Autor: Pablo Cerezal

Especies exóticas, un problema ambiental y de salud pública

Uno de cada siete mamíferos exóticos rescatados por la organización internacional Animal Advocacy and Protection portaban patógenos peligrosos para el ser humano tras haber sido utilizados como animales de compañía.


A más de uno le parecieron divertidas las primeras cotorras argentinas que aparecieron en los parques de nuestras ciudades. A todos nos resultaron exóticas. Y es que esta ave, al igual que la cotorra Kramer, también ya habitual de nuestras ciudades, es originaria de Sudamérica. Se trata, por tanto, de una especie exótica para nuestro entorno cuya entrada en la península ibérica la propiciaron personas que las compraron para tenerlas como mascotas. A día de hoy, la plaga de estas aves parece imparable. Tanto que comienzan a rebasar los límites de las ciudades y arrasan cultivos agrícolas a la vez que, dada su agresividad, desplazan a especies autóctonas. Mientras tanto, en sus lugares de origen, se encuentran entre los tipos de ave con las expectativas de supervivencia más bajas del planeta.

Cotorras argentinas o de Kramer, serpientes pitón, iguanas, mapaches, varanos, jinetas o murciélagos. Son sólo algunas de las especies exóticas que, justamente por serlo, han sido compradas, en los últimos años, por muchos conciudadanos. Muchas de estas especies forman parte del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras cuya tenencia está prohibida por representar un gravísimo peligro para la diversidad biológica autóctona.

Muchos animales exóticos son portadores de patógenos zoonóticos que pueden transmitirse al ser humano provocando enfermedades de difícil cura.

Pero, más allá del riesgo medioambiental que suponen dichas especies, existe también el peligro de que transmitan enfermedades de difícil cura al ser humano. Un ejemplo es el caracol gigante africano, un exótico molusco de enorme tamaño que alcanzó una tremenda popularidad como mascota hace unos años. El problema surgió al descubrirse que dicho molusco es el principal transmisor del parásito Angiostrongylus Cantonensis, que causa meningoencefalitis entre las personas. 

Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 75% de las patologías infecciosas son de origen animal. Por su parte, la organización Animal Advocacy and Protection (AAP), que protege el bienestar de los mamíferos exóticos en Europa, realizó un estudio en 2021 sobre 340 especies de mamíferos exóticos rescatados de la tenencia privada o del abandono. Uno de cada siete de estos animales portaba patógenos zoonóticos, esto es, que pueden transmitirse al ser humano, siendo altamente peligrosos para su salud.

Lamentablemente, se continúan pagando cantidades muy elevadas para adquirir animales exóticos. A día de hoy, el tráfico de animales es el tercer negocio más lucrativo del mercado negro global. Quienes trafican con dichos animales, y quienes los adquieren, no parecen ser conscientes del peligro que suponen para nuestros ecosistemas y nuestra salud. En su mayoría, se trata de especies con una alta capacidad de adaptación que, una vez en libertad, acaban desplazando a las especies autóctonas poniendo en riesgo el equilibrio medioambiental, además de ser un importante reservorio de virus, bacterias y parásitos zoonóticos.

Las cotorras que invaden nuestras ciudades, han alcanzado el entorno rural causando expulsando especies de animales autóctonos.

España ya sufre la invasión de ciertas especies exóticas como las cotorras en ciudades como Madrid, Varanos en jardines urbanos de Cataluña, cerdos vietnamitas cerca de la ciudad de Zaragoza o mapaches y galápagos de Florida en Mallorca, son solo algunos de los ejemplos más peligrosos. 

La legislación comienza a ser más restrictiva en lo relativo al comercio y tenencia de animales exóticos, pero aún lo hace únicamente a través de listados negativos como el antes citado catálogo de especies invasoras. Medidas como una mayor dureza en las sanciones son imprescindibles para poner fin a los innecesarios riesgos que este comercio supone para las personas, el medio ambiente y la supervivencia de los propios animales objeto de la transacción.

¿Lograremos el acceso global a una energía asequible y no contaminante?

La consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2030 está en la agenda política internacional y, si bien algunos están cerca de ser alcanzados, la consecución de otros está en serio peligro.

Uno de ellos es el ODS 7, que tiene entre sus metas aumentar significativamente el uso de energías renovables, duplicar la tasa de mejora de la eficiencia energética y garantizar a todas las personas el acceso a energía asequible, segura, sostenible y moderna.

La deuda creciente y el aumento de los precios de la energía provocan una excesiva lentitud en los avances para cumplir las metas de la ODS 7

En los últimos años se han tomado medidas que han permitido avanzar en algunos aspectos, como el aumento del uso de energías renovables en el sector eléctrico. Pero estos logros no serán suficientes para alcanzar las metas fijadas en el ODS 7. Así lo advierte el informe de seguimiento Tracking SDG 7: The Energy Progress Report, publicado el pasado 6 de junio. El estudio, elaborado por la Agencia Internacional de Energía, la Agencia Internacional de Energías Renovables, la División de Estadística de las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud, muestra cómo los flujos de financiación pública en energías no contaminantes de los países con bajos ingresos ha disminuido sustancialmente desde antes de la pandemia de covid-19.

