Autor: Red2030

La brecha salarial, un poco más cerca de cerrarse

En los últimos tres años, la humanidad se ha enfrentado a una crisis fija discontinua. Una crisis detrás de otra. Todo comenzó con el estallido de la covid-19, después con la guerra iniciada por Rusia contra Ucrania y, ahora, continúa con una inflación que a nivel mundial tocó techo en 2022, cuando se posicionó en el 8,8%.

Además, la zona euro terminó el año pasado con una escalada de precios desorbitada, que alcanzó el 10,6%, una cifra récord que no se había visto desde 2005. Todos estos factores han sido el cóctel perfecto para hacer aún más mella en el bolsillo de los ciudadanos. Tanto en los ingresos como en la pérdida del poder adquisitivo. Por primera vez en lo que llevamos de siglo, el salario a nivel mundial ha comenzado a disminuir.

Sin embargo, contra todo pronóstico, se ha producido la increíble paradoja de empezar a reducirse la brecha salarial en al menos 13 países en los últimos años. Así figura en el último informe presentado por la Organización Mundial del Trabajo (OIT) El impacto de la inflación y de la covid-19 en los salarios y el poder adquisitivo. Según indican, la diferencia entre el salario que percibe un hombre frente al que percibe una mujer por el mismo trabajo realizado en 13 de los 22 países analizados a nivel mundial está cada vez más cerca de cerrarse. En este caso, España no ha sido incluida en el análisis.

Desigualdades laborales entre hombres y mujeres 

A nivel mundial, las mujeres cobran menos que los hombres y se ven relegadas a un segundo plano en diversos ámbitos de la vida. Donde más se notan estas diferencias es en la esfera laboral.

A nivel mundial, las mujeres cobran un 20% menos que los hombres

Todo comienza nada más intentar acceder a un empleo. De base, ellas ya lo tienen más difícil, y concentran una mayor tasa de paro que los hombres. La situación no mejora cuando consiguen un trabajo. O bien suele ser peor remunerado o bien es a tiempo parcial, tal y como explican desde la OIT. A esto se suma que son ellas las que solicitan más excedencias que ellos para poder dedicar parte de su vida a cuidar a los hijos o a otros familiares.

Por si todo esto fuera poco, para los trabajos donde tanto los hombres como las mujeres desempeñan la misma función, ellas cobran un 20% menos de media, según señala la OIT. La Organización de las Naciones Unidas eleva la cifra mundial al 23% y advierte que, si no se ponen medidas para batallar contra esta desigualdad, no será hasta el año 2086 cuando esta brecha pueda cerrarse realmente.

En el informe de la OIT, los expertos consideran que hoy en día “las diferencias salariales entre hombres y mujeres siguen siendo elevadas en todos los países y regiones” y que “es necesario redoblar los esfuerzos para hacer frente a las desigualdades de género en el mercado de trabajo”. Es por ello que cada 22 de febrero se celebra el Día Mundial por la Igualdad Salarial.

En algunos países la diferencia ha disminuido

Eso sí, hay países donde la brecha cada año se encuentra un paso más cerca de cerrarse. Si se comparan los salarios entre hombres y mujeres de 2019 con respecto a los de 2021 (últimos datos disponibles), la diferencia salarial ha disminuido en 13 de los 22 países analizados a nivel mundial. Así, aunque estos no son los países en los hay menos desigualdad del mundo, sí son en los que el cierre de la propia brecha se ha notado más. El listado lo encabezan Panamá, México y Perú donde la brecha salarial ponderada ha disminuido un 7,49%, 5,58% y 5,12%, respectivamente. Al otro lado de la balanza, donde las diferencias han aumentado, se encuentran Paraguay (6,28%), seguido de Vietnam (4,39%) y Filipinas (2,91%). Estos son los que componen el listado de los nueve países restantes donde las diferencias han crecido.

Las diferencias salariales varían mucho entre países y sectores. Los datos a nivel mundial de la OCDE permiten determinar en qué lugar del mundo hay una mayor brecha salarial. La mediana en la UE es de 10,3%. A la cabeza se encuentra Corea, con un 30%, seguida de Israel (24%) y Japón (22%). En el otro lado se sitúan Bulgaria (2,6%), Rumanía (3,3%) y Bélgica (4%).

En países como Panamá, México o Perú la brecha salarial ha disminuido

No obstante, estos datos deben ser tomados con precaución porque, aunque el concepto de brecha salarial no cambia, sí lo hace la forma de medirla y, por lo tanto, los porcentajes varían dependiendo de la población estudiada.

