Autor: Pablo Cerezal

En busca de ciudades menos ruidosas

Estrés, trastorno del sueño, bajo rendimiento, alteraciones de la conducta, hipertensión o enfermedades coronarias son solo algunas de las consecuencias que el exceso de ruido puede generar en nuestro organismo. Atentos como estamos a los altos niveles de contaminación ambiental, quizás no estemos prestando la debida importancia a una contaminación acústica que provoca más de 16.000 muertes prematuras y alrededor de 72.000 hospitalizaciones al año solo en Europa. Unos datos alarmantes que hizo públicos la Agencia Europea del Medio Ambiente en su informe sobre El ruido ambiental en Europa, con fecha de 2020, y en el que también destacaba que el 20% de la población europea estaba expuesta a niveles de ruido prolongado perjudiciales para la salud.

Dicho informe de la Unión Europea, junto con otros de diversos organismos internacionales, constituye la base para la publicación de una investigación elaborada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) que analiza los problemas emparejados a la contaminación acústica y propone actuaciones para minimizarla. Entre los principales causantes de los elevados niveles de ruido en las ciudades, se encuentran el tráfico rodado, los ferrocarriles, los aeropuertos y la industria. Sin embargo, en los últimos años también se han incrementado los niveles de ruido procedentes de actividades públicas, domésticas y de ocio.

El 20% de la población europea está expuesta a unos niveles de ruido prolongado altamente perjudiciales para la salud

Las consecuencias negativas para nuestra salud comienzan cuando el ruido ambiental supera los 55 decibelios en zonas residenciales y los 70 decibelios en zonas comerciales y con tráfico rodado. La investigación presenta un desolador panorama mundial y revela que muchos países asiáticos superan los 100 decibelios de media. Los del entorno africano serían los siguientes más ruidosos, seguidos de cerca por zonas de América del Norte y Europa. Mientras, en América del Sur encontraríamos las ciudades con menor contaminación acústica. En lo que refiere a nuestro país, el estudio señala que más del 72% de quienes residen en Barcelona están expuestos a niveles de ruido que superan esa barrera de los 55 decibelios.

Justamente, Barcelona lanzó en 2018 el proyecto de las “supermanzanas”, consistente en el cierre al tráfico rodado a grupos de un mínimo de cuatro manzanas adyacentes. Esto supuso liberar de vehículos a zonas de no menos de 16.000 metros cuadrados en las que han surgido nuevas áreas verdes y espacios de juegos o esparcimiento vecinal.

Y es que las zonas verdes tienen importancia a la hora de reducir la contaminación acústica. El estudio de la UNEP revela que la vegetación en los entornos urbanos absorbe energía acústica, difuminando el ruido e impidiendo su amplificación en las calles. Una ciudad con cinturones de arbolado y vegetación en las paredes y techos de sus edificios no sólo reduciría el ruido, sino que ayudaría a combatir el cambio climático.

Pero para reducir el nivel de decibelios provocado por los vehículos, además de restringir su uso en determinadas zonas urbanas, una de las soluciones que aporta la UNEP es la utilización de asfaltos porosos. Nuestro país fue pionero en incorporar este recurso al cambiar el firme de tramos de calzada en la autovía Sevilla-Utrera, una medida que ha logrado reducir en 6 decibelios el impacto acústico del tráfico rodado. Los materiales utilizados han sido polvo de neumáticos, plástico y fibras de nylon reciclado.

La ampliación de zonas verdes en las urbes mejora la calidad del aire que respiramos y, a su vez, combate el exceso de ruido

El estudio de la UNEP también recalca la importancia de establecer barreras acústicas entre las fuentes del ruido y los ciudadanos receptores del mismo, incorporando nuevos materiales reciclados. En España, un proyecto de la Universidad de Jaén (UJA), transforma módulos solares fotovoltaicos en barreras acústicas, logrando no solo reducir el ruido sino también producir electricidad para la señalización y el alumbrado de las carreteras.

Con la llegada de la temporada estival, las grandes ciudades se vacían, baja significativamente el volumen de decibelios y quienes quedan en ellas pasean por sus calles disfrutando de la recién recuperada calma. Al fin y al cabo, las vacaciones significan descanso, pero no solo para los que abandonan su residencia habitual. Combatir la contaminación acústica es imprescindible si queremos mejorar nuestra calidad de vida.

Bancos de semillas para asegurar nuestro futuro alimentario

El cambio climático, los desastres naturales, los conflictos bélicos y la deficiente gestión de recursos son solo algunos de los eventos en que se encuentra el origen del Banco Mundial de Semillas de Svalbard. Se trata de un almacén subterráneo, ubicado en una isla del archipiélago ártico de Svalbard (Noruega), que abrió sus puertas en 2008 para acoger lo que hoy es el mayor muestrario de semillas de plantas de cultivo mundial. En sus remotas infraestructuras se preservan más de un millón de semillas pertenecientes a más de 5.000 especies diferentes, un amplio porcentaje de la biodiversidad agrícola global.