Es solo uno de los problemas plasmados en dicho informe, que pronostica que, en 2030, de no tomar nuevas medidas e intensificar las ya adoptadas, 1.900 millones de personas no tendrán acceso a métodos no contaminantes para cocinar y 660 millones carecerán de acceso a la electricidad. Los motivos de tan preocupantes cifras se encuentran en la deuda creciente y el aumento de los precios de la energía. Las consecuencias no solo afectarán negativamente a la salud de las personas más vulnerables, sino que también acelerarán el cambio climático.

Los más afectados por la lentitud de los avances en la consecución del ODS 7 son aquellos países menos desarrollados. Si bien el ritmo de crecimiento del porcentaje de población mundial con acceso a la electricidad creció sensiblemente desde 2010, se ha visto seriamente ralentizado en el período 2019-2021, y el África subsahariana concentra más del 80% de la población mundial sin acceso a la electricidad. Por otra parte, esta zona y el continente asiático concentran la mayor parte de los 2.300 millones de personas que, en la actualidad, siguen utilizando combustibles contaminantes para cocinar. Este dato toma más relevancia al saber que, como confirma la Organización Mundial de la Salud (OMS), 3,2 millones de personas mueren prematuramente, cada año, por la contaminación del aire doméstico causada por el uso de combustibles contaminantes para cocinar.

Para agravar la situación, los flujos internacionales de financiación pública de energías no contaminantes en países en desarrollo han ido descendiendo en los últimos años. En 2021, solo se llegó al 40% de los 24.600 millones de dólares alcanzados en 2017. Con estas cifras, difícilmente se podrá revertir la ya precaria situación en los años venideros.

Se prevé que, en 2030, 660 millones de personas carecerán de acceso a la electricidad si no se toman medidas

El estudio también revela que la proporción de electricidad de fuentes renovables creció un 28,2% en 2020, el mayor aumento anual desde que se hace seguimiento de los progresos en los ODS. Lamentablemente, la proporción de energías renovables utilizadas en calefacción y transporte (más de las tres cuartas partes del consumo mundial de energía) no son suficientes para lograr el objetivo de no sobrepasar el calentamiento global en 1,5 grados centígrados de media.

Los últimos años han demostrado que las energías renovables no solo son necesarias para el bienestar de la población mundial y los ecosistemas, sino que, además, son rentables y competitivas. A pesar de ello, las zonas más pobres del planeta siguen sin tener acceso a las mismas. Es imprescindible, por tanto, intensificar su integración en los sistemas eléctricos, aumentar la inversión en dichas energías y potenciarlas en los países menos desarrollados para que el ODS 7 pueda alcanzarse con éxito.

La conservación de la biodiversidad marina, una prioridad para la ONU

El pasado 19 de junio, Naciones Unidas adoptó un acuerdo histórico orientado a garantizar la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina en aquellas zonas que no están bajo ninguna jurisdicción nacional, más de dos tercios de los océanos de nuestro planeta. El documento, legalmente vinculante, llega tras casi dos décadas de negociaciones. Estará disponible para su firma a partir del 20 de septiembre y entrará en vigor tras su ratificación por 60 de los 193 Estados de Naciones Unidas.

El nuevo acuerdo para la conservación de la biodiversidad marina entrará en vigor tras su ratificación por 60 de sus Estados miembros

Este importante acuerdo contiene cuatro puntos básicos, el primero de los cuales consiste en la creación de un marco para lograr la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de actividades relacionadas con los recursos genéticos marinos. Según datos de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), los recursos genéticos marinos tienen un enorme potencial: el desarrollo de nuevos alimentos, productos farmacéuticos, bioquímicos y biomateriales, y aplicaciones en bioenergía, control de plagas o fertilizantes, así como los nuevos productos naturales a partir de especies marinas, que crece a una tasa del 4% anual. El acuerdo alcanzado contempla la secuenciación digital de dichos recursos para, de esta forma, garantizar que beneficien a toda la humanidad

Por otra parte, se establecerán mecanismos de gestión sobre la explotación, para lograr la conservación sostenible de especies y hábitats marinos en las zonas internacionales. Esta medida se orienta a lograr la conservación y gestión eficaz de al menos el 30% de zonas terrestres, aguas continentales, marinas y costeras antes de 2030. Un objetivo que se fijó en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP15) del 19 de diciembre de 2022. El Marco adoptado en dicha Conferencia propone detener y revertir la pérdida de la naturaleza que amenaza seriamente la pervivencia de al menos un millón de especies, y la futura gestión acordada podrá garantizar el cumplimiento de dicho objetivo.