En el listado de la OCDE figuran los salarios medianos de los trabajadores a tiempo completo. Es decir, no incluyen los trabajadores autónomos y a tiempo parcial, por ejemplo. Y, además, no han usado la media (otra forma de medir la brecha salarial, donde se suman todos los valores y se dividen entre el número total de estos) sino la mediana, el valor central que resulta después de ordenar los salarios. Tal y como explica Josu Mezo, profesor de Sociología, en el artículo ‘¡Muera la media, viva la mediana!: “La mediana suele ser un valor más representativo que la media en el sentido de que es un valor más cercano al de la mayoría”. Así, los salarios de altos directivos, que suelen ser muy elevados, no “estirarían” tanto esa brecha salarial.

Además, para hacer una radiografía completa es necesario tener en cuenta la tasa de incorporación de las mujeres al mercado laboral. En algunos países como en Rumanía el porcentaje de mujeres asalariadas es del 77% frente al 91% de Francia.

En España aún queda camino por recorrer

En el caso de España, las mujeres cobran alrededor de un 18% menos que los hombres de media. Aquí, para hacer los cálculos, se incluyen los salarios más elevados y los más bajos de la población. Los últimos datos del INE, actualizados a 2020, demuestran cómo la brecha va cerrándose tímidamente a lo largo de los años.

El último informe de CCOO, Por hacer más ganamos menos, ha hecho estimaciones actualizadas a 2023 y, según sus cálculos, el salario medio (y no mediano) anual del empleo de los hombres es de 27.322 euros frente a los 22.601 euros que perciben las mujeres.

Pese a esta desigualdad, la brecha aquí también está más cerca de cerrarse. Para CCOO el aumento del Salario Mínimo Interprofesional tiene mucho que ver en ello. Aseguran que la subida de los últimos años ha mejorado la situación de aquellos trabajadores con los salarios más bajos.

Ante los datos, desde la OIT proponen que una manera de combatir esta desigualdad es hacer públicos los sueldos de los empleados. “La transparencia salarial puede proporcionar a los trabajadores la información y las pruebas que necesitan para negociar las tarifas salariales y proporcionarles los medios para impugnar una posible discriminación salarial”, concluyen.

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¿Cómo se construye una 'smart city'?

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Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para alcanzar esa meta de cara a 2030 es imprescindible rediseñar las urbes y convertirlas en espacios más eficientes energéticamente, con un sistema de movilidad eléctrica más accesible y unas infraestructuras pensadas para todos los ciudadanos.

Los peligros del aire contaminado

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European Green Deal: ambicioso pero realista

green

Convertir a Europa en líder de la lucha contra la emergencia climática. Con este ambicioso objetivo, la Comisión Europea se ha estrenado hoy ante el Parlamento Europeo en su primer acto político. Con mucha expectación, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, acompañada del vicepresidente, Frans Timmermans, ha presentado su prometido European Green Deal. Se trata de una hoja de ruta que pretende guiar a Europa para que dé el salto a la era postcarbono y se convierta en el primer continente neutro en emisiones de carbono en 2050.

 “El objetivo del European Green Deal es reconciliar nuestra economía con el cuidado del planeta, es algo que debemos a nuestros hijos”. Von der Leyen ha iniciado así la presentación de este paquete legislativo al que ha descrito como la nueva estrategia de crecimiento de la Unión Europea. ¿Su objetivo? Transformar la economía europea de manera que garantice un futuro sostenible para la región y el conjunto de sus ciudadanos.

“Con este plan vamos hacia cotas más altas. Los europeos nos están pidiendo un cambio y depende de nosotros responder a ese llamamiento”

Ursula von der leyen

Pero la presidenta ha sido clara: “Este pacto no solo consiste en reducir emisiones. También se trata de impulsar la innovación, modernizar el transporte y promover un estilo de vida saludable”. En concreto, ha anunciado que este pacto verde se articulará a través de ocho ejes de acción principales: incrementar la ambición climática con horizonte 2030 y 2050; garantizar el suministro y la producción de energía limpia, asequible y segura; movilizar a la industria por una economía circular y limpia; fomentar la construcción y la renovación de edificios eficientes; conseguir un medioambiente con polución cero; preservar y restaurar los ecosistemas y la biodiversidad; impulsar un modelo agroalimentario justo y saludable; y acelerar el cambio a una movilidad inteligente y sostenible.

