Autor: Juan León

Idoia Salazar: «La IA generativa es un nuevo capítulo en la historia de la humanidad»

Idoia Salazar

Periodista de formación e inmersa desde hace más de 15 años en el estudio del impacto de esta nueva tecnología y su ética, la fundadora del observatorio OdiseIA actualmente coordina uno de los proyectos de mayor calado en este ámbito dentro del Gobierno.


En un futuro no muy lejano, cualquier dispositivo podría tener implantado un sistema de Inteligencia Artificial (IA) que requerirá de un sello expedido por el Gobierno que garantice un desarrollo acorde con la legislación europea. Cuando esto ocurra será porque el primer proyecto de sandbox (banco de pruebas) y de dicha certificación, impulsados por la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial (SEDIA), han llegado a buen puerto. Idoia Salazar, fundadora y presidenta del Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial (OdiseIA), coordina este proyecto con la consultora Deloitte.

¿Cuánto puede durar el proyecto de sandbox y sello nacional de IA?

La duración de este proyecto se prolongará hasta finales de 2025. Se está haciendo todo el rodaje del sandbox de regulación en IA (anteriormente ya habíamos hecho el framework, es decir el diseño, también con la SEDIA); además de la creación y desarrollo del sello de IA. El sandbox establece un campo de pruebas en el que empresas y organismos públicos y privados, sobre todo aquellos que desarrollen IA, pueden entrar y testar sus sistemas de alto riesgo para ver si, junto con las herramientas que nosotros les vamos a dar, pueden adecuarse de forma sencilla a la regulación europea. Lo que queremos hacer es ayudar a que las empresas españolas, principalmente pymes y 'startups', sepan entender bien la regulación, cómo les afecta y darles herramientas para cumplirla de manera ágil.

¿Por qué es importante integrar esta tecnología y extender este sello en las empresas?

Creo que es fundamental que todos, principalmente pequeñas empresas que también utilizan sistemas de IA, empiecen a pensar de qué manera les puede afectar y cómo actúan. Una de las ventajas que tiene esta herramienta es su facilidad de uso por startups y pymes y que posibilita a una empresa a hacer grandísimas cosas. Pero aún hay reparos porque piensan que la regulación europea les va a suponer una merma en el desarrollo de su negocio. Sería así si no estuviéramos bastante implicados en el desarrollo de estas guías [se liberarán al acabar el proyecto].

¿Qué papel tiene la IA en el ámbito profesional?

A nivel profesional no es una opción, es una necesidad a todos los niveles. Yo diría que prácticamente cualquier tarea puede ser susceptible de mejorar gracias al uso, en principio, de la IA generativa u otro tipo de sistemas de IA. Pero realmente la IA generativa da opciones enormes en cualquier ámbito, por la posibilidad de democratizar su uso a cualquier persona.

¿Diría que la IA generativa es un nuevo capítulo en la historia de esta tecnología?

Voy un paso más allá: Diría que es un nuevo capítulo en la historia de la humanidad. Obviamente había IA generativa antes de Chat GPT, pero ahora se ha democratizado. Ya iba a suponer una revolución porque es una herramienta básica hoy en día que nos ayuda a optimizar todo tipo de procesos y en un muy corto periodo de tiempo. Esto va a cambiar la manera de afrontar cualquier trabajo, pero más aquellos de gran impacto como la medicina o el desarrollo de fármacos. Va a hacer dar un paso evolutivo importante como humanidad. Pero requiere de un cambio de mentalidad si no queremos tener un problema de adaptabilidad al nuevo entorno que generará la IA: hace falta un cambio estructural en la educación para formar muchísimo más a sociedades que tengan criterio para enfrentarse al mundo que traen las decisiones automatizadas.

¿Hasta qué punto los temores al respecto son infundados y de dónde vienen?

Esos temores son perfectamente normales porque cuando sale una regulación nueva, y más una que afecta a una herramienta que va a ser de uso masivo, preocupa que una regulación limite o ralentice su uso. Sin embargo, yo veo que sí se está haciendo mucho esfuerzo a nivel nacional (sandbox) e internacional, con el desarrollo de software open source específico para cumplir con los requisitos de la regulación, basado en principios éticos internacionales (supervisión humana; transparencia en los datos; comprensión; seguridad). Lo que hay es mucho desconocimiento. Hace falta más divulgación que les diga a las empresas en qué punto se está y qué herramientas van a tener que usar. Cumplir con esta regulación es muy importante porque previene de implicaciones sociales y empresariales negativas. 

