Autor: Mauricio Hdez. Cervantes

Antropoceno, ¿vivimos en la era geológica marcada por la actividad humana?

Los expertos continúan un debate sobre cuándo fue el momento en el que la humanidad tomó el protagonismo, como ente transformador, frente a la naturaleza. Por lo pronto, la última era de la Tierra seguirá siendo el Holoceno y habrá que esperar diez años para saber si existe el Antropoceno.


Si algo sabemos seguro es que la actividad humana ha transformado radicalmente los ecosistemas. Un estudio de la Universidad de Bergen en Noruega sugiere, incluso, que el impacto humano tiene su origen mucho antes de la Revolución Industrial, concretamente hace entre 4600 y 2900 años. La contaminación de los océanos, la deforestación, la extinción de especies animales y el calentamiento global son algunas de las consecuencias de producir y consumir a costa de la naturaleza. Esto invita a reflexionar sobre si realmente la Tierra se encuentra en una nueva era geológica a la que, por todo esto, se podría (o no) denominar Antropoceno. Es decir, una era en la que la humanidad es la protagonista frente a la naturaleza.

Esta teoría sugiere que hemos dejado ya atrás el Holoceno, un periodo en el que las temperaturas se suavizaron y varios casquetes geológicos se separaron

Esta teoría sugiere que hemos dejado ya atrás el Holoceno, un término acuñado en 1867 por el geólogo Paul Gervais, que se refiere a un periodo de la Tierra en el que las temperaturas se hicieron más suaves y varios casquetes geológicos se separaron. Cabe destacar también que en esa era aumentó (por el mismo fenómeno de la elevación de la temperatura generalizada) el nivel de los océanos, y es el único periodo en el que han habitado los humanos.

Los datos señalan a un cambio sustancial en las condiciones del planeta debido a las decisiones y acciones humanas. En 2020, un estudio publicado en la revista científica Nature reveló que por primera vez en la historia del planeta la masa de todo aquello producido por la humanidad ya superaba en cantidad a la biomasa. Esto se puede ejemplificar con el dato de que el peso de toda la materia creada artificialmente en Nueva York equivale al de todos los peces del mundo. Además, en este estudio no se habían contabilizado las toneladas de basura. Sin embargo, lo que sí deja ver es que el peso de todos los plásticos del mundo ya duplica al de todos los animales del planeta.

El peso de todos los plásticos del mundo ya duplica al de todos los animales del planeta

Con esa información, no sorprende que varios científicos consideren la existencia de una nueva era para la Tierra. El químico holandés Paul Crutzen (ganador del Premio Nobel de Química en 1995) fue el primero en utilizar el concepto de Antropoceno. Hacia el año 2000, mientras se encontraba en una conferencia en la que otro académico se refería al Holoceno, él pensó que ese término quizá ya había quedado obsoleto y que lo correcto sería hablar de una nueva era en la que el protagonismo fuese para la humanidad como ente transformador de todo. 

Una cuestión de tiempos

En marzo de este año, la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS, por sus siglas en inglés) rechazó la oficialidad del término Antropoceno, algo que ya había hecho en una votación anterior.

La propuesta fue hecha por un grupo de trabajo dedicado al estudio y análisis de este concepto, y que proponía como inicio de la era el año 1952. En esta fecha se comprobó que en los suelos de todo el mundo ya había residuos tóxicos de pruebas de bombas nucleares. Además, es la década en la que se considera que la humanidad dio un salto radical hacia la producción y el consumo para las masas. También fue cuando la tecnología comenzó una carrera en la que hasta la fecha no ha hecho más que acelerar, y donde el impacto de la humanidad sobre los ecosistemas a nivel global se hizo más evidente. Sin embargo, para la mayoría de expertos, esos motivos no son determinantes para inaugurar una nueva era. 

El gran argumento en contra es la inexactitud de la fecha de inicio del supuesto Antropoceno. Los expertos no debaten si la actividad humana ha redefinido el entorno natural, el punto a discutir es cuándo nació realmente esa nueva era. Es cierto que en la década de los cincuenta los cambios fueron a gran escala, pero eso sería referirse solo a los tiempos recientes. En definitiva, el ser humano ha sido un ente transformador desde hace muchísimos siglos atrás. 

De momento, habrá que esperar a una nueva propuesta, y con nuevos argumentos, para que el Antropoceno sea introducido en las aulas y los libros de texto. Aún así, ya es un término ampliamente extendido y de uso coloquial, a pesar de que el Holoceno siga siendo la era oficial.

