Autor: Cristina Suárez

La Navidad sí puede ser sostenible. Sigue estos consejos

Esta Navidad quizá sea una de las más especiales que recordemos precisamente porque será una de las más extrañas que vivamos: algunos podrán reencontrarse con los suyos, pero habrá muchos otros que tendrán que conformarse por compartir la cena de Nochebuena por videollamada. 

Pero hay algo que se mantiene constante esta Navidad y es el consumo exacerbado que la caracteriza y su consecuente volumen de residuos, una situación a la que debemos hacer frente entre todos para preservar la salud de nuestro planeta. 

En diciembre los españoles duplicamos la basura diaria que generamos

Si los españoles generamos 1,4 kilos de basura al día de media en fechas normales, la cifra llega a duplicarse durante el mes de diciembre. Papeles de regalos, juguetes de plástico, comida en exceso… la lista es extensa. ¿Qué puedes hacer para que estas Navidades sean más sostenibles? Aquí van unos consejos.

Compra los alimentos navideños sin envase desechable

Aunque reciclemos, debemos evitar por todos los medios la generación de tanta basura. La base del cambio está en nuestros hábitos. En estas fechas el 43,2% de los españoles optan por comprar en supermercados e hipermercados, puntos de venta que suelen caracterizarse por conservar gran parte de sus productos en envases de plástico. Pensando las recetas navideñas con un poco más de antelación podemos acudir a tiendas tradicionales o mercados a adquirir todo lo que necesitemos. La ventaja: los alimentos son más frescos y fomentarás el comercio local. Y no te olvides de tus bolsas reutilizables y apuesta por el producto de temporada.

Calcula la cantidad de comida de forma realista

En Navidades tendemos a sobrecargar la mesa con comida muy copiosa. Aperitivos, entrantes, primer plato, segundo plato, tercer plato, postre, copas… Además de ser un reto para nuestro sistema digestivo, comprar y consumir alimentos en exceso no es nada sostenible, especialmente porque gran parte de los alimentos se desechan. Haz un cálculo de lo que realmente podéis consumir en tu hogar y planifica los menús -a ser posible, con comida de temporada - ya que así te será más fácil comprar solo lo estrictamente necesario. Si crees que aún así sobrará comida, siempre puedes hacer nuevos platos con ella y así ahorrarte un carro de la compra. 

Cuidado con los adornos y el papel de envolver

Los contenedores a rebosar de papel de envolver son una imagen característica de las Navidades. Solo en España gastamos en esta época en torno a 70 km2 de papel de regalo. Por ello, además de apostar por el reciclaje, es importante tratar de buscar alternativas. En su lugar, puedes usar papel reciclado, cajas que tengas guardadas, periódicos viejos, bolsas reutilizables, sacos de yute o similares. ¡Lo que importa es el interior!

Solo en nuestro país gastamos alrededor de 70 km2 de papel de regalo al año

Los adornos navideños -incluido el árbol- también son una fuente importante de residuos plásticos. Una manualidad sostenible -que incluso puede ser divertida- es hacerlos a partir de materiales reciclados, como puedes ver aquí, y guardarlos para reutilizarlos el año que viene. En cuanto a las luces siempre recurre a modelos LED, que permiten un consumo energético más eficiente.

Evita la cubertería y vajilla de usar y tirar

No solo ahorramos bastante dinero utilizando la cubertería y vajilla que tenemos en casa en lugar de la desechable, sino que además le estamos haciendo un  favor al planeta. Recuerda que los platos, cubiertos, vasos y pajitas de plástico tardan cientos de años en desaparecer. Si hay niños pequeños en la mesa que precisen de pajitas, es mejor utilizar las metálicas, ya que pueden utilizarse numerosas veces. A la hora de lavarlo todo, asegúrate de que el lavavajillas está completamente lleno para aprovechar el gasto de agua de la mejor forma posible. Si utilizas el grifo, no dejes el agua corriendo mientras enjabonas.

Regalos hechos a mano, en la medida de lo posible

El consumismo se dispara en las Navidades. Según The Guardian, más de 4.000 toneladas de productos vienen directos de China, desplazamiento que genera una gran huella de carbono. Además, tiramos 80.000 toneladas de ropa vieja para hacer sitio a la que llega cada Navidad. Como alternativa podemos apostar por productos locales y mirar hacia la compra de segunda mano: hay cientos de juguetes esperando por alguien que les dé una nueva vida. ¡Apuesta por la economía circular! También podemos intentar hacer nuestros propios regalos, siempre mucho más personales y sostenibles.

Durante estas fechas señaladas en muchas ocasiones aprovechamos para renovarnos y estar a la última, especialmente cuando hablamos de productos tecnológicos. Ten en cuenta que para fabricar un móvil de 80 gramos hace falta consumir un 44,4 kg de recursos naturales. 

Recuerda que, de la misma forma que somos generosos con los nuestros en estas fechas, también debemos serlo con nuestro planeta.

España avanza en sostenibilidad energética

Este 2020 ha sido un auténtico temporal en alta mar. La ola que más nos ha afectado ha sido, sin duda, la de la pandemia del coronavirus. Pero como toda marea, la de 2020 trae también otras olas preocupantes: la de la recesión económica y la del cambio climático, que ha quedado relegado a un segundo plano debido a la imperante necesidad de enfocarse en la urgencia de la crisis sanitaria. Es importante que recordemos que una crisis nunca viene sola y que ahora la clave está en acelerar el trabajo para poner freno a los efectos de un cambio climático que sigue sobrevolándonos a diario. 

El Consejo Mundial de la Energía no deja de hacer hincapié a través de su informe World Energy Trilemma 2020 -elaborado junto con la consultora Oliver Wyman- en la necesidad de “humanizar la energía” dotando a los avances en sostenibilidad de un enfoque más social que preste atención a una redistribución más justa de los recursos, solucione la brecha de acceso energético entre países y permita evolucionar hacia un escenario más verde a través de una tecnología más asequible. 

España avanza en sostenibilidad e igualdad en el acceso energético, pero debe mejorar en seguridad energética

«Esta pandemia está provocando un gran impacto en el camino hacia la transición energética. Han aparecido nuevas formas de trabajar en ello, así como claros ganadores y perdedores», indica el informe, que analiza además la evolución de 130 países en materia de equidad, seguridad energética y sostenibilidad. En el primer puesto de la clasificación global de este índice se sitúa Suiza. En el último (108), Nigeria. España se encuentra en el puesto número 15 por detrás de 12 países europeos, como Italia, Reino Unido, Francia o Austria. Hemos mejorado en sostenibilidad y en igualdad en el acceso energético, pero aún hay camino por recorrer en seguridad energética. ¿Qué podemos mejorar?

En busca de una menor dependencia

La seguridad energética consiste en garantizar el suministro de energía de manera sostenible medioambiental y económica, a través del abastecimiento exterior y la generación de fuentes autóctonas, en el marco de los compromisos internacionales. En este ámbito, España obtiene una puntuación del 65,7 en respuesta a la caída de la capacidad de almacenamiento, lo que nos lleva a situarnos en el puesto 25. Compartimos cifra con Portugal y Rusia. No obstante, en diez años, hemos mejorado las tres subcategorías: dependencia de importaciones, almacenamiento y diversidad de generación de energía eléctrica. 

