Autor: Cristina Suárez

¿Es la madera el futuro de la energía eólica?

La madera puede ser tan fuerte como el acero y guardar en su interior un nuevo futuro para la energía eólica. Así lo ha demostrado la localidad de Björko, a las afueras de Gotemburgo (Suecia), tras construir un aerogenerador de madera de más de 30 metros de altura. Es el primero del país y se ha convertido en un espejo en el que actualmente se miran el resto de economías por tres motivos muy concretos: al ser un material más barato que el acero reduce en gran medida los costes de producción, proporciona un mayor ahorro energético y minimiza drásticamente su impacto medioambiental.

«Una torre de madera puede reducir hasta 2.000 toneladas de emisiones»

Estos nuevos modelos de aerogeneradores, que se suman a otras iniciativas de menor impacto como los aerogeneradores sin aspas, están construidos en madera laminada, un material capaz de adaptarse sin mayores complicaciones a la altura que necesiten las torres. Además, se consideran climáticamente neutros, ya que la madera utilizada para su construcción proviene directamente de árboles que ya han absorbido su parte de dióxido de carbono. «Una torre de madera puede reducir hasta 2.000 toneladas de emisiones», calcula Otto Lundman, presidente de la compañía que ha creado este modelo, Modvon. «Es un avance importante que abre camino a la generación de nuevos aerogeneradores».

Sin embargo, fue Alemania el primer país que apostó por la madera para la producción eólica en 2012, abriendo la veda a nuevas obras de la ingeniería basadas en las materias primas que nos aporta la naturaleza y que siempre nos han acompañado. Es importante tener en cuenta que las turbinas eólicas tienen una vida útil media de 20 a 25 años, así que los primeros aerogeneradores que se instalaron a principios de este siglo pronto nos harán plantearnos cómo desmantelarlos y deshacernos de sus residuos de una forma respetuosa con el medio ambiente.

Volver a lo básico

En la actualidad, el 85% de los materiales que componen los campos eólicos son reciclables pero, según cálculos de la Universidad de Cambridge, en los próximos años se producirán 43 millones de toneladas de materiales eólicos que deberán encontrar un destino. Los materiales más tradicionales se presentan así como el mejor aliado para afrontar la transición energética de la forma más sostenible. 

El 85% de los materiales que componen los campos eólicos son reciclables

Otro buen ejemplo de esta nueva ambición por reducir el impacto medioambiental de las energías renovables a través de materias básicas lo encontramos en la energía solar. Cada panel fotovoltaico produce una huella de 29 gramos de dióxido de carbono por kW, una cifra que debe reducirse de cara a garantizar la eficiencia energética sostenible.

Por eso, varias empresas españolas están desarrollando un proyecto capaz de reducir hasta un 30% la huella de carbono de la industria fotovoltaica, empleando más eficientemente sus recursos e innovando en materiales que abaratan el precio y, además, son más reciclables, como la plata o el indio. Por otro lado, la Universidad de Berkeley (California) ha descubierto que es completamente factible utilizar metales oxidados para fabricar paneles solares, reciclando esos materiales, que, de otra forma, acabarían en la basura y abaratando el coste de producción de energía solar. 

Los sectores de la arquitectura y la construcción  recurren de nuevo y cada vez más a los materiales provenientes de la naturaleza para erigir las viviendas del futuro. Para 2050, el mundo tendrá que dar un techo a más de 9.700 millones de personas, según cálculos de las Naciones Unidas, por lo que garantizar la sostenibilidad de nuestros hogares pasará por hacerlo de la forma más circular posible. 

La proteína de leche, las fibras de celulosa o el mycelium son cada vez más atractivos en la construcción de viviendas sostenibles

Entre los nuevos materiales que se están utilizando para las viviendas encontramos paneles que reemplazan a la madera y están fabricados a partir de desechos de cultivo de trigo, pintura ecológica creada con arcilla y proteína de la leche, mycelium -una especie de hongo- para crear ladrillos resistentes, fibras de celulosa para aislar los hogares de las temperaturas extremas o ceniza volcánica como sustituta del cemento.
Según el informe Innovación y Sostenibilidad en Materiales 2020 de Alimarket, en los últimos cinco años los fabricantes de materiales lanzaron 1.769 nuevas soluciones sostenibles de cara a reducir el impacto medioambiental de nuestra actividad en el planeta. Desde los primeros días de vida de la humanidad, el ser humano siempre ha buscado imitar a la naturaleza y vivir a su imagen y semejanza. A fin de cuentas, nada es tan eficiente y circular como la propia vida del planeta, por lo que vivir de forma sostenible debe basarse en la aplicación de sus materiales más básicos, aquellos que permitan devolverle lo que hemos tomado prestado durante tanto tiempo.

La recuperación verde mundial

Quedan menos de diez años para que llegue la fecha en que se habrán tomado todas las medidas propuestas para salvar el planeta del peligro climático: el año 2030. Si miramos atrás, es casi imposible calcular con exactitud el total de planes de acción aprobados alrededor del mundo durante los últimos años con el objetivo de mitigar el impacto de la actividad humana y garantizar su supervivencia. El Green Deal, el Acuerdo de París, la Agenda 2030 o la ley española de Cambio Climático, recién enviada al Senado para su aprobación, son solo algunos de los ejemplos más recientes. 

Solo el 12% de los planes de recuperación tienen en cuenta el medio ambiente para mejorar la economía

Sin embargo, parece que no terminamos de interiorizar el significado real del cambio climático y tomar las medidas realmente necesarias. La Finance for Biodiversity (F4B) ha estudiado durante este último año los planes de recuperación económica planteados por los países del G20 y otros diez estados (incluido España) y la medida en que estos incluyen medidas relacionadas con la salud del planeta en sus hojas de ruta para la recuperación post-covid. Así, el Greenness of Stimulus Index advierte: solo el 12% de los planes de recuperación actuales tienen en cuenta el medio ambiente para mejorar la economía.