Climabar: “La crisis climática no es un problema solo para la gente de izquierdas”

Si algo es digno de reconocer en las nuevas generaciones es que saben utilizar todas las herramientas digitales para difundir los mensajes universales más complejos. Una de las medallas que los influencers –en este caso ecoinfluencers– se pueden colgar es la de la divulgación del mensaje científico, especialmente aquel centrado en la crisis climática actual. Un problema que transmiten con un lenguaje menos elitista, técnico o apocalíptico, pero sabiendo comunicar la urgencia medioambiental (una de las grandes luchas de las nuevas generaciones).

España tiene no pocos referentes entre estos perfiles. Dos de ellos son Belén Hinojar, creativa, y Carmen Huidobro, ambientóloga, (ambas nacidas en 1994). Su contenido incluye, entre otros, breves (pero profundos) análisis sobre las propuestas ambientales de cada uno de los partidos que concurrieron a las últimas elecciones generales, información sobre las olas de calor veraniegas y sus efectos en la población o la publicación de cifras sobre las emisiones de los países más contaminantes. Todo, eso sí, con una desazón que cumple un claro propósito: dejar claro que el calentamiento global «no es un tema para un solo sector de la población».

Climabar acerca la complejidad de la crisis medioambiental al lenguaje y a la vida de las generaciones más jóvenes. ¿Cuáles son las ventajas de quitarle ese halo de hipertecnificación a los temas ambientales en la tercera década del siglo XXI? 

La emergencia climática ha llegado a un punto en el que necesita de una actuación urgente. Es una crisis totalmente transversal: es social, económica y ambiental, y nos va a afectar a todos en todos los ámbitos de nuestra vida, no solo a una cúpula de entendidos dentro de la burbuja verde. Por eso mismo, mientras más gente sepa del problema, más evidentes sean las consecuencias y más personas empaticen con este fenómeno, más rango de acción tendremos.

En la lucha contra el cambio climático está cada vez más involucrada la ciudadanía. En ese proceso, la comunicación y las redes son herramientas fundamentales. Además de ser canales de difusión y de concienciación, ¿son también vías para la acción climática?

“Esperamos que las políticas medioambientales en España sean más ambiciosas”

Utilizamos las redes sociales prácticamente todo el rato en nuestro día a día. Un estudio reciente ha revelado que TikTok ha desbancado a Google como buscador entre las generaciones más jóvenes. Sin duda, sí que resultan una herramienta más para la acción climática o para prácticamente cualquier objetivo que se quiera conseguir.

Tenéis más de 42.000 seguidores en Instagram. Sois ya un referente como eco-influencers. ¿Cómo se puede multiplicar (aún más) el impacto de la conciencia medioambiental, y llegar a sectores que aún ignoran (o niegan) la crisis climática mundial?

No creas, no nos consideramos como un referente de nada. Nosotras queríamos aportar algo a la lucha climática y después de mucho probar, trabajar e intentar, hemos encontrado un formato que nos ha funcionado. Pero hay cientos de compañeras y compañeros que aportan a esta causa de otras maneras, y eso es igual de válido que lo nuestro o incluso más. Para nosotras siempre funciona el intentar llegar a nuevos públicos, porque así se multiplica el impacto. Sin embargo, siempre tienes que buscar romper la burbuja hablando de lo que a las personas les preocupa, para que así sean más empáticas con el problema

 Por un lado, sabemos que la industria de la fast-fashion es responsable del 20% de la contaminación y desperdicio del agua a nivel global. Pero, por otro, vemos filas interminables de gente durante las rebajas, por ejemplo. ¿Cómo se puede resolver ese doble discurso, esa doble acción?

Es complicado cambiar a la gente. También, hay que tener en cuenta que hay personas en distintas situaciones económicas. Por ejemplo, si eres una madre de familia y tienes un presupuesto ajustado, lo más económico es ir a comprar a Primark. Nadie debería juzgarte por ello. En todo caso, esa gente debería plantearse por qué eso es tan asequible si no es lo más rentable para el planeta. Lo mejor sería preguntarse cuándo empezó a verse como normal el hecho de que una prenda de ropa cueste dos euros. Por otra parte, la moda rápida está muy a mano y es muy inspiracional porque es algo que necesitamos todos y porque, además, también guarda relación con el estatus. Es una problemática muy compleja; todo el mundo puede hacer pequeños cambios en su vida para ir adquiriendo conciencia poco a poco.

¿Podemos afirmar que el calentamiento global ya es un tema de la cultura popular entre los jóvenes europeos? ¿Qué cambios percibís?