Las semillas de plantas de cultivo conforman lo que denominamos recursos fitogéneticos que, si bien menos conocidos que otros bienes naturales como el agua, los minerales y la atmósfera, son imprescindibles para el ser humano al constituirse como su base alimentaria. La importancia de conservarlos para hacer frente, así, a los desafíos que puedan plantear el cambio climático y otras amenazas globales, puso en marcha este proyecto que ya es conocido como el arca de Noé vegetal. El proyecto se lanzó bajo el auspicio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Global Crop Diversity Trust (CROP Trust), la Fundación Bill y Melinda Gates y el Gobierno de Noruega.

En el banco de semillas de Svalbard, las semillas son deshidratadas hasta el 5% de humedad y posteriormente congeladas a -18º centígrados

La ubicación de este banco de semillas no es aleatoria. Las instalaciones en que se almacenan las mismas se encuentran a 100 metros bajo estratos de subsuelo que contienen espesas capas de permafrost, permanentemente congeladas. Esto garantiza una temperatura estable de entre -3º y -4º centígrados a la que se añaden sistemas de enfriamiento para lograr que las semillas permanezcan, en el interior de recipientes herméticamente sellados, a -18º centígrados.

Para conservar las semillas, previamente se someten a pruebas de germinación para garantizar su viabilidad, se clasifican y se deshidratan hasta el 5% de humedad. Además de preservar semillas para poder reintroducirlas en caso de necesidad, Svaldard y otros bancos similares realizan diversos trabajos de investigación fitogenética que permiten mejorar los cultivos existentes.

La importancia del trabajo desarrollado en Svalbard para preservar nuestros recursos fitogenéticos pudo comprobarse cuando, en 2015, transfirió miles de semillas al Centro Internacional de Investigación Agrícola (ICARDA). Con esta transferencia se pudo restituir un banco de semillas que el ICARDA gestionaba en Alepo y que fue destruido por la guerra siria.

En España, el Centro de Recursos Fitogenéticos y Agricultura Sostenible (CRF) es el encargado de conservar, estudiar y documentar las distintas colecciones de semillas ubicadas en nuestra geografía. En sus instalaciones de Alcalá de Henares mantienen un banco, cámaras de desecación y germinación y laboratorios de investigación. Hace tan solo unos meses, un equipo de investigadores del CRF seleccionó 1.080 variedades autóctonas que pasarán a formar parte, también, del Banco de Semillas de Svalbard.

Los bancos de semillas son imprescindibles para hacer frente a las posibles crisis alimentarias que puede provocar el cambio climático

Son numerosas las instituciones que conforman la red de bancos de semillas en nuestro país. Algunos, como el desarrollado por el Real Jardín Botánico Juan Carlos I de la Universidad de Alcalá, centran sus esfuerzos en la recolección, análisis y conservación de semillas de especies protegidas o en seria amenaza de desaparición. Otros, como el del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental, orientan su labor a la conservación y posterior reproducción de especies agrícolas destinadas a mejorar la situación de nuestros campos, así como a fines educativos y de investigación.

Pero existen también organizaciones que, además de preocuparse por el cuidado de la biodiversidad agrícola, implican a la ciudadanía generando redes sociales de intercambio y una importante labor de concienciación ecológica. Son los bancos de semillas comunitarios. El que gestiona la Red de Semillas de Segovia ha implicado en su cuidado a grupos de campesinos de la zona y ha logrado que la población “apadrine” semillas de variedades tradicionales locales que corrían el riesgo de desaparecer.

Los bancos de semillas son las copias de seguridad en el disco duro de nuestra biodiversidad agrícola, y aunque sería deseable no tener que utilizarlos, de su mantenimiento puede depender nuestro futuro alimentario.

Los beneficios del pastoreo en el ecosistema

Frente al auge de la ganadería intensiva para abastecer el elevado consumo de carne por parte de la población, el pastoreo se convierte en un aliciente para diversificar la dieta del ganado y, con ello, mejorar la calidad de los productos cárnicos y derivados.

Concretamente, se ha comprobado que las carnes procedentes del pastoreo contienen menos grasas saturadas y más ácidos grasos poliinsaturados, que son los más recomendados para nuestra nutrición.

Ahora bien, los beneficios de pastorear al ganado no son solo para nuestra salud sino también para la del planeta y la sociedad, lo viene llamándose servicios ecosistémicos.

El pastoreo ayuda a lograr un balance neutro de carbono y restaurar la biodiversidad en los terrenos en que se practica

En primer lugar, el pastoreo ofrece servicios ecosistémicos de regulación, siendo uno de los principales su contribución a combatir el cambio climático: al estimular el crecimiento de plantas que mejoran la capacidad de filtración del suelo, los terrenos en los que se practica logran un balance neutro de carbono. Y, al favorecer la infiltración, se mejora la regulación hídrica y el mantenimiento de nuestros acuíferos. De ahí que sea frecuente ver cómo aumenta la diversidad vegetal de las tierras dedicadas al pastoreo, que también ayuda al control de plagas y a la estimulación de la polinización, y participa en la prevención y mitigación de eventos erosivos e incendios.