17 de los 30 países analizados se preocupan por el medioambiente

Los expertos que firman la investigación advierten que, aunque hay indicios de mejora en los estímulos verdes, aún no se ha logrado aprovechar en muchos casos la oportunidad de combinar la recuperación económica con el crecimiento sostenible mediante la inversión en clima y biodiversidad. No obstante, el informe sí que aplaude el plan de recuperación de la Unión Europea Next Generation EU por dirigir el 37% de su presupuesto hacia la eficiencia energética o la restauración de los ecosistemas. 

De los 30 países analizados 17 han mejorado el aspecto medioambiental en sus paquetes de recuperación

En cuanto a la treintena de países analizados en este informe, 17 de ellos destacan por el aspecto medioambiental de sus paquetes de recuperación con respecto al año anterior. España es una de ellas y, de hecho, se sitúa por delante de Alemania, Suecia, Finlandia, Suiza, Italia, Australia, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos en materia de resiliencia verde. Esto se debe al nuevo plan de recuperación tras la pandemia cuyo pilar fundamental es el impulso de la transición energética y ecológica a través de medidas e iniciativas concretas que impulsan los proyectos verdes.

En España, el nuevo plan de recuperación ha disparado su puntuación en el ranking

Esta conclusión también la comparten las Naciones Unidas en un estudio similar titulado ¿Saldremos mejores?. En él analizan más de 3.500 medidas fiscales tomadas alrededor del mundo. Los resultados sitúan a España a la cabeza de los países que están invirtiendo en verde tras la crisis sanitaria y destacan que nuestro país ya está dentro del conocido G-8 verde (falta enlace).

Fuente: Informe Greenness of Stimulus Index elaborado por Finance for Biodiversity (F4B)

La F4B señala a Canadá como líder en la recuperación económica verde gracias al Healthy Environment Plan, una línea de recuperación que incluye cientos de iniciativas verdes e inversiones relacionadas con el transporte y la energía. También Estados Unidos ha ganado puntos tras la victoria electoral de Joe Biden y su vuelta al Acuerdo de París, aunque, advierte el informe, «sigue a la cola de otras muchas naciones».

Tras su análisis y sus propuestas para pintar de verde los paquetes de recuperación económica, F4B lanza un mensaje optimista como conclusión final: aún estamos a tiempo. «Esta es la oportunidad perfecta para tomar ejemplo de aquellos países que han decidido coger el toro por los cuernos y actuar con decisión para prevenir el daño irreversible del planeta», insisten. «No podemos resolver una crisis mientras creamos otra».

La educación un año después de la covid: brecha digital y educativa

Llegaba la segunda quincena de marzo cuando más de 300 millones de niños y niñas en el mundo veían las puertas de sus colegios cerrarse a cal y canto. Era 2020 y los pequeños recibían la noticia como unas vacaciones inesperadas, unos pocos días de descanso hasta que todo volviera a la normalidad. Pero pasaron las semanas, y luego meses: los centros educativos de todo el mundo cerraron durante una media de 95 días como consecuencia de la pandemia provocada por la covid-19. En algunos países de América Latina y el Caribe, los estudiantes no pudieron volver a sus pupitres hasta 158 días después.

214 millones de alumnos y alumnas perdieron al menos tres cuartas partes de su curso escolar a consecuencia de la pandemia

Ha pasado un año desde ese primer día que dejó a los colegios llenos de silencio, y los datos más actuales son abrumadores: a nivel global, 214 millones de alumnos y alumnas de entre infantil y secundaria perdieron al menos tres cuartas partes de su tiempo escolar durante la pandemia. De ellos, 168 millones ni siquiera pudieron asistir al 90% del curso escolar. En su informe One year of Education Disruption, UNICEF advierte: «Los cierres de la escuela no han hecho más que exacerbar la crisis educativa que existía antes de la pandemia, que ha afectado especialmente al alumnado más vulnerable».

La brecha educativa –ya existente en el contexto precovid– se ha agrandado hasta tal punto que ya es una herida abierta, infectada por la digitalización disfuncional, la falta de conocimientos digitales del profesorado, la incipiente diferencia entre la atención al alumnado avanzado y aquel que necesita refuerzo, así como la consecuente falta de motivación por parte de estudiantes y docentes, obligados a habituarse a un sistema educativo desgastado por la pandemia. Y, efectivamente, ha sido especialmente dañino con los menores más vulnerables: el documento, pionero en mostrar los datos de cierre de más de 200 países, sitúa en las primeras posiciones a países en vías de desarrollo como Brasil, Bangladesh, Uganda o Sudán cuando evalúa el tiempo que niños y niñas han pasado sin poder acceder a clase.

La piedra angular de la digitalización

Todos estos problemas beben de una misma fuente: la brecha digital. A día de hoy, dos tercios de los niños y niñas en edad de escolarización no tienen acceso a Internet en sus hogares. Su única forma de aprender era yendo a clase, y cuando se vieron privados de ese acceso, acabaron inevitablemente desvinculados de la actividad académica. Como indica Save the Children, esto ha generado «una falta de comunicación y seguimiento, agravando procesos de desvinculación progresiva que, antes de esta crisis, afectaban al alumnado más desfavorecido y que ahora, no solo puede provocar abandono escolar, sino perpetuarse en el tiempo».

En España, 100.000 hogares con menores e ingresos inferiores a 900 euros no tienen acceso a Internet

En España, 100.000 hogares con menores e ingresos mensuales netos inferiores a 900 euros no tienen acceso a Internet y otros 235.000 hogares solo pueden conectarse a la red a través de un teléfono móvil, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Un obstáculo que, si ya es complicado de superar en los entornos urbanos, se convierte en un muro insalvable en las zonas rurales de nuestro país: existen algo más de 4.000 municipios en los que no se alcanzan las conexiones de treinta megas, y 2.600 donde no llegan ni siquiera los diez. Tras los primeros meses de pandemia, la OCDE situó a nuestro país a la cola de la digitalización del sector público.

Esto no ayuda a resolver otro problema arraigado antes de la covid-19: nuestro país cuenta con la mayor tasa de abandono escolar de la Unión Europea, un índice que se retroalimenta con la continua desvinculación de las aulas que ha vivido la mayor parte del alumnado durante la pandemia. Garantizar el acceso a la tecnología a todos los alumnos, promover el desarrollo profesional de los docentes en materias digitales y la exploración de nuevas metodologías que promuevan la creatividad son los tres faros que deben guiar la educación a partir de ahora para garantizar su inclusividad.

