Esta Navidad quizá sea una de las más especiales que recordemos precisamente porque será una de las más extrañas que vivamos: algunos podrán reencontrarse con los suyos, pero habrá muchos otros que tendrán que conformarse por compartir la cena de Nochebuena por videollamada.
Pero hay algo que se mantiene constante esta Navidad y es el consumo exacerbado que la caracteriza y su consecuente volumen de residuos, una situación a la que debemos hacer frente entre todos para preservar la salud de nuestro planeta.
En diciembre los españoles duplicamos la basura diaria que generamos
Si los españoles generamos 1,4 kilos de basura al día de media en fechas normales, la cifra llega a duplicarse durante el mes de diciembre. Papeles de regalos, juguetes de plástico, comida en exceso… la lista es extensa. ¿Qué puedes hacer para que estas Navidades sean más sostenibles? Aquí van unos consejos.
Compra los alimentos navideños sin envase desechable
Aunque reciclemos, debemos evitar por todos los medios la generación de tanta basura. La base del cambio está en nuestros hábitos. En estas fechas el 43,2% de los españoles optan por comprar en supermercados e hipermercados, puntos de venta que suelen caracterizarse por conservar gran parte de sus productos en envases de plástico. Pensando las recetas navideñas con un poco más de antelación podemos acudir a tiendas tradicionales o mercados a adquirir todo lo que necesitemos. La ventaja: los alimentos son más frescos y fomentarás el comercio local. Y no te olvides de tus bolsas reutilizables y apuesta por el producto de temporada.
Calcula la cantidad de comida de forma realista
En Navidades tendemos a sobrecargar la mesa con comida muy copiosa. Aperitivos, entrantes, primer plato, segundo plato, tercer plato, postre, copas… Además de ser un reto para nuestro sistema digestivo, comprar y consumir alimentos en exceso no es nada sostenible, especialmente porque gran parte de los alimentos se desechan. Haz un cálculo de lo que realmente podéis consumir en tu hogar y planifica los menús -a ser posible, con comida de temporada - ya que así te será más fácil comprar solo lo estrictamente necesario. Si crees que aún así sobrará comida, siempre puedes hacer nuevos platos con ella y así ahorrarte un carro de la compra.
Cuidado con los adornos y el papel de envolver
Los contenedores a rebosar de papel de envolver son una imagen característica de las Navidades. Solo en España gastamos en esta época en torno a 70 km2 de papel de regalo. Por ello, además de apostar por el reciclaje, es importante tratar de buscar alternativas. En su lugar, puedes usar papel reciclado, cajas que tengas guardadas, periódicos viejos, bolsas reutilizables, sacos de yute o similares. ¡Lo que importa es el interior!
Solo en nuestro país gastamos alrededor de 70 km2 de papel de regalo al año
Los adornos navideños -incluido el árbol- también son una fuente importante de residuos plásticos. Una manualidad sostenible -que incluso puede ser divertida- es hacerlos a partir de materiales reciclados, como puedes ver aquí, y guardarlos para reutilizarlos el año que viene. En cuanto a las luces siempre recurre a modelos LED, que permiten un consumo energético más eficiente.
Evita la cubertería y vajilla de usar y tirar
No solo ahorramos bastante dinero utilizando la cubertería y vajilla que tenemos en casa en lugar de la desechable, sino que además le estamos haciendo un favor al planeta. Recuerda que los platos, cubiertos, vasos y pajitas de plástico tardan cientos de años en desaparecer. Si hay niños pequeños en la mesa que precisen de pajitas, es mejor utilizar las metálicas, ya que pueden utilizarse numerosas veces. A la hora de lavarlo todo, asegúrate de que el lavavajillas está completamente lleno para aprovechar el gasto de agua de la mejor forma posible. Si utilizas el grifo, no dejes el agua corriendo mientras enjabonas.
Regalos hechos a mano, en la medida de lo posible
El consumismo se dispara en las Navidades. Según The Guardian, más de 4.000 toneladas de productos vienen directos de China, desplazamiento que genera una gran huella de carbono. Además, tiramos 80.000 toneladas de ropa vieja para hacer sitio a la que llega cada Navidad. Como alternativa podemos apostar por productos locales y mirar hacia la compra de segunda mano: hay cientos de juguetes esperando por alguien que les dé una nueva vida. ¡Apuesta por la economía circular! También podemos intentar hacer nuestros propios regalos, siempre mucho más personales y sostenibles.
Publicado por Pelayo de las Heras 18 diciembre, 2020
La desigualdad de género es, aún hoy, uno de los principales obstáculos en el camino hacia el progreso social y económico y, si bien la violencia contra las mujeres radicada en esa desigualdad estructural es una de sus peores consecuencias, no es la única. A pesar de que en todo el planeta se están dando pasos hacia la igualdad de género la discriminación sigue erosionando nuestras sociedades de forma constante y, en ocasiones, imperceptible.
El mundo ha perdido hasta 160 mil millones de dólares de riqueza por la brecha salarial
Parte de esta fragmentación social se percibe especialmente en el ámbito laboral, sobre todo en lo concerniente a los salarios. Más allá de considerar la igualdad de género como un evidente imperativo ético, es preciso observarla también como una necesidad económica. Según datos del Banco Mundial, se han perdido hasta 160 billones de dólares de riqueza en todo el mundo debido a las diferencias de ingresos entre hombres y mujeres a lo largo de su vida.
No en vano, las mujeres ganan 77 centavos por cada dólar que ganan los hombres haciendo el mismo trabajo. Esto no ocurre tan solo en países menos desarrollados, sino también en países de nuestro entorno. Es el caso, por ejemplo, de Alemania, donde la diferencia salarial llegó al 49% en 2017, según datos de Naciones Unidas. Además, ONU Mujeres calcula que se tardarían alrededor de siete décadas en cerrar estas brechas.
Las mujeres ganan 77 centavos por cada dólar que ganan los hombres haciendo el mismo trabajo
La diferencia salarial provoca la desvalorización del capital humano, cuya riqueza, según el informe del Banco Mundial, “representa dos tercios de la cambiante riqueza de las naciones, muy por encima del capital natural y otras formas de capital”. En concreto, “las mujeres representan sólo el 38% de la riqueza en capital humano de sus países”.
La participación de las mujeres en la fuerza laboral se reduce
Otra de las dimensiones de la desigualdad en el ámbito laboral es el descenso de la participación laboral de las mujeres. Si comparamos los datos de los años 2000 y 2019, ésta ha bajado hasta tres puntos, pasando del 51% al 48%. Mientras tanto, las más de 1.500 reformas políticas que, según el Banco Mundial, se han efectuado durante los últimos 50 años no han logrado erradicar el problema por completo. Así, se siguen repitiendo patrones característicos de los tradicionales roles de género. Por ejemplo, el Banco Mundial estima que las mujeres dedican el triple de tiempo que los hombres a las prestación de cuidados sin remuneración, y entre una y cinco horas más al día a realizar trabajos no remunerados, como las tareas domésticas.