En segundo lugar, el pastoreo contribuye a potenciar la educación medioambiental y el conocimiento sobre los ecosistemas en los que se desarrolla. Es lo que se conoce como los servicios ecosistémicos culturales, que aportan beneficios intangibles o no materiales relacionados con experiencias en la naturaleza.

Por último, los servicios ecosistémicos de abastecimiento hacen referencia, como se mencionaba al inicio del texto, a la alimentación. En este ámbito, el pastoreo no solo proporciona alimentos más saludables, sino que también ayuda al mantenimiento de razas animales autóctonas y de los espacios naturales que frecuentan.

Pastoreo por la diversidad vegetal

El progresivo cese de la actividad agraria en zonas de montaña hace evolucionar la vegetación hacia el matorral y, posteriormente, al arbolado. Sin embargo, cuando el ganado consume los brotes de matorral, debilita su capacidad de rebrote estimulando el crecimiento de vegetación herbácea más variada. Por ello, el pastoreo se convierte en un aliado perfecto para controlar esta vegetación y recuperar el capital natural de dichos terrenos.

El proyecto “Pastoreo en RED” combina la ganadería extensiva tradicional con la innovación tecnológica para lograr importantes beneficios sociales y medioambientales

En nuestro país, las calles de seguridad del tendido eléctrico de alta tensión en zonas forestales se ven amenazadas por estos procesos que, además, elevan el riesgo de que el arbolado alcance los cables conductores de electricidad. Convertir estas vías en cremalleras de biodiversidad y relanzar un modelo de ganadería imprescindible para asegurar la sostenibilidad son los principales objetivos del proyecto “Pastoreo en RED” del Grupo Red Eléctrica. A fines del mes pasado, la corporación hacía pública su Guía Práctica de Pastoreo en RED, que resume los resultados de una experiencia piloto pionera en España que están desrrollando en Calahorra (La Rioja). Un rebaño de 700 ovejas realiza el mantenimiento de la vegetación bajo la línea eléctrica Quel-La Serna.

El proyecto, desarrollado en colaboración con la empresa agroambiental Agrovidar, y con el apoyo del Gobierno de la Rioja y el Ayuntamiento de Calahorra, aúna los métodos tradicionales de explotación ganadera con la innovación tecnológica. La utilización de drones para la supervisión del terreno, y de collares GPS para el seguimiento de las cabezas de ganado, facilitan el éxito del proyecto, que ha obtenido una mención especial en los premios Good Practice Award 2021 de la plataforma Renewables Grid Initiative.

La sabiduría tradicional en que se basa el pastoreo no excluye la aplicación de la necesaria innovación tecnológica que nos permita potenciar una ganadería sostenible y beneficiosa para nuestra salud y la del medioambiente.

Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo: una manera diferente de ver el mundo

En 2007, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el 2 de abril como el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. El objetivo era tan sencillo como loable: poner de relieve la necesidad de mejorar la calidad de vida de quienes lo sufren y promover su necesaria inclusión en todos los ámbitos de la sociedad.

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una alteración neurobiológica que afecta al sistema nervioso y al funcionamiento cerebral, dificultando el desarrollo de las áreas de comunicación e interacción social de quienes lo padecen. Según las estimaciones elaboradas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 160 personas del planeta sufren este trastorno. A día de hoy, las causas que lo provocan siguen sin conocerse. 

 La estigmatización y discriminación que aún sufren las personas con TEA acentúan sus dificultades, impidiendo su pleno desarrollo personal

Lamentablemente, las personas que nacen con TEA lo sufren durante toda su vida, lo que vuelve especialmente importante una detección temprana –y su consiguiente tratamiento– para poder reforzar aquellos aspectos vitales en los que muestran mayor dificultad: la comprensión y expresión de sentimientos y mensajes sociales, la adaptación a los cambios y el manejo de la información sensorial. 

Una inclusión necesaria

El pasado año, Naciones Unidas puso el foco en la necesidad de estructurar el mercado laboral de manera que las personas con autismo pudieran acceder a un trabajo decente en condiciones de igualdad, intentando eliminar toda conducta que perjudique su empleabilidad.

Las dificultades en la comunicación e interacción de las personas con TEA favorecen que no se preste atención a capacidades que pueden ser especialmente útiles a la hora de desempeñar eficientemente un puesto de trabajo. Es el caso de la meticulosidad y la atención por los detalles, la honestidad, el respeto a las reglas establecidas, el empleo de la lógica o la correcta adaptación a las rutinas. Así, las empresas que incorporan a sus equipos personas con TEA experimentan beneficios que van desde la introducción de puntos de vista diferentes e innovadores a una mayor claridad en la comunicación y la atención a los condicionantes personales. 

Los beneficios sociales son evidentes. Un estudio de la organización danesa Specialisterne, dedicada a la inclusión laboral de personas con autismo y otros diagnósticos neurodiversgentes, demostró que cada corona danesa invertida en un empleado con TEA generó 2,20 coronas en impuestos y contribuciones al capital estatal. 

