfocadas a mejorar en diferentes dimensiones, entre ellas, residuos cero y plásticos cero, con resultados como la reducción de su volumen de residuos, generando 4,7 veces menos de desechos en los últimos dos años. La estrategia Residuo 0 busca que los residuos que no puedan reducirse sean transformados en materias primas de nuevos productos de una forma económica y ambientalmente rentable. En diez años el grupo tiene como objetivo no llevar ninguno de sus residuos a vertedero y además reducir a cero los residuos de tierras contaminadas. Por otro lado, la estrategia Plástico 0, tiene por objetivo que en 2030 la compañía solo emplee equipos y materiales sin plásticos de un solo uso y embalajes reciclados, reciclables y reutilizables. Grupo Red Eléctrica calcula que con estas y otras medidas disminuirá el consumo de agua en oficinas y centros de trabajo a 6,5m3 por persona al año y en un 40% sus emisiones de alcance 1 y 2 por MWh transportado, en el 2030, respecto al 2015.

Día Internacional por la Conservación de los Manglares: proteger a los guardianes de la costa

En el año 2018 la UNESCO declaró el 26 de julio el Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares para reconocer la necesidad de proteger este tipo de hábitat natural fundamental para el equilibrio ecológico en costas, arrecifes y zonas de pesca. El organismo quería, sobre todo, señalar que la acción humana en zonas costera es la principal responsable del progresivo y rápido deterioro de estos ecosistemas. Pero ¿qué es exactamente un manglar y qué implicaría su desaparición?

Los manglares reciben su nombre del árbol mangle, una especie que tiene la peculiaridad de sobrevivir con sus raíces sumergidas en agua salada y que se da en zonas costeras, tropicales y fangosas. Normalmente, se encuentran en la desembocadura de alguna masa de agua dulce en otra de agua salada, como deltas de ríos, estuarios y similares. El bioma que crean los sistemas de manglares, por definición siempre en clima tropical, es de una rica biodiversidad, única y muy beneficiosa para el conjunto del ecosistema y las comunidades que habitan esos lugares.

El ecosistema manglar se extiende por las costas de América Central y el Caribe, el sudeste asiático y las zonas tropicales de América del Sur, África y Oceanía, siendo uno de los más conocidos el de la Gran Barrera de Coral en Australia. Hace dos años Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, recordaba precisamente los beneficios que presentan los manglares contra la erosión y la contaminación, además de la protección de todo tipo de especies que viven en los manglares. Sin embargo, como bien recordaba Azoulay, desde 1980 se ha perdido casi la mitad de la superficie de su cobertura mundial debido a la reordenación de zonas costeas. En total se calcula que cerca del 20% de los manglares está en peligro de desaparecer.

Cerca del 20% de los manglares está en peligro de desaparecer

Y es que el manglar es parte integral del equilibrio de las costas tropicales donde su ubica y su desaparición completa tendría muy graves consecuencias. Por ejemplo, el “suelo” que proporciona el ecosistema de manglares protege el litoral contra la erosión de las mareas y en zonas de grandes tormentas protege también contra estas o contra la erosión propia del viento. De hecho, son catalizadores contra la contaminación, ya que ayudan a mantener la limpieza de las aguas costeras porque sirven como filtro natural. Además, también protegen los arrecifes y sirven de barrera natural contra los tsunamis.

En los últimos años, en los que luchar contra el cambio climático se ha vuelto más imprescindible que nunca, las características del manglar, con sus mecanismos naturales de almacenamiento del carbono atmosférico, los convierten en lo que la UNESCO denomina “sumideros de carbono azul”, puesto que ayudan a paliar los efectos del cambio climático en las zonas costeras.

Los manglares tienen también una importancia crucial en el mantenimiento de la biodiversidad. Por su propia localización, transición entre otros grandes ecosistemas, son lugar de tránsito, anidamiento y cría de miles de especies de aves, reptiles, peces, crustáceos o moluscos. En este sentido, son parada obligada de numerosas especies migratorias. Los estudios apuntan a que en esas zonas geográficas más del 70% de las especies capturadas en el mar para consumo humano realizan parte de su ciclo de vida en los manglares.

A nivel económico también es vital conservar los ecosistemas manglares. En los años 90 del siglo pasado, cuando el nivel de destrucción de estos ecosistemas era mucho menor se calculó que por cada especie de manglar destruida se pierden anualmente 767 kg de especies marítimas de importancia comercial.