Otro de los cuatro puntos básicos adoptados se orienta a garantizar la evaluación del impacto medioambiental de las actividades realizadas en zonas fuera de las jurisdicciones nacionales. La actual acidificación de los océanos, debida al CO2 que absorben de la atmósfera, está reduciendo peligrosamente la presencia de minerales imprescindibles para la supervivencia de los organismos marinos. Por eso, este punto, una vez identificado el cambio climático como problema global, propone también el establecimiento de un marco jurídico internacional que permita evaluar el impacto de aquellas actividades que, en el entorno marino, puedan acelerar la subida de la temperatura media del planeta.

Los nuevos productos naturales a partir de especies marinas crecen un 4% anualmente y podrán, a partir de ahora, ser un beneficio global

Por último, de cara a que los objetivos del acuerdo puedan ser alcanzados, se establecen las condiciones necesarias para lograr una efectiva transferencia de tecnología marina entre los Estados. Este punto se orienta a evitar que aquellos países en desarrollo que carecen de la tecnología adecuada no se queden atrás en los importantes avances en defensa de la biodiversidad marina. Dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el 14, centrado en la conservación y utilización sostenible de océanos y mares, hace mención específica a aumentar, antes de 2030, los beneficios económicos que los países menos adelantados puedan obtener del uso sostenible de los recursos marinos.

Como ha afirmado António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas, “el océano es el alma de nuestro planeta”, y tan importante acuerdo demuestra “que las amenazas globales requieren una acción a escala mundial, y los países se pueden unir, en solidaridad, por el bien común”. Y es que, aparte los cuatro puntos básicos especificados, el documento también aborda temas de gran importancia para su cumplimiento, como son las relaciones con la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y con los órganos mundiales, regionales, subregionales y sectoriales competentes.

Los instrumentos jurídicos y de financiación que permitan la globalización de las acciones encaminadas a la conservación de la biodiversidad marina juegan un papel principal en un acuerdo que, al fin, supone un importante paso para la protección efectiva de mares y océanos, imprescindible para nuestra propia supervivencia.

¿Cómo afecta la sequía a nuestra alimentación?

El calentamiento global, propiciado por la emisión de gases de efecto invernadero, incrementa la variabilidad del clima al provocar inundaciones un año y sequía feroz al siguiente, y hacer que las previsiones fallen. Así, ni siquiera la ciencia nos permite ya estar preparados para las distintas fases climatológicas extremas que enfrentamos.

Las sequías, cada vez más extremas y persistentes, ponen en riesgo la capacidad agrícola para proveer a la población mundial del alimento imprescindible para cubrir sus necesidades. Como revela un informe realizado por un equipo de científicos internacionales dirigido por el doctor Aqarab Husnain Gondal, la carencia de agua provoca alteraciones biológicas que afectan al desarrollo de los cultivos. Como ejemplos, el estudio señala el del maíz, que entre 1980 y 2015 vio reducido su rendimiento mundial en un 40%, y el del trigo, que pierde un 6% de producción con cada grado centígrado de incremento en las temperaturas. Las sequías, por tanto, ponen en serio riesgo la seguridad alimentaria global.

En España, el mes de marzo ha sido el segundo más seco en lo que llevamos de siglo, y las previsiones de mejoría son negativas

Debido a la sequía, hay siembras otoñales que no pueden realizarse, los cultivos de regadío ven mermar sus extensiones, los de grano no superan con normalidad su etapa de floración y el resto no proporcionan el rendimiento económico básico para su mantenimiento. Más allá de la agricultura, la sequía provoca la falta de pastos para la alimentación natural del ganado, y obliga a los ganaderos a recurrir a piensos de elevado coste que favorecen el alza en los precios de productos básicos como la leche.

En un artículo para The Conversation, Fernando Valladares, científico del CSIC y profesor de Ecología de la Universidad Rey Juan Carlos, asegura que la falta de agua en terrenos agrícolas y ganaderos europeos podría conducirnos a situaciones extremas en las que no dispondríamos de alimentos básicos como la leche. Una vaca, recuerda, «precisa 100 litros de agua diarios para producir leche, y en los últimos años hemos visto cómo numerosas granjas de nuestro país cerraban por no poder competir con los precios a la baja marcados por las macrogranjas». Una situación que incrementará unos precios ya disparados entre un 10% y un 30% por la guerra en Ucrania y la variación al alza del coste de combustibles y energía.

En nuestro país, vivimos una escasez de lluvia que se ha agravado en los últimos años. Según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), desde el pasado 1 de octubre de 2022 hasta el 23 de mayo de 2023, las precipitaciones fueron un 27% menores del valor habitual en dicho período, y el mes de marzo fue el segundo más seco en lo que llevamos de siglo.

Debido a la sequía, un alimento básico como el maíz vio reducido su rendimiento en un 40% en los últimos años, a nivel global

Un reciente informe de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) revela que la situación de muchos de nuestros campos afectados por la sequía es agónica, que los cultivos de secano están prácticamente sentenciados a desaparecer en la mitad sur de nuestro país, y que se teme por la pervivencia de cultivos leñosos como los cítricos, almendros y olivares. Ante esta situación, la única herramienta de que disponen los agricultores es la contratación de seguros agrarios que cubran la pérdida por sequías, pero, como revela el informe, solo un 4,56% de superficies dedicadas al cultivo del olivar están cubiertas, y en el caso de los cultivos herbáceos no llegan a la mitad.