Las personas con TEA aportan atención por el detalle, adaptación a las rutinas, lógica y honestidad a su entorno laboral.

Replicando los métodos utilizados por la organización matriz, Specialisterne España nació en 2013, consolidada hoy como una empresa social dedicada en cuerpo y alma a facilitar la inclusión laboral de las personas con TEA. Specialisterne predica con el ejemplo: la mayoría de trabajadores de esta empresa son personas autistas. Su acción social se basa en la selección y preparación de estas personas para mejorar su empleabilidad, principalmente en el campo de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), donde su alto nivel de atención al detalle les permite destacar con facilidad. Pero, además, acompañan y capacitan a las empresas que desean incluir la neurodiversidad en sus plantillas. Desde el inicio de su actividad, la compañía ha logrado facilitar el acceso al empleo a más de 450 personas.

Las dificultades laborales de este colectivo también propiciaron el nacimiento de contrataTEA, una plataforma web que pone en contacto a personas con TEA en búsqueda de empleo con empresas necesitadas de nuevos talentos. El proyecto fue iniciado en 2018 por Autismo España, Federación Española de Autismo (FESPAU) y Asperger España, y no sólo pone en contacto a los empleadores (a quienes sensibiliza) con sus futuros empleados (a los que selecciona y prepara).

La diversidad de estas personas continúa hoy exponiéndolas a una estigmatización social que acentúa sus dificultades y complica su desarrollo personal. Su plena inclusión, no solo laboral, sino social, pasa necesariamente por la sensibilización del resto de la sociedad para eliminar cualquier tipo de actitud discriminatoria hacia ellas. Un camino que, de momento, se construye poco a poco.

Agua reciclada, la solución frente a la escasez hídrica

El cambio climático está poniendo en serio riesgo los recursos hídricos de que disponemos. La carencia de agua agrava las sequías, potencia la inseguridad alimentaria y aumenta las probabilidades de nuevas pandemias.

En su nueva estrategia sobre adaptación al cambio climático, la Unión Europea (UE) pone de manifiesto cómo la falta de agua está afectando seriamente a actividades económicas como la agricultura o el turismo, y también a la salud y bienestar de los ciudadanos. Ya en su Directiva Marco del Agua (DMA) aprobada a finales del año 2000, establecía unos objetivos medioambientales para asegurar el mantenimiento de las masas de agua en buen estado para 2027. Sin embargo, en un reciente informe de seguimiento de la Comisión Europea que ha analizado la evolución entre 2015 y 2021 indica que solo un limitado número de estas masas de agua han mejorado su estado con respecto al anterior ciclo de estudio (2009-2015).

El cambio climático nos trae carencia de agua y puede originar nuevas pandemias

En nuestro país, a inicios de marzo y según información proporcionada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, las reservas de agua estaban por debajo del 44%. Perdemos, por tanto, nuestros recursos hídricos a marchas forzadas, y afrontamos un futuro realmente incierto si no ponemos remedio urgente. Muchas de las soluciones planteadas hasta ahora, desde la construcción de embalses hasta el establecimiento de comunicaciones entre diferentes cuencas hidrográficas, se revelan insuficientes. Frente a ello, la tecnología avanza en el perfeccionamiento y aplicación de una solución que podría ser vital para evitar que nuestro planeta colapse por carencia de agua: la utilización de agua reciclada.

Desde hace décadas, la utilización de agua reciclada se ha limitado a actividades primordialmente industriales y agrícolas. Pero la tecnología ya permite que el reciclado de aguas residuales atraviese los procesos necesarios para convertirlas en aptas para el consumo humano. Los beneficios, a nivel medioambiental, son indudables y, además, la inversión en el reciclaje de aguas para su posterior uso es mucho menor que la necesaria para cualquier otro de los métodos utilizados tradicionalmente para combatir el estrés hídrico.

En EEUU, diversas técnicas de reciclaje de agua para consumo humano se desarrollaron hace ya décadas. En el californiano condado de Orange entró en funcionamiento, en 2008, el que se considera sistema de purificación de aguas residuales para consumo humano más grande del mundo. Esta instalación provee, en la actualidad, cerca de 500 millones de litros de agua potable al día a casi un millón de personas y ha servido como modelo a nuevas instalaciones similares en Los Ángeles, San Diego o Singapur.

Cuando no hay agua potable

Los países desarrollados continúan mejorando la tecnología que les permita hacer uso del agua reciclada. Pero ¿podría aplicarse dicha tecnología en países cuyo acceso al agua es tan deficitario como sus propias economías?

La tecnología permite que las aguas residuales puedan purificarse para el consumo humano sin riesgo alguno para la salud

Eritrea, Uganda, Somalia y Etiopía son solo algunos de los países en los que ni siquiera el 50% de la población tiene acceso al agua potable. La compañía Deka Research and Development, fundada por el inventor Dean Kamen, ha tenido que contar con inversión privada para proveer a poblaciones del África subsahariana aquejadas de carencia acuífera de su Slingshot, un sistema de destilación por compresión de vapor que purifica cualquier tipo de agua contaminada mediante un proceso de condensación.

