Autor: Pablo Cerezal

Máquinas expendedoras de salud

Los productos alimenticios que encontramos en las máquinas de vending tradicionales son en su gran mayoría poco saludables. Pero cada día son más las empresas del sector que optan por productos ricos en nutrientes y sostenibles.


Si nos acercamos a una máquina de vending, es muy probable que los productos alimentarios que encontremos sean, en su gran mayoría, poco saludables: alimentos ultraprocesados, altamente calóricos, con elevados contenidos de azúcares y grasas, o refrescos y bebidas energéticas con altos niveles de carbohidratos y sin rastro de vitaminas ni minerales. Podrían salvarse de tan bajo perfil nutricional los frutos secos, pero en su mayoría están fritos o con añadidos de sal. El consumo habitual de productos de este tipo supone riesgos para la salud que van desde la obesidad y la diabetes a diversas enfermedades cardiovasculares.

No solo los lugares de ocio o tránsito cuentan con máquinas de vending, sino también centros sanitarios y educativos, lo que obliga a la necesidad de encontrar alternativas más saludables. Por ello, desde la sociedad civil se lleva tiempo denunciando el actual sistema con el ánimo de lograr que la industria encargada de estas máquinas incluya en las mismas productos que aseguren la salud alimentaria.

En las máquinas de vending tradicionales encontramos alimentos altamente calóricos y con elevados contenidos de azúcares y grasas nocivos para nuestra salud

En 2003, el Servicio Catalán de Salud aprobó una instrucción para que las máquinas de vending ubicadas en hospitales y el resto de centros sanitarios ofrecieran al menos un 75% de productos alimenticios saludables. Se pretendía así iniciar una transición que permitiera encontrar en estas máquinas fruta, leche, zumos naturales, yogures sin azúcares, frutos secos no procesados y bajos en sal, y toda una amplia gama de alimentos que no supongan consecuencias negativas en el bienestar de los usuarios. Un centro sanitario debe preocuparse por la salud de los ciudadanos, pero también transmitir un mensaje de prevención de prácticas que la afecten. Algo que, por desgracia, queda desvirtuado con los productos que dispensan la mayoría de estas máquinas.

Del mismo modo, los centros escolares, que están al cargo de la educación de las nuevas generaciones. Esta educación no solo debe pasar por lo académico, sino abarcar también aspectos vitales y de nuestro día a día, como es el caso claro de la alimentación. En esta línea, el Gobierno aprobó en 2025 un real decreto para asegurar que todos los centros educativos que cuenten con máquinas de vending prohíban en estas las bebidas energéticas, la bollería industrial o cualquier otro producto que incumpla las recomendaciones de la OMS sobre los límites en la ingesta de grasas, azúcares y sal.

La legislación y la concienciación social están favoreciendo la transformación del sector del vending con productos sanos, envases reciclables y cadenas de producción sostenibles

Por otro lado, el Gobierno tramita además un nuevo decreto ley que garantice también la alimentación sostenible y saludable en hospitales y residencias. Respecto a las máquinas de vending, esta nueva norma pretende asegurar que al menos el 80% de los productos que dispensen sean igualmente saludables.

La sociedad está también cada día más concienciada con la necesidad de mantener una dieta saludable, y es por ello por lo que el sector del vending lleva años adaptándose a este necesario cambio. En la actualidad, ya hay varias las empresas del sector que solo dispensan en sus máquinas productos sin aditivos ni conservantes, frutos secos sin procesar, ensaladas frescas, postres sin azúcares añadidos o zumos naturales. 

Más allá de lo saludable de dichos productos, algunas empresas prestan también atención a otros aspectos, como la sostenibilidad, utilizando envases reciclables y contando con cadenas de producción sostenibles que incorporan a pequeños productores locales para fomentar, de esta manera, la economía circular. 

Estas alternativas están favoreciendo que empresas, estaciones de transporte, gimnasios, establecimientos hoteleros o incluso centros comerciales se unan al cambio. Como ciudadanos y consumidores cada día más concienciados e informados, tenemos capacidad para lograr la transformación de un sector que, tradicionalmente, ha sido poco beneficioso para nuestra salud alimentaria.

Cuando las olas del mar no refrescan

Las olas de calor marino son episodios en los que la temperatura del agua del mar o del océano se eleva de manera anómala. El cambio climático está potenciando estas olas de calor que tienen un impacto directo no solo en la vida de numerosas especies marinas, sino también en la nuestra.


Se acercan las fechas estivales, y las costas comienzan a poblarse de bañistas ansiosos por zambullirse en el agua y disfrutar de una ola de frescor. Apaciguar el calor externo adentrándose en las aguas del Mediterráneo es una de las principales motivaciones de las miles de personas que eligen alguno de sus enclaves para pasar las vacaciones de verano.

Pero el mar Mediterráneo se ha convertido en las últimas décadas en un punto caliente del cambio climático, y sus aguas han sufrido un aumento de temperatura que no deja de marcar récords cada año. Según el Informe Mar Balear, en los últimos 40 años su temperatura superficial ha aumentado 1,5 ºC. Cada verano, desde hace varios,  el mercurioen el Mediterráneo sube respecto al anterior. El año pasado llegó a superar los 28 ºC. Los veraneantes, que buscan olas de frescor, se encuentran cada vez más calor.

La temperatura del Mediterráneo se incrementa cada año, y en 2024 llegó a superar los 28ºC durante un período de tiempo prolongado

Olas de calor marinas que se suceden cada año no solo en el Mediterráneo sino también en las aguas del noreste del Pacífico, del suroeste del Atlántico, en el mar de China e incluso en el golfo de Alaska. Estos episodios climatológicos conllevan incrementos de la temperatura del agua entre 3ºC y 4ºC por encima de la media de las máximas (usando como referencia los valores de los 30 años anteriores) durante un mínimo de 5 días.