Precisamente, ¿de qué manera podría reducir las desigualdades sociales?

Nosotros, como seres humanos, hemos sido muy discriminatorios a lo largo de nuestra historia. Si dejas a un sistema basado en IA que tome las decisiones en base a datos del histórico será un entrenamiento erróneo y amplificará las desigualdades. Cuando hemos aprendido que hay que extraer las variables de sexo, raza o condición social, las decisiones de los algoritmos son incluso más justas que las de las personas. Yo creo que gracias a los sistemas de IA vamos a ser mucho más conscientes de estos sesgos. Y eso nos va a ayudar a mejorar como sociedad.

¿Llega tarde la ética en IA respecto a la evolución en el desarrollo de esta tecnología?

Diría que no. Llevo 15 años estudiando la ética en la IA. E igual que yo, hay bastante gente alrededor del mundo. Ya hay muchas herramientas desarrolladas a nivel de supervisión de temas éticos para cumplir con la regulación. Incluso ya a nivel de buenas prácticas desde las empresas. No solo por temas teóricos, que es por lo que fundé OdiseIA. Hay que seguir trabajando sobre IA generativa.

2057, año en el que podría estropearse el termostato del clima

Una Europa helada y una región ecuatorial ardiendo serían solo dos de las consecuencias que tendría el frenazo de la corriente oceánica del Atlántico, una de las principales encargadas de regular el clima en la Tierra. Este escenario podría estar más próximo de lo que pensamos: en 2057, según la teoría más probable de un estudio publicado el pasado julio en Nature Communications

Setenta años en los que llegaría la catástrofe si la metodología aplicada no se equivoca

Sus autores son los hermanos Peter y Susanne Ditlevsen, de la Universidad de Copenhague (Dinamarca). Este trabajo bebe de otras investigaciones similares que advierten del posible colapso de la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés), su nombre oficial; a diferencia de las anteriores, la conclusión para los daneses es que es inminente que esto ocurra si sigue el actual ritmo de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). 

Incluso prevén que llegue en algún momento entre 2025 y 2095. Setenta años en los que llegaría la catástrofe si la metodología aplicada no se equivoca: el intervalo de confianza de los resultados es de un 95%. 

Ni siquiera el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC, por sus siglas en inglés) se lanzó a la piscina de esa manera en su último informe de evaluación (conocido como Assessment Report 6 o AR6, por ser el sexto). En este también abordaban la cuestión de la AMOC, sugiriendo como «improbable» que se produjera un colapso total durante el siglo XXI.

Los Ditlevsen se muestran distantes de esa hipótesis: «Estimamos que se producirá hacia mediados de siglo en el escenario actual de emisiones futuras», escriben. Esa disparidad entre unos modelos probabilísticos y otros no es rara: tiene relación directa con los parámetros a utilizar y, además, ocurre que el punto de no retorno de dicha corriente atlántica «está poco definido».

La corriente se debilita

El tránsito de doble sentido en el interior del océano posibilita que el clima de la región geográfica del Atlántico norte sea templado o, al menos, no sufra de temperaturas extremas. La corriente del Golfo (nace en el Golfo de México) es de agua caliente, menos densa. Esta cualidad hace que descienda y se desplace a una mayor velocidad. Mientras que su hermana atlántica es más fría, por ende, más densa y tiende a ascender a la superficie, donde se calienta.

Hay dos señales de alerta temprana (SAT) que los investigadores observaron para completar sus predicciones: el aumento de la varianza (que provoca la pérdida de resistencia) y, también, la autocorrelación (síntoma de una ralentización crítica). Todo, sin olvidar el contexto de calentamiento global que, solo en Europa, ya está 2,2 grados por encima de los niveles preindustriales. 

Es bien conocido el derretimiento de los polos a causa de la acción humana. El problema radica en que el agua resultante es dulce y, a diferencia de la salada de los mares (aunque ambas estén frías), no es tan densa y no se hunde como debería para permitir el flujo natural de las corrientes oceánicas, lo que acaba por debilitar el sistema circulatorio del planeta.