La relevancia estratégica de la igualdad de género la ha llevado a ser incluida dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU como el ODS 5. Si bien es cierto que el progreso ha sido innegable durante el último siglo, la igualdad sigue siendo un desafío.
Las soluciones, a simple vista, parecen muy sencillas. Así, las propuestas habituales son la inversión en educación, el uso de currículum vitae ciegos (es decir, que no revelen género o edad), la conciliación laboral y familiar o el fin de determinadas estructuras laborales heredadas del pasado, como es el hecho de que las mujeres ocupen mayoritariamente los puestos de menor cualificación. Sin embargo, poco se puede hacer a favor de la igualdad laboral sin un impulso legislativo. Sólo así es posible abordar el problema de manera integral al establecer una política pública con vocación de permanencia en el tiempo.
España inicia un cambio de rumbo
En España, mientras tanto, el timón comienza a girar con determinación: los dos reales decretos aprobados por el Gobierno de España durante el mes de octubre establecen medidas en el sector empresarial como la obligatoriedad de contar con un registro de retribuciones que permita aflorar situaciones de discriminacion salarial a las mujeres. Asimismo, se rebajará también de 250 a 50 trabajadores el umbral de una empresa por el cual es obligatorio registrar y aprobar un plan de igualdad.
Otros países de nuestro entorno, como Italia, también empiezan a tomar medidas concretas, como ocurre con la jubilación anticipada para las mujeres que hayan cumplido con el requisito de cotización. Se trata de una suerte de incentivo para completar una carrera laboral que, como sabemos, tradicionalmente ha estado plagada de un mayor número de obstáculos para las mujeres. No obstante, estas medidas requieren de una estrategia conjunta, esto es, un plan de acción global que ponga fin, definitivamente, a la discriminación que sufre la mitad de la población mundial. La pandemia de coronavirus ha supuesto un alto en el camino, pero no debe hacernos perder el rumbo. No debemos olvidar que, detrás del objetivo económico de la equidad laboral, nos guía, en esencia, el imperativo moral de la plena igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres.
Publicado por Pelayo de las Heras 15 diciembre, 2020
Mientras los efectos de la pandemia aún se dejan notar en términos económicos y sociales, el futuro parece comenzar a brillar con un tímido optimismo. Esto no solo tiene lugar por las primeras llegadas de las tan ansiadas vacunas, sino también porque el horizonte comienza a teñirse de color verde. La pandemia ha acelerado proyectos transformadores que ahora ven una oportunidad única de cambiar los pilares económicos y sociales a mejor.
Los bonos sostenibles ayudan a cumplir objetivos climáticos, ecológicos y económicos
Este es el caso de los bonos de sostenibilidad, cuya demanda parece crecer de forma imparable. Emisiones de deuda como éstas —es decir, intentos de captar fondos de los inversores con una devolución completa (con intereses) posterior— se hallan destinadas a la financiación de proyectos que guarden un carácter tanto ambiental como social. Casos así incumben a cualquier tipo de empresa: muestra de ello es una agencia de telecomunicaciones que, por ejemplo, emitiese un bono para la transformación de una red de cobre a una con un menor coste ambiental. Esto no solo ayudaría a cumplir ciertos objetivos climáticos y ecológicos sino también económicos. Se trata, por tanto, de inversiones con impacto no solo en la empresa sino también en el conjunto de la sociedad. Parte de las categorías que entran en esta clase de bonos son, por ejemplo, las energías renovables, la eficiencia energética, la gestión de recursos naturales y el uso de la tierra. Sin embargo, estos bonos se encargan también de promover infraestructuras básicas asequibles, acceso a servicios esenciales, la seguridad alimentaria o ciertos avances socioeconómicos.
El auge de los bonos sostenibles
Las repercusiones de financiaciones de este tipo son evidentes, asentándose como una de las múltiples bases con las que la Unión Europea —al igual que sus propios Estados miembro— pretende favorecer una transición ecológica y digital. Este es el caso de España, ya que según AFME se ha consolidado como el tercer mayor emisor de bonos sostenibles de Europa, tan solo por detrás de Francia y Holanda. Nuestro país ha llegado a incrementar las cifras nacionales de estas emisiones hasta en un 97% anual en el primer semestre de 2020 (una cifra que alcanza, aproximadamente, alrededor de 9.000 millones de euros en bonos verdes, también enfocados a resultados responsables en términos sociales y ambientales). Gran parte de responsabilidad tiene el Instituto de Crédito Oficial, cuya emisión pública de bonos sociales logró superar hasta en siete veces el propio importe de la transacción (es decir, que si la emisión se realizó por un valor de 500 millones, su demanda sobrepasó los 3.500 millones de euros). Una inversión destinada tanto a empresarios autónomos como a pymes, así como a muchos otros tipos de empresas españolas. El hecho de que estos bonos hayan sido usados en un contexto de crisis aporta toda su relevancia de una manera sutil. Basta citar las cifras que, según el Observatorio Español de la Financiación Sostenible (OFISO), se han emitido hasta septiembre con esta forma de deuda: 11.500 millones de euros.
España es el tercer mayor emisor de bonos sostenibles de Europa
Dentro del ámbito europeo, España aporta hasta un 12,6% de la financiación sostenible comunitaria, colocándose como una gran fuerza impulsora de la llamada «transición verde». En términos presupuestarios la Unión Europea invertirá más de un 30% del total, acercándose hasta los 60.000 millones de euros. Según la propia AFME, gran parte de esta clase de emisiones reflejan la existente preocupación social desatada por el coronavirus, ya que gran parte de estos bonos se dirigen en esta dirección. Tanto es así, que el 2020 es el año en el que ha tenido lugar un mayor número de emisiones sociales, cifrándose en un 27%.
España, décimo emisor de bonos verdes
Emisiones como estas también representan la oportunidad de adquirir beneficios que, por supuesto, también pueden ser colectivos. La inversión en sostenibilidad demuestra que es posible, a través de esta senda, conseguir una ventaja estratégica y competitiva: se trata de sumergirse en un horizonte que no solo es cada vez más visible sino, de hecho, implacable. Si, tal como hemos visto, el ecosistema no espera impasible, el bienestar social tampoco.