Las instituciones públicas son conscientes del reto al que se enfrenta nuestro país en cuanto a la garantía de una distribución energética justa. De hecho, según los datos del Ministerio de Exteriores, el 44,9% de la energía primaria consumida proviene del petróleo; el 22,3% del gas natural y el 11,6% de la energía nuclear. Además, España tiene una importante dependencia en las importaciones puesto que el 70% de la demanda energética se cubre de esta forma.  

El 70% de la demanda energética se cubre con importaciones

El cambio climático es una ficha esencial en este puzzle: el sector energético, como indicaba en 2015 la Estrategia de Seguridad Energética Nacional, es altamente sensible a los efectos producidos por el cambio climático. La disminución de las precipitaciones, el aumento de las temperaturas o el cambio abrupto en el régimen de los vientos puede incidir en la demanda de los recursos y afectar al rendimiento de muchas centrales energéticas. 

El anteproyecto de la Ley de Cambio Climático fija, para 2030, generar el 70% de la electricidad con energías renovables y mejorar la eficiencia energética en al menos un 35%. 

En 2030 el 70% de la electricidad deberá proceder de energías renovables

Sin embargo, quedan más asuntos por resolver: invertir adecuadamente en las infraestructuras, crear más interconexiones energéticas y fomentar una política energética que garantice el funcionamiento del mercado interior de la energía para hacernos menos dependientes del exterior.

La pandemia como escenario sobre le que improvisar

España puede presumir de puntuar muy alto en materia de igualdad de acceso a la energía, un 92,4. En cuanto a la sostenibilidad energética -la capacidad de un país para mitigar los efectos del cambio climático a través de la eficiencia energética y su distribución, la calidad del aire y la descarbonización- el informe destaca que los países con los sistemas energéticos más sostenibles se encuentran en Europa, donde destaca el crecimiento del uso de energías renovables. La preocupación por la sostenibilidad ha llevado a nuestro país a obtener un notable alto (79,8) superando a territorios como Bélgica, Portugal, Irlanda o Los Países Bajos. El Consejo Mundial de Energía lo achaca a la aprobación de la Ley de Cambio Climático y los objetivos de acceso a las energías renovables así como a la descarbonización y los nuevos modelos de negocios. 
En este último año, a pesar de la tormenta, hemos sido capaces de incrementar la producción eléctrica renovable y de reducir las emisiones de dióxido de carbono per cápita. ¿Y qué ocurrirá tras la pandemia del coronavirus? ¿Caminaremos hacia atrás? Ni siquiera el Consejo Mundial de Energía es capaz de predecirlo pero, en esta situación de incertidumbre asegura que «líderes energéticos, instituciones y políticos deben explorar de forma constructiva este escenario sin precedentes explorando la situación para llegar a la línea de meta: una política energética que, combinada con este contexto, garantice la transición ecológica más beneficiosa».

La huella ecológica de la revolución digital

En Internet no existe el tiempo ni el espacio. Sus puertas siempre están abiertas a nuestro mundo. Marshal McLuhan, el famoso filósofo canadiense, ya vaticinó en los años sesenta que Internet -aunque por entonces no existía ese término- se convertiría en una extensión de nuestro cuerpo, una prolongación que formaría parte de nosotros por y para siempre. No estaba equivocado: hoy en día ya hay más de 4.500 millones de usuarios navegando diariamente a través de mails, páginas webs y redes sociales. Toda nuestra vida está en la nube. A veces, vivimos más en Internet que en la vida real. 

Lo que McLuhan no pudo vaticinar con tanta precisión fue la huella de carbono de esta revolución digital. El sector IT ya representa el 7% del consumo global de electricidad, lo que implica un gasto de recursos que inevitablemente deja una emisión de dióxido de carbono tal sobre nuestro planeta que, según estiman los expertos, supera al de la aviación, responsable del 12% de las emisiones. 

A pesar de todo esto, las Naciones Unidas insisten en que la digitalización es capaz de acelerar y fomentar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para reducir las desigualdades y alcanzar un mundo más justo, con mejores condiciones laborales y sociales. Si queremos avanzar en la revolución digital en busca de un mundo mejor es necesario que lo hagamos de la forma más limpia posible.

El impacto de nuestra actividad digital

Si Internet fuera en país, ocuparía el sexto puesto entre los más contaminantes

Si Internet fuera un país, ocuparía el sexto puesto entre los más contaminantes. Aunque no veamos de forma instantánea el daño que provoca sobre el medio ambiente, como sí podemos hacerlo con un coche, todos los recursos que se necesitan para que el mundo digital funcione -almacenamiento de datos, antenas de emisión, sistemas de refrigeración…- implican un consumo ingente de electricidad que no siempre proviene de fuentes de energía renovables, pese a los avances y compromisos por descarbonizar el sector eléctrico y reducir su emisión de gases. ¿Cuánto podemos llegar a consumir en nuestra actividad digital durante un día? 

Como demuestra este reportaje de El País, realizado con la colaboración del grupo de investigación Alarcos, de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), enviar un mensaje de 280 caracteres en Twitter consume un total de 177 vatios por segundo. A su vez, en esta red social y en Facebook, un GIF puede llegar a requerir más de un centenar de vatios por segundo. Hasta un simple emoticono implica un gran consumo: más de 140 vatios por segundo. En 40 segundos, la actividad global en Facebook y Twitter llega a costarnos más de 800 kilos de CO2. 

Por otro lado, cada segundo se envían 2,5 millones de correos electrónicos en todo el mundo, lo que equivale a 4 gramos de CO2 emitidos al medio ambiente. Si al día se escriben 236 mil millones de correos, la cifra se torna especialmente preocupante. Lo mismo ocurre con Youtube: según este artículo de The Guardian, cada 10 minutos consumidos en un vídeo equivalen a un gramo de CO2. Un dato que se torna preocupante si tenemos en cuenta que en 42 segundos, los internautas a nivel mundial llegan a consumir tres millones de vídeos. 

Los centros de datos, en el punto de mira

A pesar de que el tamaño de la huella de carbono que generamos día a día con nuestra actividad digital sea nuestra responsabilidad, lo cierto es que estas emisiones están íntimamente relacionadas con la forma en que las empresas digitales utilizan los recursos energéticos. La clave está en los centros de almacenamiento de datos, lugares físicos con la tecnología de computación necesaria para almacenar y alojar páginas webs. A nivel global, los centros de datos consumen más de 416 teravatios de electricidad al año, un 40% más que el consumo de todo Reino Unido.

Los centros de datos consumen un 40% más que el consumo de todo Reino Unido

No obstante, son muchas las empresas que están trabajando por reducir su huella de carbono digital. Google, que acoge en su servidor más de 5.000 millones de búsquedas al día, ya ha dado el primer paso hacia una red más sostenible comprando energía sin emisiones de carbono de forma ininterrumpida para sus centros de datos. Netflix, por su parte, anunció el año pasado su intención de reducir a cero las emisiones de carbono alimentándose de energía hidráulica y eólica. Facebook también presume de basar el 67% de su consumo en energías limpias, igual que iTunes (83%), Youtube (56%), Whatsapp (67%) e Instagram (67%). 