Y aquí empieza la incertidumbre con la que tienen que jugar todos los trabajos probabilísticos que tratan de determinar cuándo podría darse el colapso de la corriente atlántica. Son los «sesgos de los modelos» que menciona el estudio: falta homogeneidad en los registros históricos a nivel climático y, además, hay otros factores como la representación de las aguas profundas, la salinidad y el retroceso de los glaciares (escorrentía). Por eso algunos resultados consideran la AMOC mucho más estable de lo que podría ser en realidad.

En el periodo comprendido entre 2004 y 2012 se observó una disminución de la actividad de la corriente del Atlántico.

Esta corriente se empezó a monitorizar en 2004 mediante diferentes técnicas (como equipos de medición anclados al fondo marino, corrientes eléctricas inducidas en cables submarinos o medidores de la superficie marina vía satélite). En el periodo comprendido entre ese año y 2012 se observó una disminución de la actividad de la corriente del Atlántico. «Pero se necesitan registros más largos para evaluar su importancia», precisan los investigadores. 

De lo que no cabe duda es de que si se cumpliese la profecía lanzada por los hermanos suecos, la especie humana podría volver aproximadamente 12.000 años atrás, última vez que se estima que la AMOC se apagó en la última glaciación que ha vivido el planeta.

La deuda de la humanidad con la Tierra sigue aumentando

Harían falta casi dos planetas Tierra para satisfacer la demanda humana actual. En apenas siete meses, la población mundial ha logrado el catastrófico hito de llegar al déficit ecológico, es decir, el momento en el que hemos consumido los recursos naturales que se logran regenerar en un año. 

Si la población global consumiese los recursos al ritmo de explotación que tiene España, se necesitarían 2,8 planetas para satisfacerla.

El momento en el que llega tiene su propia efeméride: el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra. Este 2023 se ha celebrado el 2 de agosto. Según la organización que lo ampara, la alianza internacional Global Footprint Network, la población global requeriría en la actualidad de 1,75 Tierras para satisfacer su demanda anual. 

Sin embargo, si la población global consumiese los recursos al ritmo de explotación que tiene España, según los datos que utiliza este medidor, extraídos directamente de los que recopila Naciones Unidas, se necesitarían 2,8 planetas para satisfacerla. Estamos en deuda al menos desde 1971, fecha en la que comenzaron los registros. Y desde entonces no se han dejado de hipotecar los ecosistemas terrestres y marinos. 

Para su cálculo, se tienen en cuenta dos parámetros: por un lado, la biocapacidad (la cualidad que tiene un ecosistema para regenerarse) que se resta a la huella ecológica (el consumo de recursos naturales) por persona y por hectárea global (hag). En algunos países, como Qatar, este indicador asusta: mientras cada catarí tiene 1 punto de biocapacidad, el impacto de su consumo es diez veces superior: 13,1 puntos por hag. Eso explica que este país ubicado en la península arábiga fuese el primero en “celebrar” el día de la sobrecapacidad, 41 días después de haber comenzado el año nuevo.

¿Espejismo o realidad?

El aparente estancamiento en el abuso de los recursos finitos del planeta no es una buena noticia. Es decir, puede que haya en esa ralentización algo de los esfuerzos de algunos países en acelerar su proceso de descarbonización, pero ni mucho menos se está haciendo suficiente. Sobre todo, porque esas señales se dan en un contexto convulso como ha sido la segunda década del siglo XXI: entre la crisis financiera de 2009 y la sanitaria causada por la COVID de 2020, que pusieron patas arriba los sistemas de producción, los investigadores se muestran cautos al lanzar un mensaje optimista respecto a la tendencia que se sigue.

Consecuencias

Que se acelere la sobreexplotación de los recursos naturales tiene efectos directos sobre los ecosistemas. Tal y como alertan los expertos de la organización, acentúan las olas de calor inusuales, los incendios forestales (el de este verano en Grecia ha sido el peor que ha sufrido la Unión Europea en su historia, reconoció Balazs Ujvari, un portavoz de la Comisión Europea), las sequías (España arrastra años de precipitaciones mínimas que están pasando factura al sector primario) o las inundaciones (como las que se producen en nuestro país a causa del paso de una Dana a principios de este septiembre).