Desde hace siglos, los manglares han sido fuente de pesca y materias primas como la leña o el carbón para las comunidades humanas. La madera del mangle, por ejemplo, es muy resistente a los ataques de insectos y no se pudre fácilmente. No obstante, su uso abusivo y reciente para actividades agrícolas es lo que ha hecho peligrar su supervivencia.

Si algo sabemos ya es que el conjunto de biodiversidad y el equilibrio de planeta se desajusta por el más mínimo cambio. Los manglares, como ecosistema que ayuda al equilibrio y la sostenibilidad de sus vecinos, es una pieza fundamental en dicho equilibrio y la conciencia sobre la necesidad de su protección, una necesidad.

3.000 millones de árboles en 10 años: así es la nueva estrategia de biodiversidad europea

“Lograr que la naturaleza recupere la salud es fundamental para nuestro bienestar físico y mental y nos ayudará a luchar contra el cambio climático y los brotes de enfermedades. Es un elemento esencial de nuestra estrategia de crecimiento, el Pacto Verde Europeo, y forma parte de la recuperación europea que devuelve al planeta más de lo que le quita”. Con estas palabras, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentaba el pasado mayo la Estrategia sobre Biodiversidad de la Unión Europea para 2030. Se trata de una legislación europea para detener la rápida pérdida de biodiversidad, una acción que, ahora, a diez años de que las consecuencias del cambio climático sean irreversibles, se presenta más que nunca imprescindible.

La biodiversidad y los ecosistemas no solo nos proporcionan alimento, materiales, medicamentos o bienestar, sino que también purifican las aguas y regulan el clima. Por eso, unos ecosistemas frágiles no resisten a fenómenos extremos y nuevas infecciones que puedan saltar de animales a humanos. Durante casi medio siglo, como consecuencia de la actividad humana, la sobreexplotación de los recursos naturales y la transformación de hábitats naturales en zonas agrícolas, la población mundial de especies silvestres ha descendido en un 60%. A día de hoy, según el informe IPBES, cerca de 1 millón de especies corren el peligro de extinguirse de aquí a una década.

Lo que pretende la Estrategia de Biodiversidad europea consiste precisamente en detener esta dinámica insostenible. Y no solo eso: también busca revertir la degradación de los ecosistemas y traer de vuelta la naturaleza a nuestras vidas. Enmarcada dentro del Pacto Verde, la normativa contempla distintas líneas de actuación como la de plantar al menos 3.000 millones de árboles en territorio europeo para 2030. Eso sin contar con los que ya se plantan habitualmente o de los que nacen espontáneamente en los bosques europeos. Esta actuación se incluye dentro del objetivo de convertir al menos el 30% de la superficie europea terrestre y el 30% de la marina en zonas protegidas. Para ello se partirá de las zonas ya existentes de la Red Natura 2000 y será España, según se anunció desde el Ministerio de Transición Ecológica, la que lidere el desarrollo de las directrices comunes para este plan de revitalización, en parte por su larga experiencia en el campo.

El plan tiene el objetivo de convertir al menos el 30% de la superficie europea terrestre y el 30% de la marina en zonas protegidas


Además, la estrategia contempla otras medidas como la de reducir a la mitad, también antes del 2030, el uso total de pesticidas o plaguicidas peligrosos para la salud y el medio ambiente, y lograr que la agricultura ecológica cubra como mínimo en el 25% de la superficie total cultivada en la UE en el mismo periodo. Para impulsar aún más el cambio, la propuesta europea pone también en marcha un proceso para mejorar la gobernanza de la biodiversidad y velar porque los Estados miembros adopten sus compromisos a las políticas nacionales. Para garantizarlo, se creará un Centro de Conocimiento sobre Biodiversidad y una Asociación sobre Biodiversidad que impulsarán, sobre todo la investigación en recuperación de los ecosistemas.

En el contexto en el que nos encontramos de crisis económica y social derivada del coronavirus, una recuperación verde que también se centre en combatir la otra gran crisis, la climática, se antoja esencial para el futuro. Al menos ese es el propósito del Pacto Verde Europeo, que debe ser el motor de recuperación. Según apuntan desde la Unión Europea, este, no solo aportará beneficios económicos, sino que contribuirá a la mejora de la resiliencia frente a crisis futuras. En este aspecto, cabe destacar que invertir en naturaleza supone, sobre todo, invertir en empleos locales y oportunidades empresariales, así como en recuperación del entorno natural y agricultura ecológica.