El papel de las empresas

Y, en esta lucha para superar la brecha digital en la educación, el papel de la empresa también es relevante.Como primer paso, el Grupo Red Eléctrica  se ha sumado a la Alianza País Pobreza Infantil Cero, promovida por el Alto Comisionado para la Lucha contra la Pobreza Infantil, que reúne a más de 75 empresas, fundaciones y administraciones públicas. El grupo es especialmente sensible a esta necesidad por la actividad que desarrolla en el sector de las comunicaciones, por un lado, a través de su filial Reintel, que ya ha desplegado más de 50.000 kilómetros de fibra óptica oscura y, por otro, a través de los satélites de Hispasat, que facilitan la llegada de señal a las zonas más aisladas que no cuentan con fibra

En el acto de presentación, Beatriz Corredor, presidenta de Red Eléctrica, sentenció: «A día de hoy, la conectividad debe ser un recurso básico como el agua o la luz. No podemos permitir que haya un solo niño o niña que no pueda seguir su educación por falta de internet». Esta sinergia fundamental para evitar que, en el futuro, nadie se quede descolgado de su derecho más básico: aprender. 

A finales de abril de 2012 se celebra la Semana de Acción Mundial de la Educación. Su objetivo es abordar de manera urgente la falta de financiación para la educación, agravada por la pandemia de covid-19 y que está impidiendo la consecución del 4º ODS. Un paso más para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todos los niños y niñas en el mundo.

Así es el ambicioso proyecto verde danés

Para llegar al futuro hay que soltar la mano de los combustibles fósiles. Y no es fácil. A pesar de que el Acuerdo de París pide urgentemente el fin de su uso, todavía se están construyendo nuevas centrales térmicas en numerosos rincones del mundo. China e India, por ejemplo, son los dos países con mayor número de plantas de energía de carbón con las que cuentan para dar respuesta a sus elevados índices de demanda energética. ¿Es posible garantizar la demanda energética reduciendo nuestra dependencia de los combustibles fósiles?

Alcanzar la neutralidad climática pasa por buscar alternativas que transformen el sistema de la forma más justa y rentable para todos. Por suerte, para encontrar algunos ejemplos, no hay que irse muy lejos: Dinamarca acaba de dar luz verde a un innovador proyecto que no solo cambia el paradigma de la distribución energética verde, sino que también genera riqueza: fomenta la creación de empleo, convierte los residuos en agua y renaturaliza el sur de Copenhague. Bienvenidos a Holmene.

Una isla para llegar a la meta: Holmene

Islote, en danés. Ese es su significado. Holmene es -o, mejor dicho, será- un archipiélago de nueve islas artificiales distribuidas en tres millones de metros cuadrados de superficie y 18 kilómetros de costa, que se expandirán por la península de Jutland. El conjunto, fruto de la innovación y la tecnología verde, tendrá la capacidad para reducir la emisión de 70.000 toneladas de CO2 al año y producir un total de 322.000 MWh de energía verde, la suficiente como para cubrir el consumo del 25% de la población de Copenhague. 

En 2050, Dinamarca prohibirá la extracción de petróleo y gas en el mar

Ideado por el gobierno danés y el municipio de Hidrove, este paisaje costará 425 millones de euros y empezará a construirse en 2022. Estará listo, si todo va bien, en 2040, justo a tiempo para cumplir con la fecha de caducidad que las nuevas políticas verdes danesas han puesto al petróleo en el país: a partir de 2050, quedará prohibida la extracción de petróleo y gas en el mar del Norte.

Holmene también supondrá un importante impulso al futuro de la economía danesa. Las nuevas islas energéticas acogerán la mayor planta de conversión de residuos del norte de Europa, donde se procesarán los bioresiduos y las aguas sanitarias de 1,5 millones habitantes de la región para convertirlas en agua limpia y biogás, contribuyendo así a la economía circular y creando más de 12.000 puestos de trabajo. 

Una de las claves de un sistema más sostenible se encuentra en la intermodalidad de las estructuras. Y eso es algo que el gobierno danés también tiene en cuenta. Holmene apuesta por la protección de la biodiversidad, su equilibrio sano con la vida humana y la adaptación urbana a las alteraciones meteorológicas provocadas por la crisis climática. Así, las nueve islas estarán rodeadas por un cinturón natural que se utilizará para instalaciones deportivas y áreas recreativas y que, con la ayuda de diques, convertirá el archipiélago en un muro de contención frente a posibles inundaciones no previstas.

La ejemplaridad danesa

Dinamarca siempre se ha caracterizado por su ambición en la lucha contra el cambio climático. Para empezar, construyó el primer parque eólico marino del mundo y lanzó 13 asociaciones climáticas con el sector privado. Después, adelantó a la Unión Europea en materia climática al establecer hace dos años una Ley del Clima para reducir sus emisiones en un 70% hasta 2030.

Dinamarca ha establecido el objetivo de reducción emisiones más amplio de la UE: un 70% para 2030

La de Dinamarca fue la meta de reducción más alta anunciada por un país. «Hemos escuchado la llamada de la ciencia. Hemos decidido no apuntar a lo que sabemos que es posible, sino a lo que sabemos que es necesario. Nuestra tarea ahora es hacer posible lo necesario. Queremos que otros países tomen ejemplo de nosotros», señaló el ministro danés de clima, Dan Jorgensen, tras la aprobación de esta legislación, firmada como vinculante para evitar que un posible cambio de partido pueda influir en el camino hacia la neutralidad climática en 2050. 


Tres décadas antes, el gobierno danés ya había asentado las bases hacia la transición energética. Primero, a través de un Comité para la Transformación Verde, para que todas las decisiones políticas importantes tuvieran en cuenta consideraciones climáticas. Más tarde, a través de una serie de acciones integradas bajo el Plan de Adaptación Climática de Copenhague, que incluyen la reestructuración integral del sistema de drenaje, la construcción de jardines y techos verdes para recoger agua de lluvia, o la mejora de los espacios públicos. Homlene es ahora el siguiente gran proyecto, uno que promete transformar por completo -y para siempre- el paisaje y la vida en Dinamarca. Y del que otros países podrán tomar ejemplo.