Los expertos de la Global Footprint Network aconsejan acelerar la implantación de una economía circular en el sistema productivo para permitir la regeneración de los ecosistemas.

Entre las soluciones que se plantean está la de acelerar la implantación de una economía circular. Según Steven Tebbe, director general de Global Footprint Network, es “la mejor oportunidad de tener éxito en un futuro predecible”. 

Los expertos coinciden en que además sería necesario apostar por el uso de fuentes renovables a nivel mundial hasta que supongan el 75% del total. Así se podría retrasar hasta 26 días el umbral de sobrecapacidad. Otras iniciativas que tendrían un impacto positivo en este sentido serían la reducción del desperdicio alimentario (13 días más), la reforestación de 350 millones de hectáreas de tierra (8 días), la promoción de las políticas de ciudades de 15 minutos para potenciar el uso de la bicicleta o el ir andando (11 días) o el reemplazo del uso del coche por transporte público sostenible (13 días).

Europa se calienta el doble de rápido que el resto del planeta

El aumento de la temperatura media desde la era preindustrial y hasta hoy tiene su máximo exponente en Europa, donde ya es 2,2 grados centígrados mayor que a mediados del siglo XIX, casi el doble de los 1,2 a nivel mundial, según recoge el informe ‘Estado del Clima en Europa en 2022’, publicado el pasado mes de junio y en el que han participado varios servicios del Programa Copernicus de la Unión Europea (UE), además de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Casi todo lo que podía ir mal, va mal: los episodios de calor extremo son cada vez más frecuentes cada año con temperaturas inauditas (el verano pasado fue de media 10 grados superior a lo habitual en Europa occidental); los mares que bañan nuestras costas están cada vez más calientes, al igual que los lagos; la masa de los glaciares que se ha derretido (sobre todo en los Alpes) equivale a 5,4 veces el peso de la torre Eiffel; la falta de precipitaciones generalizada (un 10% inferior) ha propiciado una sequía ya patente en España, donde también se vivió en 2022 la peor temporada de incendios en más de una década (315.705 hectáreas, según el European Forest Fire Information System) y que en todo el continente será recordada por contabilizar la segunda mayor superficie forestal calcinada desde que hay registros (más de 900.000 hectáreas en total).

A todo lo anterior se suma la mayor insolación “jamás registrada” en el continente, con hasta 130 horas de sol más que la media (sobre todo, entre enero y julio) y, a su vez, una nubosidad anual un 4% inferior al promedio, siendo la segunda más baja registrada por los sistemas satelitales.

Tres centímetros, millones de afectados 

El aumento medio del nivel del mar a nivel global ha sido de tres centímetros desde 1993, tal como difundió a mediados de junio la NASA, que cifraba el incremento en hasta 11 centímetros. Parecen distancias pequeñas, pero afectan a millones de habitantes de zonas costeras. La causa se halla en la “pérdida sustancial y prolongada”, subrayan en el informe, de las masas de hielo desde mediados del siglo XIX.

La llegada este año del fenómeno meteorológico El Niño calentará los océanos, cuya temperatura ya es casi un grado superior desde la época preindustrial

Mundialmente, se han derretido 8.600 kilómetros cúbicos desde 1997, mientras que en Europa (sin contar Groenlandia), la superficie que ha desaparecido ronda los 960. La realidad es que las temperaturas en el Ártico han aumentado mucho más rápidamente que en la mayor parte del resto del planeta: el calentamiento estimado es de hasta 3 grados centígrados desde 1970. Mientras, en el Antártico, los autores del estudio aseguran que los cambios “son más inciertos”.

Pero no mejores: el hielo marino antártico alcanzó su mínimo registrado en febrero de 2022. A finales del mismo año, el deshielo en la capa que recubre Groenlandia no tuvo precedentes. Al menos una cuarta parte de su superficie (el 23% de los más de dos millones de kilómetros cuadrados que abarca) se vio afectada durante una de las tres olas de calor del pasado septiembre.

Y todo lo anterior se verá enmarcado por la llegada del fenómeno climatológico El Niño (en alternancia con La Niña, que enfría los océanos) cuya fase cíclica ha comenzado este año y previsiblemente propiciará el calentamiento de las aguas. Hay que tener en cuenta que la temperatura de la superficie marina ha aumentado, desde 1850, en 0,9 grados. Donde más, en el Océano Ártico, en algunas regiones del Pacífico alejado de las zonas tropicales, y los mares Báltico y Negro.