El futuro se atisba ya dominado por esta clase de inversiones: el Tesoro español prevé emitir bonos verdes en 2021, algo que hará crecer aún más los importes relacionados con emisiones de este calibre. Mientras tanto, España sigue consolidándose como un referente mundial: durante 2019, nuestro país fue el décimo emisor —a nivel global— de bonos verdes, tal y como afirma Climate Bonds Initiative. Otros indicadores de relevancia son, por ejemplo, las propias incursiones bancarias. La incorporación del BBVA a la Red de Bonos Sostenibles del Nasdaq es otro paso en esta dirección, ya que esta es, hoy por hoy, una importantísima red de información mundial acerca de estas emisiones.
“Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”, dicen en Amnistía Internacional cada vez que denuncian una violación de derechos humanos en el mundo desde su creación en 1961. En aquel momento, la Declaración Universal de los Derechos Humanos cumplía trece años, pero seguía en pañales. Hoy, 72 años después de que se aprobase, se ha avanzado sobremanera, pero no lo suficiente. Las violaciones de derechos humanos siguen estando a la orden del día: desde Europa al sudeste asiático o las profundidades de la sabana africana, pasando por la totalidad del continente americano o la isla más recóndita de Oceanía. A la espera de que se confirmen los datos finales de 2020 que, para ONG como Amnistía o Human Rights Watch, podrían ser catastróficos debido al desigual impacto del coronavirus, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas alerta del frágil estado de los derechos fundamentales en el mundo.“Recibimos tantas peticiones de ayuda al año que no damos abasto para responderlas todas”, recuerda Michelle Bachelet, la alta comisionada para los Derechos Humanos.
2020 ¿suspenso en derechos humanos?
Este año, Naciones Unidas recuerda que 235 millones de personas requieren de ayuda humanitaria. Es decir, un 40% más que el año pasado. “Es la perspectiva más sombría y oscura sobre las necesidades humanitarias que jamás se haya establecido”, explican desde la ONU y el Alto Comisionado para los Derechos Humanos en su Panorama Global Humanitario 2021. Además, añaden, si todas las personas vulnerables que necesitan ayuda urgente viviesen en un mismo país, este sería el quinto más grande del mundo.
Naciones Unidas recuerda que 235 millones de personas requieren de ayuda humanitaria
Mark Lowcock: “Podemos deshacer 40 años de progreso en 2021 o trabajar juntos para que todos encontremos una salida a esta pandemia”
Como culmen de las violaciones de derechos están las crisis humanitarias vividas en el mundo. Según la ONU, en Latinoamérica se necesitan paliar los efectos de los desastres naturales –como los huracanes Eta e Iota en América Central–, la pobreza y la violencia extrema, los desplazamientos forzosos o la inseguridad alimentaria. Esta última, cada vez más creciente, pasó del 22,9% en 2014 al 31,7% en 2019. Las crisis humanitarias en Siria y Yemen tampoco dejan indiferentes a nadie: hay al menos 20,6 millones de personas afectadas en el primero y 19 millones en el segundo. Todas ellas ven sus derechos humanos vulnerados a diario y se ven privadas de recursos básicos para poder desarrollar sus vidas. El coordinador humanitario de Naciones Unidas, Mark Lowcock, recuerda que “podemos dejar que 2021 sea el año de un gran retroceso –deshaciendo 40 años de progreso– o podemos trabajar juntos para asegurarnos de que todos encontremos una salida a esta pandemia".
Derechos humanos y cambio climático en Europa
En primavera de este año, el comisario europeo de Justicia, Didier Reynders, anunció el avance en una iniciativa legislativa obligatoria para todas las empresas con sede en Europa de debida diligencia en materia de derechos humanos y medio ambiente. Poco después, a finales de verano, se publicaba un avance con recomendaciones para una futura legislación común con el fin de proteger a las posibles víctimas de violaciones de derechos humanos allá donde las empresas europeas se encuentren. La Unión Europea pretende, así, forzar la aplicación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en todo el planeta.
La futura normativa europea, que se presentará en el primer trimestre de 2021, tiene como objetivo exigir a las empresas que respeten los derechos humanos y el medio ambiente en sus operaciones, pero también en sus cadenas de valor globales y dentro de sus relaciones comerciales. Además, pedirá a las empresas que identifiquen, detengan, prevengan, mitiguen y monitoreen los potenciales impactos adversos sobre los derechos humanos y el medio ambiente que puedan tener sus operaciones o sus cadenas de valor en todo el mundo. Una vez entre en vigor esta legislación, las corporaciones europeas serán responsables directas de cualquier impacto negativo en materia de derechos humanos y medio ambiente de todo su sistema de producción (desde las cadenas de valor hasta las relaciones comerciales).
Europa prepara una ley que exigirá a las empresas que respeten los derechos humanos y el medio ambiente en sus operaciones
Después de este anuncio, una docena de ONG se unieron para exigir a la Unión una legislación más ambiciosa y recordar a los países miembro que estarán vigilantes para, si fuese necesario, denunciar los abusos que las empresas cometan. En su petición alertan de que la Covid-19 ha conseguido que se rebajen los requisitos de protección medioambiental en el mundo, lo que, de mantenerse en el tiempo, podría suponer un grave retroceso en la lucha contra la emergencia climática.
La defensa y protección de los derechos humanos y de nuestro planeta es, como deja ver la iniciativa europea, tarea de todos. La sociedad civil, los Gobiernos y las empresas deben permanecer alerta para que estos no se violen y denunciar cualquier posible ataque a los derechos más fundamentales. 2020 puede ser un punto de inflexión en todo lo conseguido en las últimas décadas. Por eso, como Peter Benenson, fundador de Amnistía Internacional, decía, no podemos olvidar que “la vela no arde por nosotros, sino por todas aquellas personas que no conseguimos sacar de prisión, que fueron abatidas camino de prisión, que fueron torturadas, secuestradas o víctimas de desaparición. Para eso es la vela”. Y en 2021 tiene que seguir ardiendo, también por nuestro planeta y por los derechos de todos.
Lo que antes era un aluvión de compras en un solo país (Estados Unidos) y durante un solo día (que empezaba en la medianoche tras Acción de Gracias), ha llegado en el último lustro hasta nuestro país –como a muchos otros– y, con él, se han extendido prácticas perjudiciales para el medio ambiente que fomentan un consumo desmedido en un gran porcentaje de la población ya no sólo durante un día sino que se extienden en algunos casos al mes y se llega a hablar del Black November o noviembre negro.