Nosotros, como individuos, también podemos contribuir al cambio centrándonos en consumir servicios digitales en dispositivos más pequeños, cerrando las ventanas del navegador que no estemos utilizando, apagando el router por las noches,y, sobre todo, utilizando servicios digitales que hayan diseñado una estrategia clara y efectiva para combatir el CO2. Solo sumando esfuerzos conseguiremos un mundo digital más verde y un planeta más sano. 

¿Puede la industria de la moda mantener su compromiso con el medio ambiente?

¿Alguna vez te has preguntado cuánto cuesta todo lo que tienes en tu armario? No en concepto monetario, sino en términos medioambientales. Los pantalones vaqueros, las camisas, las camisetas, los abrigos e incluso los accesorios pasan una factura cada vez más cara al planeta Tierra. Tintar un pantalón vaquero a la venta por 20 euros, por ejemplo, le cuesta al planeta 7.500 litros de agua. Para producir una camiseta de algodón, por otro lado, se necesitan más de 2.200 litros de agua, el equivalente a 440 garrafas de 5 litros.

En 2050, esta industria podría representar un cuarto de las emisiones de CO2 a nivel mundial y es que emite más dióxido de carbono que los vuelos internacionales y el envío de mercancías juntos y se lleva el 20% del gasto mundial de agua. Consciente de ello, la propia industria se puso manos a la obra durante la última década para apostar por el mantra ‘reducir, reutilizar, reciclar’ y consiguió encauzarse hacia una producción más sostenible. Sin embargo, la llegada del coronavirus está poniendo en peligro hábitos ecológicos como la reventa o el alquiler de ropa. ¿Corremos el riesgo de ir marcha atrás?

La sostenibilidad se refuerza tras la pandemia

Antes del confinamiento, el alquiler de ropa empezaba a parecer una solución buena para esas prendas que solo se ponían una vez en bodas, bautizos o comuniones y luego se iban al fondo del armario o, directamente, a la basura. No solo se trataba de ahorrar dinero, sino también de ser más sostenible al usar la misma prenda distintas personas y, en consecuencia, reducirse considerablemente la producción. Tiendas como H&M o Gunni fueron pioneras en probar suerte en 2019 con proyectos piloto y poco a poco empezaron también a aparecer plataformas virtuales de alquiler de moda. 

El consumo sostenible representa un tercio del consumo de moda

Con una generación joven mucho más concienciada con el consumo sostenible -y que representa más de un tercio del consumo de moda- las tiendas de segunda mano también estaban adquiriendo un nicho importante. Incluso los expertos vaticinaban que en 2022 el sector de la segunda mano superaría incluso al mercado del lujo. La llegada de la pandemia obligó tanto a unas como a otras a buscar alternativas (tiendas online improvisadas, cuarentenas de ropa, etc) tras ver caer los ingresos como resultado del confinamiento y el miedo al virus. La desinfección de prendas se convirtió entonces en garantía imprescindible por parte del consumidor para seguir comprando ropa no desechable. 

Y sin embargo, consiguieron seguir adelante. Quedó demostrado que la sostenibilidad no ponía en riesgo la salud y se evidenció, la importancia de transformar la industria en una que no pusiera en peligro los recursos del planeta: el coronavirus nos ha enseñado que la moda sostenible es más democrática, más justa y más “sana” para la Tierra, por tanto, más sana para la humanidad. Los consumidores siguen recurriendo a Vinted o Wallapop para comprar y vender ropa de segunda mano, igual que parte de las ‘influencers’ españolas que, inevitablemente, generan un mayor interés en este sector.

Con todos estos aspectos en la mesa, un estudio sobre la moda sostenible realizado por la Boston Consulting Group durante la pandemia propuso cuatro soluciones inmediatas para encaminar la moda hacia el verde: proteger a los trabajadores, resolver problemas de inventario para mantener la cadena de valor, implementar la sostenibilidad como tema central en las estrategias de recuperación del negocio y acelerar la transparencia buscando objetivos con un impacto positivo en el medio ambiente. 

El talento del futuro será sostenible

¿Qué es lo que viene entonces en el futuro? Todo apunta a que ocurrirá el efecto contrario al que tememos: la industria de la moda adquirirá un mayor compromiso con la sostenibilidad. El alquiler de prendas, la ropa de segunda mano y el reciclaje continuarán siendo una prioridad para esta generación joven y para las venideras. Tal y como apunta la revista Forbes, “cualquier compañía de moda que quiera atraer talento va a tener que trabajar con la sostenibilidad y la responsabilidad social como prioridad, ya que el talento del futuro solo querrá trabajar en una empresa que así lo haga”. 

La industria de la moda adquirirá un mayor compromiso con la sostenibilidad

Nkwo Onwka es una diseñadora que ha dedicado su carrera en la moda a la sostenibilidad, recolectando las pilas de ropa que llegaban a los mercados de Lagos (Nigeria) de otros países para convertirlas en nuevas prendas. En junio habló con el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas para analizar de qué manera el coronavirus iba a influir en la industria de la moda. “El Covid-19 es una oportunidad para reconceptualizar el diseño y la producción, pero también para enseñar a consumir de forma sostenible”, apuntaba en la entrevista entonces. 

“Significa pensar en pequeño -producir menos cantidad de más calidad- y hacerlo con menos derroche y con condiciones de trabajo dignas. Otra diseñadora sostenible, Elle L. añadía: “La moda está entre el arte y la utilidad, y precisamente por eso tiene el poder y la responsabilidad de encontrar una buena solución que nos ayude, ahora más que nunca, a volvernos más sostenibles, fuertes y saludables”.

El mar, la despensa del futuro

La ONU calcula que para 2050 la población mundial alcanzará los 9.100 millones de personas. El enorme crecimiento al que nuestra sociedad se enfrentará en el futuro cercano obliga a tener muy presentes los desafíos económicos, tecnológicos y de recursos que conlleva un incremento exponencial de la población como este. Ser capaces de idear soluciones que garanticen alimento a toda la población es una urgencia para gobiernos e instituciones: si continúan las tendencias recientes en el hambre mundial, el número de personas afectadas superará los 840 millones en 2030, según los últimos datos recogidos por las Naciones Unidas. 

Ser capaces de idear soluciones que garanticen alimento a toda la población es una urgencia para gobiernos e instituciones

El ‘hambre cero’ es precisamente el segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible incluido por la ONU en la Agenda 2030. La mayoría de personas que sufren de hambre viven en países en desarrollo, donde la desnutrición causa cerca de la mitad de las muertes en los niños menores de 5 años (3.100 niños al año). Aunque continuar explotando la ganadería y la agricultura podría ser una posible solución, lo más seguro es que terminara por agravar aún más el problema del cambio climático y la pérdida de biodiversidad. 