Von der Leyen ha afirmado que este plan se concretará en un paquete de medidas que verán la luz en los próximos dos años y para cuya ejecución plantea movilizar 100.000 millones de euros entre 2021 y 2027. Para la presidenta, “se trata de una hoja de ruta ambiciosa pero también prudente y realista”, en cuyo planteamiento han tenido en cuenta el impacto social y económico de cada una de las medidas. En este sentido, la Comisión ha diseñado el European Green Deal que implique a todos de manera justa. “La solidaridad en esta transición es esencial porque todos debemos ser parte del cambio. Por eso pondremos en marcha un Fondo de Transición justa con financiación pública y privada”, ha declarado Von der Leyen.

La presentación de este plan ha sido aplaudida por los europarlamentarios. Mañana será presentado a los líderes en el Consejo Europeo y el vicepresidente Frans Timmermans lo llevará a la COP25 que se celebra hasta este viernes en Madrid.

Conoce el Europea Green Deal en este enlace.

Los principales hitos del European Green Deal

 

1. Incrementar la ambición climática de la Unión para 2030 y 2050

El objetivo de la Comisión es alcanzar la neutralidad climática en 2050. Para ello, el órgano ejecutivo de la Unión propondrá una Ley Climática Europea en marzo de 2020. Un poco más tarde, en verano, verá la luz un plan integral para aumentar el objetivo de reducción de emisiones al menos al 50% para 2030. Para ello, antes de junio de 2021 se revisarán todas las políticas que sean relevantes para lograr este plan de acción climática.

2. Garantizar una energía limpia, asequible y segura

La descarbonización del sistema energético es crítica para alcanzar los objetivos climáticos en 2030 y 2050. En este sentido, la Comisión podrá el foco, a través de medidas y directivas concretas, en las siguientes prioridades: interconectar los sistemas energéticos; integrar las fuentes de generación renovable en la red eléctrica; promover tecnologías innovadores e infraestructuras modernas e inteligentes; impulsar la eficiencia energética y el diseño ecológico de productos; descarbonizar el sector del gas; empoderar a los consumidores y reducir la pobreza energética; desarrollar el potencial de energía eólica de Europa. Los Estados miembro tendrán un papel protagonista y deberán actualizar sus planes nacionales de Energía y Clima en 2023 para que reflejen la nueva ambición climática.

3. Movilidad a la industria para lograr una economía circular y limpia

La neutralidad climática solo será posible si el sector industrial se moviliza por completo. Por eso, en marzo de 2020, la Comisión adoptará una estrategia industrial para lograr la descarbonización del modelo productivo, aprovechar el potencial de la transformación digital y lograr una economía circular. En esta línea, la Comisión presentará una política de productos sostenibles, que priorizará la reducción y la reutilización de los materiales.

4. Fomentar la construcción y la renovación eficiente de edificios

La construcción, uso y renovación de edificios requiere de importantes recursos energéticos. Por este motivo, la Comisión propondrá una nueva iniciativa de renovación de edificios públicos y privados en 2020 para promover la eficiencia energética.

5. Conseguir un medioambiente con polución cero

Para proteger a los ciudadanos europeos y a los ecosistemas del continente, el organismo europeo adoptará un plan de acción para acabar con la contaminación y prevenir la contaminación del aire o el agua.

6. Preservar y restaurar los ecosistemas y la biodiversidad

Los ecosistemas ofrecen alimento, agua, aire limpio y cobijo, y ayudan a mitigar los desastres naturales y a regular el clima. Por eso, una de las prioridades de la Comisión es la protección de los ecosistemas. Con este objetivo, en marzo de 2020, el Ejecutivo presentará su Estrategia de Biodiversidad y, meses más tarde, en el marco de la Conferencia de la ONU del mes de octubre, la Unión Europea propondrá un objetivo global de protección de la biodiversidad.

7. Impulsar un modelo agroalimentario justo y saludable

Otra de las prioridades de la presente Comisión es apoyar al sector agroalimentario de la región. Con este fin, en la primavera de 2020, dará a conocer una estrategia que englobe una serie de medidas para garantizar que todos los europeos se alimentan de forma saludable y asequible, al tiempo que se combate el cambo climático, se protege el medioambiente, se preserva la biodiversidad y se incrementan los cultivos orgánicos.

8. Acelerar el cambio a una movilidad inteligente y sostenible

El transporte supone un cuarto de las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea. La Comisión es consciente de que para lograr la neutralidad climática, el sector del transporte debe sufrir una profunda transformación. Para impulsarla de manera justa, el año que viene se activará una estrategia para fomentar la movilidad sostenible e inteligente.