La cuesta de septiembre se puede allanar con tecnología

El solo hecho de que ya existan termostatos inteligentes que manden notificaciones al teléfono móvil para informar de que no hay nadie en casa, y así apagar el aire acondicionado o la calefacción al instante, es un buen ejemplo de cómo los dispositivos inteligentes ya disponibles en el mercado permiten un mayor ahorro energético que los aparatos convencionales.

Una variación de un solo grado de diferencia ahorra un 7% de la energía del hogar, según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE). El propio organismo gubernamental dedica un apartado exclusivo a consejos para una mayor eficiencia energética. Entre ellos, destaca que hacer uso de aparatos como termostatos o programadores horarios permite un control más efectivo de la temperatura y de la energía consumidas: la reducción puede oscilar entre un 8% y hasta un 13%.

El uso de termostatos inteligentes puede suponer entre un 8% y un 13% de ahorro energético, según el IDAE

En definitiva, la eficiencia energética de una vivienda pasa en gran medida por el uso de herramientas que controlen y recopilen cada aspecto medible: iluminación, enchufes, persianas, electrodomésticos y, cómo no, los propios termostatos, se pueden regular con la aparición de los asistentes de voz (Alexa, Google Home o Siri son los más conocidos).

Con un índice de precios de consumo anual acumulado hasta este mayo del 3,2%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el coste del gasto energético estará marcado los próximos meses, en gran medida, por las temperaturas extremas propiciadas por el calentamiento global y, además, por el fenómeno atmosférico ‘El Niño’ ya en ciernes. Como ha anunciado a principios de julio la Organización Meteorológica Mundial (OMM), tras siete años de letargo, hay una probabilidad “del 90% de que las condiciones de El Niño sigan prevaleciendo durante el segundo semestre de 2023”, con el consiguiente aumento de la temperatura mundial.

Sin fugas energéticas

Las bombillas inteligentes, de tipo led, son de media un 80% más eficientes que las de toda la vida, las incandescentes. Si además se le añade que permiten regular la intensidad de la luz y encenderlas y apagarlas a través del móvil, son una gran opción tanto para el ahorro como para la seguridad, al simular (aun estando a miles de kilómetros) que hay alguien en casa.

Establecer un sistema conectado de bombillas y enchufes inteligentes permitiría una reducción anual del consumo energético de cientos de euros

El propio IDAE estima que hasta un 11,7% del consumo eléctrico en un hogar proviene solo de la iluminación. Es el segundo motivo de mayor gasto energético en una vivienda, solo por detrás de los electrodomésticos, que suponen la mitad del total (55,2%). De ese porcentaje, hasta el 30,6% corresponde al frigorífico.

Por eso es igual de importante conocer que el funcionamiento de un enchufe inteligente permite medir en detalle el gasto de cada aparato conectado, además de encender o apagar el flujo de corriente eléctrica. Así se evita tener electrodomésticos en modo stand by, responsable de hasta el 6,6% del consumo total.

Con la referencia de los 1.538,53 euros de media anual que un usuario español pagó por la luz en 2022, según FACUA-Consumidores en Acción, el ahorro energético optimizando al máximo aparatos en hibernación e iluminación podría ser de casi el 18%, en torno a 276 euros anuales.

Otro de los gadgets cada vez más comunes en los hogares son los asistentes de voz. A través de ellos se pueden controlar distintos parámetros energéticos de la casa, ya que la mayoría de los dispositivos inteligentes son compatibles con los sistemas más generalizados, los de Amazon, Google y Apple.

En base a órdenes dictadas, permiten programar, encender o apagar todos los elementos conectados a la red del hogar, lo que se conoce como domótica. A mayor número de elementos que interactúen con el asistente, más posibilidades hay de crear rutinas eficientes como, cuando llegue el momento de irse de vacaciones, desconectar todos los dispositivos configurados pronunciando un simple “adiós”.