Su proliferación tiene una estrecha relación con el cambio climático. Principalmente están provocadas por el el calentamiento de la superficie marina desde la atmósfera. Otras de sus causas son la velocidad de los vientos (si es baja no logra movilizar el calor atmosférico) y las corrientes oceánicas (pueden acumular agua cálida en áreas específicas). Pero es la escalada de la temperatura atmosférica lo que conlleva que se repitan cada vez con mayor frecuencia e intensidad, y en más zonas de la geografía marina. A su vez, este calentamiento marino potencia el cambio climático al reducir la capacidad de los océanos para absorber CO2.

Las consecuencias van desde el cambio de la biodiversidad marina a la mortalidad masiva de determinadas especies, especialmente los corales, pasando por el incremento de la probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos. El aumento de la temperatura de las aguas potencia que se multipliquen y refuercen las lluvias torrenciales en las costas colindantes, ya que el agua del mar les añade fuerza y energía.

Al afectar a la salud y supervivencia de numerosas especies marinas, las olas de calor impactan directamente en la seguridad alimentaria y el trabajo de las poblaciones costeras afectadas. Cada año, muchos pescadores se ven obligados a abandonar sus  caladeros  de pesca habitual debido a la disminución de poblaciones y especies. El turismo, que suele ser otra de las fuentes de ingresos principales de estas poblaciones, también merma.

Las olas de calor marinas incrementan la mortalidad de especies imprescindibles para la biodiversidad, como los corales, y la sucesión de fenómenos meteorológicos extremos

Afortunadamente, cada día aumenta la concienciación sobre la importancia de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que, junto a numerosas campañas de sensibilización sobre la conservación de nuestros mares y océanos y ambiciosos proyectos de restauración de los hábitats costeros facilitará que podamos hacer frente a las olas de calor marinas.

A nivel institucional, se han comenzado a implantar acciones de previsión y seguimiento del calentamiento de las aguas, como el Servicio Marino del Programa Copernicus, de la Unión Europea. Gracias a esta iniciativa, contamos con indicadores de monitoreo de los mares y océanos que permiten implementar políticas públicas que ayuden a frenar la proliferación de las olas de calor marinas y protejan la biodiversidad de las aguas y todos los beneficios que nos proporcionan. 

Las maravillas del mundo y el cuidado medioambiental

Las siete maravillas del mundo son ejemplo paradigmático de la pericia arquitectónica desarrollada por el ser humano a lo largo de la historia. Pero ¿pueden tales maravillas de la ingeniería serlo también en el aspecto medioambiental?


Filón de Bizancio (280 a.C.-220 a.C.) fue un ingeniero y escritor griego. A él atribuye el primer listado de las siete maravillas del mundo antiguo, en el que destacó lo que él consideraba los mayores logros arquitectónicos del ser humano. El historiador griego Diodoro (siglo I a.C.) nos legó, en su Biblioteca histórica, el listado definitivo, sustituyendo las murallas de Babilonia por el Faro de Alejandría. Que dichas maravillas fueran siete responde a que los antiguos griegos consideraban que este número representa la perfección. 

Las siete maravillas del mundo antiguo como las del mundo moderno, seleccionadas en 2007 mediante votación popular a nivel global, muestran las impresionantes capacidades de diseño e ingeniería que ha desarrollado el ser humano a lo largo de la historia. Además, algunas de estas maravillas combinaban o combinan la belleza arquitectónica con la sostenibilidad medioambiental.

El listado definitivo de las siete maravillas del mundo antiguo lo plasmó el historiador griego Diodoro (siglo I a.C.) en su Biblioteca histórica

Entre las del mundo antiguo, la más revolucionaria en este aspecto es, lamentablemente, la única de cuya existencia aún se duda. Supuestamente, los Jardines de Babilonia conformaban una inmensa estructura piramidal compuesta por terrazas abovedadas alzadas unas sobre otras, y habrían sido construidos durante el reinado de Nabucodonosor II (642 a.C.-562 a.C.). Dichas terrazas serían huecas y estarían rellenas de tierra. En ellas se plantaban, supuestamente, numerosos árboles y plantas que eran irrigados por un enorme depósito de agua situado en la cúspide. Aunque aún se sigue investigando para probar su existencia, de ser real, este sería el primer ejemplo de bioconstrucción de la humanidad.

La Gran Pirámide de Guiza, única de las siete maravillas del mundo antiguo que aún queda en pie, no se erigió con propósitos medioambientales. Sin embargo, en la actualidad su magnificencia impide que la ciudad de El Cairo, en cuyas afueras se sitúa, continúe expandiéndose y ampliando los efectos nocivos de la polución. 

Sin destacar por su arquitectura bioclimática, pero henchidas de grandeza, quedan en la memoria el Templo de Artemisa, la Estatua de Zeus, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría, que sí pudo utilizar su estructura para que los marinos sorteasen las tempestades.

Por otro lado, y si nos vamos ya a las siete maravillas del mundo moderno, la majestuosa ciudad inca de Machu Picchu es la única que cuenta, desde 2021, con la certificación Destino Carbono Neutral que otorga Green Initiative, líder en certificación climática para el sector del turismo. El monumento ha obtenido este reconocimiento gracias a las prácticas sostenibles de gestión de residuos sólidos allí implementadas.