Ya el pasado abril, en plena pandemia, 180 personalidades de toda Europa -entre las que estaba la vicepresidenta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera- firmaron el conocido como manifiesto de la Alianza Europa para una Recuperación Verde, que busca acelerar las políticas de economía sostenible como vía para salir del hundimiento económico derivado de la crisis sanitaria.

Una estrategia con precedentes

En este sentido, la estrategia de reforestación y revitalización de los entornos naturales se presenta como un faro guía. Sin embargo, no es nueva ni única en el mundo. Desde 2016, más de 20 países de África colaboran en la “Gran Muralla Verde”, que pretende detener el avance del desierto del Sáhara. Este “cinturón de árboles”, que tiene previsto el lago Chad como epicentro, está proyectado en 15 kilómetros de ancho y 7.775 de largo. Cruzará toda África, desde Mauritania y Senegal hasta Djibuti. Su objetivo es frenar el avance del desierto, mejorar la gestión de los recursos naturales y luchar contra la pobreza. Cuando la muralla se termine, en unos 20 años, el nuevo bosque cubrirá unas 11.662.500 hectáreas.

Esta actuación tan directa como ambiciosa también se puso en marcha en China, donde en los 90 ya se detectó el aumento de la aridez del clima y el territorio, hasta el punto de que apenas un 14% del territorio del país era bosque. Entre 2013 y 2017 el gigante asiático gastó 67.200 millones de euros en reforestación, consiguiendo aumentar el territorio de sus bosques en un 7%. En total, la masa forestal pasó de ser del 5% al 12%. No obstante, a día de hoy en el país un tercio del territorio se sigue considerando desierto.

Actualmente, el plan europeo para la biodiversidad es más imprescindible que nunca: durante el confinamiento en España, la deforestación del “pulmón” del planeta -la selva del Amazonas- continuó e incluso se incrementó en un 64% durante el pasado mes de abril. Si a esto se le suman otras catástrofes naturales que han azotado el planeta en los últimos años, como los devastadores incendios en Australia del año pasado, se hace más evidente la necesidad de estrategias de reforestación y mantenimiento de los bosques a nivel global. Al final, cabe recordar que además de ser los ecosistemas de miles de especies, los bosques absorben C02, por lo que favorecen la reducción de gases de efecto invernadero. Así, además, recuperar la barrera natural de biodiversidad ayudará también a prevenir futuras pandemias como la de la COVID-19.

Seis inventos que la pandemia ha acelerado

Si muchas tecnologías relacionadas con la información y la comunicación se desarrollaron en épocas de guerra o conflicto, o al menos se mejoraron –cabe recordar que le debemos internet a la Guerra Fría y las radiografías a la Primera Guerra Mundial–, esta trágica crisis sanitaria ha permitido dar un impulso al desarrollo de soluciones innovadoras relacionadas con el ámbito sanitario.

La pandemia mundial de COVID-19, la primera registrada que afecta a toda la Humanidad prácticamente al mismo tiempo, ha agudizado el ingenio de los investigadores médicos por la vía de la necesidad y ha impulsado la búsqueda de nuevas aplicaciones a numerosos proyectos ya en marcha. A continuación, seis inventos que han acelerado su desarrollo durante la crisis del coronavirus:

La mascarilla reutilizable con filtro antiviral

Recientemente, un equipo de bioquímicos británicos ha patentado una “redecilla antigérmenes” insertable en una mascarilla lavable y reutilizable: la Virustatic. Así, esta mascarilla se presenta como una solución al exceso de deshechos plásticos asociados al exceso (y necesario) uso de material sanitario. La empresa de biotecnología británica llevaba 10 años trabajando en este proyecto que ha acabado de desarrollarse en los últimos meses y que ya han comprobado que es capaz de atrapar el 96% de los microorganismos suspendidos en el aire. Ahora, la compañía trabaja en la fabricación de una versión más asequible que sea accesible para la mayor parte de la población.

El monitor de respiración en remoto

Imagine que colocando debajo de la cama una tabla semejante a la de la cocina alguien pudiese controlar su respiración en remoto. Aunque parezca fruto de la ficción, esta tecnología ya existe y permite a los sanitarios identificar los cambios en la respiración de los pacientes a través de un análisis de los movimientos del pecho sin necesidad de que haya contacto físico. Se trata de un producto de la compañía israelí EarlySense Ltd. que, aunque de momento solo está disponible en Israel por su alto coste, ya tiene la aprobación para ser comercializado tanto en EE.UU. como en la Unión Europea. El dispositivo registra los signos vitales del paciente 100 veces por minuto y no necesita estar conectado al mismo: basta con colocarse debajo del colchón de la cama, por lo que se considera ideal para personas de riesgo. No obstante, la compañía ha propuesto también su utilización para el monitoreo de portadores asintomáticos en cuarentena.