Según un comunicado emitido el pasado día 25 de noviembre por Greenpeace se estima que este año durante el Black Friday ocho de cada diez personas en nuestro país comprarán online. Un auge del comercio electrónico sobre el que la ONG alerta: «El comercio electrónico nos ha facilitado la vida, sobre todo en tiempos de pandemia, pero a gran escala tiene un elevado coste ambiental. El sobreconsumo digital implica una extracción de recursos masiva y la generación de emisiones al producir los artículos y distribuirlos de un punto a otro del planeta, además de numerosos problemas para deshacernos de ellos. Consumir local en vez de apostar por gigantes del consumo, y solo cuando lo necesitemos, es la única solución», señalaba Alba García, responsable de la campaña de ciudades en Greenpeace España. Así, el impacto del llamado viernes negro en nuestro entorno es enorme si tenemos en cuenta que en España el año pasado se estima que se distribuyeron 3,5 millones de paquetes y 1,5 solo en la capital.
Ocho de cada diez españoles comprarán online este Black Friday
Comprar, tanto en tienda física como online, supone emitir gases de efecto invernadero y generar residuos. Si, por un lado, a nivel mundial se recomienda intentar no desplazarse para realizar compras, por otro, recibir muchos paquetes pequeños en casa de compras hechas a través de internet producen cantidades ingentes de plástico y cartón, además de que los cortos plazos de envío hacen que los transportistas no puedan planificar sus rutas de la manera eficaz y sostenible. Una manera de reducir el impacto que tienen tanto las compras online como los desplazamientos a los centros comerciales es acudir a las tiendas físicas para minimizar las emisiones contaminantes del transporte si se van a adquirir varios productos de diferentes lugares y, de paso, reducir embalaje. Si, por el contrario, se va a realizar una sola compra o en un solo establecimiento, internet puede ser la mejor opción.
Meditar, reciclar y apostar por las tiendas de barrio
Por eso, un año más, ecologistas y especialistas en sostenibilidad recuerdan la importancia de comprar de manera consciente, valorando antes de adquirir gangas si realmente se necesita o simplemente es una acción compulsiva. Además, recomiendan comparar precios para saber si la oferta realmente lo es y, en la medida de lo posible, optar por la segunda mano o los productos reacondicionados, fomentando así la economía circular.
Cerca del 33% de las compras realizadas en el Black Friday se devuelve
Y más allá de la compra en sí, advierten de que el problema llega una vez la campaña del Black Friday pasa: se calcula que alrededor del 33% de las compras acaban devolviéndose. Es decir, a la contaminación que genera per se todo el proceso de producción de, por ejemplo, un teléfono móvil – uno de apenas 200 gramos genera 86 kilos de residuos–, se le suma el CO2 emitido para su transporte y, después, su devolución. Cuando el teléfono vuelve a la tienda habríamos generado un rastro de residuos y gases de efecto invernadero para que el producto vuelva al lugar del que salió. Por eso, lo mejor es no dejarse llevar por impulsos y meditar cada compra. Si nos preguntamos si verdaderamente necesitamos algo antes de darle a finalizar compra, seguramente las devoluciones se reducirían sobremanera.
Otro gran problema derivado de la compra sin mesura que provoca la campaña del Black Friday parte del embalaje de las compras, especialmente las online: si no se gestionan adecuadamente los productos que se van a reemplazar o el packaging de los recién comprados, estaremos generando en pocos días miles de kilos de basura que acabarán en vertederos. Así que la clave está en el reciclaje: ante la duda, todos los ayuntamientos de España disponen de un número de teléfono de información sobre gestión de residuos.
La cultura del usar y tirar, que favorecen las campañas de rebajas, genera un extra de contaminación, pero los expertos recuerdan que, además, asfixian a muchos comercios de barrio que, un año como el actual, ya respiran con dificultad por la crisis sanitaria. Para muchos, es imposible competir con los descuentos durante una semana o un mes. Por eso, en un momento tan extraordinario, ¿por qué no apostar por el pequeño comercio de proximidad y ayudarle a sobrevivir al 2020?
Giving Tuesday
La conciencia medioambiental de muchos –especialmente los más jóvenes– ha precipitado la aparición de alternativas sostenibles al Black Friday o al cada vez más famoso Cyber Monday (celebrado el lunes de después). Una de ellas es el Giving Tuesday, con la que, según las organizaciones que la impulsan se pretende “dedicar un día en todo el mundo, este año el 1 de diciembre, a celebrar la acción de dar, ya sean alimentos, dinero, tiempo (voluntariado), objetos de segunda mano, etc”. Con este día, representado en redes con el hashtag #GivingTuesday, se quiere extender la solidaridad a los 365 días del año, empezando por uno solo.
En 2018, el Giving Tuesday en España recaudó 697.265 euros destinados a más de 300 proyectos sociales
El Giving Tuesday nació en 2012 en Nueva York para contrarrestar los efectos del Black Friday y el Cyber Monday. La ONG 92Y Street y la Fundación de las Naciones Unidas lo pusieron en marcha para promover el espíritu solidario de la Navidad frente a un consumismo cada vez más generalizado. Esta iniciativa, a la que cada vez se unen más personas en todo el mundo, llegó a España tres años después de su creación en Estados Unidos y solo en 2018 llegó a recaudar 697.265 euros en nuestro país que se destinaron a más de 300 proyectos sociales. Una alternativa que apuesta por dar en vez de comprar e intenta romper con las ansias consumistas en un planeta cuyos recursos ya han llegado a su límite.
A mediados de noviembre eran ya 1.074 las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas en España desde 2003, fecha en la que se empezó a llevar un registro. La última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer, publicada en septiembre, no deja lugar a dudas: en nuestro país, una de cada dos mujeres la ha sufrido en alguna de sus formas, ya sea fuera o dentro de la pareja. El feminicidioes la consecuencia más grave de una violencia machista que en lo que va de año ha acabado con la vida de 40 mujeres en nuestro país y ha dejado a 23 menores huérfanos. Hoy, 25 de noviembre, se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una situación que ya se considera un problema de salud pública.
A pesar de que las noticias sobre asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas inundan los informativos, la violencia machista no solo se manifiesta de esa forma fatal. La última macroencuesta realizada a lo largo de 2019 por el Ministerio de Igualdad recoge también la violencia física y sexual contra las mujeres fuera de la pareja, además del acoso. Los datos hablan por sí solos: el 6,5% (1.322.052) de las mayores de 16 años de nuestro país han sufrido violencia sexual en algún momento de sus vidas y el agresor era alguien con el que no mantenían una relación de pareja. Casi el 50% de estas agresiones sucedieron en espacios públicos (calle o parques) o en bares o locales de ocio nocturno. Sin embargo, solo el 8% lo denunció, aunque el porcentaje asciende al 11,1% cuando se tienen en cuenta las denuncias interpuestas por terceros. Asimismo, el 13,4% (2.737.358 mujeres) asegura haber sufrido violencia física en algún momento de su vida por parte de alguna persona con la que no mantienen ni han mantenido una relación. Un 8,7% (1.778.550) la padeció antes de los 15 años.