Para buscar alternativas, un grupo internacional de científicos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) -entre los que se encuentra la española Elena Ojea, investigadora del Centro de Investigaciones Marinas de Vigo- se han unido para estudiar cómo el mar puede convertirse en nuestro plan B alimenticio. Los resultados de la investigación, publicada en Nature, están disponibles para leer en abierto y lanzan un dato esperanzador: el mar tiene la capacidad para aportar la cuarta parte de la alimentación mundial para 2050.

Todo apunta a que los productos marinos adquirirán un papel protagonista en la dieta del futuro. Según los investigadores, la producción mundial anual de alimentos del mar podría aumentar entre un 36% y un 74% en los próximos 30 años -entre 21 y 44 millones de toneladas adicionales, prácticamente el doble de lo que se cuenta en la actualidad. Podemos convertir el mar en nuestra despensa, si sabemos cómo. El crecimiento azul viene con una condición: o es sostenible, o no será.

Hablemos del presente

Necesitamos conocer el presente para mirar hacia el futuro. Los científicos de la FAO han analizado en las 200 páginas del informe de qué manera aumentará la producción de alimentos en tres áreas distintas -pesquerías, acuicultura y cultivo de bivalvos- teniendo en cuenta las posibles limitaciones, especialmente las ecológicas y económicas. De aquí a este tiempo, Asia ha sido la gran despensa azul para el mundo produciendo casi la totalidad del pescado en China, India, Indonesia, Vietnam y Bangladesh; aunque Egipto, Noruega y Chile también han consolidado su puesto en lo alto de la lista.

“Durante el año pasado, el pescado supuso el 20% del importe proteico en la dieta de más de 3.000 millones de personas”, apunta el informe. “Es crucial para una dieta nutritiva en muchas zonas del mundo. No solo es uno de los productos más sanos pero también de los que menos impacto generan sobre el medio ambiente”. 

En 2018, el 88% de los 179 millones de toneladas de producción marina se utilizó para consumo alimenticio. Entre 1990 y 2018 el consumo de pescado aumentó un 122% y se cubrió con un crecimiento del 527% en la acuicultura mientras que la pesca tradicional no llegó a aumentar más del 14%. Entre los productos más consumidos encontramos las anchoas, los abadejos y el atún listado. 

La acuicultura ha hecho accesible el pescado a muchas regiones

“La acuicultura ha hecho accesible el pescado a muchas regiones y países que, de otra forma, no hubieran podido consumirlo. La producción en masa ha permitido rebajar los precios, garantizando una alimentación nutritiva y de calidad”, explican los científicos de la FAO. “A nivel global, desde 2016, la acuicultura ha sido la principal fuente de producción de pescado listo para consumir y, en 2018, supuso el 52% del total, una cifra que seguirá creciendo en el futuro”. 

¿Qué significa todo esto? Que es crítico alcanzar una acuicultura sostenible y apostar por la pesca local para poder mantener a salvo el medio ambiente. Actualmente, solo el 65% de la producción de carne marina es biológicamente sostenible. No es una cifra muy positiva puesto que en 1990 esta se situaba por encima del 90%. 

Y del futuro: más tecnología, mayor sostenibilidad

De acuerdo con la FAO, solamente el 33,1% de la población marina está explotada más allá de la sostenibilidad biológica. Una gran cantidad de poblaciones siguen siendo objeto de la sobrepesca, aunque es cierto que, como apunta el informe, alrededor de la mitad de las capturas de peces y pesquerías del mundo están ahora mucho mejor supervisadas. Sin embargo, la amenaza del cambio climático complica la situación. 

En consonancia con la visión de los ODS, que prevé la obtención de beneficios por la innovación en tecnologías de la información, el sector de la pesca y la acuicultura debe incorporar tecnología con miras a mejorar la sostenibilidad económica, social y ambiental para poder hacer un seguimiento completo de la pesca y poder garantizar su sostenibilidad. En la estrategia entran tecnologías de rastreo, sistemas de identificación automática e inteligencia artificial. 

El sector de la pesca y la acuicultura debe incorporar tecnologías que mejoren la sostenibilidad

Por otro lado, apunta el equipo científico, las enfermedades de los animales acuáticos son una de las limitaciones más graves para la expansión y el desarrollo de la acuicultura sostenible. “A nivel mundial, existe en la acuicultura la tendencia a que un patógeno que no se ha notificado anteriormente, y ocasiona una enfermedad nueva y desconocida, aparezca, se propague y cause grandes pérdidas de producción cada tres a cinco años”, advierten. Un factor que adquiere especial relevancia en esta segunda ola pandémica y que cada vez se interviene más a través del conocimiento de agentes patógenos, la mejora de la gestión de la salud de los animales y una mayor implicación en la bioseguridad.

Facilitar el acceso de los pescadores en pequeña escala a los recursos marinos y los mercados es el camino a seguir para una pesca más sostenible y accesible. La acuicultura permite una gran producción en un espacio corto de tiempo pero, como ya hemos visto, puede provocar grandes impactos ambientales en la biodiversidad marina y la seguridad alimentaria, por lo que debe compatibilizarse con una producción menos lesiva y más local. Por ello, los científicos de la FAO concluyen que es igualmente necesario “destacar la contribución de la pesca -en particular la pesca en pequeña escala- y apoyar su papel en los ingresos, la cultura y la seguridad alimentaria”. Entre las recomendaciones, destacan reconocer el papel de la mujer y dar prioridad a la igualdad de género en toda la cadena de valor, empoderar a las comunidades pesqueras con instituciones inclusivas y modificar los sistemas de recopilación de datos para incluir datos desglosados que tengan en cuenta nutrición, bienestar y género de las capturas. En el escenario del futuro es esencial vigilar muy de cerca los límites de nuestros mares y océanos para que puedan darnos lo que necesitamos, sin perder lo que siempre les ha pertenecido.

Los hitos sostenibles de la primera mitad de 2020

Este año iba a ser el pistoletazo de salida hacia una década más sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Por un lado, Naciones Unidas había marcado como objetivo proteger, al menos, el 30% de la biodiversidad en la Tierra y el océano de cara a 2030. Por otro, se habían organizado múltiples convenciones internacionales para abordar la pérdida acelerada de riqueza natural a escala global: la 15ª Conferencia del Convenio de Naciones Unidas de Diversidad Biológica (CBD), el Foro Mundial de la Biodiversidad en Davos (Suiza), las reuniones preparatorias de la COP26… La llegada del coronavirus congeló gran parte de los planes, pero no del todo. A continuación, recogemos los principales hitos sobre sostenibilidad que han marcado el primer semestre de este año tan insólito.

Aterriza el Pacto Verde Europeo

Enero comenzó con la llegada del Green Deal, la hoja de ruta más ambiciosa de la Unión Europea que busca convertir el continente en el primero climáticamente neutro en el año 2050. Para ello, la comisión ha consolidado siete pilares fundamentales: impulso de fuentes de energía alternativa más limpia, una industria sostenible basada en la economía circular, renovación de edificios, fomento de la movilidad sostenible, aumento de la biodiversidad en ciudades, pesca y agricultura respetuosas con el medio ambiente y prevención de la polución del aire, el agua y el suelo.