Eliminar microplásticos a velocidad de récord olímpico

Berlín, 2009. Usain Bolt bate la plusmarca mundial de los 100 metros lisos en la historia de los Juegos Olímpicos fijando el crono en 9.58. El mismo tiempo en el que una revolucionaria tecnología logró eliminar la práctica totalidad (99,9%) de microplásticos de una muestra de agua. En tan solo diez segundos, el devorador de micro contaminantes conocido como marco covalente de triazeno (CTF, por sus siglas en inglés) consiguió limpiar el agua utilizada por unos investigadores surcoreanos en su laboratorio.

Este grupo solo tuvo que hacer una pequeña modificación de esta sustancia que ya resulta muy efectiva en el sector industrial. Su acción es conocida por depurar las aguas de los tintes orgánicos que generan determinadas actividades. Por tanto, lo único que tenía que hacer el equipo liderado por Park Chi-Young, autor del estudio publicado en la revista Advanced Materials, era realizar los ajustes pertinentes en las moléculas de CTF para que pudiese filtrar más agua.

El material conocido como marco covalente de triazeno (CTF) permite filtrar microplásticos y compuestos orgánicos volátiles

Acto seguido, se aplicó una oxidación suave al material mediante luz solar (lo que permite un mejor flujo hídrico y consigue que los microplásticos se aglutinen en el filtro) y se probó el objeto, con los excelentes resultados mencionados. Por lo visto, aseguran en la publicación, esta herramienta «puede regenerarse varias veces sin pérdida de rendimiento» .

El motivo que ha llevado a este grupo de científicos de Corea del Sur a buscar soluciones a la crisis medioambiental es evidente: «La escasez de agua dulce se está convirtiendo en uno de los retos mundiales más críticos debido a la grave contaminación del agua causada por los microcontaminantes y los compuestos orgánicos volátiles (COV)».

Para hacer frente a los segundos, micropartículas que pueden dañar gravemente el medioambiente y perjudicar nuestra salud (como el benceno o el cloruro de vinilo), otro diseño específico de CTF también funciona: acabó con el 98% de los COV en agua con ayuda de la irradiación solar. Con esto, los investigadores aunaron las dos membranas fabricadas (la que engulle microplásticos y COV) en un prototipo que logró purificar el 99,9% de ambos contaminantes del agua, que en este caso fueron derivados del fenol (presente en multitud de materiales, como el nailon o los detergentes).

2.200 “torres Eiffeles”

Ante la magnitud del problema de los plásticos, que Naciones Unidas estima entre 19 y 23 millones de toneladas de desechos arrojadas cada año al medioambiente (degradándose en mares y océanos hasta convertirse en microplásticos) y que equivaldría, indican, a unas «2.200 torres Eiffeles juntas», hay en marcha otras líneas de investigación para dar con soluciones eficaces y rápidas.

Entre ellas, está la del irlandés Fionn Ferreira, que consiste en atrapar y extraer los microplásticos del agua mediante una tecnología de imanes. Al jovencísimo inventor (22 años) se le ocurrió que una mezcla de ferrofluido (un líquido magnético) podría adherirse a las micropartículas contaminantes para, después, eliminarlas mediante imanes.

Otras iniciativas prueban el uso de ferrofluidos para imantar los contaminantes y extraerlos del agua, o buscan recrear el sistema digestivo de algunos peces por su eficacia al capturar micropartículas

Como resultado, consiguió atrapar en torno al 85% de microplásticos de una sola vez. Además, este material inocuo y sin huella medioambiental es reutilizable, por lo que podría ser un potencial candidato a depurar las aguas potables. Por el momento, Ferreira ha sumado a su causa a otros ecologistas convencidos como el actor Robert Downey Jr. (el Iron Man de Marvel) y, mientras sigue con las pruebas de su experimento, acudirá a Valencia para ser, quizá, el próximo mejor joven inventor europeo del año.

Es en la capital del Turia donde un equipo multidisciplinar de expertos trabaja, a través de un consorcio público-privado, en recrear el aparato digestivo de especies marinas como el pez mantarraya, «con una elevada eficiencia de captura de microplancton», para aplicarlo en la eliminación de microplásticos en sistemas de tratamiento de aguas residuales, según se explica en su página web.

La primavera, ¿otra especie en peligro de extinción?