Pero a veces la violencia machista toma tintes más sutiles, que no dejan marcas evidentes a la vista. Tanto el acoso sexual como el denominado stalking–esa persecución intrusiva, incesante y en contra de la voluntad a través de medios digitales, como llamadas, mensajes en redes sociales o Whatsapp– pueden considerarse consecuencia directa de esa cultura de la violación imperante, que desde Naciones Unidas recuerdan está arraigada en «un conjunto de creencias, control y poder patriarcales» y que no hace más que «alimentar la discriminación de género y las actitudes sobre el género y la sexualidad».
Las consecuencias son reales: en España, 8.240.537 mujeres mayores de 16 años (el 40,6%) reconocen haber sufrido acoso sexual en algún momento de sus vidas. Cuando hablamos de stalking, son 3.095.357 (el 15,2%) las que lo han sufrido y casi el 60% de manera semanal o diaria.
La violencia dentro de la pareja en España
El 6 de enero, Mónica Linde, de 28 años, y su hija Ciara, de 3 años, eran asesinadas por la expareja de Mónica y padre de la niña. Así comenzaba un 2020 oscuro por muchas más razones que la pandemia. La última víctima de violencia machista por parte de una pareja o expareja ocurría poco antes de que se escribiesen estas líneas en Girona. El 9 de noviembre, un hombre le arrebató la vida a su esposa en Lloret del Mar, según confesó él mismo. Junto a ellas otras 38 mujeres perdieron la vida a manos de sus parejas a lo largo de este año.
2,9 millones de mujeres en España reconocen haber sufrido violencia física o sexual en la pareja
Estos son solo los rostros visibles de un problema estructural que se extiende como las raíces de un árbol por los cimientos de nuestra sociedad. Según la macroencuesta del Gobierno, las mujeres que aseguran haber sufrido violencia física o sexual dentro de la pareja, presente o pasada, ascienden a 2.905.489 (el 14,2%). De ellas, el 25% reconoce que la violencia física solo ocurrió una vez, mientras que el 75% afirma que se produjo de forma reiterada. Pero los datos van más lejos: el 86,2% de las mujeres que han sufrido violencia sexual por parte de su actual pareja reconoce que ha ocurrido en más de una ocasión, frente al 10% que dice que solo ha tenido lugar una vez. Además, el 84,3% asegura que ha sufrido violencia psicológica emocional por parte de su actual pareja en más de una ocasión –frente al 14,9% en las que ha ocurrido solo una vez–.
Las cifras en el mundo
Como sabemos, la violencia contra las mujeres no es un fenómeno exclusivo de nuestra sociedad. Las cifras en el mundo que arroja Naciones Unidas son escalofriantes: una de cada dos mujeres asesinadas en 2017 lo fue a manos de su pareja o un miembro de su familia. La violencia machista contra las mujeres en edad reproductiva es una causa de muerte e incapacidad tan grave como el cáncer. Es más, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, en la mayoría de los casos por parte de un compañero sentimental. Pero es que tan solo el 52% de las mujeres casadas o que viven en pareja decide libremente sobre sus relaciones sexuales y todo lo relacionado con ellas, como el uso de anticonceptivos o su propia salud sexual. Además, actualmente casi 750 millones de mujeres y niñas se han casado –la mayoría de manera forzosa– antes de cumplir 18 años.
En el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual
Otra forma de violencia contra las mujeres es la mutilación genital femenina, a la que se han visto sometidas al menos 200 millones. Y otra más: el 71% de las víctimas de la trata en todo el mundo son mujeres y niñas, y tres de cada cuatro son utilizadas para la explotación sexual.
La pandemia no ha facilitado la lucha contra la violencia machista, ni en España ni en el mundo. Según ONU Mujeres, desde que estallara la Covid-19 y obligase a millones de personas a confinarse en sus casas, la violencia se ha intensificado. Unicef también alerta de que este año ha supuesto un retroceso de los derechos conseguidos por las niñas en los últimos años: los cierres de escuelas las han puesto en peligro de ser obligadas a contraer matrimonio o a sufrir violencia física o sexual e, incluso, a quedar embarazadas sin poder sopesar opciones. La organización humanitaria calcula que durante los primeros seis meses de confinamiento la violencia de género podría haber aumentado en 31 millones de casos adicionales..
Durante la pandemia, los casos de violencia de género podrían haber aumentado en 31 millones
No podemos olvidar que está en la mano de toda la sociedad frenar la violencia machista. La educación es la clave, pero también alzar la voz cuando se observen comportamientos machistas en los círculos cercanos. Porque, como explica António Guterrez, secretario general de la ONU: «La violencia contra las mujeres y las niñas tiene sus raíces en siglos de dominación masculina. No olvidemos que las desigualdades de género que alimentan la cultura de la violación son esencialmente una cuestión de desequilibrio de poder».
«La obesidad infantil es un problema de salud pública en Europa». Así de contundente se muestra el Estudio sobre la alimentación, actividad física, desarrollo infantil y obesidad en España 2019 realizado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Conocido como informe Aladino revela que el 23,3% de la población de entre 6 y 9 años en nuestro país padece sobrepeso, el 17,3% obesidad y el 4,2% obesidad severa, según los estándares de la Organización Mundial de la Salud. Además, el estudio lanza un dato muy relevante: el número de niños y niñas con obesidad es mayor entre las familias con rentas más bajas. Rafael Escudero, presidente de la AESAN y secretario general de Consumo y Juego, resume así en el Huffington Postlos resultados de la investigación: «4 de cada 10 escolares analizados presentan exceso de peso. Es una de las peores tasas de Europa: 40,6%». Y un aspecto preocupante: solo el 12,6% de las familias cree que sus hijos tienen exceso de peso, frente al 40,6% que realmente lo padece.
El 23,3% de la población de entre 6 y 9 años en nuestro país padece sobrepeso y el 17,3% obesidad
Aladino no solo analiza las métricas corporales de los participantes, sino también los hábitos de consumo y alimentación, así como su contexto sociocultural. Los datos revelan una realidad invisibilizada en nuestro país y que la crisis económica generada por la pandemia de coronavirus no hará más que empeorar: el sobrepeso infantil es cuestión de clase social. Pero no solo eso: también lo es de género. El informe arroja luz sobre otra cuestión que preocupa a los expertos: mientras en los últimos cinco años el sobrepeso en niños ha disminuido ligeramente, en niñas se ha mantenido en tendencia ascendente.