Otra de las siete maravillas actuales, la Gran Muralla China, también es un ejemplo de sostenibilidad que la naturaleza ha obrado por sí misma. Un estudio publicado a finales de 2023 revelaba que las partes de la Gran Muralla construidas comprimiendo materiales naturales con tierra están cubiertas por un conglomerado de musgos y otros microorganismos, conocido como biocostra, que reduce la erosión, la hace más resistente y favorece la biodiversidad en los alrededores.

El sistema hidráulico de abastecimiento de la ciudad de Petra la convirtió en un oasis imprescindible en las rutas comerciales que atravesaban el desierto

El Coliseo romano se convirtió durante una temporada en receptáculo de una exuberante biodiversidad. En 1850, su estado de abandono lo había convertido en una especie de selva urbana. El botánico inglés Richard Deakin descubrió que, durante los dieciocho siglos que habían pasado desde su construcción, habían crecido en su interior casi 100 especies diferentes de vegetales. Animales y gladiadores llegados desde lugares remotos habrían traído consigo semillas entremezcladas con el pelaje o la ropa, y el Coliseo, gracias a un microclima propio, facilitaba su crecimiento.

Pero el ejemplo más paradigmático de cómo una maravilla arquitectónica puede ser también una maravilla medioambiental es el de la ciudad de Petra. Habitada desde el siglo VII a.C. hasta el año 1985, en que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, esta impresionante ciudad que los nabateos, árabes nómadas, construyeron en una zona desértica del sur de Jordania contaba con unas canalizaciones de agua verdaderamente sorprendentes. Las obras hidráulicas de abastecimiento que realizaron allí lograban transportar una media de 40 millones de litros de agua anuales. Este agua se utilizaba tanto para fines domésticos como para regadío, y convirtió Petra en un espectacular oasis inserto en las rutas comerciales que, por aquellos tiempos, atravesaban el desierto de Wadi Rum. 

Chichén Itza, en Yucatán, a pesar de su majestuosidad, no es ejemplo de arquitectura bioclimática, pero algún sentido tendrá que en sus cercanías eclosione la grandeza de diversidad biológica de los cenotes. El Cristo Redentor de Río de Janeiro contempla, majestuoso, los cielos, y el Taj Mahal no abandona en ningún momento su magnífico romanticismo de mármol. 

Sin dejar de admirar la apabullante belleza de las maravillas del mundo, conseguidas gracias a la pericia arquitectónica de nuestros antepasados, es importante que reflexionemos acerca de cómo puede la estética unirse con el cuidado del medio ambiente.

COP29: invertir en la sostenibilidad del planeta

Entre el 11 y el 24 de noviembre se celebró en Bakú (Azerbaiyán) la XXIX Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP29). En la agenda de los casi 200 países representados, el objetivo clave era incrementar la financiación para combatir el cambio climático.


El pasado 24 de noviembre finalizó la COP29, esto es, la vigésimo novena reunión de la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que congregó en Bakú (Azerbaiyán) a representantes de casi 200 países. La prioridad máxima de este encuentro, de vital importancia para el futuro de nuestro planeta, era alcanzar un objetivo de financiación ambicioso que garantice a todos los países los medios necesarios para frenar el cambio climático.

El acuerdo alcanzado sitúa en 300.000 millones de dólares anuales el capital que aportarán los países desarrollados en 2035 para financiar la lucha contra el cambio climático y permitir a los países en vías de desarrollo adoptar medidas que reduzcan sus emisiones de CO2.

Ampliar la financiación climática es imprescindible para que los países en vías de desarrollo puedan implementar medidas que mitiguen la emisión de CO2

Pero la Conferencia, que tenía fijada su fecha de finalización el viernes 22, no concluyó hasta dos días después. Esta demora está empezando a convertirse en costumbre dada la dificultad para alcanzar consenso en los últimos años y porque las delegaciones no desisten hasta concluir la reunión con acuerdo, que debe alcanzarse por unanimidad El motivo fueron las duras negociaciones que se entablaron entre los congregados, debido a que la financiación acordada queda muy lejos de las expectativas de los países en vías de desarrollo. Estos consideraban imprescindible llegar a 1,3 billones de dólares anuales, una cantidad que no ha sido aprobada, aunque el acuerdo incluye una mención al desarrollo de una hoja de ruta que permita alcanzarla. Los acuerdos sobre financiación, de hecho, suelen ser uno de los aspectos más complejos en las COP.

Los países de Europa, Estados Unidos y Canadá son las economías desarrolladas que aportarán estos fondos, pero no lo harán los países del golfo Pérsico, cuyas economías se basan en los combustibles fósiles, y China, el segundo país más contaminante del planeta. Una vez más, Europa ve desatendida una de sus principales demandas.

La cuestión de los combustibles fósiles es, también desde hace años, otra de las claves de estas conferencias, pero en la COP29 no se han logrado acuerdos para cumplir la promesa de la pasada COP28 de ir abandonando gradualmente dichos combustibles y triplicar la capacidad de las energías renovables en la presente década. 

En la COP29 se alcanzó un acuerdo que permite el funcionamiento de un mercado del carbono que penalice a los países más contaminantes

Sí ha resultado positivo el acuerdo logrado para que los países comiencen a establecer créditos de carbono para financiarse o compensar sus emisiones. Se abre la puerta, por tanto, a un mercado del carbono. Estos créditos son permisos de emisiones de CO2, de los que cada país cuenta con un número limitado. Para adquirir nuevos créditos es imprescindible comprarlos a otro país u obtenerlos invirtiendo en proyectos que mitiguen la emisión de gases de efecto invernadero. Este mercado del carbono que penaliza a los países más contaminantes es una demanda que viene de lejos, y por vez primera se ha acordado establecer las normas para regularlo.