Día Internacional de la Mujer: ¿Se ha avanzado en equidad y liderazgo?

El 18 de enero, Kamala Harris, juraba su cargo frente al capitolio y dedicaba ese instante histórico a “las mujeres que vinieron antes”. Se convertía en la primera mujer número dos de la Casa Blanca. En este Día Internacional de la Mujer, las Naciones Unidas centran la celebración, precisamente, en el liderazgo femenino. Bajo el título Mujeres líderes: por un futuro igualitario en el mundo de la COVID-19, la organización busca reconocer los esfuerzos que mujeres y niñas realizan a diario en todo el mundo para forjar un futuro más igualitario y recuperarse de la pandemia.

Red Eléctrica es la única empresa del IBEX 35 con un consejo de administración paritario

En España, el pasado mes de mayo, el IBEX 35 celebraba que el 31,2% de los asientos en consejos de administración pertenecieran a mujeres, alcanzando así la meta fijada en 2015 por la CNMV. Red Eléctrica de España es, de hecho, desde 2020 la única empresa del IBEX 35 con un consejo de administración paritario, fruto de este compromiso con la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Por otro lado, nuestro país también cuenta con la cifra más alta de mujeres directivas en 16 años, donde nueve de cada diez compañías cuentan con una mujer a la cabeza de sus equipos. Pero la igualdad en el liderazgo va mucho más allá de la paridad en los despachos. 

También en el IBEX 35, las consejeras cobran un 62% menos que sus compañeros. Lo mismo ocurre en muchas otras compañías. Además, según el Women Leaders Index, solo el 39% de mujeres son altos cargos de las instituciones públicas españolas, un porcentaje que nos sitúa por debajo de la media europea y nos aleja de otros como Eslovenia, Albania o Suecia. De hecho, según este mismo índice, entre 2008 y 2018 el número de mujeres españolas en altos cargos públicos cayó un 10%.

Entre 2008 y 2018, el número de mujeres en altos cargos públicos ha caído un 10%

La paradoja de la prioridad

“En estos años hemos visto una ola de defensa de la igualdad de género en el ámbito laboral. Nunca antes el mundo empresarial había sido tan consciente de la necesidad de promover a las mujeres y de los beneficios que esto reporta”, concluyen tres investigadoras de IBM Institute for Business Value en Las mujeres, el liderazgo y la paradoja de la prioridad. “Sin embargo, los mensajes progresistas no son suficientes para un cambio real. Para que las organizaciones puedan obtener beneficios de la diversidad de género en el liderazgo, deben valorar las contribuciones de las mujeres tanto como las de los hombres”. 

El hecho de que cuatro de cada diez start-ups españolas cuenten con una CEO en sectores como las finanzas y la tecnología es un síntoma de avance. Pero el liderazgo no garantiza la igualdad: según el I-WIL Index, elaborado por el IESE, España ocupa la segunda posición en liderazgo personal, comprendido como la capacidad de las mujeres para estudiar más allá de lo obligatorio y el emprendimiento, bien sea en propias empresas o en patentes. Es decir, puntúa alto en cuanto al número de mujeres que se esfuerzan por seguir formándose para alcanzar los altos cargos.

Cuatro de cada diez start-ups españolas cuentan con una CEO

La investigación de IBM presta atención a este detalle, ya que el significado real de esta carrera de fondo es otro: “Los hombres de nuestra encuesta minimizan las dificultades que hubieran enfrentado si fueran mujeres. El 65% cree que habrían tenido la misma probabilidad de ser ascendidos mientras que, por otra parte, el 60% están seguras de que su evolución profesional hubiera sido mejor siendo hombres”. Esto da lugar a la paradoja de la prioridad: hablamos de igualdad, pero todavía muchas organizaciones “prefieren no intervenir en cuestiones de diversidad. Creen que es algo que se puede fomentar pero que no constituye una prioridad empresarial formal”.

Cuestión de prejuicios

Cientos de estudios destacan los beneficios de priorizar la diversidad y la igualdad en las empresas: un análisis de la consultora McKinsey & Company asegura que, con la paridad, la economía mundial aumentaría en 12 billones de dólares (un 11%) en 2025. Además, si se lograse la equiparación salarial, el PIB global engordaría en 28 millones de dólares, un 26% más. Sin embargo, recoge el informe de IBM, “el mensaje positivo sobre los beneficios financieros de la igualdad ha sido acallado por los persistentes estereotipos sobre las capacidades de liderazgo de las mujeres”. 

Las diferencias de salario y de acceso a altos cargos son una cuestión de prejuicios. La Universidad de Harvard realizó una investigación del comportamiento de hombres y mujeres en el entorno laboral -a quién se acercaban, cuánto tiempo pasaban con altos cargos, qué decían- para descubrir que hombres y mujeres tienen patrones de trabajo indistinguibles y el mismo desempeño asegurando que “los datos implican que las diferencias de género pueden residir no en cómo actúan las mujeres, sino en cómo las personas perciben sus acciones. Si las mujeres hablan con altos mandos en tasas similares a las de los hombres, entonces el problema no es el acceso, sino la forma en que se ven esas conversaciones”. 

Con la paridad la economía mundial aumentaría en 12 billones de dólares

La menor capacidad de liderazgo, asumir que todas las mujeres quieren ser madres o que las que quieren ser madres priorizarán la familia frente a su carrera son tres de los estereotipos que dirigen el entorno empresarial y generan un constante miedo al rechazo. En la encuesta del IBM Institute for Business Value, dos tercios de los participantes asumen que la principal razón por la cual no hay más mujeres en puestos de liderazgo es que ellas tienen mayor probabilidad de anteponer su familia a sus carreras. 

¿Por dónde empezar a solucionarlo? Por asumir este problema como una urgencia. No es suficiente con establecer planes de igualdad: todo se basa en las asunciones culturales que se hagan dentro de las oficinas. Así lo dice la investigación de IBM: “Si una persona cree que las mujeres tienen características inherentes que las hacen menos idóneas para los puestos de liderazgo, será fácil que lo perciba como un problema social que no le corresponde resolver a su organización. Para que el cambio ocurra en el negocio, los líderes ejecutivos deben reconocer cómo estas percepciones y este enfoque evasivo contribuyen a la cultura empresarial en la que la desigualdad de género puede persistir”. El cambio es una responsabilidad de todos. 