Cuando la pobreza y la obesidad se dan la mano
El informe Aladino no deja lugar a dudas en su análisis: el aumento de peso está estrechamente relacionado con factores socioeconómicos como la renta, la educación o el entorno. La diferencia llega a ser tan grande que, en el estrato más bajo de ingresos (menos de 18.000 euros anuales), la obesidad llega prácticamente a duplicarse con relación a la que se constata en ingresos más altos (más de 30.000 euros anuales). En comparación, un 23,3% frente a un 12,1%. Pero, además, las cifras son similares cuando se presta atención al nivel de estudios de los progenitores: la obesidad casi se duplica en niñas y niños cuyos progenitores tienen estudios primarios (el 24,3%), frente a aquellos que cuentan con estudios universitarios (el 12,4%).
En el estrato más bajo de ingresos, la obesidad llega casi a duplicarse
El concepto de pobresidad intenta hacer patente este vínculo entre recursos económicos y salud en la infancia.
Desempleo y nutrición
Un estudio de Acción contra el Hambre en el madrileño barrio de San Cristóbal de Los Ángeles, uno de los más deprimidos de la capital, arroja luz al respecto. Entre abril y diciembre de 2018 la ONG investigó si existe algún tipo de relación entre obesidad y desempleo, y la respuesta fue rotunda: las personas sin empleo se cuidan menos y tienden a la obesidad, algo que acaba exportándose a sus familiares, especialmente a los más pequeños.
Las razones detrás de este fenómeno son más complejas de lo que pueden parecer a simple vista: más allá de la desgana, están la falta de autoestima y la ansiedad o el deterioro de la salud mental. Además, según la organización humanitaria, también influye el acceso a una oferta nutricional de calidad, que se ha visto mermada en barrios donde los comercios de toda la vida han ido desapareciendo, haciendo hueco a otros negocios en los que predominan los alimentos precocinados, ricos en grasas y azúcares.
La pobreza se hereda
Actualmente, según el Alto Comisionado para la Lucha contra la Pobreza Infantil, más de 2,3 millones de niños se encuentran en situación de pobreza en España. Ernesto Gasco, responsable de esta institución, alerta de que «nuestra tasa de pobreza infantil persistente –encontrarse en situación de pobreza en el año en curso y en al menos dos de los tres años anteriores– es del 17,4%. Casi un millón y medio de niños, niñas y adolescentes la padecen. Esto supone que dos de cada tres menores de 18 años en pobreza en España lo son en términos estructurales».
Más de 2,3 millones de niños se encuentran en situación de pobreza en España
Además, el riesgo de pobreza en la infancia repercute en el poder adquisitivo en la vida adulta. Pero de la misma manera que la pobreza puede perpetuarse con el paso de los años, también puede hacerlo la pobresidad: si el sobrepeso o la obesidad relacionado con la pobreza no se ataja en la infancia, esos menores se convertirán en adultos con una peor calidad de vida y mayores problemas de salud.
Un año más se celebra Presura, la Feria Nacional para la Repoblación de la España Rural. La cita, que se celebrará en diciembre en Soria, reunirá a representantes políticos como el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; el presidente del Partido Popular, Pablo Casado; o la vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, para que respondan a la pregunta: “¿Quién piensa de verdad en lo rural?”. El director del encuentro y de la asociación El Hueco, Joaquín Alcalde, adelanta en esta entrevista el contenido de la feria y hace balance de los retos y oportunidades que se presentan a la España vaciada.
Replicando la pregunta que, este año, se lanza desde Presura: Pero… ¿Quién piensa de verdad en lo rural?
Este año celebramos la cuarta edición de Presura, una feria que tiene como objetivo poner en contacto a personas del entorno urbano, que quieren desarrollar un proyecto de vida en el mundo rural, con aquellos agentes o recursos que existen en las zonas poco pobladas, que les pueden ayudar a instalarse allí y emprender un proyecto de vida. Cuando empezamos con la feria era completamente experimental: nunca se había hecho en nuestro país nada así. Desde El Hueco llevábamos muchos años trabajando en temas relacionados con la repoblación rural, pero el desafío estaba en que no sabíamos si verdaderamente existía ese interés por lo rural. Incluso a nosotros mismos nos sorprende el poder de convocatoria que ha tenido la feria a lo largo de estos años, lo que demuestra, con indicadores reales, que existe un deseo y una tendencia de vuelta a lo rural.
Se puede decir que en estos últimos años se ha avanzado muchísimo más que en los 25 años anteriores. Por lo menos, la despoblación hoy está en las agendas políticas, en los medios de comunicación y, de alguna manera, con la feria hemos contribuido a ello. Pero este año queríamos incidir en algo que nos parece fundamental: comprobar si verdaderamente toda esta tendencia está apoyada por un interés real de los políticos, que, al final, son quienes tienen que hacer políticas para favorecer la repoblación e impulsar las legislaciones y las normativas oportunas para que esta tendencia se consolide. Por eso, en este año tan complejo para todos hemos querido preguntar a los políticos si verdaderamente se lo creen o es más una moda o una pose y si es posible esa reactivación de los pueblos en la que estamos trabajando.
Pronto descubriremos si los políticos están implicados o no, pero ¿y las empresas? ¿Por qué no terminan de ver negocio en el medio rural?
“Las empresas empiezan a darse cuenta de qué es importante tener en cuenta lo rural”
Las empresas, sobre todo las grandes, empiezan a darse cuenta de que es importante tener en cuenta, dentro de sus políticas, especialmente las de responsabilidad social corporativa, lo rural. En este sentido, Red Eléctrica, que colabora con El Hueco en múltiples proyectos, es pionera en España en la creación de un departamento de Innovación Social volcado en colaborar o trabajar en proyectos de impacto y emprendimiento social que puedan contribuir a esta reactivación de lo rural. En lo rural hay un negocio que no es el empresarial clásico –es decir, el que hemos conocido hasta ahora–, sino social. Hoy en día, en pleno siglo XXI, las personas –sobre todo los jóvenes– demandan empresas comprometidas, con impacto, que busquen antes los beneficios sociales que los económicos, y ahí es donde está El Hueco: llevamos muchos años trabajando en fomentar esa innovación social para la repoblación, porque hay muchas empresas que están cada vez más comprometidas con el emprendimiento social.