Conoce todas las medidas y la hoja de ruta en este enlace.

Consumidores responsables, el faro de la transición energética

consumidor

A estas alturas, pocos negarán que estamos ante una emergencia climática que, si verdaderamente queremos detener, nos obliga a actuar de inmediato. Los expertos en la materia calculan que nos quedan 11 años para prevenir que los estragos del calentamiento global sean irreversibles. Con ese margen de tiempo, la solución no es fácil pero tampoco imposible. La transición hacia un modelo energético más sostenible es imprescindible y requiere de la implicación de todos los agentes sociales, incluidos los consumidores. Precisamente son ellos los que tienen el deber de ocupar la posición central en este cambio de paradigma.

Desde el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) señalan que el ciudadano está llamado a jugar un papel protagonista en la transición energética. No obstante, aunque un estudio publicado por la OCU y NESI sostiene que el 73% de los españoles ya toma decisiones de consumo por motivos sostenibles, el documento también indica que la falta de información sigue siendo la principal barrera que se encuentran los ciudadanos a la hora de tomar decisiones más responsables.

 

 

Precisamente con el objetivo de hacerles llegar las herramientas que tienen en su mano para realizar un consumo responsable, hace nueve años Red Eléctrica de España puso en marcha la exposición itinerante Una autopista detrás del enchufe. La electricidad de la central a tu casa, que este jueves llega hasta A Coruña, donde podrá visitarse en los próximos meses. “Diseñamos esta muestra para abordar el sistema eléctrico desde una perspectiva global, con la certeza de que un consumidor informado es un consumidor responsable. La sostenibilidad nos compete a todos”, afirma Fátima Rojas, directora corporativa de Sostenibilidad y Relaciones Externas del Grupo Red Eléctrica.

Con este propósito, la exposición plantea al visitante un viaje didáctico y ameno centrado en dos grandes pilares: el funcionamiento del sistema eléctrico y las bases del consumo responsable. En el primer caso, detalla cómo se produce, transporta y distribuye la electricidad, es decir, cuál es el camino que recorre la energía desde que se genera hasta que llega a todos los hogares. En este sentido, la exposición da cuenta del rol protagonista que Red Eléctrica juega en este engranaje.

Como operador y transportista del sistema eléctrico español, la compañía actúa como facilitador de la transición energética. ¿Cómo lo hace? A través de grandes líneas de acción como son la integración de energías renovables, la operación del sistema garantizando su seguridad y calidad, el refuerzo de las interconexiones, la promoción de la eficiencia energética a través de medidas de gestión de la demanda y redes inteligentes, el impulso de la movilidad eléctrica y la apuesta por la innovación tecnológica, entre otras.

 

 

Una vez que el visitante ya tiene en su mano el ABC del sistema eléctrico, pasa al siguiente nivel de la exposición, donde se le ofrecen las herramientas necesarias para convertirse en un consumidor responsable. En concreto, la muestra le ilustra sobre cómo la sociedad usa la electricidad y los efectos que tienen sus hábitos de consumo y le ofrece recomendaciones para realizar un uso racional de la energía.

¿Dónde y cómo sumergirse en este viaje energético?

Esta semana, la iniciativa llega a A Coruña después de haber recibido más de un millón de visitas en su paso por 10 ciudades españolas. Buena parte de la culpa de este éxito la tiene el diseño y los materiales que emplea la exposición, caracterizados por el lenguaje sencillo y la interactividad (videos, paneles, gráficos, pantallas táctiles, juegos y espacios multimedia) y… el bajo consumo. La exposición utiliza elementos de iluminación eficientes y realiza una contabilización de su consumo total. No podía ser menos.

En 2014, Red Eléctrica se ganó el reconocimiento de la Dirección General de Energía de la Comisión Europea que destacó la iniciativa como una de las cinco mejores prácticas de comunicación de los transportistas y operadores de los sistemas europeos.

Sigue en directo la presentación del European Green Deal

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“Vamos a embarcarnos en una transformación que va a revolucionar cualquier ámbito de nuestra sociedad y de nuestra economía. Y lo haremos porque es lo correcto, aunque no será fácil (…) La protección del planeta es el área en la que el mundo más necesita del liderazgo de la Unión Europea”.

Con estas palabras, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, introducía en su discurso de investidura la posición del nuevo Ejecutivo comunitario en la lucha contra el cambio climático. La presidenta anunció que en sus primeros 100 días en el cargo presentaría su estrategia política para convertir a Europa en líder de la transición hacia una era postcarbono.