La sequía tiene nocivas consecuencias en todo el planeta. Hasta hace poco las sufrían de manera cíclica solo en determinadas zonas geográficas. Por vez primera en la historia, el resto del planeta enfrentamos un problema serio de seguridad alimentaria que exige medidas urgentes.

Edadismo: cuando la edad importa negativamente

Aunque la palabra edadismo fue incorporada al Diccionario de la Lengua Española, por la Real Academia Española (RAE) el pasado 20 de diciembre de 2022, el término viene de lejos, y fue formulado por primera vez por Robert Neil Butler, gerontólogo y psiquiatra estadounidense a mediados de los años 60. Butler dedicó gran parte de su vida profesional al estudio del envejecimiento y acuñó el término “ageism” para referirse a los estereotipos y prejuicios alrededor de las personas mayores.

Alrededor de un año antes de que la RAE incorporase al diccionario la traducción española del término, un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertaba sobre la actitud discriminatoria hacia las personas de avanzada edad que ostenta la mitad de la población mundial.

La discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores o ancianas, tiene graves consecuencias para el conjunto de la sociedad

En nuestro país, el edadismo se ha convertido en un problema que ha reclamado la atención del propio Ministerio de Sanidad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en la actualidad, las personas mayores de 65 años en nuestro país superan los 20 millones, y las previsiones apuntan a que llegaremos a los 25 millones en solo 10 años. Por ello, la Dirección General de Salud Pública de dicho Ministerio ha elaborado varias infografías orientadas a la sensibilización ciudadana acerca de este tipo de discriminación y sus consecuencias, así como una serie de recomendaciones para combatirla.

Como apuntan desde el propio Ministerio, las consecuencias del edadismo van desde un aislamiento social y una inseguridad económica que merma la salud mental, hasta una menor calidad de vida que redunda en el aumento de muertes prematuras entre la población de mayor edad. El Informe Mundial sobre el Edadismo publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que las personas que sufren esta discriminación ven mermada su esperanza de vida en 7,5 años.

El material de sensibilización difundido por el Ministerio de Sanidad hace referencia también al aumento de la brecha digital que supone el edadismo. Según la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP), el 40,5% de las personas mayores nunca ha accedido a internet. Teniendo en cuenta la aceleración de la digitalización en que estamos inmersos, esto supone que algunas personas sean incapaces de realizar esa clase de gestiones cotidianas que solo se pueden hacer a través de canales digitales. El porcentaje, además, sube hasta el 60% en aquellas personas mayores cuya capacidad de gasto es insuficiente.

En nuestro país, a día de hoy, el edadismo supone un tipo de discriminación más generalizado que el sexismo o el racismo

Otra de las graves consecuencias del edadismo es la regulación del mercado laboral. El límite de edad en que una persona aún sigue considerándose activa para los empleadores se está reduciendo de manera significativa. Según se desprende del Mapa de Talento Senior 2021, elaborado por la Fundación Mapfre, el 85% de los currículums de personas mayores de 55 años son desechados automáticamente. De hecho, el paro a partir de dicha edad se ha triplicado desde 2008, situándose en un 12,75% en el momento de realización del informe. Tal como señala el propio Ministerio de Sanidad, este tipo de discriminación puede ser, a día de hoy, más generalizado incluso que el sexismo y el racismo.

Desde la Confederación Española de Organizaciones de Personas Mayores aplauden esta labor de sensibilización, pero reclaman la urgencia de acometer medidas legislativas concretas que logren paliar el edadismo. Para impulsar dichas medidas, la organización publicó el año pasado un Manifiesto que defiende el envejecimiento saludable en nuestro país. Entre las medidas reclamadas, se encuentra la de un Plan Nacional sobre Envejecimiento Saludable que incluya la reorganización de los recursos sanitarios y el desarrollo de más servicios de geriatría hospitalarios. Algo en lo que actualmente trabaja el Ministerio de Sanidad.

Una justa valoración de las personas mayores nos permitirá erradicar este tipo de discriminación, y nos ayudará a construir una sociedad más justa, inclusiva y cohesionada.

La recuperación de la capa de ozono

En 1985, el meteorólogo Jonathan Shamklin publicó, junto a otros dos colegas, un estudio que revelaba la pérdida de un tercio del espesor de la capa de ozono, que ya contaba con un enorme agujero sobre el Polo Sur. El análisis relacionaba este detrimento con el uso en aerosoles y sistemas de refrigeración por parte del ser humano, los compuestos químicos llamados clorofluorocarbonos (CFC).

La capa de ozono, que había pasado inadvertida para el común de los mortales hasta entonces, es una parte delgada de la atmósfera que absorbe las radiaciones ultravioletas del sol. Se crea en la atmósfera superior y su desaparición pondría en juego la vida en nuestro planeta.