También ha resultado muy positivo el seguimiento de los informes de transparencia que presentan los países en materia de políticas climáticas. Hasta la fecha, 13 de los países partes han presentado su primer Informe Bienal de Transparencia. Estos se someterán a un estricto proceso de revisión, por parte de expertos técnicos, que ayude a la puesta en común de los progresos realizados y la implementación de las necesarias mejoras.

Aunque se considera que esta Conferencia ha logrado únicamente un acuerdo de mínimos, supone una transición positiva para la COP30, que se celebrará en 2025 en Belém (Brasil) y constatará si las medidas adoptadas han sido efectivas para avanzar en la necesaria lucha contra el cambio climático.

Marina Palacios: «Los arrecifes de coral ocupan el 1% del planeta y albergan el 25% de la vida marina»

Jose Salido - Coral Soul

Marina Palacios Miñambres es una científica marina y ambientóloga que cofundó y dirige Coral Soul, asociación que trabaja por la recuperación de los arrecifes de coral del Mediterráneo y que cuenta con un proyecto pionero para la restauración y protección de los mismos. Este programa ha sido financiado durante 3 años por Coral Guardian y en los próximos 18 meses será cofinanciado por el FEMPA (Fondo Europeo Marítimo de Pesca y Acuicultura) dentro de la Convocatoria Pleamar de la Fundación Biodiversidad. Hablamos con ella de dicha iniciativa y de la importancia de los arrecifes de coral para la conservación de la biodiversidad marina.


Además de científica marina y ambientóloga, eres una experta buceadora. ¿Tu fascinación por los ecosistemas marinos comenzó a través de dicha actividad o venía de antes?

La verdad es que mi amor hacia el mar comienza desde pequeñita. Mis primeros recuerdos son en la playa, con mis padres, que también son grandes amantes del mar. Y siempre tuve claro que quería trabajar protegiéndolo. En cuanto cumplí 17 años me fui a estudiar a Cádiz, y desde entonces todos los pasos de mi carrera profesional se han orientado hacia la conservación de la biodiversidad marina, y especialmente de los corales.

Desde Coral Soul trabajáis por la conservación marina a través de la restauración de arrecifes de coral que se encuentran amenazados. ¿Qué  papel juegan dichos arrecifes en la protección de la biodiversidad marina?

Los arrecifes son elementos fundamentales en la vida marina porque nos dan una serie de servicios ecosistémicos. Son generadores de vida por su capacidad de concentración de especies, que hace que cientos de ellas dependan de los corales. Si los corales desaparecen, también lo harían muchas especies marinas. Además, actúan como sumideros de CO2, por lo que ayudan a combatir el cambio climático. Y no podemos olvidar que son bioindicadores que registran cualquier cambio que se produce en el ecosistema, por lo que monitorizarlos permite controlar los cambios de nuestros ecosistemas marinos. Por último, son motores socioeconómicos de numerosas poblaciones, tanto a nivel pesquero como turístico.

¿Cuáles son los principales riesgos que corren los arrecifes de coral?

Los principales riesgos son el estrés térmico por el aumento de la temperatura de las aguas, la sobrepesca, la acumulación incontrolada de todo tipo de residuos, físicos y químicos, e incluso el coleccionismo, que en algunas zonas está acabando con los arrecifes. 

«Los proyectos de Coral Soul se basan en tres pilares básicos: la investigación científica, la acción directa de recuperación de arrecifes y la sensibilización»

En 2021, desde Coral Soul lanzasteis Deep Core Project, un plan pionero en la recuperación de arrecifes. ¿En qué consiste el proyecto?

En Coral Soul trabajamos con los denominados arrecifes profundos, en este caso los que se sitúan a entre 30 y 60 metros de profundidad. El proyecto Deep Core Project surge como una necesidad imperativa de actuar ante la desaparición de un ecosistema dominado por una población única de coral candelabro en los arrecifes profundos de la Zona de Especial Conservación de los acantilados y fondos marinos de la Punta de la Mona en la costa de Almuñécar, Granada. A pesar de ser una zona protegida, no se le ha otorgado ningún plan de ordenación de los recursos y sufre un impacto de años por el abandono accidental de elementos propios de la pesca y el fondeo de embarcaciones como redes, anclas y cadenas. Lo primero que hicimos fue crear una red científica, junto con diversas instituciones públicas y privadas, para estudiar el ecosistema desde todos los puntos posibles. Desarrollamos desde estudios genéticos y de ADN hasta otros poblacionales de las especies que vivían en los arrecifes, pasando por  investigar la hidrodinámica de las corrientes y los parámetros ambientales y, sobre todo, un estudio geomorfológico. A partir de ahí arranca un programa de saneamiento para retirar todos los residuos, y aquellos corales fracturados y, por tanto, heridos, se trasladan a las guarderías de corales.

¿Qué es exactamente una guardería de corales?

Cuando el coral se parte o fisura se produce una herida que es colonizada por parásitos. Estos les provocan enfermedades que, poco a poco, acaban con su vida. Es imprescindible, para que puedan repoblarse, someterlos a un tratamiento previo que pueda curar las patologías que tienen. Hemos logrado detectar hasta ocho patologías distintas. Una vez el coral está totalmente curado se devuelve de nuevo al arrecife, insertándolo en zonas estratégicas previamente estudiadas donde tiene asegurada su total recuperación. En eso consisten las guarderías de coral, en espacios habilitados en la misma profundidad en que estos habitan para poder tratarlos y curarlos. El proyecto cuenta con tres, cada una para un rango de profundidad.

¿Los resultados de las acciones desarrolladas hasta la fecha dentro de Deep Core Project son positivos?