“Los jóvenes demandan empresas comprometidas, con impacto, que busquen antes los beneficios sociales que los económicos”
Alguien dijo una vez que “las empresas del futuro serán sociales o no serán” y ahí está la clave: no hay que quedarse solo en esas políticas de responsabilidad social corporativa, sino que las empresas tienen que cambiar desde dentro. Esto es, guiarse por otras métricas: no se pueden medir los resultados con los mismos criterios con los que se han medido hasta ahora. Si seguimos igual, estaremos abocados al fracaso. La sostenibilidad hoy en día es muy importante para todos. En la búsqueda de esa triple sostenibilidad –social, ambiental y empresarial–, indudablemente, la economía social, de impactos y de emprendimiento social juega un papel fundamental.
¿Qué oportunidades reales existen para que personas que quieran emprender creen su propio puesto de trabajo en el medio rural?
Lo rural está plagado de oportunidades. Desde El Hueco contribuimos a visibilizarlas, a inspirar a personas que quieran venir a conocer el mundo rural, quedarse y emprender en él. Pero también hay que ser realistas: no es fácil emprender ni en lo rural ni en lo urbano. Emprender con éxito es complejo, requiere de muchos factores y, además, en el caso de lo rural existe una brecha con lo urbano muy importante. Para prosperar hay que generar, en las comarcas y en los pueblos, ecosistemas de innovación que acojan a los nuevos pobladores, que les ayuden para que, de alguna manera, se sientan arropados a la hora de poner en marcha sus iniciativas.
Hasta hace poco, uno de los atractivos de las ciudades eran las oportunidades laborales. Si podemos desempeñar nuestro trabajo de manera telemática, mucha gente cambiará de opinión. ¿Se percibe ya un cambio real?
Con la pandemia hemos visto desarrollarse de manera casi increíble el teletrabajo, hasta el punto de que hoy se ha convertido en un derecho de los trabajadores, y desde El Hueco estamos convencidos de que va a ser un factor fundamental para reactivar los pueblos. Muchas personas que puedan teletrabajar lo van a hacer, seguramente no de una manera permanente, pero sí temporal o pendulando entre lo urbano y lo rural.
“El teletrabajo va a ser un factor fundamental para reactivar los pueblos”
Ya empezamos a tener datos, por ejemplo, de alquileres y ventas de viviendas rurales, que se ha incrementado exponencialmente a lo largo de este verano. Concretamente, hay comarcas en las que ya es imposible encontrar una vivienda disponible, porque se han alquilado a personas urbanas que tienen la posibilidad de moverse y buscan una alternativa a esa vida urbana movidos, en parte, por la COVID. Por primera vez en la historia de la humanidad, la mayoría de las personas van a poder trabajar donde quieran. Es algo disruptivo e inaudito. La revolución industrial –que fue el último gran cambio en el mundo– generó movimientos demográficos muy potentes que acumularon en los centros de producción a los trabajadores porque no había otra alternativa. Pero hoy esos centros de producción se van a deslocalizar. En los próximos años va a cambiar por completo la ordenación territorial.
¿Podríamos esperar una revolución rural?
Estamos ya en los inicios de esa revolución, y no solo ya por el teletrabajo, sino porque lo rural es fundamental en esa búsqueda desesperada que tenemos por la sostenibilidad. Siempre se ha hablado mucho de sostenibilidad. En estos últimos años nos lo hemos tomado más en serio, pero esta crisis sanitaria ha hecho que nos demos cuenta de que necesitamos la sostenibilidad desesperadamente y no se puede entender una sostenibilidad global con unos desequilibrios territoriales como los que hemos tenido hasta ahora. Volviendo a la misma frase de antes: la sostenibilidad será si es rural. Si no, no creo que seamos capaces de conseguirla.
Para todo esto es clave la conectividad: el acceso a internet es algo básico hoy en día.
“Internet lo considero como un derecho fundamental de las personas, igual que el derecho a respirar aire limpio o al acceso al agua. Es muy importante que la conectividad llegue a todo el territorio”
Internet lo considero como un derecho fundamental de las personas, igual que el derecho a respirar aire limpio o al acceso al agua. Países como Finlandia lo tienen reconocido constitucionalmente: los finlandeses, estén donde estén, tienen derecho a que el Estado les facilite el acceso en igualdad de condiciones. La brecha digital genera desigualdad, y para acabar con ella y preservar esos derechos es muy importante que la conectividad de banda ancha o de alta capacidad llegue a todo el territorio.
¿Tienes fe en las medidas del plan de recuperación de la Unión Europea en las que la lucha contra la despoblación cobra bastante importancia?
“Tenemos que buscar nuevas soluciones más eficientes y sostenibles a los viejos problemas de siempre a través de la innovación social”
Vamos por el buen camino. En España, con el trabajo que se está haciendo desde la Secretaría General para Reto Demográfico se están sentando las bases para atajar un problema muy complejo y que nadie espera que vaya a cambiar de la noche a la mañana: va a costar muchos años, son procesos muy lentos, pero antes de la COVID ya estábamos en ese camino. Seguramente el coronavirus está provocando un parón en el despliegue de todas esas políticas que ya estaban previstas, pero también nos va a generar una oportunidad: si somos capaces de invertir bien esos recursos que van a llegar de Europa para el plan de reactivación de la economía, podemos ser optimistas. Eso sí, el dinero es fundamental, sobre todo para ponernos en situación de igualdad con infraestructuras, pero no lo es todo. Se tiene que generar un cambio de mentalidad en la ciudadanía, no solo de las personas urbanas, sino de las que vivimos en los pueblos: tenemos que creernos que esto es posible y convertir nuestros pueblos en lugares acogedores. Tenemos que buscar, en definitiva, nuevas soluciones más eficientes y sostenibles a los viejos problemas de siempre. Y eso se hace desde la innovación, no solo tecnológica, sino social.
Más de una vez has mencionado que, además, los nuevos pobladores deben también tener ganas de generar ese cambio. No es solo mudarse a un pueblo, sino de ver qué hay que hacer para que lo rural resurja como una opción.
Tampoco conviene idealizar el mundo rural laboral: no es la Arcadia feliz. Hay que trabajar mucho, la vida no es fácil, tenemos hándicaps… Aquellas personas que se muden a lo rural tienen que saber que es un lugar en el que van a disfrutar mucho, van a tener una buena vida, etcétera, pero tienen que venir con ganas de trabajar, de emprender y, sobre todo, de inventarse su propio proyecto de vida. El trabajo por cuenta ajena cada vez va a ser un bien más escaso; en este siglo vamos hacia el autoempleo, el emprendimiento… va a cambiar todo bastante.
¿Cómo te imaginas la España rural dentro de diez años?