La rehabilitación energética de nuestros edificios: mucho más que un cambio de fachada

Caminamos por las calles sin saber que más de un tercio de los edificios que observamos a nuestro paso tienen más de 50 años de antigüedad. Son una joya arquitectónica, un recuerdo vivo del crecimiento del mayor desarrollo de la edificación de toda la historia de España, pero también un pesado lastre para el planeta: demandan más del 30% del consumo de energía en nuestro país. De hecho, más de la mitad de ese consumo corresponde exclusivamente al sector residencial. Si tenemos en cuenta que al menos la mitad de viviendas están construidas sin ningún tipo de aislamiento y que tan solo un 3% cumple con los estándares de la normativa actual, llegamos a una realidad insalvable: las ciudades del futuro tienen que asegurarse de que los edificios ya existentes apuesten por la sostenibilidad.

Hasta 14 millones de viviendas españolas tienen deficiencias graves en cuanto a su eficiencia energética

Cuando hablamos sobre rehabilitación energética no hablamos solo de retocar la fachada. Hay que mirar primero lo que tenemos frente a nosotros: materiales incapaces de almacenar el calor, distribuciones poco eficientes, ventanas mal construidas, aislamientos deficientes… la lista es extensa. Con el objetivo de escribir el punto y final del despilfarro energético, el Programa de Rehabilitación Energética de Edificios (PREE) del Gobierno de España destinará 300 millones de euros a ayudas para la rehabilitación energética de edificaciones y la descarbonización progresiva que permita alcanzar la neutralidad climática en 2050. 

El Ejecutivo advierte en el informe que teniendo en cuenta que actualmente se están construyendo unas 80.000 viviendas al año y que el parque construido ronda los 26 millones de edificios, de los cuales 14 millones tienen deficiencias graves en cuanto a su eficiencia energética, no se podrán conseguir los objetivos sin actuar de forma intensiva sobre lo que ya está construido., Así, la meta es rehabilitar un total de 300.000 viviendas de aquí a 2030. Para hacerlo subvencionará cambios en la envolvente térmica, la sustitución de calderas por opciones renovables y la mejora de la eficiencia de la iluminación. No hay una solución óptima pero sí una infinidad de soluciones distintas. 

Luchando contra la pobreza energética desde la rehabilitación

La mala eficiencia energética agrava la situación de más de un millón de hogares españoles en pobreza energética. En los Objetivos de Desarrollo Sostenible este término ocupa un lugar prioritario, ya que es necesario eliminarlo para garantizar la justicia social y la sostenibilidad de nuestra sociedad. Las ciudades en particular y los municipios en general son el escenario principal del cambio energético. Bajo la premisa de que todos aportamos, Red Eléctrica de España ha trabajado junto a la Federación Española de Municipios y Provincias en la elaboración de una Guía para la transición energética en las entidades locales que aborde los principales retos a los que se enfrenta la sociedad española desde cada consistorio, cada casa, cada habitación. 

El documento pretende dar respuesta a, entre otros aspectos, la rehabilitación de edificios, una estrategia clave para reducir el número de habitantes afectados por la pobreza energética: cambiar las ventanas, por ejemplo, puede ayudar a ahorrar hasta un 25% en las facturas y aislar térmicamente fachadas y cubiertas puede reducir la cifra a la mitad. Por otro lado, instalar termostatos y sistemas de ajustes ayudan a evitar el derroche energético. Otras medidas estructurales útiles son los sistemas domóticos, que permiten gestionar la demanda eléctrica y que pueden ser una gran técnica de cara a la habitabilidad energética de las viviendas. Cuanto más inteligente el hogar, más sostenible es nuestra forma de vida.

Priorizar las viviendas con alto grado de deterioro es un aspecto clave

Sin embargo, indica la guía, no podemos prestar atención solo a la parte más práctica: también es importante impulsar líneas de ayuda para las familias con menos recursos. Proponer planes para la rehabilitación, que prioricen la vulnerabilidad y la falta de recursos de los habitantes en las viviendas con alto grado de deterioro, es un aspecto clave a la hora de enfocar la sostenibilidad del parque de viviendas. A fin de cuentas, nuestra vida cotidiana depende de servicios energéticos fiables y asequibles para funcionar de forma equitativa.

Un planeta de hormigón: cuando lo artificial supera a lo natural

El ser humano representa una parte ínfima en el planeta: como especie, tan solo componemos un 0,01% del total de la biomasa. Somos más de 7 millones de personas pero el resto de especies de flora y fauna nos supera con creces. Al menos en cuanto a densidad poblacional porque, por primera vez en la historia, la masa de todas nuestras creaciones supera a la masa de origen natural, la de todos los seres vivos. Y no termina aquí: el peso total de nuestros edificios, carreteras, ropa, envases, teléfonos móviles, antenas y cualquier objeto que ahora mismo tengamos en nuestras manos se triplicará en las dos próximas décadas.

Estas son las conclusiones que ha publicado en la revista Nature un grupo de investigadores tras categorizar y analizar cientos de estadísticas, estudios e informes para estimar la biomasa que representan tanto los reinos animales y vegetales como todo lo creado por los humanos. La acumulación de masa antropogénica alcanza la inconcebible cifra de 1,1 billones de toneladas frente a poco más de una tera tonelada que forman todos los seres vivos de otra especies que habitan la Tierra. Simplificándolo: de media, indican los investigadores, por cada persona se crea una cantidad de masa antropogénica igual a su peso corporal cada semana. 

Por cada persona se crea una cantidad de masa antropogénica igual a su peso corporal cada semana

“La masa de los edificios e infraestructuras superan con creces a la de los árboles y matorrales”, indican los científicos en el documento. Además, todos los plásticos que existen sobre la faz de la tierra ya superan al peso de de los animales marinos y terrestres que viven en la actualidad. La biomasa, en cambio, no ha variado en todos estos años también debido a nuestra forma de vida, una compleja interacción entre deforestación, aforestación y las emisiones de CO2, además de otros factores. ¿Qué dice esto de los 300.000 millones de años que llevamos haciendo de la Tierra nuestro hogar?