Desde que arrancamos el proyecto la abundancia de peces en la zona ha aumentado en un 75%, la de invertebrados y fauna asociada en un 42% y, tras tres años de seguimiento, hay un 91% de supervivencia de los corales tratados.

¿Es extrapolable este proyecto a otros territorios marinos, a nivel global?

Sí, hemos comprobado que las técnicas empleadas son replicables e incluso adaptables a otros tipos de corales. Concretamente, tras el éxito de Deep Core Project, arrancamos un proyecto con el apoyo de la Unión Europea en Cerdeña para recuperar corales sometidos a estrés térmico, y otro conjuntamente con la Universidad del Algarve, en Portugal, para recuperar corales de sus costas.

Sin duda, para facilitar la conservación de los arrecifes de coral, son imprescindibles las labores de conservación e investigación que realizáis. Pero, ¿qué importancia tiene en dicha conservación la sensibilización social?

Muchísima. Los proyectos que desarrollamos se basan en tres pilares básicos: la investigación científica, la acción directa de recuperación de arrecifes y la sensibilización. Trabajamos para involucrar a la población local, al sector pesquero, con el que realizamos sesiones de trabajo para transmisión de conocimientos horizontales, a las administraciones y a la ciudadanía en general, incluso con programas de sensibilización para menores de edad que desarrollamos en toda España, no sólo en poblaciones costeras.

«Los principales riesgos que corren los arrecifes de coral son el estrés térmico, la sobrepesca, la acumulación de residuos, e incluso el coleccionismo»

¿Cómo puede contribuir un ciudadano de a pie a la conservación y la recuperación de corales? ¿Qué actividades ciudadanas generan más impacto sobre ellos?

Lo primero es el apoyo y la colaboración con entidades y proyectos de recuperación. Lo segundo es la sensibilización, ser conscientes del valor que tienen los arrecifes de coral y el peligro que corren, por desgracia. Y, por último, el conocimiento de la importancia de las pequeñas acciones. Tenemos que tener siempre presente el poder que tenemos cada uno de nosotros. Algunas actividades que podemos realizar son apostar por un consumo adecuado de los recursos marinos, una correcta gestión del agua, el reciclaje o la disminución del uso de cualquier tipo de residuos. Y por supuesto, impulsar planes de gestión para que áreas marinas protegidas sirvan como zonas resilientes y como el corazón para recuperar y para mantener los ecosistemas.

Entiendo que también es importante la participación de las administraciones públicas. ¿Existe normativa legal orientada a la protección de los arrecifes de coral?

Sí, nuestros arrecifes forman parte de zonas catalogadas como Hábitat de Interés Comunitario (HIC) para los que la Unión Europea quiere garantizar la conservación, o ya a nivel estatal como Zona de Especial Conservación (ZEC) o Parque Natural. El problema surge cuando, a pesar de pertenecer a zonas protegidas, no se desarrollan planes de gestión adecuados para asegurar tal protección.

Por último, ¿podrías facilitarnos algún dato que confirme la aportación a la biodiversidad marina de los arrecifes de coral restaurados?

El dato más relevante es la constatación de que los arrecifes de coral tan solo ocupan el 1% de la superficie del planeta, pero albergan el 25% de la vida marina. A día de hoy, hemos perdido casi la mitad de los arrecifes de coral a nivel global. De continuar así, en 2050 habremos perdido más del 70%, por lo que es vital para la vida en nuestro planeta el seguir trabajando en su conservación.

Narges Mohammadi, la Nobel de la Paz presa por defender los derechos de las iraníes

Esta activista iraní fue vicepresidenta del Centro de Defensores de los Derechos Humanos y ha sido encarcelada en varias ocasiones por su activismo en pro de la democracia y la igualdad. En 2023, recibió el Premio Nobel de la Paz, que no pudo recoger porque se encontraba en prisión.


La ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2023 no pudo acudir al evento de entrega: Desde 2021,  la activista Narges Mohammadi, de 51 años, está condenada por su defensa de los derechos humanos a 12 años y 11 meses de prisión, y a 154 latigazos.

Al acto sí pudieron asistir sus hijos Kiana y Ali, gemelos de 17 años, que leyeron en Oslo el discurso que su madre escribió desde la cárcel y que fue sacado del centro penitenciario de forma clandestina. 

Desde que estudiaba en la Universidad Internacional Imam Jomeini, Narges Mohammadi publicó artículos sobre los derechos de la mujer y se implicó en grupos estudiantiles. Licenciada en Física, comenzó a trabajar como ingeniera y, en paralelo, inició una carrera periodística centrada en denunciar la carencia de libertades a la que es sometida la población iraní.

Narges Mohammadi cumple actualmente una condena de 12 años y 11 meses de prisión por su activismo en favor de los derechos humanos

La primera detención que sufrió la propició su nombramiento como vicepresidenta del Centro de Defensores de los Derechos Humanos, una organización iraní en defensa de los derechos de mujeres, presos políticos y otras minorías clausurada en 2010 por las fuerzas de seguridad. A partir de entonces, sus entradas y salidas de prisión han sido continuas en base a lo que las autoridades consideran difusión de propaganda contra el Estado y actuaciones en contra de la seguridad nacional. Pero ella siguió reivindicando la democracia, mientras cosechaba numerosos reconocimientos internacionales que culminarían con el Nobel de la Paz.