->Síguelo en directo en este enlace: https://audiovisual.ec.europa.eu/en/

El European Green Deal o Pacto Verde Europeo, que está llamado a ser uno de los seis pilares estratégicos de su mandato, se presenta hoy en un pleno extraordinario del Parlamento Europeo. La presidenta von der Leyen y el vicepresidente Frans Timmermans, responsable de la acción climática de la región, detallarán las principales líneas del plan cuya hoja de ruta se conocerá en 2020.

Según los últimos datos recogidos por los medios de comunicación, el European Green Deal pretende convertir a Europa en el primer continente neutro en emisiones de carbono. Y lo hará ampliando los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, fijándolos en el 50% o el 55%, muy por encima del límite actual del 40%. La propuesta de von der Leyen recoge así el testigo de la Eurocámara, que declaró hace unos días la emergencia climática en la región y urgió a la recién investida Comisión a fijarse metas ambiciosas.

Plenamente alineado con el Acuerdo París y con el firme propósito de llevarlo a término, el European Green Deal pondrá el foco en la transición energética y la descarbonización de la economía europea, para lo cual impulsará la transformación de sectores como el transporte o la agricultura, fomentando la economía circular y la protección de la biodiversidad.

Pero esto no ocurrirá a cualquier precio. Desde el primer minuto, von der Leyen ha dejado claro que la transición debe ser justa para llegar a buen término. “Lo que es bueno para nuestro planeta debe ser bueno también para los ciudadanos, las regiones y la economía. Por eso debemos garantizar que esta transición es justa, que no deja a nadie atrás”, ha adelantado la presidenta. En su discurso inaugural anunció que crearía un Fondo de Transición Justa para ayudar a las regiones dependientes del carbón a dar el salto a la nueva era.

La expectación es máxima. Con el European Green Deal, el Viejo Continente asume de nuevo un lugar protagonista en la historia como un poder normativo global.

El futuro tiene nombre de mujer (rural)

mujeres rurales

En el planeta hay 3.764 millones de mujeres. Es decir, son el 49,6% de la población. La mitad del mundo. De ellas, las mujeres rurales representan más de un tercio de la población mundial y el 43% de la mano de obra agrícola, según las últimas cifras de la ONU. Sin embargo, ellas también son algunas de las que más sufren la desigualdad: por ejemplo, menos del 13% de las propietarias de las tierras de cultivo son mujeres. Además, como alertan desde Naciones Unidas, las mujeres rurales también tienen un 38% menos de posibilidades de dar a luz asistidas de forma profesional que sus congéneres en zonas urbanas en países de ingresos bajos o, en el caso de las niñas rurales, el doble de posibilidades de casarse que otra que viva en zonas urbanas de algunos países africanos, latinoamericanos y caribeños. Desde la FAO apuntan, asimismo, que «las mujeres rurales son exponencialmente más vulnerables y están más marginadas», por ejemplo, en el acceso a los recursos, la educación y la atención médica, y que también sufren una «discriminación sistemática» que agrava sus situaciones de pobreza.

«Las zonas rurales ofrecen unas condiciones de vida específicas en debido al del reducido tamaño de los núcleos de población y de la dispersión del poblamiento. Para las mujeres, que siguen siendo las principales responsables de los trabajos de cuidado, esto supone una carga añadida, ya que la asignación prioritaria de la responsabilidad de cuidadoras, unido a la escasa oferta de servicios y a la precariedad del transporte condiciona su acceso al mercado laboral, a la formación, a los puestos de decisión, y en definitiva dificulta el camino a la obligada igualdad entre mujeres y hombres», explica Ana Sabaté Martínez, profesora de Geografía Humana en la Universidad Complutense de Madrid en el dossier Mujeres y mundo rural: nuevos y viejos desafíos elaborado por Fuhem.

En nuestro país, la sangría demográfica del interior peninsular es uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos. Ahora que el concepto de España vaciada ha sustituido al de España vacía, el papel de las mujeres es fundamental para garantizar la permanencia de los servicios y del futuro de los pueblos. «Todavía hoy, al hablar del medio rural, se vislumbra el retrato de una sociedad que gira en torno a lo agrario. Un retrato que se aleja mucho de la realidad actual en España y en la mayor parte del mundo. Esas evocaciones, más que un reconocimiento de la importancia de la agricultura y la ganadería, son simplificaciones estereotipadas que invisibilizan la complejidad de la propia actividad agraria y del entramado productivo y social que existe actualmente en los territorios rurales», explica en el mismo informe Fátima Cruz, profesora de Psicología Social de la Universidad de Valladolid.