Deforestación y uso del suelo, los principales culpables

Con los datos de la mano, este grupo de investigadores ha podido dibujar una línea cronológica sobre cómo hemos evolucionado en cuanto al uso de materiales se refiere. Los cambios en la producción y consumo de materiales antropogénicos, indican los científicos, siempre responden a fenómenos globales como las guerras o las crisis económicas profundas. En 1900, la masa antropogénica apenas suponía el 3% de la biomasa. Sin embargo, con la llegada de la II Guerra Mundial, la crisis económica y la posterior época de bonanza, la producción de materiales se aceleró. La actualidad lo confirma: hasta cuatro quintas partes de los productos y objetos que usamos hoy en día tienen menos de 30 años. 

En 2040 el peso de todo lo que hayamos producido superará los tres billones de toneladas

A partir de los años 50, el ladrillo se cambió por el hormigón -uno de los materiales más destructivos de la Tierra que consume casi una décima parte del agua industrial- como consecuencia de la intensa construcción de carreteras de asfalto para facilitar la comunicación entre ciudades. En este punto la masa antropogénica comenzó a subir un 5% cada año, “reflejando el fuerte incremento en el consumo, la recuperación demográfica y el desarrollo urbanístico”. En paralelo, la biomasa -el 90% está formada por especies de origen vegetal- ha descendido hasta la mitad como resultado de esta intensa actividad humana.

Los españoles necesitaríamos casi 3,5 veces nuestro territorio para conseguir los recursos naturales que demandamos

Los científicos advierten: de seguir con el ritmo actual, en 2040 el peso de todo lo que hayamos producido superará los tres billones de toneladas, triplicando en tan solo veinte años la cantidad acumulada en más de un siglo. Pero el problema no solo está en lo que producimos, sino en la materia prima a la que recurrimos: según cálculos de Greenpeace, hoy en día se extraen alrededor de un 50% más de recursos naturales que hace 30 años, una cifra equivalente al peso de 41.000 edificios como el Empire State Building. En nuestro país, los actuales patrones de consumo nos muestran que los españoles necesitaríamos casi 3,5 veces nuestro territorio para conseguir los recursos naturales que demandamos.

No cabe opción a negarlo: producimos y consumimos mucho más de lo que necesitamos. Es nuestra responsabilidad evitar que, en un futuro no muy lejano, el color gris del hormigón gane al verde de nuestros bosques. 

Europa frena la vulneración de derechos humanos en las empresas

Respetar los derechos humanos y el medio ambiente pronto será de debida diligencia para cualquier empresa europea. La primavera pasada, el comisario europeo de Justicia, Didier Reynders, anunció el avance en una iniciativa legislativa obligatoria sobre debida diligencia en derechos humanos y medio ambiente para todas las empresas con sede en el continente. Esta tiene como último propósito reforzar el marco regulador de tal forma que las empresas, ya sean multinacionales o pequeñas compañías, consigan alinear sus necesidades tanto con sus grupos de interés como con la sociedad.

El documento se ha hecho esperar. Amplios sectores empresariales, así como sindicatos y organizaciones sin ánimo de lucro, llevan a su espalda varios años de trabajo impulsando acciones contundentes en los derechos humanos y la seguridad climática. Recientemente, más de 26 empresas internacionales firmaron una declaración conjunta para que la UE exija al sector privado la debida actuación en materia de derechos humanos. Cientos de inversores se han pronunciado en la misma línea: es urgente frenar el trabajo forzoso y el daño al entorno en la cadena de producción. En su 2020 ICT Benchmark, la organización KnowTheChain descubrió que las empresas con sede en Europa obtuvieron una puntuación muy baja a la hora de acatar la seguridad de sus empleados. 

Empresas con sede en Europa obtuvieron una puntuación muy baja con respecto a la seguridad de sus empleados

Y la pandemia no ha hecho más que evidenciar esta urgencia: Business Human Rights Resource Center ha rastreado las acciones de 35 marcas de moda globales para descubrir que ni siquiera la mitad lleva a cabo ejercicios de debida diligencia. Queda mucho que pincelar de esta futura directiva pero, sobre el papel, se plantea que se establezcan requisitos obligatorios con un sistema de sanciones supervisado a nivel nacional, abarcando toda la cadena de valor. Tras un primer rastreo sobre los enfoques legislativos existentes en relación a la debida diligencia, la Comisión ha concluido que la legislación debe contemplar medidas adicionales para grupos vulnerables y vigilar todas las actividades de la compañía, una acción que cambiará el cálculo del riesgo con respecto al abuso de trabajadores, daños a las comunidades y al medio ambiente.

La debida diligencia ya preocupaba a las compañías mucho antes

Para que esta directiva sea eficaz, indica la European Coalition for Corporate Justice, deben asegurarse: el respeto de los derechos en la cadena de valor, la identificación y mitigación de los impactos adversos potenciales y reales sobre el medio ambiente y trabajadores, la cooperación en su solución y la responsabilidad sobre las acciones negativas. Estos, no obstante, son requisitos que las compañías responsables llevan tiempo incluyendo en su agenda, siendo la seguridad laboral y el cuidado del medioambiente dos pilares fundamentales para una sociedad sostenible.

En este sentido, el Grupo Red Eléctrica, dispone de un Modelo de Gestión de Derechos Humanos diseñado para proteger, respetar y remediar cualquier riesgo en materia de derechos que sigue la metodología definida por los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos propuesta por la Organización de las Naciones Unidas. 

La actividad de la compañía, por el sector en que se enmarca, tiene vinculados riesgos en el ámbito de los derechos humanos principalmente en materia de salud y seguridad de las personas, condiciones laborales, cadena de suministro e impacto sobre las comunidades. El Grupo Red Eléctrica cuenta con políticas y mecanismos de control para minimizar estos riesgos, asegurar el respeto de los derechos humanos y remediar posibles vulneraciones de los mismos.