“Hace falta cambiar el enfoque sobre la crisis climática para convencer a los sectores de la población que aún no lo consideran un tema primordial”

Sí que ha habido un mayor impacto en la mentalidad de los jóvenes. Un cambio llamativo es que gran parte de la población adulta y de mayor edad se ha dedicado a repetir a los jóvenes que ellos son los que lidiarán con las consecuencias de la crisis climática, y es verdad en cierto modo, pero nos parece que les quita algo de responsabilidad acerca del problema. Lo cierto es que en este planeta vivimos todos, y las decisiones políticas en relación a la crisis climática que se tomen afectarán igualmente a todas las personas durante los próximos años. Si no somos conscientes de eso, las consecuencias pueden llegar a ser bastante más graves.

En relación a lo anterior, la mayoría de países europeos tiene como prioridad los ODS en sus agendas. Pero en otras regiones del mundo no es así. ¿Cuál es vuestra perspectiva al respecto? ¿Europa quedará como un «oasis ambiental» en medio de un mundo que no tiene como prioridad el calentamiento global?

Afirmar eso es demasiado amplio, habría que mirar individualmente a cada país. Lo que sí es cierto es que necesitamos políticas ambientales mucho más ambiciosas.

Comunicación y política. ¿Cuáles son los riesgos de la «politización» de la crisis medioambiental en los discursos y la comunicación política en España? 

El punto central es que la crisis climática se ve como un problema que solo preocupa a un determinado sector de la población. En pocas palabras, se está abordando como un problema verde, de gente de izquierdas o hippies, pero no es así: se trata de un fenómeno que afecta a todos.

«Las emisiones como el perreo, hasta el suelo» es vuestro lema. ¿En España vamos por buen camino hacia los objetivos Net-Zero? ¿Cuáles son los retos pendientes?

Responder a eso ahora mismo es complicado al no haberse formado aún gobierno. Lo que sí esperamos es que las políticas medioambientales sean más ambiciosas.

Laia Ribas: “Un asentamiento en Marte sería absolutamente sostenible; eso nos enseña lo mal que lo hacemos en la Tierra”

¿Cómo sería la vida para los humanos si pudiéramos habitar en otro planeta? La respuesta es, sin duda, compleja, pero hay algo incuestionable:  sería absolutamente sostenible y circular.

Al margen de los trajes espaciales y de los vehículos futuristas que pudieran formar la estampa de un asentamiento en otro planeta, si algo sabemos es que el aprovechamiento máximo de los recursos sería la norma en un modus vivendi semejante: vivir con la mitad (o menos) del agua que utilizamos diariamente, consumir a diario las frutas y verduras de un huerto propio, regadas con agua reciclada, comer pescado criado el patio trasero de la propia vivienda… Todo eso es posible, y sin hacer grandes sacrificios. Lo sabemos gracias a las conclusiones de las nueve científicas catalanas que participaron en el proyecto Hypathia 1, un simulador que recreó las condiciones de Marte en el desierto de Utah (Estados Unidos).

Una de ellas, Laia Ribas (Tarrasa, 1979), bióloga especializada en acuicultura e investigadora del CSIC en el Instituto de Ciencias del Mar, cuenta cómo ha sido la experiencia de ‘vivir en Marte’ con un modo de vida cien por ciento sostenible durante 15 días. Pero no solo eso, sino que además comparte su opinión sobre la importancia del empoderamiento de las mujeres en la ciencia. Para ella, supone combatir a los fenómenos sociales que impiden a muchas jóvenes desarrollarse exitosamente en carreras STEAM.

 

¿Cuál es la exactitud de las condiciones de la vida en Marte que recrea el proyecto Hypathia 1?

Con este proyecto hemos intentado simular esas condiciones al máximo. Por ejemplo, teníamos restricciones de comida, muchos alimentos eran deshidratados, como la típica comida para los astronautas en el espacio.

Lo único fresco que comíamos era lo del invernadero, del cual yo estaba a cargo. Me refiero a medio tomate cherry por día en promedio, y no a diario. En total, durante los 15 días, comimos tan solo tres pepinos y un poco de lechugas. Yo les decía a mis compañeras “oye, tú come, que no tenemos nada más fresco, no te quejes de las lechugas” (risas).

También teníamos limitaciones de internet. Sin embargo, por las noches trabajamos mucho haciendo los récords, es decir, hacíamos el recuento de cuánta agua necesitamos para regar las plantas, repasamos lo que había pasado durante el día en el invernadero, reportamos los niveles generales de agua, etcétera.

 

De modo que, realmente, era como estar en el planeta rojo. 