El llavero antimicrobiano

Se trata de un artilugio en forma de llavero ergonómico que sirve para entrar en contacto con superficies de especial riesgo como los botones de un ascensor, los pomos de las puertas o los frigoríficos. El llavero, creado por la compañía estadounidense Hygiene Hand, pretende sustituir a los dedos en casos en los que no se posible la desinfección y así evitar exposiciones innecesarias en el personal médico. Sus beneficios se basan en algo tan simple como el material: el latón. De uso bastante común ya en hospitales, es un material en el que bacterias y virus difícilmente permanecen. Más allá del uso sanitario, la empresa se atreve a recomendarlo en acciones cotidianas de particulares como lo puede ser acudir al cajero.

El casco inteligente para la fiebre

Este invento supera incluso a la ciencia-ficción. La compañía china KC Wearable ha empezado a comercializar un casco inteligente que puede detectar a personas con fiebre a una distancia de hasta cinco metros, haciendo sonar una alarma cuando alguien con una temperatura elevada se acerca.  A día de hoy, lo está testando la policía de las ciudades chinas de Shenzhen, Chengdu y Shanghái. Este casco cuenta con un detector de temperatura infrarrojo, un visor de realidad aumentada, una cámara que puede leer códigos QR, además de wifi, Bluetooth y 5G. Equipado con tecnología de reconocimiento facial, esta innovadora tecnología también permite ver el nombre del sujeto en la visera y acceder a su historial médico.

Salas de aislamiento impresas en 3D

Ante la escasez de camas hospitalarias, la firma china Winsun ha reconvertido un invento originalmente pensado para la instalación de cabañas en salas de aislamiento. Se trata de unos habitáculos vacacionales que iban a ser impresos en 3D y que fueron reutilizados durante la cuarentena en China, donde se llegaron a fabricar, según la compañía, 15 salas de aislamiento para enfermos de coronavirus en un solo día. Estos pequeños edificios tienen duchas y baños sostenibles, y se imprimieron a través de un proceso de extrusión, con un brazo robótico montado sobre rieles que iba depositando capas de hormigón para construir las paredes. En el proceso se utilizaron escombros de construcción reciclados.

Desinfectador de aire

Este invento de un médico español a finales de marzo lo adquirieron varios hospitales de Wuhan y ya se comercializa en medio mundo. Del tamaño de una mochila, limpia de virus y bacterias el aire de habitaciones cerradas. El doctor catalán Pere Moragas lleva trabajando en él 18 años, pero no ha podido comercializarlo a gran escala hasta la llegada de la pandemia, que lo ha convertido en necesidad. Sirve para proteger espacios y a personas no infectadas y se usa ya en los hospitales de tres continentes.

Plásticos: entre la necesidad y el exceso

Una gigantesca isla de plástico, que se calcula que equivale en superficie a la de Francia, España y Alemania juntas, flota desde hace tiempo en mitad del Pacífico. Es el resultado de los miles de millones de residuos acumulados en nuestros océanos dese hace décadas. La comunidad científica lleva años alertando sobre el grave impacto que tienen los plásticos no biodegradables sobre el medioambiente. Parecía que en 2020 se iba a dar un salto cualitativo en el modelo de producción de este material; sobre todo porque los plásticos de usar y tirar pasarán a estar prohibidos en la Unión Europea el año que viene. Además, el 6 de marzo de este año, España se sumaba al Pacto Europeo de los Plásticos para reducir la utilización innecesaria. Sin embargo, con la irrupción del coronavirus, nuestras prioridades han cambiado radicalmente.

Ahora mismo lo más urgente es superar la pandemia y, aunque muchos países afrontan con buenas perspectivas la desescalada, las precauciones por el contagio tardarán en abandonarnos. Pantallas, mamparas, batas, guantes y respiradores son ahora más que necesarios que nunca, pero cabe recordar que, en su mayoría, están hechos de plástico. De igual modo, muchos de los Equipos de Protección Individual (EPI) son de un solo uso, por lo que irremediablemente, ahora se generan aún más residuos de este material que antes de la alerta sanitaria.