En Irán, a pesar de celebrarse elecciones para elegir a los miembros del Parlamento y al presidente, el ayatolá Jamenei es reconocido como líder supremo que ostenta el poder absoluto. La aplicación restrictiva de las leyes coránicas es la máxima por la que se rige, y su control de las fuerzas de seguridad, el poder judicial y los medios de comunicación gubernamentales provoca una inexistencia de facto de las libertades de expresión, reunión, religión, asociación y participación política. En este clima restrictivo, las mujeres llevan la peor parte, al verse abiertamente discriminadas en cuestiones relativas al matrimonio, el divorcio y la custodia de sus descendientes, entre otras que incluyen la obligatoriedad de utilizar el velo en público a partir de los 7 años de edad.

El régimen teocrático iraní otorga al ayatolá Jamenei un poder absoluto como jefe de Estados

Muchos de los activistas iraníes que, como Narges, combaten la dura restricción de sus derechos, sufren encarcelamientos sin juicio y enfrentan torturas y maltrato. Ella denunció estos violentos métodos de coerción en el libro Tortura blanca (2022), donde recoge el testimonio de catorce mujeres (incluido el suyo) sometidas a todo tipo de violencia psicológica, física y sexual durante el cumplimiento de sus condenas. 

En su discurso en la ceremonia de entrega del Nobel, Mohammadi reivindicó los esfuerzos de la ciudadanía iraní para lograr la democracia, la libertad y la igualdad usurpadas por el régimen teocrático, y defendió la protesta pacífica y la resistencia civil para construir una sociedad igualitaria. También hizo un llamamiento a la comunidad internacional para defender esta lucha.

Dos días después de recibir el Premio Nobel, fue hospitalizada para que se le practicase una angioplastia. Las autoridades le obligaban a ir al hospital con velo, orden que ella incumplió y motivó su reingreso inmediato en prisión, contraviniendo las recomendaciones médicas.

Numerosas organizaciones no gubernamentales han creado la Coalición Free Narges con el objetivo de lograr la movilización popular que permita la liberación de esta mujer valientemente comprometida con los derechos humanos. 

La basura espacial: contaminación más allá de la Tierra

Ingentes cantidades de basura espacial orbitan alrededor de la Tierra, resultado de décadas de exploración y actividades satelitales. El riesgo que representan para las operaciones espaciales se ha vuelto una preocupación internacional.


Cada día somos más conscientes del problema que suponen, en nuestro entorno medioambiental, los residuos que generamos. Afortunadamente, conocemos las soluciones y tanto la sociedad como las instituciones comenzamos a incorporarlas a nuestro proceder diario. Pero, ¿somos conscientes de cómo otro tipo de residuos deterioran el espacio exterior que rodea nuestro planeta?

Desde que contamos con la capacidad tecnológica suficiente, hemos lanzado al espacio infinitos satélites que nos han ayudado a conocer mejor nuestro planeta y lo que le rodea, e incluso a mejorar nuestras comunicaciones. Pero a día de hoy, cerca de 10.000 de estos satélites, junto a miles de naves espaciales desaparecidas, cuerpos de cohetes abandonados y millones de piezas de todos estos ingenios orbitan descontrolados alrededor de nuestro planeta. Lógicamente, muchas de estas piezas orbitales acaban colisionando entre sí  multiplicando la basura espacial.

Cerca de 10.000 satélites, miles de naves espaciales, cuerpos de cohetes abandonados y millones de piezas de todos estos ingenios orbitan descontrolados alrededor de nuestro planeta.

Las consecuencias que puede provocar esta basura espacial van desde inutilizar nuestros actuales sistemas de comunicación a sufrir en la superficie terrestre el impacto de piezas de estos despojos envueltas en llamas, pasando por poner en riesgo el futuro de los vuelos espaciales. A primeros de año, una nave de la NASA encargada de estudiar la radiación solar en la atmósfera superior evitó por muy poco la colisión con un satélite desaparecido hace más de 30 años. Las consecuencias hubiesen sido dramáticas.

Como explica Jan Wörner, director general de la Agencia Europea del Espacio (ESA), realizar vuelos espaciales será «tan peligroso como lo sería navegar por alta mar si todos los barcos que se han perdido, a lo largo de la historia, siguieran a la deriva». 

La propia ESA advierte de que el lanzamiento de nuevos satélites corre un serio peligro, ya que calcula que 1 millón de objetos de más de un centímetro y cientos de miles de millones de fragmentos de más de un milímetro ocupan el espacio exterior. Por ello, desde 2019 trabaja en la misión Clear Space-1, que pretende sacar de su órbita un adaptador de carga de 113 kg, procedente de otra de sus misiones espaciales, que quedó varado a unos 600 kilómetros de la superficie terrestre.

Más acciones de este tipo, orientadas a eliminar la basura existente están en marcha. En febrero de este mismo año la misión ADRAS-J, de Astroscale Japan, arrancó con el objetivo de sacar de su órbita el cuerpo de un cohete que da vueltas alrededor de nuestro planeta desde hace 15 años.

En la actualidad, las misiones espaciales son tan peligrosas como lo sería navegar por alta mar si todos los barcos perdidos desde que se inició la navegación siguieran a la deriva.

Pero, además de limpiar la basura ya existente, es imprescindible aplicar con urgencia una estrategia de sostenibilidad que impida la generación de nuevos residuos espaciales. Un ejemplo son las normas que, en 2022, impuso la Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos (FCC) a las empresas de telecomunicaciones para obligarlas a deshacerse de sus viejas naves espaciales para que no pasen a formar parte de la basura espacial que orbita alrededor del planeta.

La sostenibilidad espacial ya está en la agenda de la ESA y se ha convertido en prioritaria para la Agencia Espacial del Reino Unido. También forma parte de una campaña de sensibilización que desarrolla Japón junto a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y ha logrado que la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), generadora de gran parte de los actuales residuos espaciales, haga pública una ambiciosa Estrategia de Sostenibilidad Espacial.