La actriz Elsa Pataky fue la elegida este año por los grandes almacenes más conocidos de España para protagonizar su mítica campaña de moda primaveral bajo el lema ‘Ya es primavera’. Lo que no se imaginaba la empresa es que su campaña sería objeto de una acción de Greenpeace   para sensibilizar sobre el calentamiento global con motivo del Día Meteorológico Mundial. ‘Ya nunca es primavera’, se podía leer tras el despliegue de una lona por parte de los activistas de la ONG sobre el cartel del gran almacén. Ese “nunca” denuncia que el cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero generados por la acción humana está acabando precisamente con la primavera.

El verano les está ganando terreno a la primavera y al otoño. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ya daba el aviso hace unos años: los estíos de hoy duran cinco semanas más que en la década de los 80. Además, según los registros de sus estaciones, las temperaturas medias suben especialmente en los periodos primaveral y estival.

Los veranos en España duran cinco semanas más hoy que lo que lo hacían en la década de los 80, comiendo terreno al periodo primaveral

Como referencia para aterrizar la magnitud del fenómeno, el organismo señala que mientras en los años 70 el cambio entre estaciones solía ocurrir entre mediados de julio y septiembre, en la actualidad se ha adelantado casi un mes y finaliza una semana más tarde.

Aunque esto pueda hacer pensar que el verano está devorando a la primavera (en parte por la extensión de los periodos con temperaturas más cálidas), lo que ocurre en realidad es que se adelanta el proceso, según una investigación de la Universidad de Cambridge.

Desajuste ecológico

Los periodos de floración se están alterando y, al menos en el Reino Unido, ya se ha adelantado un mes (de mediados de mayo a mediados de abril) en el periodo 1987-2019 respecto al de 1753-1986. El estudio también concluye que las hierbas se ven más afectadas por este cambio que los arbustos y árboles, si bien ninguna especie vegetal queda indemne.

Uno de los símbolos de la llegada de la primavera es el florecimiento de los cerezos, y en Japón lo saben desde tiempos inmemoriales. En ese país los japoneses han esperado habitualmente a que llegue abril para contemplar el rosa pálido de estos árboles, pero en 2021 no tuvieron tiempo de reacción: el 26 de marzo los pétalos ya estaban abiertos. Algo que no había ocurrido en 1.200 años, según los anales nipones.

Todo lo anterior impacta en las especies polinizadoras, como las abejas. El investigador principal del estudio británico, Ulf Büntgen, recuerda que las flores son especialmente sensibles a las heladas y, si brotan antes, un descenso acusado de temperaturas puede matarlas. No obstante, pone el foco sobre el conjunto del ecosistema: “Las plantas, los insectos, las aves y otros animales salvajes han coevolucionado hasta el punto de sincronizarse en sus etapas de desarrollo”, explica. Y si ahora uno de los organismos acelera sus procesos, provocará que las especies que no puedan adaptarse corran el riesgo de extinguirse.

¿Cómo afectan a la biodiversidad estos cambios?

La sequía que estamos viviendo actualmente amenaza a la biodiversidad. De ello dio buena muestra el pasado mes de abril, el más seco y cálido nunca antes registrado según la Aemet: llovió tan solo un 22% de la media y hubo tres grados por encima.

Hasta el punto de que, recientemente, un grupo de científicos ha publicado en la revista Science un artículo que urge a tomar medidas más contundentes contra el cambio climático, y alertan de que hay más especies en peligro de extinción que en ningún otro momento de la historia de la humanidad.

Por esta razón, el grupo compuesto por 18 expertos internacionales (entre ellos, al menos un experto del IPCC de Naciones Unidas) aboga por incluir la mayor protección de la biodiversidad en los objetivos para luchar contra el cambio climático.

Grupos de científicos reclaman que la protección de la biodiversidad tenga la misma relevancia que el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 grados

En concreto, los autores aconsejan proteger y restaurar al menos el 30% de paisajes de agua dulce, oceánicos y terrestres mediante una red interconectada de áreas protegidas. Y es que la disminución de las poblaciones de animales salvajes entre 1970 y 2018 alcanza el 69%, según el Índice Planeta Vivo global 2022 de la ONG WWF.

Ante esta situación, Hans-Otto Pörtner (coautor en el artículo y autor principal de varios informes para el IPCC y), sentenció que si tan solo se restaurase el 15% de las zonas convertidas para el uso de la tierra “sería suficiente para prevenir el 60% de los eventos de extinción previstos”.