En aquel entonces saltaron todas las alarmas. Científicos, Gobiernos e instituciones comenzaron en ese momento una tenaz batalla para frenar el deterioro de esa fina capa que nos separa de la extinción. Una inversión en investigación sin precedentes hasta la fecha y la acción política internacional favorecieron que se comenzase a prestar la debida atención a tan grave problema.

La desaparición del uso de clorofluorocarbonos en aerosoles ha logrado que la capa de ozono comience a recuperarse

En 1987 se firmó el Protocolo de Montreal con el único objetivo de proteger la capa de ozono de los productos químicos que la estaban mermando, y a día de hoy, es considerado uno de los mayores éxitos de la cooperación medioambiental internacional. Firmado por todos los países, impulsó la prohibición de los CFC como medida imprescindible para frenar el daño que sufría la capa de ozono. Pasados los años, comenzamos a ver los frutos de este histórico hito.

Cada cuatro años, el Grupo de Evaluación Científica del Protocolo de Montreal publica un informe que especifica la evolución en la eliminación de las 96 sustancias químicas usadas en aerosoles que provocaron el agujero en la capa de ozono. El último de estos informes no puede ser más esperanzador.

En dicho documento, presentado a primeros de año en la reunión anual de la Sociedad Meteorológica de Estados Unidos, se concluye que, de mantenerse las políticas actuales, la capa de ozono podría recuperar, en 2040, los valores con que contaba en 1980. No obstante, tendríamos que esperar a 2045 para su recuperación total en el Ártico y a 2066 para que sea efectiva en la Antártida.

El informe viene avalado por exigentes investigaciones desarrolladas por grupos científicos y expertos de ámbito internacional pertenecientes al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) y la Comisión Europea.

Los avances en la lucha contra los gases de efecto invernadero, podrían lograr que en 2066 haya desaparecido el agujero de la capa de ozono en la Antártida

No son únicamente las emisiones de CFC las responsables del deterioro de la capa de ozono, también el calentamiento global es un actor importante. El daño que sufre en la Antártida es más persistente justamente por la subida de temperaturas, provocada en gran medida por la emisión de gases de efecto invernadero. Entre estos se encuentran los hidrofluorocarbonos (HFC), que vinieron a sustituir a los CFC. Estos gases fueron los protagonistas de la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal. Este acuerdo adicional, que entró en vigor en 2019, pone el punto de mira en los HFC y exige su progresiva desaparición.

Sin duda, el Protocolo de Montreal es un ejemplo de éxito de la cooperación internacional, y un indicio de lo que acuerdos similares pueden y deben llevarse a cabo para seguir avanzando en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Es urgente acometer acuerdos para emprender la tarea pendiente de abandonar los combustibles fósiles y seguir enfrentando la urgencia climática. Los logros en la lucha contra la desaparición de la capa de ozono demuestran que es posible.

¿Azúcar como alternativa a la gasolina?

Científicos de todo el mundo llevan décadas estudiando la viabilidad de los biocombustibles como alternativa para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. A finales de 2021, investigadores de las universidades de Buffalo y Berkeley (Estados Unidos) lograron desarrollar un método que permite transformar la glucosa en olefinas, un tipo de hidrocarburo que se encuentra entre los componentes esenciales de la gasolina. Suena a ciencia ficción, pero la posibilidad de que el azúcar pueda proporcionar movilidad a nuestros vehículos ya es real.

La citada investigación estuvo dirigida por las bioquímicas Zhen Q. Wang, de la Universidad de Buffalo, y Michelle C. Y. Yang, de la Universidad de Berkeley, cuyos hallazgos compartieron en un artículo publicado en la revista Nature Chemistry.

La bacteria Escherichia colli ha sido modificada para producir moléculas esenciales de la gasolina

Los equipos dirigidos por ambas científicas lograron, a través de la biología y la química, un gran avance en la búsqueda de biocombustibles sostenibles al convertir la glucosa en olefinas. Además de ser moléculas esenciales de la gasolina, son empleadas como lubricantes industriales y en la fabricación de plásticos, por lo que el logro de esta investigación podría ser importante no solo para hacer más sostenible la industria del automóvil.

Toda la investigación ha girado alrededor de la bacteria Escherichia coli, habitual habitante del tracto intestinal de muchos animales, incluido el ser humano, para cuyo proceso digestivo es esencial. Este organismo, dada su alta velocidad de crecimiento y sus bajos requerimientos nutricionales, es habitualmente utilizado en los laboratorios. Lo que los equipos de Wang y Yang han descubierto es la debilidad que dichos microbios tienen por la glucosa. De esta manera, alimentaron con azúcar diversas cepas de Escherichia coli, modificaron su genética y transformaron su glucosa en ácidos grasos que, tras un proceso químico de refinado, dan lugar a las olefinas.

Hasta ahora, no son pocas las voces que se han alzado contra diversos biocombustibles cuya producción aumenta el agotamiento de nuestros recursos hídricos y el uso de fertilizantes y plaguicidas altamente contaminantes. El descubrimiento que nos ocupa logra solventar estos problemas, al ser la glucosa un recurso renovable.