Las mujeres rurales tienen un 38% menos de posibilidades de dar a luz asistidas de forma profesional

Entre las iniciativas presentadas por instituciones públicas y privadas para hacer frente al problema de la despoblación y apoyar la igualdad de las mujeres en el mundo rural, Red Eléctrica firmó este año un convenio con la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur), un primer paso para sentar las bases de una futura colaboración entre ambas entidades. «A partir de aquí firmaremos acuerdos específicos para las acciones concretas que desarrollemos en el futuro», explicó Teresa López, presidenta de Fademur, que indicó que las primeras beneficiarias del acuerdo serán las emprendedoras que participan en la lanzadera Ruraltivity y todas aquellas mujeres que vivan en el medio rural. Como expresaron ambas entidades, la colaboración tiene como objetivo final de «contribuir a mejorar la igualdad de género y la sostenibilidad en nuestro país» y contará con el seguimiento de una comisión constituida con paridad de representantes de ambas entidades. Por parte de Red Eléctrica, los responsables indicaron que, con esta firma, se avanza en su «compromiso con la igualdad de género» y se trabaja de forma activa en un gran número de actuaciones que contribuyen de manera positiva al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con los que la compañía ha mostrado su compromiso en reiteradas ocasiones. «El testimonio de las mujeres es ver lo de fuera desde dentro. Si hay una característica que pueda diferenciar el discurso de la mujer, es ese encuadre», decía la escritora Carmen Martín Gaite. Y, desde los núcleos pequeños, con pocos habitantes, las mujeres rurales también son capaces de ver un mundo más justo para todos.

Cómo diseñar una ciudad (energéticamente) inteligente

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"La humanidad se enfrenta al colosal reto de acoger a más de dos mil millones de personas extra en las ciudades en 2050, lo que equivale a crear metrópolis del tamaño de Londres o San Francisco cada mes durante las próximas dos décadas". El Foro Económico Mundial reconoce así la titánica labor a la que tendrán que enfrentarse las grandes urbes en los próximos años para, según se especifica, "dar alojamiento, alimento y trabajo a toda esa gente, las ciudades tendrán que hacer más con menos, tendrán que ser más inteligentes, más verdes y más eficientes". Según Naciones Unidas, en poco más de treinta años la población de las ciudades equivaldrá a la población mundial que había en 2002. Ante este escenario, la innovación se plantea como única vía posible para dar cabida a los nuevos habitantes y a las nuevas estructuras sociales.

En la actualidad, las grandes ciudades están pensadas y diseñadas para los coches. Basta fijarse en los grandes ejes principales de las ciudades, que suelen ser vías con poco espacio para el peatón. Así se idearon las primeras urbes modernas, pero nuestra forma de vida y de entender el entorno ha cambiado radicalmente desde entonces. Ahora, las administraciones buscan adaptarse a las nuevas realidades reestructurando las metrópolis para hacerlas más humanas, más sostenibles e inteligentes. Por ello, la Comisión Global sobre el Futuro de las Ciudades y el Urbanismo del Foro de Davos ha recogido diez iniciativas ya en marcha que están demostrando que las ciudades pueden mejorar la vida de sus residentes a la vez que impulsan de manera sostenible el desarrollo económico.

Del estudio de todos los proyectos, la comisión global extrae cuatro principios fundamentales que se erigen como estrategia sobre la que se deberían cementar todas las soluciones innovadoras para combatir problemas urbanos tan complejos como los altos índices de precariedad, la infravivienda o la gentrificación. En primer lugar, las metrópolis sostenibles del futuro deben fundamentarse en el despliegue de todos los recursos infrautilizados –la economía circular entra aquí en juego: reutilizar, reciclar y suprarreciclar; dándole nuevos usos a los edificios vacíos, por ejemplo–. Pero también en la reducción de los picos de consumo de energía con tecnología que permita gestionar mejor ese 20% de la capacidad energética que permanece inactiva durante la mayor parte del día. Además, el rediseño de las pequeñas infraestructuras cobra en las ciudades del futuro más relevancia que nunca: añadir más (y mejor pensados) carriles bici, fomentar iniciativas de movilidad (ya sean bicicletas, patinetes, coches o motos) compartida o proyectos de siembra de árboles y vegetación adecuada que ayuden a combatir los problemas de contaminación. Todo sin olvidar la importancia de la innovación tecnológica, de servicios y de gobernanza centrada en las personas que no debe entenderse como un fin en sí mismo, sino como un medio para dar forma a la urbe y mejorar las vidas de la ciudadanía en su conjunto, sin hacer distinciones por edades o capacidades.