Sin duda, los esfuerzos por lograr una sostenibilidad medioambiental en nuestro planeta han de servir de ejemplo para acometer también la sostenibilidad fuera de él.

Así es la nueva energía que se utilizará en las misiones interplanetarias

La mayoría de naves espaciales utilizan paneles solares para generar la electricidad que les permita funcionar. Pero los ambientes más extremos invalidan su eficacia. Las células termorradiativas evitan este problema uniendo energía solar y nuclear.


¿Podría una misión espacial llegar hasta Urano, el séptimo planeta de nuestro sistema solar? ¿Sería posible generar la energía necesaria para propulsar un satélite hasta un planeta que es puro hielo y se encuentra a 2.721 millones de kilómetros del nuestro? Esto es lo que se ha propuesto el programa de la NASA Innovative Advanced Concepts (NIAC).

Cada año, el NIAC subvenciona proyectos tecnológicos innovadores que permitan a la NASA seguir avanzando en sus investigaciones lejos de la atmósfera terrestre. Y este mismo año, uno de los proyectos subvencionados ha sido el desarrollado por un equipo de científicos del Rochester Institute of Technology del estado de Nueva York (EE.UU.). Se trata de una nueva fuente de propulsión generada por una combinación de energía solar y energía nuclear que podría enviar pequeñas naves espaciales hasta los mismos límites del sistema solar.

Los paneles solares que alimentan las naves espaciales carecen de eficacia alrededor de los -218ºC que llega a alcanzar el planeta Urano

La posibilidad de que, gracias a esta nueva fuente de propulsión que recibe el nombre de células termorradiativas (TRC), pequeñas naves espaciales puedan alcanzar Urano es absolutamente revolucionaria porque, hasta ahora, la energía que utilizan es generada por paneles solares. Urano, como decíamos al inicio, es un planeta tan frío que se conoce como el «gigante de hielo», y alcanza temperaturas de -218ºC. Evidentemente, los paneles solares que producen la energía de la gran mayoría de naves espaciales que, en la actualidad, surcan el espacio, no servirían para producir energía en ambientes tan gélidos y a los que la luz del sol apenas roza.

Con las TRC, los científicos pretenden lograr unos propulsores más potentes y resistentes a las temperaturas extremas que rodean los planetas más alejados del nuestro. La primera fase de su estudio, dejó patente la efectividad de este sistema cuyo funcionamiento es el contrario al de una célula solar: en vez de producir calor, convierte el calor producido por un radioisótopo (combustible nuclear) en luz infrarroja que, enviada al espacio, genera electricidad durante su recorrido. Lo que permite este sistema es crear unos motores más pequeños, sin piezas móviles que provoquen fallos mecánicos, y con una potencia significativamente mayor que la de los actuales paneles solares, de cuya energía se alimentan las naves espaciales. Además, debido al máximo aprovechamiento que hacen de la energía solar, se convierten en un tipo de motores altamente sostenibles.

Las células termorradiativas convierten el calor producido por combustibles nucleares en luz infrarroja que, enviada al espacio, genera energía en su recorrido

El proyecto se encuentra ya en su segunda fase, y los científicos quieren lograr que los motores de TRC puedan reducirse aún más en peso y tamaño y, sobre todo, minimizar al máximo su consumo de energía. También, se están realizando diversos experimentos que posibiliten crear motores TRC capaces de soportar temperaturas aún más extremas.

El programa NIAC, mientras tanto, seguro del éxito de las investigaciones, ha definido ya el tipo de nave espacial que, con los TRC, quieren hacer llegar hasta Urano. Se trata de los «CubeSats», un satélite cúbico en miniatura creado en 2002 por investigadores de la Universidad de Stanford.

La hoja de ruta ya está marcada, y si las investigaciones siguen el mismo curso que hasta ahora, pronto podremos comprobar cómo un CubeSat impulsado por TRC alcance los confines del sistema solar.

Cien especies marinas descubiertas en las costas de Chile

Schmidt Ocean Institute

La costa de Chile es una región poco estudiada de nuestro planeta. Actualmente, un equipo internacional de científicos realiza una serie de exploraciones de sus montañas submarinas y ya ha descubierto más de 100 nuevas especies.


Las montañas submarinas que surgen de las profundidades de nuestros océanos establecen complejos patrones de corrientes que los convierten en verdaderos oasis de biodiversidad. Perpendiculares a la costa de Chile, en el Pacífico, se encuentran las cordilleras submarinas de Juan Fernández, Nazca y Salas y Gómez. Cerca de 2.900 kilómetros cuadrados en los que la biodiversidad es de una riqueza sorprendente. Más de la mitad de las especies que habitan estos territorios no existen en ningún otro lugar.

Estudiar la biodiversidad de esta zona es el principal objetivo de un equipo internacional de científicos coordinados por el Schmidt Ocean Institute y dirigido por los doctores Javier Sellanes y Erin Easton.

Las comunidades de seres vivos que habitan las montañas submarinas son de reproducción lenta y, por tanto, conforman un hábitat extremadamente frágil y vulnerable a cualquier tipo de explotación humana, principalmente la pesca comercial, la de arrastre y la minería.

Las cordilleras submarinas de Juan Fernández, Nazca y Salas y Gómez conforman 2.900 kilómetros cuadrados con una gran biodiversidad

Chile lleva años buscando apoyo internacional para proteger el área de alta mar que rodea las cordilleras submarinas de Nazca y Salas y Gómez. Pretende con ello evitar la desaparición de dichas comunidades y contribuir a revertir la crisis climática. El objetivo del Schmidt Ocean Institute es mostrar las evidencias que faciliten a científicos y administraciones herramientas para proteger el recurso vital que supone la biodiversidad no solo de esta zona, sino también de otros perímetros de nuestros océanos.