Como explica Wang, «la glucosa es producida por las plantas a través de la fotosíntesis, que convierte el CO2 y el agua en oxígeno y azúcar». De esta manera, el carbono que habita en la glucosa que posteriormente puede convertirse en olefinas procede del CO2 extraído de la atmósfera. En este aspecto, la sostenibilidad está asegurada.

Este nuevo proceso de producción de biocombustible podría mejorar la sostenibilidad tanto la industria del automóvil como la de otros sectores

No es la primera vez que la Universidad de Berkeley se embarca en estudios similares. Ya en 2018, ingenieros químicos de dicha institución resucitaron el uso de la fermentación bacteriana descubierta hace casi un siglo por el israelí Chaim Weizmann para convertir el almidón en explosivos. En aquella ocasión, lo que se utilizó fue azúcar de maíz y caña que, fermentados, producían hidrocarburos de los que contiene el diésel. El problema radicaba en el enorme coste de producción y el consumo energético del proceso.

El nuevo descubrimiento se enfrenta al mismo problema. Para lograr que este revolucionario proceso de producción de biocombustible sea efectivamente sostenible y respetuoso con el medio ambiente hay que profundizar en los análisis para comprobar si la energía que precisará se implementa a escala industrial.

Los estudios continuarán para asegurar la ansiada viabilidad y lograr que, tal vez, en un futuro cercano, los motores de nuestros vehículos se alimenten, como nosotros mismos, de azúcar.

Una alianza para prescribir la naturaleza

Pediatras, investigadores y organizaciones civiles se han unido para formar la Alianza Global para Renaturalizar la Salud de la Infancia y la Adolescencia (GRSIA), que impulsará la prescripción de la naturaleza para nuestros menores.

El Comité de Salud Medioambiental (CSMA) de la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha realizado un profundo análisis de la conexión existente entre la infancia y su entorno natural. Los resultados son demoledores. Solo de uno a dos de cada cuatro niños juegan a diario al aire libre, cuando en la generación de sus padres eran tres de cada cuatro. A nivel global, el 75% de los escolares de entre 7 y 17 años tiene lo que se conoce como ‘déficit de contacto’ con la naturaleza. El 25% de la infancia y adolescencia apenas sale alguna vez al mes a jugar al aire libre y solo el 25% visita un parque urbano diariamente. 

En la actualidad, solo el 25% de la infancia y adolescencia realiza visitas lúdicas a un parque urbano de manera diaria

Profundizando más, investigaciones médicas recientes señalan el deterioro y la contaminación de nuestros ecosistemas como una de las causas principales del número de muertes y daños de salud crónica. Esto es, a mayor deterioro medioambiental, mayor deterioro humano. Y la manera de reconducir esta deriva radica en prestar mayor atención “natural” a las generaciones más jóvenes.

La conexión con la naturaleza de nuestros jóvenes está, evidentemente, en peligro. Y las consecuencias de dicha desconexión son dramáticas. Esto es lo que se planteó el CSMA para formalizar, coincidiendo con la reciente COP27, una alianza con pediatras, investigadores y científicos medioambientales, empresas, instituciones y organizaciones civiles orientada a revertir la situación. De esta manera, nace la Alianza Global para Renaturalizar la Salud de la Infancia y Adolescencia (GRSIA). El objetivo de dicha Alianza no deja lugar a dudas: conectar la salud de nuestros menores con la del planeta y su biodiversidad, prestando especial atención a aquellos que habitan en entornos urbanos.

Juan Antonio Ortega, coordinador del CSMA, señala que “los niños deberían pasar al menos una hora diaria en el entorno verde natural más cercano para satisfacer sus necesidades fisiológicas y favorecer un desarrollo saludable”. Él, junto con el resto de los integrantes del CSMA, ha puesto sobre la mesa el concepto de déficit de contacto con la naturaleza (DCN), revelando las dramáticas implicaciones que tiene en la salud de nuestros menores. 

El primer objetivo que se ha planteado el CSMA es trazar un mapa que revele los niveles de conexión con la naturaleza de los niños y adolescentes de nuestro país, realizando un concienzudo análisis de datos entre 10.000 escolares españoles. Dicho estudio comienza a dar sus frutos, y estos no invitan a la celebración, sino a la búsqueda urgente de soluciones. Durante abril del presente año, el estudio se centró en 3.800 escolares de la región de Murcia, y no solo reveló un alto grado de DCN entre ellos, sino que, además, evidenció la intensa desconexión con la naturaleza de dichos escolares a medida que van creciendo.

Identificado el problema, solo queda recurrir al remedio que, en este caso, es claro. La Alianza GRSIA ha comenzado a desarrollar todo un sistema de ‘prescripciones’ de naturaleza para nuestra infancia y adolescencia. 