Asimismo, una ciudad (energéticamente) inteligente ha de gestionar no solo la energía, sino también el agua, los residuos y el resto de los recursos, de manera sostenible. En este aspecto, la gestión eficiente del agua es uno de los grandes desafíos que se derivan del cambio climático y de la sobrepoblación de las urbes. Así, sistemas como el waternet o el internet de tuberías se presenta casi como una obligación para cualquier ciudad inteligente. Estos modelos de gestión de agua inteligentes usan sensores en las cañerías que monitorizan el flujo y gestionan el ciclo del agua completo, proporcionando agua sostenible para cubrir tanto las necesidades humanas como las ecológicas. Su éxito es tal que la localidad de Queensland, en Australia, ha conseguido reducir sus pérdidas de agua en mil millones de litros en tan solo un año, es decir, se ahorró 1,9 millones de dólares gracias a un sistema inteligente de gestión.

En esta línea, existen ya proyectos de cogeneración (co-generating), cocalefacción (co-heating), corefrigeración (co-cooling) e instalaciones de captura de CO2 compartido que mejoran la eficiencia de los edificios al aprovechar el calor que se desperdicia al generar energía para calentar o enfriar los hogares. Con todo, cada nueva iniciativa que convierte los núcleos urbanos en lugares más amables y sostenibles hace que las ciudades inteligentes ya no formen parte de un futuro distópico, sino de una realidad cada vez más consolidad.

Diez apuntes sobre la transición energética

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La transición energética es imparable. A finales de 2018, 169 países se habían comprometido ya a cumplir diferentes objetivos energéticos a nivel nacional o regional para pasarse a las renovables. Siguiendo su estela, cada vez son más las instituciones y empresas privadas que apuestan por las energías verdes. A continuación, repasamos 10 claves para entender la importancia de una transición que, si es socialmente justa y no deja a nadie por el camino, podría (y debería) cambiar el futuro del planeta.

1. Abrazar las renovables supondría una reducción del 70% de emisiones de CO2

Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), una rápida adopción de las renovables en todo el mundo podría hacer que los niveles de emisiones de dióxido de carbono cayeran hasta un 70% respecto a los niveles actuales. La agencia asegura que, dentro de treinta años, en un planeta con diez mil millones de habitantes y megaciudades hiperpobladas, “con una combinación de energía renovable competitiva en costos, eficiencia energética y sistemas digitales, las emisiones de CO2 podrían ser mucho menores que en la actualidad”. Aun así, para cumplir con el Acuerdo de París habría que adoptar las renovables a un ritmo seis veces más rápido que el actual.

2. Cada año se crean millones de puestos de trabajo relacionados con las renovables

Según IRENA, el pasado año se crearon en todo el mundo once millones de empleos directamente relacionados con las energías verdes. Además, en un estudio elaborado por la agencia se asegura que la transición energética proporcionará una mejora del 2,5% del PIB y un aumento del 0,2% en el empleo mundial en comparación con permanecer en el sistema actual.

3. Cerca de 840 millones de personas carecen aún de acceso a la electricidad

Uno de los principios básicos de la transición energética es la electrificación del planeta. Una condición que, según Naciones Unidas, debe ir de la mano de un acceso universal a las energías limpias y rentables. El Informe sobre el progreso del ODS 7 de 2019, realizado por la Agencia Internacional de la Energía (IEA), IRENA, la ONU, el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud (OMS), considera imprescindible lograr que las poblaciones más empobrecidas del planeta sean capaces de mejorar el despliegue y acceso de sus fuentes de energía de manera sostenible. Parece que vamos por el buen camino, aunque aún queda mucho por hacer: en 2010, 1.200 millones de personas carecían de electricidad en sus hogares; en 2017 –último año analizado– la cifra se reduce a 840 millones. Ahora, uno de los mayores retos es el de conseguir la electrificación de las zonas rurales, especialmente en los países más empobrecidos.