Es solo una opción, de entre otras muchas existentes, para que estos países tengan acceso al agua potable. Lograrlo depende de que los proyectos de saneamiento financiados por los países desarrollados incluyan el enfoque del reciclaje de agua en su formulación.

La ciencia y la tecnología proporcionan herramientas para atajar el grave riesgo de estrés hídrico que sufre la población mundial. Establecer alianzas trasnacionales a nivel legislativo y económico permitiría convertirlas en medios de lucha global contra la sequía.

Taxonomía verde, la apuesta económica de la Unión Europea en materia de clima

La Unión Europea, en el marco del Pacto Verde Europeo, se ha fijado el ambicioso objetivo de lograr la neutralidad climática de aquí a 2050. Para alcanzar esa meta el continente se ha comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 55%, con respecto a los niveles de 1990, antes de 2030. En esta línea, se ha lanzado un paquete de medidas, conocido como Objetivo 55, que pretende revisar y actualizar la legislación europea en materia de clima, energía y transporte.

Reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2), eficiencia energética, combustibles alternativos, fiscalidad energética y energías renovables son solo algunas de las cuestiones que, de manera urgente, se deben abordar y que el plan Objetivo 55 pretende abordar. El estricto cumplimiento de las mismas por parte de los estados miembros facilitará que podamos disfrutar de un planeta más sostenible.

La taxonomía verde potencia la inversión privada en actividades económicas que se alinean con seis de los ODS

Por supuesto, asumir estas medidas implica una fuerte inversión económica. Por ello, la Unión Europea ha desarrollado una taxonomía verde, un sistema de clasificación que establece un listado de actividades económicas sostenibles. Todo, con el objetivo de movilizar la inversión privada para acelerar la transición ecológica.

La protección de los inversores privados y los consumidores de las estrategias de greenwashing, con las que algunas empresas venden al cliente una imagen de respeto hacia el medio ambiente que no se corresponde con la realidad, se encuentra en el corazón de la taxonomía verde. De hecho, su principal objetivo es establecer jurídicamente las actividades económicas que pueden considerarse sostenibles e incorporar un estricto control sobre las mismas exigiendo auditorías e informes más detallados. Así, las empresas cuyas actividades se adapten a este sistema, tendrán más oportunidades de recibir financiación privada.

Pero ¿cómo determina la taxonomía verde qué actividades económicas entran en esa categoría y son, por tanto, beneficiosas para el inversor? La Comisión Europea establece que, para ser considerada ambientalmente sostenible, cualquier actividad económica debe orientarse (al menos) a la mitigación del cambio climático, la adaptación al mismo, el uso sostenible del agua, la transición hacia una economía circular, la prevención de la contaminación o la protección de ecosistemas saludables. Efectivamente, estos seis propósitos coinciden con seis de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

La Unión Europea se ha comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 55% antes del año 2030

Si bien el documento base de esta taxonomía verde entró en vigor en julio de 2021, queda pendiente la lista real de actividades económicas ambientalmente sostenibles, que ha de cumplimentarse a través de actos delegados. El primero de estos actos delegados entró en vigor en diciembre del pasado año tras la aprobación por parte de todos los estados miembros.

No obstante, la polémica surgió a principios de 2022 con el segundo de estos actos, que otorga categoría de energías verdes a las nucleares y el gas natural. No todos los estados aceptan esta categorización y, en previsión de esta negativa, la Comisión Europea plantea considerar la energía verde como transitoria hacia el pleno uso de energías renovables. Así, en los casos de la nuclear solo aplicaría para aquellas centrales construidas antes de 2045, y en el del gas natural a las que emitan menos de 100 gramos de CO2 por kilovatio hora.

Sin duda, los miembros de la UE deberán dar a este acto delegado, antes de su aprobación, una forma determinada que permita a los inversores privados seguir apostando por aquellas actividades económicas que mejoren el sistema energético y las relacionadas con las energías renovables.

Salvar Doñana, una apuesta por el futuro

El Parque Nacional de Doñana, localizado entre las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla, es el mayor espacio natural de nuestro país y está conformado por un mosaico de ecosistemas que albergan una biodiversidad única en todo el continente europeo, siendo referencia mundial por su valor ecológico.

De las 54.251 hectáreas que conforman el  Parque Nacional de Doñana, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994, unas 27.000 pertenecen a los humedales que conforman las marismas. Estas marismas se encuentran permanentemente saturadas de agua y favorecen una gran diversidad biológica, convirtiéndose en parada fundamental en la ruta de muchas aves migratorias, no sólo europeas sino también africanas. Con su alta capacidad de absorción, además, amortiguan posibles inundaciones y combaten las sequías gracias a su gran volumen de almacenamiento. Igualmente, son un aliado imprescindible en la lucha contra el cambio climático ya que retienen ingentes cantidades de gases de efecto invernadero.