En pleno proceso de cambio. Su principal motor de desarrollo va a seguir siendo la agricultura y la ganadería, un sector estratégico porque los alimentos se producen en el campo. Pero también será una España rural con una diversidad económica: me imagino un sector cultural que puede contribuir a ese desarrollo, pero también empresas tecnológicas que puedan instalarse en zonas rurales. La nueva ruralidad del siglo XXI va a tener poco que ver con la realidad del siglo XX. Si queremos seguir viviendo en el campo, tenemos que reimaginarnos cómo vivir en él.
La crisis derivada de la pandemia de la Covid-19 ha puesto de manifiesto la importancia de reforzar la lucha contra el cambio climático y establecer criterios de recuperación en clave de sostenibilidad. En este marco el empleo verde será uno de los grandes beneficiarios en el futuro. Las previsiones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estiman que se crearán 24 millones de empleos verdes en los próximos años.
Vivimos en la época del Antropoceno, un concepto acuñado por el nobel de Química Paul Crutzen, y que viene a recordarnos que el impacto del ser humano en el planeta es cada vez más evidente. De ello no hay duda: la actividad humana está transformando la Tierra hasta el punto de alterar el clima. Antes de que la COVID-19 nos confinara en nuestros hogares, la emergencia climática movilizaba a millones de jóvenes de todo el mundo en manifestaciones multitudinarias. Ahora, el ciberactivismo sigue en marcha, denunciando que la crisis climática y la sanitaria no son dos realidades independientes: la salud de la Tierra y la del ser humano no son ajenas la una a la otra, como tampoco lo es nuestra salud mental.
“La crisis climática podría precipitar nuevas condiciones psicológicas y empeorar las enfermedades mentales existentes entre los jóvenes que experimentan ansiedad climática, pero las omnipresentes brechas de datos impiden nuestra capacidad de actuar”, explican varios investigadores canadienses en el artículo Climate Anxiety in Young People: a Call to Action(Ansiedad climática en la gente joven: una llamada a la acción) publicado en The Lancet a principios de septiembre. Aún no somos plenamente conscientes de cómo el cambio climático puede afectar a la salud mental de las personas, sobre aquellas a las que el calentamiento global ha impactado directamente –a través de fenómenos meteorológicos extremos, hambrunas o inseguridad alimentaria, sequías…– y sobre aquellas altamente concienciadas que se sienten paralizadas ante un futuro incierto. Con respecto a este segundo caso, en la última década, los psicólogos han constatado que cada vez hay más personas que padecen un nuevo tipo de ansiedad vinculada a la crisis del clima, ansiedad que se presenta ante la impotencia de ver cómo el planeta se deteriora sin que nada de lo que hagamos sirva para frenarlo: la ecoansiedad o ansiedad climática.
La ansiedad climática se presenta ante la impotencia de ver cómo el planeta se deteriora
Para la Asociación Estadounidense de Psicología, la ecoansiedad podría definirse como un miedo extremo a la incertidumbre que supone para el planeta y el ser humano el cambio climático. El problema llega cuando este miedo empieza a impedir que las personas desarrollen su vida con normalidad: dificultades para respirar, pesadillas, depresión, insomnio, incapacidad para tomar decisiones… Cada vez más profesionales de la psicología s alertan de la importancia de prestar atención a estos síntomas relacionados con la crisis climática y que aparecen de manera más frecuente en edades más jóvenes, incluso en niños y niñas.
Contra la ecoansiedad: activismo
Desde el Climate Reality Project –el movimiento de sensibilización sobre la emergencia climática, creado por el nobel y ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore– advierten del peligro a largo plazo de ese pánico al enfrentarse a las consecuencias del calentamiento global. Por eso, desde la plataforma, siguiendo pautas de diferentes asociaciones profesionales de la psicología, proponen tomarse muy en serio la ecoansiedad. Esta puede poner en jaque el futuro de la salud mental de quienes la padecen, aunque aún no se haya catalogado como enfermedad.
La ansiedad climática es paralizante, pero hay una cosa que puede ayudar a nuestro cerebro a encontrar sosiego: el activismo. El Climate Reality Project y la Asociación Estadounidense de Psicología recuerdan que el primer paso para enfrentarse a cualquier enfermedad mental es reconocer los miedos y hablar de ellos. “Una buena manera para empezar a luchar contra la ecoansiedad es admitir que el mundo está cambiando y hablar de ello con tu círculo más cercano. La crisis climática no se puede resolver de manera individual y, por ello, lo mejor es unirse a algún grupo de activistas con quienes compartir miedos”, recomienda la organización de Al Gore. Muchas veces, darse cuenta de que no se está solo ayuda a gestionar el estrés.
Del activismo a la acción
Profesionales de la psicología alertan de que cada vez más personas presentan estrés y depresión relacionada con el clima
Compartir miedos con otras personas activistas nos lleva hacia un camino casi inevitable para quienes realmente quieren cambiar las cosas: la acción. “Conviértete en el cambio que quieres para el planeta”, repiten una y otra vez las consignas de la lucha medioambiental. Pero ¿cómo pasar a la acción? Para aplacar la sensación de ansiedad climática lo mejor es sentirse útil y ser consciente de que nuestra vida no empeora la situación del planeta. La clave está en aprender a vivir de manera más sostenible: reducir residuos, apostar por energías renovables, optar por un consumo responsable y de cercanía, y respaldar a marcas sostenibles y de impacto social positivo.
En definitiva, la acción se basa en apoyar la transición ecológica y ser ejemplo de ella. Porque los cambios individuales llevan a otros colectivos y, como explican desde el Climate Reality Project, “si quieres luchar contra esos sentimientos de angustia que aparecen cada vez que lees noticias sobre la crisis climática, los pequeños cambios pueden marcar la diferencia en la salud mental y la del medio ambiente”.
La importancia de la formación
La formación es esencial para entender lo que le está ocurriendo al planeta, qué cambios en nuestras vidas se pueden llevar a cabo y comprender de verdad lo que significan los titulares apocalípticos que pueden encontrarse a diario. Ante la emergencia climática, la comunidad científica asegura que existen soluciones y que aún estamos a tiempo de revertir los efectos. Hay esperanza para nuestro planeta. Por eso, la educación es fundamental para empoderar a la ciudadanía, y no solo a la población joven. Para educarse y formarse, además, es imprescindible acudir a fuentes fiables como el programa de cambio climático de la NASA, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) o las Naciones Unidas.
Si a pesar de tomar consciencia de la problemática e involucrarse en su solución, los síntomas relacionados con la ecoansiedad siguen impidiendo el desarrollo de una vida normal, lo más importante es acudir a un especialista. Y, sobre todo, no juzgar a las personas que nos confían sus miedos, ansiedades y preocupaciones. La salud mental, al igual que la del planeta, no es un juego.