El Grupo Red Eléctrica dispone de un Modelo de Gestión de Derechos Humanos

Desde 2013 Red Eléctrica desarrolla análisis periódicos de diligencia debida  para identificar los riesgos asociados a su actividad, tanto directa como indirecta, en materia de derechos humanos y con alcance a todas las empresas del Grupo. El resultado de este proceso evidencia que la compañía tiene un nivel de riesgo bajo, aplica los controles adecuados para su gestión y, por tanto, no ha sido necesaria la implantación de ninguna acción de remediación. La compañía mantiene un enfoque de control y de mejora continua a través del desarrollo de actuaciones que permiten la prevención de posibles vulneraciones así como la búsqueda de soluciones y su reparación en el caso de que se produjeran.

En su compromiso explícito con la promoción de los derechos humanos en todos los territorios en los que opera, Red Eléctrica pone a disposición de sus grupos de interés el canal ético como mecanismo formal de respuesta ante consultas y denuncias relacionadas con su cumplimiento, haciendo público el informe anual de gestión de la ética donde se incluye un análisis de las posibles denuncias recibidas en esta materia. Adicionalmente, la compañía cuenta con otros canales de comunicación con sus grupos de interés, donde éstos pueden trasladar sus inquietudes en relación a cualquier vulneración de los derechos humanos. 

El aumento de la legislación de debida diligencia obligatoria en materia de derechos humanos en los países europeos garantizará que el resto de compañías sigan el mismo camino hasta conseguir una cadena de valor global que responda a un futuro sostenible, con puestos de trabajo seguros que contemplen todas las minorías. En el momento crucial de reconstruir la economía post-covid, la directiva europea puede marcar un antes y después en hacerla más resistente para todos y todas.

El ‘coliving’ como nueva forma sostenible de vivir

En menos de diez años harán falta más de 96.000 viviendas al día para dar techo a los más de 3.000 millones de personas que seremos en 2030. Así lo estiman las predicciones de las Naciones Unidas, que dan con unas cifras imposibles de acotar. En la actualidad las ciudades ya acogen a más de la mitad de la población mundial y producen más del 75% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Cada vez tenemos menos espacio y más habitantes: cuando la hoja del calendario marque el año 2050, el 75% de la población estará viviendo en entornos urbanos, lo que sumará aún más presión al ya acuciante problema de la habitabilidad y, por ende, de la sostenibilidad.

La rápida urbanización sobrecarga los servicios, satura el suelo, agota los recursos, empeora el aire y conlleva un crecimiento urbano incontrolado que llevará a un número creciente de habitantes en barrios pobres, tal y como indica el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11 sobre ciudades y comunidades sostenibles. Con la mirada puesta en el futuro, la teoría de lo común ha tomado parte del protagonismo en el discurso por la sostenibilidad. El consumo colaborativo y la financiación colectiva han demostrado ser modalidades que fomentan un modo de vida mucho más sostenible y justo con el planeta. Ahora, en el ámbito inmobiliario, el coliving transforma la vivienda en una mucho más abierta e inclusiva, más común, priorizando los espacios compartidos por encima de los privados.

¿Por qué es sostenible el ‘coliving’?

El modelo se importa de Silicon Valley, donde el acceso a la vivienda es, como en la mayor parte de las grandes ciudades, tremendamente complicado. Aunque en un principio surgió como una simple idea de compartir piso y abaratar el precio en un mercado de rentas demasiado altas, el ‘coliving’ ha evolucionado en una alternativa que puede responder de forma muy satisfactoria al reto de la habitabilidad en formato de vivienda colaborativa que recupera los valores humanos de la comunidad -cada vez más difusos en el individualismo de las ciudades- y reduce la huella de carbono de los hogares. 

El coliving es una alternativa que puede responder de forma muy satisfactoria al reto de la habitabilidad

El ‘coliving’ busca recuperar la convivencia entre vecinos a través de valores y objetivos comunes, con una co-gobernanza que sitúa a las personas en el centro, distinguiendo muy claramente entre zonas privadas y una serie de zonas comunes cuyo uso deciden los propios habitantes: un parque lúdico para los más pequeños, una zona de ‘coworking’, una terraza para barbacoas o un huerto urbano. Todo es válido siempre que cuente con la aprobación de la mayoría. Al compartir espacio y recursos se genera una pequeña economía de proximidad con la que se optimizan energías, se ahorran costes y se apuesta por las finanzas éticas. 

De esta forma, la vida colaborativa se alinea por pura inercia con la sostenibilidad. Además, el vecindario suele autogestionarse garantizando, de esta forma, el derecho a la vivienda, una de las grandes metas que buscan alcanzar los ODS. A la hora de diseñar los planos, los vecinos suelen apostar por situar al medio ambiente en el centro de la ecuación, por lo que cabe esperar que estas viviendas sean energéticamente eficientes y estén construidas con materiales sostenibles. Se suele abogar por evitar aislantes, pinturas o barnices utilizados tradicionalmente y que pueden resultar perjudiciales así como por una distribución que, además de garantizar el reparto energético más eficiente, juegue muy bien con el equilibrio entre la densidad poblacional y el espacio que ocupa el edificio en sí superando ese reto de minimizar el uso del suelo sin dejar de lado la comodidad de la vivienda.

Parte activa desde los cimientos

En España se contabilizan unas 150 viviendas ‘coliving’ de todo tipo: desde senior -grupos de mayores de 65 años y nuevas residencias- hasta intergeneracionales o específicas para grupos como personas LGTBI. La clave está en compartir los mismos intereses. Desde Cohousing Spain, el colectivo estatal que defiende este modelo de viviendas, aseguran que el ‘coliving’ cumple con 12 de los 17 ODS: la democratización de la vivienda y las finanzas, mejora de la oferta de vivienda no especulativa, recuperación de pueblos y edificios en desuso, fomento de ecosistemas económicos interdisciplinares y sostenibles (economía local, social, colaborativa y circular), mutualismo comunitario, incorporación de tecnología y fomento de la implicación social, entre otros. 

En España se contabilizan unas 150 viviendas ‘coliving’

Algunos modelos cooperativos han llegado incluso a propiciar acuerdos legales ofreciendo contratos de propiedad a cambio de rehabilitación de un edificio. En Aletxa, un pueblo de Álava, un grupo de vecinos decidió rehabilitar un caserío de finales del siglo XVIII en una vivienda colaborativa, aplicando los mejores criterios de sostenibilidad y abriendo espacios para favorecer la vida en común. Las cinco viviendas, completamente autosuficientes, miden unos 45 metros cuadrados. Bajo la fórmula cooperativa, el objetivo principal es conseguir la mejor vivienda, con la mejor calidad y la mayor eficiencia sin intermediarios.