Los humedales son entornos de gran diversidad biológica que previenen inundaciones y sequías, combaten el cambio climático y favorecen la economía

El impacto de estos beneficios es innegable, desde el punto de vista medioambiental. Sin embargo, va mucho más allá: las marismas también favorecen el desarrollo de la economía local permitiendo el uso de sistemas de agricultura y pesca tradicionales y potenciando el ecoturismo.

Lamentablemente, la búsqueda de un beneficio económico extra amenaza a los humedales de Doñana con un peligroso descenso en su extensión. Así lo ha considerado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que en junio del año pasado hizo pública una sentencia contra el Estado español por la deficiente gestión de los recursos hídricos del parque. Las extracciones de agua para el regadío en la agricultura industrial, en muchos casos realizadas de forma ilegal, y el desvío de grandes cantidades hídricas al turismo de la zona son las grandes amenazas que se ciernen sobre los humedales de Doñana. Así lo reconoce dicha sentencia y lo denuncian diversas organizaciones no gubernamentales.

La UNESCO también se ha dirigido al Gobierno de España para exigir un cambio radical en la gestión del parque y su entorno con el fin de evitar el colapso. Entre sus recomendaciones figura la de aplicar el Plan Especial de la Corona Forestal de Doñana, aprobado en 2014 por la Junta de Andalucía y que en 2019, según denuncias de WWF, solo se cumplía en un 20%.

Para mejorar la actual situación, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha puesto en marcha el Plan Estratégico para la Conservación de los Humedales 2022-2030, que actuará en nueve humedales de nuestra geografía que corren peligro. En el caso de Doñana, se combatirán las extracciones ilegales de agua, y se realizarán intervenciones que permitan elevar temporalmente los niveles hídricos del subsuelo.

El Parque Nacional de Doñana está declarado como Patrimonio de la Humanidad desde 1994 y cuenta con 27.000 hectáreas de humedales

Por otro lado, como continuación del programa Ferdoñana, que a través de la formación y el asesoramiento personalizado logró reducir la pérdida de agua en la zona mejorando la rentabilidad del sector de cultivo de frutos rojos, la Unión Europea aprobó, a finales de 2020, su contribución financiera para el proyecto Life4Doñana. Este se está desarrollando en seis fincas piloto de cultivo de fresa para incorporar sistemas de riego a demanda que permitan potenciar tanto la sostenibilidad de dicho cultivo como la eficiencia en el uso de agua.

Igualmente, en 2016, la empresa Heineken España puso en marcha el Proyecto Doñana, con el fin de devolver a diversos humedales más de 1.000 millones de litros de agua al año. Este proyecto cuenta con el apoyo de la organización no gubernamental SEO/Birdlife, que monitoriza las mejoras medioambientales logradas en los humedales intervenidos y aporta datos sobre viabilidad de réplica en nuevos entornos.

Cualquier acción orientada a la recuperación de los humedales de Doñana y la sostenibilidad de los cultivos que se alimentan de sus aguas será indudablemente beneficiosa para nuestro ecosistema, pero también podrá convertirse en una herramienta de progreso socioeconómico.

Situación y retos de la inclusión en el empleo

El empleo es un elemento clave para el progreso social y entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se menciona específicamente la necesidad de lograrlo de manera plena y decente para todas las personas. Una tarea difícil –en España hay más de tres millones de personas paradas actualmente– pero que se complica aún más para quienes tienen algún tipo de diversidad funcional.

En España, solo el 34% de las personas con discapacidad mantiene una actividad laboral

Según los últimos datos sobre el empleo de las personas con discapacidad, publicado en diciembre por el Instituto Nacional de Estadística (INE), solo el 34,3% de este colectivo estuvo activo laboralmente en 2020. Esto representa una tasa de actividad un 41% inferior a la de la población sin discapacidad. Si bien el estudio incluye indicadores positivos, como son el aumento de la tasa de empleo y el descenso de la tasa de paro con respecto al año anterior, se trata de porcentajes mínimos que ponen de manifiesto que aún estamos lejos de los objetivos sociales de no discriminación e igualdad de trato.

Las personas con discapacidad son estigmatizadas y discriminadas en numerosos ámbitos sociales, y el del empleo no es la excepción. Pero no debemos olvidar que el desarrollo óptimo de una actividad laboral está ligado al talento, la capacidad para aprender y desarrollar esa actividad de manera eficaz, y que dicho talento tiene más que ver con conocimientos, habilidades y actitudes que con capacidades diferentes.

El empleo supone para las personas con discapacidad el elemento clave para la normalización de su situación y su realización personal, como revela un estudio realizado por la Fundación Adecco. En dicho informe, el 89,8% de los encuestados sitúa la obtención de un puesto de trabajo como su principal prioridad, por delante de elementos como la vivienda, el ocio o las relaciones afectivas.