¿Se puede modificar de forma artificial el tiempo?

Ni los periodos de sequía, ni los fenómenos extremos tienen una intencionalidad provocada por el ser humano. Si bien el cambio climático a causa de la actividad continuada desde la primera Revolución Industrial con la quema de combustibles fósiles ha tenido un efecto innegable sobre la temperatura del planeta (el panel de expertos del IPCC de la ONU ya da por sentado que se incrementará 1,5 grados en este siglo), no parece que sea así en lo que atañe a las técnicas de modificación del tiempo.

Las técnicas de modificación del tiempo, más posibles hoy por el desarrollo de la nanotecnología, buscan estimular el interior de una nube

Estos procedimientos van orientados, según explica la Organización Meteorológica Mundial (OMM), principalmente a tres fines: estimular la cantidad de las precipitaciones de lluvia o de nieve, disipar las nieblas (que pueden afectar al tráfico aéreo, por ejemplo) y disminuir el granizo. Y que se lleven a buen puerto, o no, tiene mucho que ver con un compuesto químico: el yoduro de plata.

Su poder ‘oculto’, basado en la formación de cristales de hielo en el vapor de agua, se descubrió a finales de la década de 1940 y desde entonces han sido varios los lugares donde se han probado pequeños proyectos con mayor o menor éxito. En la actualidad, asegura la divulgadora científica y exdirectora de comunicación de la OMM Lisa M. P. Munoz, “están teniendo lugar en más de 50 países a lo largo del mundo”, como se puede leer en una publicación en la web de la OMM.

Y donde más énfasis se está poniendo es en conseguir una siembra eficaz de las nubes. El éxito dependerá de descifrar la manera en la que el agua se forma y se mueve dentro de ellas para después determinar las condiciones geográficas y climatológicas en las que se aplica el yoduro de plata. La nanotecnología cubre hoy ese vacío que predominaba hasta hace unos años, al aportar una mayor precisión a las investigaciones que van en este sentido.

En busca de las nubes-cosecha 

En países como Emiratos Árabes Unidos saben bien lo que es la escasez de lluvias. Desde 2016 llevan invirtiendo millones de dólares en programas científicos que afiancen fuentes de agua seguras (el 40% de la que consume el país arábigo es desalinizada, técnica cuyo coste es muy elevado).

El yoduro de plata es una sustancia química que permite formar cristales de hielo en el vapor de agua nuboso y con la que se han obtenido resultados modestos

Pero no todas las nubes valen para tal fin. La propia Munoz cita a Roelof Bruintjes, presidente del Equipo de Expertos sobre Modificación Artificial del Tiempo de la OMM, quien es tajante a la hora de exponer la realidad: "Nadie puede fabricar o disipar una nube". También desmonta que esta técnica vaya a acabar con las sequías.

En esencia, se trata de localizar aquellas nubes en el cielo que tienen el potencial pluvial y estimularlas de manera artificial para que llueva. De ahí que se investigue en siembras glaciogénicas (con yoduro de plata para formar hielo en nubes frías, aquellas por debajo de cero grados y presencia de agua subfundida), o higroscópicas (con sal simple en nubes convectivas con grandes extensiones por encima de los -10 grados).

Efectos en el cambio climático

Ante las diversas teorías conspiratorias que hablan de una alteración intencionada de las condiciones climatológicas para afectar de alguna manera a la salud pública o influir en el comportamiento social (últimamente de moda por aquellas voces que alertan de las estelas de los aviones), la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) desgranó en un artículo de hace unos años los efectos de la modificación artificial del tiempo.

En concreto, se refería al uso de yoduro de plata, un compuesto químico “tóxico y perjudicial para el medio ambiente” en grandes cantidades, que no es el caso en los intentos puestos en marcha para generar lluvias o nieve. “Se ha estimado que la siembra de nubes anual en todo el mundo representa el 0,1% de la cantidad de yoduro de plata incorporada a la atmósfera por las actividades humanas en Estados Unidos” y, además, se calcula que un gramo de este compuesto distribuido de forma amplia en una nube podría suponer una precipitación de un litro por metro cuadrado en un área de 1.000 kilómetros cuadrados.