El Pacto Verde Europeo tenía previsto movilizar un billón de euros hasta 2027-2030 –el mayor porcentaje de la historia de gasto público en acción por el clima– y se vio acelerado por la pandemia global del coronavirus que, además de afectar a nuestro sistema económico y social, ha reafirmado la necesidad de una economía más limpia y sostenible para proteger los ecosistemas y, por ende, a nosotros mismos. Así lo aseguraba Teresa Ribera, vicepresidenta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, en una entrevista realizada en plena crisis sanitaria: “Del mismo modo que hay quien pone de manifiesto que esta crisis sanitaria tendrá salida una vez que tengamos vacunas y capacidad diagnóstica, sabemos cuál es el tratamiento que requiere nuestro medio ambiente. Eso sí, si avanzamos en su destrucción hasta el punto de no retorno, ni las vacunas ni el tratamiento funcionarán”.

Uno de los objetivos principales del Green Deal frenar el daño a la biodiversidad y garantizar así nuestra supervivencia en las próximas décadas. Porque, como subrayaba en los primeros meses de la pandemia Fernando Valladares, doctor en Biología del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el papel protector de la biodiversidad es fundamental para reducir la zoonosis (o propagación de infecciones de una especie animal al hombre) que supone ya el 70% de las enfermedades emergentes en el mundo.


Davos: del blanco de la nieve al verde de su reestrenado manifiesto

2020 comenzó también con una edición del Foro Económico Mundial que, además de celebrar medio siglo de estos encuentros entre políticos, empresarios y representantes de organizaciones sociales y culturales, afianzó el compromiso y la concienciación corporativa con la protección del medio ambiente. Durante las jornadas celebradas en enero, el fundador y presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, recordó que “nuestros esfuerzos para mantener el calentamiento global limitado a 1,5°C se están quedando peligrosamente cortos. Con el mundo en una encrucijada tan crítica, este año debemos desarrollar un Manifiesto de Davos 2020 para reimaginar el propósito y los cuadros de mando para las empresas y los gobiernos”.

España aprueba el anteproyecto de Ley del Cambio Climático

En nuestro país, los primeros meses de 2020 han gestado uno de los mayores hitos sostenibles de la historia española reciente: el anteproyecto de Ley del Cambio Climático, un texto legal que sitúa a España en el camino hacia la neutralidad en emisiones de carbono en 2050 para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París. El documento, cuya presentación en las cortes se retrasó hasta mayo por el coronavirus, permite que España fije por ley sus objetivos nacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en 2030 con un descenso del 20% respecto a niveles de 1990. Además de implicar a todos los sectores económicos en el reto de una reindustrialización más sostenible y una reducción drástica de emisiones, esta nueva Ley destaca especialmente por situar la educación ambiental en el centro del debate, una asignatura pendiente en nuestras aulas que el Gobierno considera de “especial importancia” para implicar a la sociedad española en todas las respuestas frente al cambio climático y la promoción de transición energética.

Caen drásticamente las emisiones… por el coronavirus

En el primer trimestre de 2020 hemos sido testigos de otro hecho insólito: la drástica reducción de emisiones a nivel mundial. A finales de marzo, el satélite Copericus Sentinel-5P mostraba la reducción de la contaminación atmosférica provocada por el dióxido de nitrógeno en ciudades tan contaminantes como Madrid, París o Milán entre el 15 y el 25 de marzo de 2020, coincidiendo con el inicio del confinamiento en España. Las emisiones diarias de dióxido de carbono también cayeron un 17% a nivel mundial y un 32% en España durante el mes de abril.

No obstante, una reducción tan llamativa no implica la minimización del impacto del cambio climático, tal y como argumentó la autora principal de la investigación, Corinne Le Quére: “Es probable que estas disminuciones extremas sean temporales, ya que no reflejan los cambios estructurales de los sistemas económicos, de transporte o de energía. La medida en que los líderes mundiales consideren el cambio climático al planificar sus respuestas económicas posteriores al coronavirus influirá en las trayectorias de las emisiones mundiales durante las próximas décadas”.


La economía circular: una realidad cada vez más cercana en España

El pasado junio se aprobaba en el Consejo de Ministros la Estrategia Española de Economía Circular (EEEC), denominada España Circular 2030, que nace con la intención de “superar la economía lineal e impulsar un nuevo modelo en el que el valor de productos, materiales y recursos se mantengan en la economía durante el mayor tiempo posible”. La puesta en marcha de este ambicioso plan de acción tiene una traducción clara en cifras y objetivos: reducir en un 30% el consumo nacional de materiales, mejorar un 10% la eficiencia en el uso del agua y recortar un 15% la generación de residuos respecto a 2010.

Para que la circularidad de nuestro sistema económico y productivo sea una realidad dentro de una década, el plan del Gobierno se centra en impulsar normativas para avanzar en este sentido las políticas económicas, de fiscalidad, de empleo, de I+D+i, de consumo, industrial, del agua, agraria y de desarrollo de áreas rurales. Además, según el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, las líneas de actuación principales sobre las que se centrarán las políticas de la EEEC se dividen en ocho pilares, cinco de ellos relacionados con el cierre del círculo (producción, consumo, gestión de residuos, materias primas secundarias y reutilización del agua) y tres de carácter más transversal (sensibilización y participación, investigación, innovación y competitividad, y empleo y formación).  

El sistema energético, más verde que nunca

El mix energético español es cada vez más verde. A la luz de los datos publicados en el Informe del Sistema Eléctrico de Red Eléctrica este mes de junio, en 2019 España incorporó a su parque de generación de electricidad más de 6,4 GW de nuevos megavatios de energía renovable. Así, España alcanzaba un máximo de capacidad de generación histórico: 110 GW de potencia instalada. Y, por primera vez en la historia, del total de la potencia instalada nacional, el 50,1 % correspondía a instalaciones de energía renovable, que superaban así a las tecnologías no renovables. Un avance necesario para la transformación del modelo energético de nuestro país.

Tras más de tres meses de pandemia global podemos decir que el coronavirus nos ha abierto los ojos de cara a nuestra convivencia con la Tierra. Los retos que se suman al calendario post-COVID19 implican ciudades más sostenibles y eficientes, una movilidad más verde y la transformación de nuestra economía y de los sistemas energético y productivo hacia un modelo más circular y verde. Todavía tenemos tiempo para cerrar 2020 como uno de los años más fructíferos contra el cambio climático.

Las mejores ciudades españolas (y europeas) para ir en bici este verano

Cada vez son más los viajeros que aprovechan el verano para descubrir nuevos destinos y desconectar de una forma saludable alejados de las grandes aglomeraciones, algo que es especialmente relevante este verano, marcado por el impacto del coronavirus. Por ese mismo motivo, el cicloturismo está cobrando especial protagonismo: es una opción ideal para mantener la distancia de seguridad, además de económica, saludable y sostenible. Estas son algunas de las ciudades y pueblos más bike-friendly en los que puedes rodar este verano.