Del ‘coliving’ pueden extraerse numerosas ideas para el ámbito urbano, más allá de lo que concierne a la vivienda. La madrileña Cooperativa Entrepatios, que recientemente cumplió 15 años, se basa en tres pilares fundamentales: el social (los vecinos y vecinas forman parte activa del proyecto), el económico (financiado con banca ética) y el medioambiental (persigue generar la menor huella ecológica e impacto posible). La participación activa del ciudadano, el protagonismo de los espacios públicos y la reducción del impacto medioambiental son las tres características por las que se abogan de cara a la Agenda 2030. Si pretendemos hacer de las ciudades nuestro hogar, necesitamos hacerlo en una vida colaborativa con el medio ambiente. 

Las emisiones de la UE cayeron en 2019 al nivel más bajo en tres décadas

El año 2019 nos queda ya muy lejos. Especialmente después de estos doce últimos meses donde el coronavirus ha sido el protagonista. Sin embargo, de ese año previo a que todo cambiara todavía salen a la luz noticias realmente llamativas. En 2019 Europa fue testigo de la mayor y más drástica caída de emisiones de dióxido de carbono, que se desplomaron más de un 24% en comparación con los niveles registrados en 1990. Fue el nivel más bajo en tres décadas, tal y como anunció a finales de 2020 la Comisión Europea en su Informe Anual de situación sobre la acción por el clima, que trata de los avances de la Unión Europea en la reducción de las emisiones en 2019. 

Los resultados de este estudio demuestran que ser más verdes y mantener a la vez el crecimiento de la economía es completamente factible. Si se comparan los números con 2018, veremos que en 2019 la caída interanual en la producción de gases de efecto invernadero en los 27 estados-miembros fue de un 3,7%, mientras que el PIB creció un 1,5%. En palabras de Frans Timmermans, vicepresidente ejecutivo responsable del Pacto Verde Europeo: “La Unión Europea está demostrando que es posible reducir las emisiones y hacer que crezca la economía. No obstante, el informe confirma una vez más que debemos intensificar nuestros esfuerzos en todos los sectores de la economía para alcanzar nuestro objetivo común de neutralidad climática de aquí a 2050”. 

Para elaborar una estrategia realista es importante analizar las emisiones cubiertas por el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE UE), el principal mercado de carbono del mundo y el de mayor tamaño. El RCDE establece la cantidad total, sujeta a un límite máximo, de determinados gases de efecto invernadero que pueden emitir las instalaciones contempladas en el régimen. Dentro de este límite, las empresas reciben o compran derechos de emisión con los que comerciar en función de necesidades y, al final de cada año, entregan suficientes derechos para cubrir todas sus emisiones. En caso contrario, se les imponen fuertes sanciones.

Las emisiones cayeron un 9,1% en 2019, lo equivalente a 152 millones de toneladas de CO2

Este sistema, calificado como un hito de la política europea de lucha contra el cambio climático, consiguió registrar la mayor reducción en 2019 con un descenso del 9,1% de emisiones, es decir, alrededor de 152 millones de toneladas de dióxido de carbono. Uno de los principales responsables fue el sector eléctrico que, gracias a la sustitución del uso del carbón para la calefacción por electricidad procedente de fuentes renovables y gas, redujo sus emisiones en un 15%. La industria, por otro lado, solo alcanzó el 2% de reducción y las emisiones de la aviación siguieron creciendo, aunque moderadamente: aumentaron un 1%, es decir, alrededor de 0,7 millones de toneladas equivalentes a CO2 en comparación con 2018.

Por otro lado, las emisiones no contempladas en el RCDE UE, tales como las procedentes de la industria no sujeta a ese régimen, el transporte, los edificios, la agricultura y los residuos no sufrieron cambios significativos con respecto a los niveles de 2018, ni para bien ni para mal. Teniendo estos últimos datos en cuenta, la transición verde, indica Timmermans, solo es viable si aprovechamos las oportunidades de recuperación económica post-Covid para relanzar una economía más verde y resiliente. 

El coronavirus como herramienta de aprendizaje

La pandemia provocada por el coronavirus apunta a una caída sin precedentes en las emisiones, según la propia Comisión Europea, estimando una reducción de las emisiones globales en un 8%, en comparación con 2019. Aunque ya hemos sido testigos de algunas caídas de gases efecto invernadero fruto de las restricciones de movilidad para frenar los contagios, falta saber de qué forma se han visto afectados los derechos de emisión en la Unión Europea, unas cifras que no conoceremos hasta finales de 2021. 

Mientras esperamos esos resultados podemos tomar nota de las vivencias económicas y sociales durante los meses más duros de la pandemia que han evidenciado la necesidad de un sistema más verde, inclusivo y justo para evitar consecuencias similares a las provocadas por el coronavirus en el futuro. De hecho, en julio de 2020, la Comisión Europea aprobó que el paquete de recuperación económica 2021-2027 destinara un 30% de los fondos (más de un billón de euros) a apoyar a los países de la UE en los retos de sostenibilidad y el fomento de los trabajos verdes para garantizar una mejor competitividad, especialmente en las áreas de renovación de edificios, energías renovables, movilidad limpia y la integración del sector de la energía. 

España es el tercer mayor emisor de bonos sostenibles de Europa

España, por ejemplo, se consolidó en 2020 como el tercer mayor emisor de bonos sostenibles de Europa -intentos de captar fondos de los inversores con una devolución completa (con intereses) posterior- tan solo por detrás de Francia y Holanda. Nuestro país llegó a incrementar las cifras nacionales de estas emisiones hasta en un 97% anual en el primer trimestre de 2020, alrededor de 9.000 millones de euros en bonos verdes. En el futuro de 2021 estas inversiones apuntan a convertirse en protagonistas: el Tesoro español prevé emitir bonos verdes, algo que hará crecer aún más el interés en este tipo de emisiones para cumplir con los compromisos de sostenibilidad.