El contacto con la naturaleza aumenta la sociabilidad de los menores, les evita procesos de ansiedad y mejora su rendimiento escolar

Volviendo a la relación directa entre el deterioro medioambiental y el de la salud humana, la CSMA concluye que el contacto temprano y sostenido con la naturaleza puede disminuir de manera importante la mortalidad global, pero que, además, contribuye a que niños y adolescentes aumenten la sociabilidad, rechacen las conductas agresivas, no sufran de ansiedad, mejoren el sueño, el desarrollo neuronal, las habilidades motoras y el rendimiento escolar, entre otros muchos beneficios. 

De esta manera, la Alianza GRSIA ha comenzado a diseñar las prescripciones de naturaleza que ayudarán a pediatras y otros profesionales de la salud a revertir la situación de desconexión con el medioambiente que impera en la infancia y adolescencia. Estas prescripciones, o recetas naturales, se adaptan a las necesidades de cada paciente e incluyen numeroso material informativo en el que se incluyen listados de actividades en espacios verdes, urbanos y naturales, cercanos a la población de residencia. De esta manera, nuestros menores podrán reconectar con el ecosistema para mejorar su salud y bienestar y, de paso, ayudar a revitalizarlo y salvarlo de la actual situación de deterioro que tan gravemente afecta a la población global.

Los incendios se apagan en invierno

Una gestión forestal sostenible no solo en verano, sino durante todo el año, es imprescindible para prevenir los grandes incendios y enfrentar el incremento de la temperatura global.

El calentamiento global está provocando un alza desmesurada del número de incendios en nuestro país. Cada verano, nuevos miles de hectáreas de bosques peninsulares se unen a las ya incineradas el verano anterior. Es justamente en los meses de calor cuando los organismos oficiales se aplican con mayor esfuerzo no solo a la extinción de incendios, sino a su prevención. Pero ¿qué ocurre durante el invierno? ¿No se debería prestar atención a dichas labores de prevención cuando el número de incendios no desborda a los equipos humanos y profesionales que se encargan de su extinción?

En el marco de la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible 15 para la conservación de los ecosistemas terrestres, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destaca la importancia de que se aplique en los bosques del planeta una gestión forestal sostenible. 

La gestión forestal sostenible asegura que los bosques proporcionen los suficientes bienes y servicios para satisfacer las necesidades actuales y futuras de las comunidades

La gestión forestal sostenible es un concepto dinámico y en continua evolución, que varía dependiendo de las peculiaridades forestales de cada región del planeta. Pero su objetivo es claro: asegurar que los bosques del planeta proporcionen los suficientes bienes y servicios para satisfacer las necesidades actuales y futuras de las comunidades. Para ello es preciso combinar el aprovechamiento de los recursos que proveen los bosques con su capacidad de regeneración, su biodiversidad y su vitalidad. La aplicación de dicha gestión forestal sostenible abarca aspectos no solo sociales y medioambientales en el uso y conservación de los bosques, sino también administrativos, jurídicos, económicos y técnicos.

Hemos escuchado en numerosas ocasiones: “Los incendios se apagan en invierno”. Esta expresión anima gran parte del espíritu de la gestión forestal sostenible. 

El cambio climático influye en la intensidad de los fuegos que arrasan, cada verano, nuestros bosques. Estamos sufriendo las consecuencias de las pocas lluvias, unos veranos más largos y un aumento excesivo de las temperaturas. Pero más allá de estas condiciones meteorológicas, los incendios podrían minimizarse si se aplicase una correcta gestión forestal.

La pérdida de aprovechamientos tradicionales en el medio rural favorece que nuestros bosques acumulen mayor combustible en forma de biomasa forestal. En los últimos 50 años, los bosques de nuestro país han aumentado en casi 4 millones de hectáreas y somos, por detrás de Suecia y Finlandia, el tercer país de la UE en superficie forestal. Pero este incremento, lejos de ayudar a combatir el cambio climático, supone un peligro. Se trata de hectáreas de terreno que no cuentan como bosque, sino que son una masa forestal vulnerable y no gestionada que favorece la propagación de los grandes incendios y dificulta en extremo las tareas de extinción. Toda superficie forestal no gestionada se convierte en combustible.

En los últimos 50 años, en España, la masa forestal no gestionada que facilita la propagación de incendios ha crecido en 4 millones de hectáreas

Para evitarlo sería imprescindible reforzar el número de efectivos humanos dedicados durante todo el año, especialmente durante el invierno, a la vigilancia y el cuidado de los montes. Igualmente, es imprescindible dinamizar el medio rural e incentivar la economía de los pueblos de nuestro país fomentando actividades que generen paisajes fragmentados y potencien una actividad productiva sostenible. De esta manera, afrontaríamos los riesgos de las temporadas estivales con una mayor seguridad.

En España, la Norma UNE 162.002 de Gestión Forestal Sostenible certifica las hectáreas de bosques que cuentan con un sistema de gestión regido por criterios de sostenibilidad que no solo afectan a los propios bosques, sino también a los productos obtenidos de manera industrial de su madera. En la actualidad, cerca de 3 millones de hectáreas cuentan con esta certificación, otorgada por los dos organismos de observación forestal sostenible con mayor reconocimiento a nivel europeo: PEFC y FSC.