Albacete, el ‘Ámsterdam de la Mancha’

En junio del año pasado, el portal de alquiler vacacional Holidu realizó un informe para conocer cuál de las 38 ciudades más grandes de España contaban con una mejor infraestructura de bicicleta, calculando los kilómetros de carril bici en función del número de habitantes. Y en este ranking, la ganadora fue Albacete.

Con 1,1 metro por habitante (190 km en total), esta ciudad se convierte en el ‘Ámsterdam de la Mancha’. Las distancias son cortas, las calles no tienen grandes pendientes y además son estrechas, por lo que el tráfico es lento y permite desplazarse tranquilamente en bicicleta sin asumir grandes riesgos. El sistema de préstamo de bicicletas lleva operativo en la ciudad desde 2014 y a finales del año pasado se renovó para contar con más de 300 bicicletas convencionales, 64 eléctricas y 32 paradas con tres tarifas distintas: 2 euros si se alquila por un día, 10 euros para el bono semanal y 20 euros si es un bono anual.

Por la ciudad se puede pasear alrededor de los edificios más antiguos y observarlos desde un ángulo nunca antes visto. Y fuera del entorno urbano hay decenas de rutas en bicicleta adaptadas para todas las edades y niveles que cruzan auténticos paraísos naturales.

Vitoria y Castellón: campo y mar

La capital alavesa es otra ciudad que merece la pena disfrutar pedaleando. Cabe recordar que Vitoria fue Green Capital en 2012 debido a, entre otras cosas, su fuerte apuesta por una movilidad más sostenible. Si uno la visita no puede dejar de conocer su famoso Anillo Verde, por el que transcurren parte de los 145 kilómetros de carriles bici (0,59 por habitante) y que permiten circunvalar la ciudad entre estanques, senderos y bosques. Si te quedas con ganas de más, echa un vistazo a estas 15 rutas por la Red de Itinerarios Verdes de Álava.

En caso de que prefieras recorrer una ciudad marítima, Castellón es una buena opción. Con 0,51 metros de carriles bici por habitante, puedes llegar hasta la playa en bicicleta y conectar con otras vías que te permiten recorrer todo el litoral descubrir decenas de pequeños pueblos de la provincia.

Concienciar sobre la despoblación… a dos ruedas

El cicloturismo también puede ayudar a concienciar sobre la despoblación que amenaza al interior de España. Al menos así lo concibió el turolense Ernesto Pastor al diseñar Montañas Vacías, una ruta de 680 kilómetros que recorre las diez provincias de la Serranía Celtibérica sin pisar el asfalto y enlazando únicamente pistas forestales en buen estado tanto para bicicleta de montaña (btt) como de ruta (gravel). Si prefieres descubrir el mundo rural antes que las grandes ciudades, su página web no tiene desperdicio: los mapas dibujados a mano y las acuarelas destacando las localizaciones más llamativas no te dejarán indiferente.

Los Pueblos Blancos en bicicleta

Las características casas bajas y blancas andaluzas son un libro abierto sobre la historia de sus habitantes. Entre las provincias de Málaga y Cádiz, parte de la antigua ciudad de Ronda una ruta ciclista de una semana de duración que te llevará por los llamados Pueblos Blancos de Arriate, Setenil de las Bodegas, Torre Alhaquime y Olvera para cerrar con las famosas vistas marítimas del Puerto de Santa María, en la Bahía de Cádiz.

Apuesta verde también fuera de nuestras fronteras

En Europa hay multitud de opciones bike-friendly que nos permiten descubrir a nuestros países vecinos. De los Estados miembro, Holanda es el país de la bicicleta por excelencia, hasta tal punto que este transporte cuenta con su propia embajada, la Dutch Cycling Embassy. Ámsterdam tiene más de 400 km de carril-bici que llegan prácticamente hasta todos los rincones de la ciudad y garantizan el acceso a un exhaustivo recorrido turístico por todos sus barrios.

Copenhague, la capital de Dinamarca, cuenta con 350 kilómetros de carril-bici separado de las carreteras -el cykelslangen- y más de 125 puntos públicos de alquiler. Pagando solo 3 euros de fianza al día puedes descubrir tanto el casco urbano como la playa de Amager, el parque de ciervos Jaegersborg o el castillo de Kronborg. Si prefieres ciudades menos masificadas, puedes apuntar en tu lista de destinos a Malmö, la tercera ciudad más grande de Suecia, con más de 500 km de carril-bici sin pendientes; Split (Croacia) con 453 rutas ciclistas por costa y bosques o la irlandesa Killarney, donde encontrarás auténticas rutas de fantasía entre parques nacionales y castillos. Aunque, si prefieres buscar tu propio destino, siempre puedes consultar OpenCycleMap, una web colaborativa donde los ciclistas registran con GPS sus rutas favoritas por todo el mundo.

Consejos para un verano sostenible (y responsable)

Durante los duros meses de confinamiento, millones de personas soñaban desde sus hogares con un verano como los de siempre, de esos en los que el reloj se queda en casa y el sol lo baña todo para darnos la oportunidad de recargar pilas. Y, aunque nos encontremos en una imprevista nueva normalidad, el verano sigue siendo para desconectar y disfrutar.  Sin embargo, no debemos olvidar todas esas pautas que seguimos durante el resto del año para proteger y conservar el medio ambiente.

A continuación, recogemos algunos consejos para que este verano sea lo más sostenible posible sin dejar de lado la responsabilidad ciudadana frente a la propagación del coronavirus.

Evita utilizar plásticos innecesarios

Vivimos un momento de la historia en el que el plástico, justo cuando estaba a punto de convertirse en material tabú, se ha vuelto imprescindible para los equipos de protección individual hospitalarios, las mascarillas de la población, las gafas y viseras, pantallas protectoras, respiradores, guantes de supermercado y otros tantos objetos. Pero, aunque necesario, el plástico sigue siendo una amenaza para la salud de nuestros ecosistemas, por lo que su correcto tratamiento es ahora más esencial que nunca.

Utilizar bolsas reutilizables que tienes en casa en lugar de carros y cestas es un pequeño acto que, además de evitar adquirir bolsas de plástico de un solo uso, también garantiza una mayor seguridad para protegerse contra la COVID-19. En este sentido, lo ideal es evitar, en la medida de lo posible, el exceso de envoltorios –como por ejemplo las bandejas para carnes y pescados– y comprar de manera local y a granel, gesto que además permite escoger la cantidad que realmente necesitas. Otra manera de reducir la huella de plástico es escoger aquellos establecimientos que más apuestan por la sostenibilidad. Para facilitar esta elección, Greenpeace ha elaborado un ránking de supermercados según su huella plástica.

Deja el paisaje como lo encontraste y no tires las mascarillas al mar

En estos meses, disfrutar de un picnic en la playa o en la montaña es un plan muy atractivo. Sin embargo, cabe recordar que los espacios naturales no son basureros. Intenta siempre dejarlos tal y como los encontraste, recogiendo todos los residuos que hayas dejado a tu paso. Lleva contigo unas bolsas de basura –si son de plástico reciclado, mejor- para recoger todos tus deshechos.