Consciente de la situación, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico publicó esta semana una serie de indicaciones para la gestión de residuos derivados de la crisis sanitaria del coronavirus. Esta serie de pautas a seguir, recogidas en un documento llamado “Orientaciones para la prevención y gestión de residuos durante las fases de desescalada” hacen hincapié en evitar las mascarillas y guantes de un solo uso siempre que sea posible en todos los sectores de la población. Según el Ministerio, las dos prioridades actualmente, la protección de la población ante el virus y la recuperación económica, no deben impedir “avanzar hacia modelos de producción más sostenibles”. Es más, para el Gobierno, la reactivación económica representa una oportunidad para progresar “hacia una economía circular y descarbonizada”, en línea con las políticas que desde la Unión Europea se han puesto en marcha en los últimos meses.

Algunos grupos ecologistas que trabajan en China ya han denunciado la acumulación de mascarillas desechables en la Isla de Soko, cerca de Hong Kong. Y el país asiático no es el único. En España se calcula que durante el mes de abril los residuos plásticos se multiplicaron por cuatro. Se trata de restos que no pueden ser reciclados y que acabaran en un vertedero o incinerados.

Se calcula que en abril los residuos plásticos se han multiplicado por cuatro en España

Desde el Ayuntamiento de Valencia, una de las regiones más afectadas por el coronavirus, se calcula que desde que empezó la pandemia se han generado más de 300 toneladas de estos residuos solo en las residencias de ancianos. Por otro lado, según Ecoembes, en la primera semana de confinamiento aumentó un 15% la basura recogida en el contenedor amarillo de los hogares, la de plásticos. Esto supone un claro retroceso en los objetivos de reciclaje para las próximas décadas: en 2035 se esperaba reutilizar el 65% de los plásticos reciclados, pero a día de hoy apenas superamos el 30%.

Un impulso a los materiales alternativos

¿Existen formas de paliar este exceso de producción de un material altamente contaminante sin dejar de ser efectivos en la prevención del contagio o para la protección del personal? Además de aumentar el uso del plástico, la pandemia también ha abierto la puerta al desarrollo de materiales alternativos menos dañinos para el medioambiente. Pero estos problemas con la gestión de los residuos originados por el uso masivo de guantes y mascarillas en nuestro país podrían tener solución. Investigadores del CSIC han desarrollado una fibra completamente biodegradable y antiviral para fabricar estos instrumentos que permitirían reducir el uso de plásticos sin perder la seguridad de no contagiarnos con el virus. Además, gobiernos como el de Asturias ya están trabajando en ello: desde que comenzó la crisis sanitaria, una fábrica de Gijón, con apoyo del la Administración y la participación de varias empresas de material médico, comenzó a producir mascarillas reciclables.

En EE. UU., el fabricante de automóviles Ford está produciendo batas reutilizables a partir de materiales de los airbags que pueden lavarse hasta 50 veces, mientras que la Universidad de Nebraska está investigando sobre si la luz ultravioleta podría descontaminar y prolongar la vida de las mascarillas quirúrgicas.

A pesar de los rápidos avances que se están haciendo en esta dirección, todavía queda esperar a que se generalicen modelos de mascarilla como el patentado por la empresa británica Virustatic Shield, que contiene una “redecilla antiviral” reutilizable. Por el momento, las mascarillas artesanales de tela sin protección extra, aunque no sean tan efectivas como una médica, lavarlas a 60 grados es lo recomendado.

En cualquier caso, los expertos han explicado en numerosas ocasiones que el jabón y el agua caliente son efectivos para acabar con el coronavirus tanto en envases como en otros objetos. Con la excepción de hospitales y otros entornos médicos donde la precaución tiene que ser extrema, manteniendo estos estándares de higiene y desinfección, no hay motivo para fomentar el uso de envases y objetos reciclables frente a los reutilizables.

Por otro lado, muchas organizaciones ecologistas, como Greenpeace España, proponen reducir aún más el consumo de plásticos en otros ámbitos, acelerando el proceso en el que ya estaba inmersa toda la Unión Europea.

La recomendación no es nueva, pero puede ser útil: consumir productos frescos y de temporada en comercios de cercanía, que no emplean envases de plástico, o utilizar nuestras propias bolsas de tela o recipientes para comprar a granel es una buena manera de reducir el consumo de plásticos en un momento en el que, hasta que existan alternativas seguras y asequibles, son necesarias para hacer frente a esta crisis sanitaria.  