El 89% de las personas con discapacidad considera el empleo como elemento clave para su realización personal

Atendiendo a esta necesidad, la legislación española obliga a las empresas de más de 50 trabajadores a que al menos el 2% de su plantilla esté integrada por personas con discapacidad. Lamentablemente, siguen existiendo numerosas barreras de accesibilidad en centros de trabajo, medios de transporte y servicios, así como una educación poco inclusiva y falta de confianza en buena parte de los empleadores, que no facilitan la incorporación de este colectivo.

Ante un mercado laboral en constante cambio, ahora más que nunca, es imprescindible atender a la plena inclusión de las personas con discapacidad para lograr una sociedad más cohesionada. La revolución tecnológica ha llegado al ámbito laboral, y se imponen la digitalización, la automatización, la robótica y la inteligencia artificial. Dicha transformación tecnológica, lejos de suponer un nuevo obstáculo para las personas con discapacidad, puede realizarse de manera inclusiva, ya que permite la utilización de modalidades de aprendizaje más flexibles, la mejora de las tecnologías de asistencia, el uso de tecnologías adaptadas o la supresión del costoso factor desplazamiento mediante la consolidación del teletrabajo. Una prueba es el proyecto EmpleaTIC de la Fundación Síndrome de Down de Madrid que, en su primer año de funcionamiento, logró que diez personas con discapacidad intelectual lograsen un puesto de trabajo en el sector tecnológico.

Las personas con diversidad funcional deben considerarse como un activo importante, no solo por el talento que pueden aportar, sino también por la diversidad y experiencia vital con que pueden contribuir a crear equipos de trabajo de mentalidad abierta, ágil y con capacidad de adaptación.

La transición energética, una oportunidad para el empleo

Nadie pone ya en duda que para que la Tierra sea habitable en el futuro es imprescindible transformar nuestro modo de vida actual. Consumimos más recursos de los que la naturaleza genera, y estamos llevando al límite las capacidades del planeta. En esa reconfiguración, que tenemos que abordar desde todos los ámbitos sociales y económicos, juega un papel clave la transición energética, con la que lograríamos eliminar la dependencia actual de los combustibles fósiles y frenar el calentamiento global.

Entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS), el Objetivo 7 apunta directamente a esta transición al establecer como necesario el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna. Un reto que requiere una apuesta firme por el incremento de las energías renovables. Esta transformación, que supone un vuelco para las economías mundiales tradicionalmente arraigadas a las energías fósiles, tendrá un importante impacto no solo en el medio ambiente sino también en el mercado laboral, ayudando a la consecución del Objetivo 8 de los ODS: promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente para todos.

Las previsiones indican que para 2050 se crearán hasta 122 millones de puestos de trabajo relacionados con la energía

Escasos días antes del comienzo de la celebración de la COP26, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó, junto a la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA), el estudio Energía renovable y empleos: revisión anual 2021. En el documento,ambas organizaciones destacan el enorme potencial de creación de empleo que conllevará una transición energética eficiente. Según sus cálculos, en 2050 existirán 122 millones de puestos de trabajo relacionados con la energía renovable, lo que representa más de un tercio de todos los empleos del sector.

Guy Ryder, director general de la OIT, recordó, durante la presentación del estudio, que "el potencial de las energías renovables para generar trabajo decente es una clara indicación de que no tenemos que elegir entre la sostenibilidad medioambiental y la creación de empleo. Ambas pueden ir de la mano". Si bien es cierto que reducir el uso de combustibles fósiles implicará  la pérdida de puestos de trabajo -el estudio calcula que, hasta 2030, desaparecerán entre seis y siete millones de empleos por el cierre o transformación de las industrias más contaminantes-, la expansión de las energías limpias generará entre 24 y 25 millones de nuevos puestos.

Francesco la Camera, director general de IRENA, insistió en que "la capacidad de las energías renovables para crear puestos de trabajo está fuera de toda duda”. Pero incide en que “los gobiernos deben aumentar su ambición para alcanzar el nivel cero" y no dejar a nadie atrás.

La OIT destaca el gran potencial de España en empleos verdes

En nuestro país, la economía verde emplea a casi medio millón de personas, lo que supone el 2,5% de la fuerza laboral. Además, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, diseñado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, estima que en 2030 esa cifra habrá aumentado hasta 1,5 millones de personas.

Un ejemplo del impacto que puede tener la transición energética en la creación de empleo es el de los parques eólicos, instalaciones que requieren profesionales para su construcción, pero también para la puesta en marcha y mantenimiento de los aerogeneradores. Cabe recalcar que, según el Anuario Eólico 2021 de la Asociación Empresarial Eólica, en España hay en la actualidad 1.265 parques eólicos presentes en 1.037 municipios y 237 centros de fabricación en 16 de las 17 comunidades autónomas. Gracias a ello, más de 30.000 personas trabajan en el sector eólico en España a día de hoy y se estima que en 2030 podría emplear a más de 60.000. Una previsión que abre nuevas oportunidades de desarrollo para las zonas rurales.