Las mascarillas se han convertido en el principal accesorio de nuestra vestimenta diaria y la principal herramienta para luchar contra la pandemia. Sin embargo, la organización sin ánimo de lucro Opération Mer Propre (Operación Mar Limpio, en español) denunció hace unas semanas que las mascarillas y los guantes ya han llegado al fondo del mar Mediterráneo. Tirar nuestros equipos de protección al mar o dejarlos olvidados en cualquier espacio exterior es una irresponsabilidad a nivel medioambiental y sanitario: lo correcto es echarlos al contenedor de los restos, el de la basura doméstica habitual (color gris). Si provienen de personas enfermas, deben ir en dos bolsas de basura cerradas, según las indicaciones de las autoridades sanitarias.

Opta por protectores y prendas de baño sostenibles

Usar crema solar es imprescindible para proteger nuestra piel de posibles quemaduras. Sin embargo, hay estudios, como el elaborado por la organización Haereticus Environmental Laboratory, que demuestran que, con el contacto con el agua, los protectores desprenden ciertos productos tóxicos que son perjudiciales para los ecosistemas marinos. Por ello, cada vez hay más opciones sostenibles en los supermercados y algunas se fabrican sin Oxibenzona, un químico que resulta dañino para algunas especies marinas.

También en la moda de baño podemos apostar por la economía circular. En concreto, la firma española Venus emplea materiales reciclados en sus colecciones con un doble objetivo: reintroducirlos para darles una segunda vida y evitar que se conviertan en residuos.

Evita hacer viajes cortos en avión

El avión es uno de los medios de transportes que más contaminantes del mundo: se calcula que emite 285 gramos de CO2 por pasajero y kilómetro. Por eso, tal y como llevan tiempo aconsejando gobiernos e instituciones, lo mejor es evitar volar si hay una alternativa como el tren o el autobús, que ya están en pleno funcionamiento con nuevas medidas de seguridad y ocupación.  

Muévete de forma sostenible

Aunque durante las semanas más duras de la pandemia se primó el uso del transporte privado sobre el público, no debemos abandonar este medio de movilidad que nos ayuda a cuidar nuestro entorno.

Y entre toda la oferta disponible, para recorridos más largos y desplazamientos en las urbes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda utilizar la bicicleta porque “proporciona la distancia física necesaria mientras ayuda a cumplir con el requisito mínimo para la actividad física diaria, que puede ser más difícil debido al aumento del teletrabajo”.

Más simple y compartida: ¿hacia dónde va la transformación digital en las empresas?

Volátil, incierto, complejo o ambiguo son palabras que describen a la perfección el futuro que nos espera tras la crisis del coronavirus. También a nivel empresarial. Estos cuatro adjetivos no nacen del azar, sino que corresponden al acrónimo inglés VUCA (por las siglas de las palabras en este idioma) y es un término empleado para referirse a un escenario que pone en jaque la rutina estratégica y profesional de las compañías, independientemente de su tamaño o naturaleza.

La extraordinaria situación vivida no solo ha puesto patas arriba el sistema económico y social, sino que ha dejado al descubierto numerosas brechas, entre ellas la tecnológica, tanto entre los alumnos que se han visto obligados a seguir con el curso escolar desde casa como entre los empleados de miles de empresas obligadas a poner a prueba o reforzar su estrategia digital de la noche a la mañana. El confinamiento preventivo, la aplicación del teletrabajo y una mayor presencia de los clientes en el espacio digital no ha dejado alternativa a las compañías: o entran de lleno al mundo del dato, o se quedan atrás.

El reto no es fácil. Las compañías de nuestro país no presumen todavía de ser unas de las más maduras digitalmente. De hecho, según concluía el informe sobre innovación digital de la consultora Minsait, antes de la pandemia más de la mitad de empresas carecía de programas para evolucionar hacia la Data Driven Organization (o DDO), a excepción del sector de las telecomunicaciones y la banca. Precisamente la Agenda 2030, en su ODS 9, hace un llamamiento a impulsar la digitalización para acelerar  la economía circular y  la eficiencia energética.

En este contexto, el escenario que nos deja el coronavirus exige una transformación digital compartida que mejore la tanto la experiencia del cliente como la gestión empresarial, por lo que ya han ido ganando terreno algunas propuestas tecnológicas que responden al famoso mantra repetido por el fundador de Apple, Steve Jobs, durante décadas: “Keep it simple” o, cuanto más simple, mejor.

Herramientas de colaboración

Dentro del entorno empresarial, una de las herramientas que más ha se ha utilizado en los últimos meses han sido las plataformas de colaboración. Estas permiten, no solo que los equipos y los clientes interactúen de manera sencilla y segura entre ellos, sino que facilitan el monitoreo de los procesos de trabajo mejorando así su eficacia. Enviar correos electrónicos, compartir archivos, realizar videoconferencias, editar presentaciones… la lista de las acciones que se pueden realizar a través de estas plataformas es larga, pero para garantizar que su uso mejora realmente el trabajo en equipo y la comunicación entre trabajadores, lo ideal es escoger -de entre las decenas que existen: Slack, Microsoft Teams, Trello…- aquella que más se ajuste a las necesidades de proyecto.

Firma digital

Los trámites burocráticos o administrativos requieren normalmente la presencia física de la persona implicada. Una misión casi imposible de cumplir durante el confinamiento, ya que mientras la rueda burocrática continuaba girando, la población ha tenido que quedarse recluida en sus hogares para protegerse (y proteger a los demás) del virus. Por este motivo, son muchas las empresas que ya han comenzado a implantar soluciones digitales que habiliten la firma electrónica y permitan agilizar la firma de documentos o certificados. Además de facilitar la gestión de algunos procesos durante los momentos más complicados de la pandemia, la firma electrónica presenta beneficios también a largo plazo: permite reducir tiempo y costes, así como gastos de oficina; reduce el impacto medioambiental de la impresión o envío de documentos de papel, y mejora inevitablemente la experiencia del usuario.

Datos en la nube

Otra de las respuestas digitales al coronavirus por parte de las empresas ha sido la apuesta por soluciones en la nube. De hecho, según la consultora Canalys, la inversión en servicios de infraestructura en la nube ha aumentado un 34% a nivel mundial durante el primer trimestre de 2020 por el teletrabajo. Son muchos los analistas que sostienen que ha sido gracias a la ubicuidad, la capacidad ilimitada y la seguridad que presenta la nube lo que ha permitido que el teletrabajo se haya desarrollado tan rápidamente en los últimos meses. Asimismo, ha dado lugar a una dinámica laboral mucho más flexible y productiva, ya que los empleados pueden encontrar, consolidar y compartir rápidamente y de manera sencilla datos e información.