Las condiciones eran como las de Marte. Teníamos que pedir permiso para salir fuera. Incluso, un día que lo pedimos, desde ‘la Tierra’ nos dijeron que no era posible. Y todo eso lo teníamos que planear con un día de antelación.

“Queremos que cada vez más niñas crean que pueden formar parte de investigaciones de esta naturaleza, y que no escuchen a las presiones sociales que les impiden lograrlo”

Hago especial hincapié en el tema del agua, porque solo teníamos 2.000 litros y tuvimos que limitar su consumo muchísimo. Al final, lo hicimos muy bien, porque fuimos muy restrictivas. Tan solo utilizamos 12 litros por persona (para beber, aseo, limpieza general…). En pocas palabras, únicamente gastamos la mitad del tanque que teníamos. Con ello demostramos que se puede vivir con mucha menos agua, y que se puede solucionar el tema del desperdicio.

También recalco en que lo que vivimos fue lo más parecido a la realidad, porque utilizábamos el traje de astronauta, que pesa 10 o 12 kilos, y es muy cansado llevarlo, además de que hacía muchísimo calor allí.

 

¿De qué manera estudiar cómo podría ser la vida en Marte nos ayudaría a ser más sostenibles en la Tierra? 

Nos ayudaría al cien por cien.  Yo empecé a trabajar con este proyecto hace tres años. No me refiero solo a Hypatia 1, sino a estudiar cómo podríamos hacer la vida más sostenible en Marte. Entonces, me invitaron al proyecto NÜWA (que es el nombre de una diosa china, asociada al nacimiento de la vida) cuyo objetivo era diseñar una ciudad para un millón de habitantes en ese planeta.

Soy bióloga, y hace más de 20 años que me dedico a la acuicultura, y mi participación en esto fue formar parte de la comisión encargada de controlar la comida y los bienes para ese millón de seres humanos (en especial, la cría de peces en condiciones de otros planetas). Gracias a eso, nos dimos cuenta de que pensar en un asentamiento en Marte, o en la Luna, donde los recursos son muy limitados, requiere que todo deba ser ideado para ser reciclado, reutilizado, y muy bien estudiado, porque no puedes tirar nada. Me refiero a que la forma de vida tiene que ser circular en todo sentido, donde una cosa alimente a otra.

Haciendo estos ejercicios de sostenibilidad nos damos cuenta de lo mal que lo hacemos en la Tierra. Y, sobre todo, de la urgente necesidad de crear sistemas que sean más de aprovechamiento y circulares. Por mencionar un ejemplo, en algunos hoteles de Barcelona, hay datos que indican que una persona puede llegar a utilizar hasta 300 litros de agua, y nosotras, durante esos 15 días, sobrevivimos con muchísimo menos.

 

¿Cómo ha sido la experiencia de ‘vivir en Marte’ durante dos semanas? 

La experiencia ha sido brutal. Nos ha ido extremadamente bien.  Debo mencionar que, durante el experimento, no estuvimos juntas las nueve científicas. Durante estos dos años hemos trabajado online, porque unas estábamos en Barcelona, otra en Francia, y otras en Estados Unidos. Pero el trabajo ha sido maravilloso, muy cansado, pero hemos ‘regresado’ muy contentas.

“Hemos demostrado que se puede vivir con mucha menos agua, y que se puede solucionar el tema del desperdicio”

Insisto, fueron las limitaciones y la recreación de las condiciones de allí lo que nos hizo sentir en ‘Marte’. Retomo el tema del agua porque una experiencia así despierta la sensibilidad por su uso y cuidado. Por ejemplo, reciclábamos la orina. Neus, nuestra compañera, creó unas baterías que se recargaban con ese residuo nuestro, nos proporcionaban luz led con las que pudimos hacer crecer unas semillas que yo aporté, y la verdad es que crecieron muy bien.

Sobre el número de horas en la estación, pues sí que ha sido cansado, además de que tuvimos que regar las plantas del invernadero tres veces al día. También hicimos salidas extravehiculares, y además nos ayudábamos entre todas a vestirnos y desvestirnos. Dormimos pocas horas, pero todo resultó excelente.

La leche la diluimos al máximo y no comimos nada de yogur, y el alcohol estaba prohibido. Sin embargo, vivimos muy bien.

 

La posibilidad de la vida en otros planetas sigue siendo un tema muy desconocido para mucha gente. ¿Cómo podrían ser los primeros asentamientos humanos en, por ejemplo, el planeta rojo? 