Solo el sector eólico podría emplear a más de 60.000 personas en España

Respecto al tipo de perfiles que se demandarán en el mercado de las renovables, el estudio de la OIT y de IRENA, antes citado, hace una reflexión del tipo de profesionales que se requerirán en sectores como el fotovoltaico o el eólico. Según las estimaciones, seis de cada diez empleados tendrán una formación mínima, mientras que el 30% serán titulados universitarios en ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas. El resto serán profesionales administrativos (1,4%) y de otros perfiles universitarios como abogados o expertos en logística, marketing o regulación (5%).

Como indica la propia OIT, debemos acometer cambios en los sistemas de producción actuales a un nivel similar al que se produjo durante la revolución industrial. Solo de esta manera lograremos una economía verde y sostenible que beneficie no sólo al planeta sino también a la empleabilidad de quienes lo habitamos.

Arquitectura regenerativa, el camino hacia un futuro habitable

Antoni Gaudí, uno de los arquitectos españoles más estudiados y reconocidos, aseguraba hace más de 100 años que “el arquitecto del futuro se basará en la imitación de la naturaleza, porque es la forma más racional, duradera y económica”. El futuro al que hacía referencia ya está aquí, y no son pocos los profesionales que han tomado su predicción como máxima para que los edificios en los que desarrollamos nuestra vida logren cohesionar la actividad humana y la de la naturaleza.

Diversos estudios apuntan a que el sector de la construcción es responsable del consumo del 50% de los recursos naturales y el 40% de la energía, y que  genera, además, cerca del 50% de los residuos. La propia Comisión Europea ha confirmado que nuestros edificios emiten el 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El sector de la construcción consume el 50% de los recursos naturales, el 40% de la energía y genera el 35% de los residuos

La arquitectura camina desde hace años hacia la sostenibilidad buscando minimizar el impacto medioambiental de las edificaciones. Pero, más recientemente, se ha comprendido que esto no es suficiente. Y es que este tipo de arquitectura sostenible no ha abandonado aún el nicho de las construcciones “estáticas” y, como indica el arquitecto William McDonough, “los edificios deben funcionar como árboles y las ciudades como bosques”. Ya no se trata de imitar sino de integrar, construyendo edificios autosuficientes y ecológicos que restauren, renueven y revitalicen los materiales y fuentes de energía empleados tradicionalmente. Es lo que se conoce como arquitectura regenerativa.

Un ejemplo claro de lo que esta disciplina puede lograr tiene que ver con la reducción de emisiones de CO2, ya que convierte los propios edificios en instrumentos que absorben dichos gases. Esto se consigue incorporando al mismo una considerable masa vegetal, principalmente compuesta por césped y diversos arbustos tupidos. Una medida que además permite reducir las altas temperaturas en el edificio, mejorando así la eficiencia y estrechando la conexión directa con la naturaleza de las personas que lo habiten.

Si hablamos del consumo energético y de recursos todo consiste en sustituir edificios consumidores por edificios productores. Las posibilidades son múltiples: desde la instalación de paneles solares que generen energía verde al uso de materiales de construcción restaurados o la plantación de jardines comestibles, una nueva tendencia de cultivo ecológico de todo tipo de vegetales, frutos, hierbas aromáticas y flores, que puedan ser cuidados por los habitantes del edificio reforzando su concienciación ecológica y facilitándoles una fuente de alimentación sana.

La arquitectura regenerativa logra que los edificios funcionen como árboles y las ciudades como bosque

La Universidad Mexicana del Medio Ambiente (UMA), diseñada por el arquitecto Oscar Hagerman y operativa desde 2014, es pionera en la aplicación de esta arquitectura regenerativa. El complejo cuenta con cubiertas vegetales que proporcionan aislamiento térmico; medios de captación pluvial, para abastecer los sistemas sanitarios y de reciclaje de aguas para el riego; o viveros y jardines comestibles en las inmediaciones. Además, en su construcción sólo se emplearon materiales naturales de bajo impacto ecológico cuyo sobrante se reutilizó, mezclado con estiércol, para el revestimiento de sus muros. Así, esta universidad convierte su propio espacio en una lección en vivo para sus estudiantes.

Un ejemplo más ambicioso de arquitectura regenerativa es el proyecto para la nueva Torre Pirelli de Milán, diseñado por el arquitecto Stefano Boeri, que ya ha realizado con gran éxito edificios similares. Se trata de un rascacielos con 1.700 metros cuadrados de vegetación en su fachada, pensado para absorber 14 toneladas de CO2 y producir nueve toneladas de oxígeno por año. Además, este edificio cubrirá el 65% de sus necesidades totales de electricidad a través de paneles solares. El propio Stefano Boeri asegura que el nuevo edificio “equivale a instalar un bosque de 10.000 metros cuadrados en el centro de Milán”.

Son ejemplos de peso que nos obligan a profundizar en esta corriente de la arquitectura regenerativa como vía ineludible para asegurar la imprescindible sostenibilidad de los recursos naturales y para volver a conectar las ciudades con la naturaleza.