#Coronavirus: consejos para una 'mens sana'

La pandemia de la COVID-19 no solo ha tenido un fuerte impacto social y económico en la población mundial, sino también psicológico. Sin ir más lejos, en una entrevista reciente, Dévora Kestel, directora de Salud Mental de la OMS, equiparaba el daño psicológico que puede provocar esta situación al que acontece en catástrofes naturales o periodos de guerra. Son muchos los expertos que advierten de las secuelas que ya se están dejando notar en todos los ámbitos de nuestra vida.

Ansiedad, nerviosismo, problemas de sueño o de concentración e incluso, síntomas de depresión son sensaciones comunes en estas semanas de confinamiento e incertidumbre. Esta situación es especialmente delicada también en el caso del personal sanitario, sobre el que los expertos ya avisan que se registrará con alta probabilidad casos de síndrome de estrés postraumático. Para evitar estas situaciones y cuidar nuestra salud mental durante el confinamiento y el proceso de desescalada anunciado por el Gobierno, instituciones como la propia OMS y los diferentes Colegios de Psicólogos han propuesto una serie de consejos y pautas que se detallan a continuación.

1. Aceptar nuestras emociones y reconocerlas

Este es el principal consejo, pero también uno de los más complejos de asimilar. Según sostienen las diferentes instituciones, sufrir ansiedad o trastornos de cualquier tipo asociados a la cuarentena es algo común. Por eso, no debemos sentirnos avergonzados, culpables o presionados por encontrarnos bajos de ánimo. Ser capaces de reconocer los efectos del aislamiento y formularlos de manera consciente es el primer paso para trabajar en ellos y, sobre todo, para llevar a la práctica el punto dos.

2. No estamos solos y podemos pedir ayuda

Que se deba aplicar una distancia física para prevenir los contagios no significa que estemos solos. Tanto la OMS como los psicólogos de cabecera recomiendan mantener el contacto con la familia y los amigos, ya sea por teléfono o a través de las videollamadas, que han pasado a formar parte de nuestro día a día en el confinamiento. Los especialistas nos animan a apoyarnos en nuestros seres queridos si nos encontramos mal e incluso pedir ayuda online a un profesional.

3. También necesitamos nuestro espacio

Es posible que estés pasando esta cuarentena con tus familiares, tu pareja o tus compañeros de piso. Sin embargo, aunque el calor humano se ha vuelto un bien aún más valioso en estos días, la mayoría de los expertos recuerdan que no debemos sentir culpabilidad por necesitar también tiempo para nosotros. De la misma manera que nos hace falta la convivencia y el contacto con otras personas, a veces también nos viene bien cierta distancia.

4. Infodemia: mejor poco y bien que mucho y mal

El Colegio de Psicólogos de Madrid ha publicado varios artículos en su web estas semanas con recomendaciones sobre las fake news. Según expone esta institución, el exceso de noticias negativas, muchas de ellas inexactas, exageradas o sesgadas, puede llevarnos al pesimismo y la ansiedad. Así que, a pesar de que parezca más propio de portales de fact checking que de terapeutas, se trata de un consejo de mera superviviencia: la sobreinformación en estos momentos puede generar estados de pánico y confusión. Los expertos recomiendan no dejarse llevar por informaciones alarmistas y seleccionar con precaución las noticias que se consumen.

5. Mantenerse activo mentalmente

La frase Mens sana in corpore sano está más de moda que nunca. Ejercitar la mente es esencial, ya que nuestro cerebro es un órgano como los demás que necesita ser oxigenado para funcionar de manera correcta. Los especialistas aconsejan leer, hacer puzles o practicar aquello que permita mantener la mente activa. Entretenerse y relajarse es fundamental en estos tiempos, y cada uno tiene su método.

6. Tomárselo con calma

En estos días de confinamiento, las redes sociales se han llenado de retos y actividades en las que invertir el tiempo. Sin embargo, otra recomendación del Colegio de Psicólogos de Madrid es darse tiempo para no hacer nada si así lo necesitamos. Parece contradictorio, pero desde el Colegio nos indican que, como en todo, la virtud está en el equilibrio. Si nos obsesionamos con tener un aislamiento productivo acabaremos provocando la misma ansiedad que necesitamos evitar. Así pues, se trata de mejorar en el cuidado propio y de los demás, no de juzgarse y autoimponerse más presión de la debida.

Seguir estas pautas para cuidar nuestra mente nos ayudará a paliar los efectos psicológicos de esta situación extrema a la que no nos habíamos enfrentado antes.