La primera expedición de este equipo se realizó en enero de este año. A bordo del buque Falkor del Schmidt Ocean Institute, se dirigieron hacia las cordilleras submarinas del Pacífico sudoriental. Allí, con la ayuda de un vehículo robótico submarino (ROV) equipado con luces y cámaras que sumergieron a más de 1.500 metros de profundidad, obtuvieron la retransmisión en directo de un fascinante espectáculo de vida submarina que desveló la existencia de más de 100 especies marinas nunca antes vistas.

Los seres vivos que habitan los montes submarinos conforman un hábitat vulnerable a acciones humanas como la pesca comercial, la pesca de arrastre y la minería

Entre las nuevas especies descubiertas se encuentran formas de vida sumamente complejas que semejan constelaciones vivientes. También crustáceos de colores imposibles recubiertos de espinas, innumerables organismos luminiscentes y esponjas de mar cuya estructura parece de cristal. Además, ha sorprendido el descubrimiento de un nuevo tipo de chaunacops, o «sapo marino», cuya existencia hasta ahora se limitaba a aguas del Atlántico. Se trata de un tipo de pez con aletas modificadas que le permiten caminar por los fondos marinos.

En la actualidad, menos del 1% de las montañas submarinas del planeta han sido cartografiadas, y esta investigación solo abarcó cuatro de ellas desconocidas hasta la fecha. En palabras del propio Sellanes, «únicamente se ha arañado la superficie, ya que lo que exploramos en cada inmersión del ROV es solo lo que podemos ver en unos dos kilómetros».

Nos hallamos, sin duda, ante un estudio científico de gran calado para la supervivencia de los ecosistemas submarinos. Durante el mes de febrero se llevó a cabo una nueva expedición. Los descubrimientos de la misma contribuirán a comprender mejor cómo influye la acción humana en la vida submarina y seguir avanzando hacia el necesario equilibrio medioambiental.

Auguste Fröbel, el «padre de los jardines de infancia»

Auguste Fröbel

Auguste Fröbel por Valeria Cafagna

El pedagogo alemán, nacido en 1782, fue creador del concepto «kindergarten», impulsor del juego para el desarrollo de habilidades físicas y sociales y propulsor de los materiales didácticos para el desarrollo cognitivo.


Auguste W. Friedrich Fröbel fue un pedagogo alemán que, tras imbuirse de las enseñanzas de Rousseau y Pestalozzi, dedicó su vida al estudio de la educación infantil. En 1840 fundó en la ciudad de Blankenburg el primer «kindergarten» o jardín de infancia. Su pasión por la pedagogía le llevó a edificar una teoría de la educación preescolar que aún está vigente a día de hoy.

«Kindergarten» significa, literalmente, jardín de niños. Un jardín, según Fröbel, en que los niños, esos pequeños brotes humanos, puedan crecer sanos y dar frutos.

El concepto «kindergarten» alude al espacio natural en que, como en un jardín, los niños crecen sanos y dan frutos

El jardín de infancia de Fröbel tenía como máxima el respeto a la actividad creativa del niño en un clima de libertad y en contacto directo con la naturaleza. El jardín de infancia, así, más que en una institución escolar, se convertía en una extensión del hogar en el que los docentes tenían el papel de guía y amigo. Para que la función docente fuera óptima, era imprescindible tomar conciencia de que cada niño se desarrolla de una manera distinta, y atender a dichas diferencias.

Antes de fundar el primer jardín de infancia, Fröbel había expuesto de manera sistemática los principios de su concepción pedagógica en la obra La educación del hombre (1826). En ella, afirmaba que la finalidad última de la educación debe ser lograr que la persona alcance la clara y absoluta visión de sí misma que le permita conocer su verdadera vocación y desarrollarla de manera libre y espontánea.

Consideraba que la principal herramienta para no solo respetar, sino también estimular las capacidades creativas del niño era el juego. Gracias al juego, el niño desarrolla con mayor intensidad las destrezas físicas y conocimientos sociales que le permitirán mantener una relación cordial con el mundo una vez alcanzada la edad adulta. El juego, según Fröbel, es el producto más puro y espiritual de las personas a temprana edad. La educación, por tanto, en los primeros años, debe tolerar y permitir el libre desarrollo del juego en los niños. Cualquier tipo de imposición que impida la espontaneidad supondrá un obstáculo en su desarrollo. 

En La educación del hombre, Fröbel expuso de manera sistemática una concepción pedagógica basada en el juego en la temprana edad

Para permitir que el juego siguiese conduciendo el desarrollo del niño, Fröbel diseñó su modelo educativo en torno a una serie de actividades físicas y mentales que incluían el canto y el baile y, por supuesto, la jardinería. Asimismo, los docentes utilizaban diversos materiales como el papel y los tejidos para que los niños pudiesen representar, con ellos, las formas que les rodeaban. De esta manera, su desarrollo cognitivo y motriz iban emparejados y se hacían eminentemente prácticos. 

Tras la muerte de Fröbel, los jardines de infancia se extendieron por toda Europa entre 1850 y 1860. En las siguientes décadas llegaron a Estados Unidos, Japón y Rusia, impactando de manera notable en todo lo relacionado con la educación artística. En la actualidad, si bien se mantiene el nombre de jardín de infancia para designar los establecimientos dedicados a la educación preescolar, la fidelidad al modelo pedagógico desarrollado por Fröbel se ha diluido en parte.