Urge controlar el crecimiento de masa forestal desatendida, y nuestros bosques deben ser gestionados de manera sostenible durante todo el año.

Restaurar la naturaleza, el nuevo reto de Europa

La Comisión Europea ha aprobado recientemente una propuesta de Ley de Restauración de la Naturaleza con el objetivo de recuperar el 80% de los espacios naturales en mal estado del continente.

Las numerosas especies de plantas y animales que conformaban el medio natural de nuestro continente están desapareciendo a un ritmo vertiginoso. La principal causa es la actividad humana. Somos responsables de la pérdida de biodiversidad y tenemos la obligación de comenzar a comprender lo que implica para nuestras vidas.

El monocultivo y la ganadería intensiva, junto con la excesiva urbanización, están acabando con muchas especies animales y vegetales. El aumento de especies exóticas invasoras en nuestras ciudades y ambientes rurales también propicia una desaparición de especies autóctonas que deriva en un peligroso cambio del ciclo medioambiental. Nuestras urbes siguen funcionando a un ritmo que no se detiene, lo que supone una contaminación cada vez más agresiva, y el cambio climático comienza a evidenciar sus dramáticas consecuencias para los medios naturales que, hasta ahora, ejercían un muy necesario equilibrio en nuestros ecosistemas.

Entre 1997 y 2011, la merma de biodiversidad supuso pérdidas económicas anuales de entre 3 y 18 billones de euros para la Unión Europea

La importancia de mantener una biodiversidad rica y sana es indudable. Las plantas transforman la energía solar poniéndola a disposición de otras formas de vida. Las bacterias y otros organismos vivos ayudan a la descomposición de la materia orgánica en nutrientes que fertilizan los suelos. Los polinizadores son esenciales para la reproducción de las plantas y, por consiguiente, para nuestra sana alimentación. El agua de nuestros mares y ríos ejerce labores de eliminación de CO2.

Además, la inversión en restaurar la naturaleza proporciona beneficios económicos al garantizar la seguridad alimentaria, el clima y la salud humana. Se calcula que, entre 1997 y 2011, las pérdidas económicas anuales por la merma de la biodiversidad fueron de entre 3,5 y 18 billones de euros.

Por ello, atenta al deterioro alarmante de la naturaleza en nuestro continente, la Unión Europea promulgó, el pasado mes de junio, una propuesta para la primera ley cuyo objetivo explícito es la restauración de la naturaleza en los países que la conforman. La ambiciosa Ley de Restauración de la Naturaleza propone la recuperación urgente de bosques, tierras de labor agrícola, ecosistemas marinos, de agua dulce y urbanos. Igualmente, plantea la necesaria reducción del uso de plaguicidas químicos en un 50% de aquí a 2030. 

Esta restauración implica que los europeos vivamos y produzcamos sin romper la necesaria armonía con los medios naturales, y que logremos, de esta manera, reparar el 80% de los hábitats naturales en mal estado. El presupuesto que destinará la Unión Europea al desarrollo de esta normativa puede alcanzar los 100.000 millones de euros.

La propuesta de Ley de Restauración de la Naturaleza incluye los espacios urbanos debido a la importancia para la salud que supondría el aumento de arbolado en ellas

Entre las principales propuestas para alcanzar objetivos tan ambiciosos se encuentra la de revertir la disminución de polinizadores de aquí a 2030, y aumentarla al 5% antes de 2050. El beneficio para nuestros ecosistemas del cumplimiento de este objetivo sería indudable teniendo en cuenta que, como confirma la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), más del 75% de los cultivos alimentarios dependen de la polinización animal. 

También propone una eliminación de barreras fluviales que proporcione, de aquí a 2030, 25.000 km de ríos de caudal libre. La importancia de este objetivo radica en que proporcionaría a gran parte de nuestros ríos las condiciones adecuadas para adaptarse a las diversas perturbaciones y seguir proveyendo de bienes y servicios ecosistémicos a quienes habiten en sus cuencas. 

La actual degradación del suelo afecta a cerca del 70% de los terrenos agrícolas. Por ello, la propuesta de ley destaca la necesidad de aumentar en ellos la biodiversidad, promover una tendencia positiva para las mariposas de pradera, las aves de los medios agrarios y el carbono orgánico que se encuentra en los suelos minerales de las tierras cultivadas. Los beneficios de cumplir este objetivo incidirían de manera positiva en nuestra propia alimentación.

Asimismo, la propuesta legislativa tampoco ignora la necesidad de evitar pérdidas de espacios verdes en los entornos urbanos, por lo que plantea aumentarlos de aquí a 2050 al menos con un 10% de árboles en todas las ciudades y poblaciones del continente europeo.

Esta propuesta de ley, que responde al compromiso de la Estrategia sobre la Biodiversidad de promulgar con ejemplos prácticos la necesaria restauración de la naturaleza, es tan ambiciosa como necesaria. De todos depende poder cumplirla para lograr un mejor equilibrio natural en nuestras vidas.