…Y captación del talento a través de LinkedIn

La transformación digital de las empresas también pasa por los trabajadores. Con la pandemia, los procesos de selección han experimentado fuertes cambios estructurales en estos meses y,  las entrevistas virtuales han crecido de forma exponencial. Sin embargo, el miedo a lo nuevo, a no poder  transmitir todo lo que uno desearía o la inseguridad sobre cómo comportarse frente a una webcam puede acabar pasando una mala jugada a los candidatos. Por ello, la red social profesional LinkedIn ha lanzado la plataforma Preparación de Entrevistas para preparar a los futuros empleados de cara a los procesos de selección virtuales con ayuda de la Inteligencia Artificial (IA). La herramienta ofrece respuestas a las preguntas más frecuentes y consejos de expertos de recursos humanos y, en estos momentos, se está testando globalmente.

Diversidad en la empresa: mucho más que una bandera

Silicon Valley es el epicentro de la innovación y la tecnología, pero tiene una gran grieta: la mayor parte de sus empleados son hombres blancos. Este es un hecho que lleva denunciando desde 2012 la organización Code2040, nacida en San Francisco con el objetivo de acabar con la brecha racial en la ingeniería y la tecnología, y que corroboran los datos de diversidad racial de las propias compañías: en Apple, Facebook, Google, Microsoft y Twitter, más de la mitad de los empleados son blancos. La empresa de Bill Gates casi roza el 62% y Google alcanza el 60% frente al 1% de trabajadores afroamericanos.

Según explicaron desde Code2040 en una entrevista, la irrisoria falta de diversidad no es solo una cuestión social, sino que “amenaza la capacidad de Estados Unidos para seguir siendo competitivos” contra grandes mercados como el asiático. Y están en lo cierto: construir una plantilla diversa en cuanto a etnias, edades, países de origen e identidades sexuales es un activo esencial para el crecimiento, la innovación y la sostenibilidad de las empresas en el futuro próximo.

Son incontables los estudios sobre la composición del tejido empresarial que demuestran que aquellas compañías con políticas de gestión de la diversidad han reportado una mayor capacidad para atraer talento y ofrecer soluciones de negocio más creativas e innovadoras. Un ejemplo es la conclusión a la que llega la consultora MacKinsey & Company tras analizar entre 2008 y 2010 a más de 180 empresas que cotizaron en Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, y observar que aquellas compañías con más mujeres y ciudadanos extranjeros en altos puestos obtienen mejores resultados que otras con menor diversidad.

El discurso ha cambiado para siempre y, por ese mismo motivo, la Agenda 2030 otorga en sus ODS 8 y 10 al sector privado -desde microempresas hasta multinacionales- un papel fundamental en la transformación hacia una sociedad más sostenible que logre una remuneración equitativa para hombres como mujeres de todas las etnias, incluidos jóvenes y personas con algún tipo de discapacidad.

Las claves para una empresa realmente diversa

Las compañías ya no pueden ignorar el mundo globalizado en el que vivimos. En última instancia, son ellas las que responden a las demandas de una sociedad formada por un enorme abanico de edades, identidades sexuales, géneros y orígenes. Cada una de las personas que la conforman tiene su propia concepción de la realidad y todas necesitan ser puestas en valor. Es pura lógica empresarial: el sistema de producción que omite a las minorías se ha quedado obsoleto.

Los beneficios ya están puestos sobre la mesa: incremento de la satisfacción y compromiso con la empresa, reducción del absentismo, desarrollo de competencias interculturales, acceso a nuevos mercados, mejores vínculos con los clientes debido a una mejor comprensión de sus necesidades y, por último, una mejora en la reputación empresarial. Ahora solo queda conseguirlo.

“El mayor reto de las políticas de diversidad en la actualidad es ser auténticas”, apunta el Ministerio de Trabajo español en un extenso informe sobre la gestión de la diversidad en los entornos profesionales nacionales. “Se trata, más allá de una cuestión de números, de mejorar la calidad, eficacia y sostenibilidad de nuestras actuaciones. El futuro de la diversidad pasa por integrarla en el ADN de las organizaciones y convertirla en el motor de crecimiento”.

Según datos de la Unión Europea, mientras que en los países del norte del continente, un 63% de las empresas considera la gestión de la diversidad como un aspecto positivo, en España solo ocurre en uno de cada 100 casos. En una encuesta realizada por eBay en 2017 sobre la diversidad en el empleo, uno de cada cinco españoles aseguraron haberse sentido excluidos en sus trabajos por alguna característica personal como el género, la edad, la etnia o la religión; una cifra que aumenta hasta casi la mitad (44,7%) dentro del colectivo LGTBI+.

Uno de cada cinco españoles aseguran haberse sentido excluidos en sus trabajos

Como vara de medir la actitud del tejido empresarial español frente a la gestión de la diversidad, podemos utilizar el Índice D&I que la Red Acoge lleva elaborando desde hace cinco años a través de encuestas realizadas a medio centenar de empresas con el fin de evaluar cómo se desenvuelven en cuatro categorías: sistema de gestión interno para la diversidad y la inclusión, política corporativa de no discriminación, medidas externas de la gestión de la diversidad y mapa de la diversidad.

Las cifras demuestran que hay un importante crecimiento de la diversidad cultural en el entorno profesional, especialmente en los mandos medios, una relación que la fundación explica con la internacionalización de las empresas: al abrirse a otros países, automáticamente se integran más nacionalidades. De hecho, ocho de cada 10 empresas encuestadas cuentan con una estrategia de selección que garantiza la no discriminación por razones de etnia, género u orientación sexual y que se centra únicamente en el talento.

“Las compañías tienen mucha voluntad por mejorar su gestión de la diversidad: al final vivimos en un mundo globalizado y cada gota de nuestra inteligencia colectiva cuenta”, apuntan desde Red Acoge. “A lo largo de estos años hemos observado que las empresas, en su mayoría pymes, promueven la perspectiva de la diversidad en acciones de proyectos sociales o programas de voluntariado corporativo”.

El mayor porcentaje de sensibilización disminuye en los mandos intermedios y superiores

No obstante, el mayor porcentaje de sensibilización en diversidad e inclusión se acentúa en la plantilla general y disminuye si miramos hacia los mandos intermedios y superiores. La cifra que se torna especialmente baja dentro del colectivo LGTBI (13% en mandos superiores frente al 41,67% en la plantilla en general). Falta comunicación entre CEO y empleado, en palabras de Red Acoge: “El liderazgo inclusivo es clave para incidir en la sensibilización en los niveles superiores y terminar generando un efecto cascada que llegue al resto de la plantilla”.

Aunque la comunicación transversal es clave en una empresa con una gestión de diversidad exitosa, la fundación indica cuatro puntos más a cumplir: “Es importante que las empresas vayan introduciendo planes de diversidad y adopten políticas que incluyan el derecho de la no discriminación, que los mandos superiores revisen la forma en que se toman decisiones y cómo se comunican a los empleados en materia de diversidad y, también, utilizar un discurso fácilmente comunicable”.

El objetivo final está, según los expertos, en alinear la diversidad cultural con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y que las empresas, incluidas las que están presentes en Silicon Valley, recurran a ella como eje vertebrador de la inclusión en el entorno laboral. Solo ese, apuntan desde Red Acoge, será el camino para la excelencia empresarial: “La diversidad cultural será el que delimite el futuro sostenible, respetuoso y comprometido”.