4. Casi 3.000 millones de personas no tienen acceso a fuentes alternativas

Muy relacionado con el punto anterior: el acceso universal a la electricidad – procedente de fuentes renovables– evitaría que millones de personas se expusiesen a los gases nocivos que producen la madera y el carbón a la hora de quemarse en la cocina –sobre todo cuando esta se sitúa en un espacio cerrado y con poca ventilación–. Además, en el mundo hay 2.900 millones de personas que no tienen acceso a energías limpias (y seguras) para cocinar.

5. En las ciudades son los mayores focos de contaminación

Según el informe Escenario, políticas y directrices para la transición energética elaborado por la Fundación Renovables, en las ciudades, donde se concentra el 55% de la población, se consume el 75% de toda la energía producida y se generan el 80% de la contaminación mundial. Por ello, Naciones Unidas señala a las grandes ciudades como punto de partida: si las áreas metropolitanas del planeta no se suben al carro de las energías verdes difícilmente se podrá hacer frente a la crisis climática a la que nos enfrentamos.

6. Cada dólar invertido en la transición tendrá un retorno de entre 3 y 7 dólares

IRENA, en su estudio La transformación de la energía global: la hoja de ruta hacia 2050, estima que por cada dólar que se invierta en la puesta en marcha de la transición energética habrá un retorno, a medio-largo plazo, de entre 3 y 7 dólares. Esto se transformaría en un beneficio acumulado de entre 65 y 160 billones de dólares en todo el mundo.

7. En 2018 se invirtieron 272.900 millones de euros en nuevas instalaciones renovables

Sin tener en cuenta los grandes proyectos hidroeléctricos, un informe de Bloomberg NEF y del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) asegura que la cifra, a pesar de ser ligeramente menor que en el año anterior, es positiva. Además, explica que las inversiones en mejoras, investigación y desarrollo de energía limpias aumentó un 12% respecto a 2017, alcanzando los 7.600 millones de dólares. Se prevé que las inversiones sigan creciendo en los próximos años.

8. Suecia, Suiza, Noruega, Finlandia y Dinamarca, los países mejor preparados para la descarbonización

Al menos, así lo asegura el Informe del Foro Económico Mundial para la promoción de una transición energética efectiva. Les siguen de cerca Austria, Reino Unido, Francia, los Países Bajos e Islandia. El reto que se nos presenta por delante, como sociedad global, es conseguir que países como Haití (el último de la lista de los países más preparados para la transición), Sudáfrica, Zimbabue o Venezuela sean capaces de transitar hacia modelos energéticos mucho más sostenibles y descarbonizados.

9. La tecnología, una aliada esencial de la eficiencia energética

La tecnología es una de las palancas de cambio esenciales para frenar el cambio climático. Basta fijarse en cómo las nuevas tendencias tecnológicas, como el Internet de las Cosas o la tecnología blockchain, están transformando la forma de analizar la información y de optimizar la eficiencia energética. De hecho, según establece el Marco de Clima y Energía para 2030 de la Unión Europea, se espera conseguir una mejora de la eficiencia energética de al menos el 32,5% de cara a la próxima década. Para lograrlo se contempla una inversión de 10 mil millones de euros destinada al desarrollo de nuevas tecnologías que permitan generar o almacenar energía renovable y reducir el consumo de electricidad.

10. La movilidad eléctrica: el epicentro de las ciudades del siglo XXI

Cada vez más ciudadanos utilizan las nuevas modalidades de transporte que han aparecido en los últimos años: bicicletas, patinetes, y coches y motos compartidas han conquistado las calles de las grandes urbes. En la trasformación de las ciudades, donde se aglutina cerca del 55% de la población mundial, hay un claro protagonista: los vehículos eléctricos. Según datos del Observatorio Europeo de Combustibles Alternativos (EAFO), en lo que llevamos de 2019 se han matriculado 5.604 turismos eléctricos e híbridos enchufables. El dato refleja el auge de este tipo de vehículos, pero también que el crecimiento de este tipo de transporte demasiado lento debido a la (todavía) limitada capacidad de las baterías. Nuevas líneas de investigación aseguran que, en el futuro, los coches eléctricos no solo gozarán con suficiente autonomía, sino que permitirán generar, almacenar y compartir energía.

Con todo, los esfuerzos de los países europeos, que se han fijado el objetivo de reducir las emisiones de C02 de los coches en un 37% para 2030, están siendo titánicos. En nuestro país se calcula que para afianzar los vehículos eléctricos se deberían instalar 80.000 puntos de recarga de aquí a 2025. Una ambiciosa meta que garantizaría que los ciudadanos puedan desplazarse de una ciudad a otra de manera sostenible y sin que eso implicase renunciar a largos trayectos.