Los primeros asentamientos los imaginamos muy sencillos.  Tendrían que estar excavados en los cañones, entre las grandes grietas. Y tendrían que estar muy bien protegidos, debido a las hostiles condiciones de Marte. Sin embargo, pese a la sencillez, los imagino cada vez más complejos, y, por supuesto, absolutamente sostenibles y basados en sistemas de reciclaje y circularidad.

 

Científicos y expertos en el origen de la vida, como el biólogo Antonio Lazcano, han sostenido que la vida en otros planetas no es posible, pese a la existencia de agua o de elementos orgánicos. “Son elementos necesarios para la vida, pero no suficientes”, han dicho. ¿Podríamos los humanos ser ‘la chispa de la vida’ en otros planetas? 

Bueno, yo no puedo contestar a si hay vida o no en otros planetas. Esa es una de las grandes preguntas que se ha hecho la humanidad desde siempre. Si nosotros hacemos un asentamiento en otro planeta, ¿eso se podría considerar la chispa de la vida? (risas).

Al respecto, con un proyecto relacionado a Hypathia 1 hemos intentado responder a esa pregunta analizando algunas arenas de Marte. Pero no solo se trata de saber si hay vida o no, también queremos conocer qué tipo de vida existe. Y es que, al final, como bien dice Antonio Lazcano, no por encontrar agua significa que ya exista vida compleja en algún planeta. Por otra parte, siento que se trata de una cuestión filosófica. Me refiero a realmente responder a “¿qué es la vida?”. Y eso es, precisamente, lo que vamos a buscar. Estamos investigando si hay ADN en los compuestos encontrados, aunque durante la búsqueda nos encontremos con otros tipos de vida que no conocemos y que no están basados en el genoma.

 

Son nueve científicas las que han participado en este proyecto. ¿Cómo cambia esto la narrativa en cuanto a las referencias en la investigación en España (y en el mundo)? ¿Qué estereotipos intenta romper, sobre todo para las carreras STEAM?

Espero que rompa muchos estereotipos. Eso es también parte de nuestro objetivo. Queremos romper las estadísticas que muestran que solo el 20% de las mujeres estudian carreras STEAM. De hecho, sólo 7% de quienes han estado en el espacio son mujeres.

El proyecto Hypathia 1 promueve las carreras científicas, y lo cierto es que queremos que haya muchas más ediciones. Queremos que cada vez más niñas crean que pueden formar parte de investigaciones de esta naturaleza, y que no escuchen a las presiones sociales que les impiden lograrlo.

Pero no solo eso, sino que también queremos dirigirnos a las científicas, para que rompan la idea de que no pueden empoderarse. A mí, por ejemplo, me ha ayudado muchísimo para empoderarme y para seguir mi carrera hacia delante.

Este tipo de proyectos hacen ciencia muy pionera, y eso es bueno porque permiten más espacios para la investigación. Ejemplo de ello es lo que hago yo con la acuicultura, criando peces en condiciones de otros planetas.  Queremos, sobre todo, romper el efecto tijera, ese que muestra que muchas mujeres comienzan una carrera científica, pero más tarde muchas la han abandonado. Queremos ver más mujeres en puestos directivos y en postdoctorados.

Javier Peña: “Estamos viviendo desde hace décadas un holocausto climático”

Su lucha a favor del medio ambiente comenzó con el móvil. Javier Peña (Madrid, 1986) hoy tiene más de medio millón de seguidores en las redes sociales, y sus vídeos virales contra el calentamiento global se ven en más de 80 países. Ha apostado por llevar el mensaje de la ciencia –acerca de la imperiosa necesidad de realizar una transformación verde a todo tipo de público y a hacerlo con un lenguaje sencillo y comprensible. ¿Por qué? Pues sencillamente porque para él todos jugamos un papel indispensable en este momento crucial para el planeta y para quienes lo habitamos.

Ese mensaje lo lleva desde su proyecto HOPE!, en el que han colaborado las personas más renombradas de la ciencia en España, entre ellas, el científico Fernando Valladares. Gracias a eso, para muchos ya es considerado como ‘el Félix Rodríguez de la Fuente de la generación millenial’.

Voces como la de David Attenborough consideran que aún estamos a tiempo de salvar al planeta. Sin embargo, para conseguir ese objetivo (de cara a 2050) son necesarios grandes esfuerzos. ¿De qué manera la tecnología nos puede ayudar a construir sociedades más sostenibles y circulares? 

La tecnología nos puede ayudar en muchas formas. Sin embargo, para lograr sociedades más sostenibles y circulares debemos de cambiar algunos hábitos, ya que muchas de las soluciones para salvar al planeta no son sólo tecnológicas.

Actualmente hay una explosión de ingenio para satisfacer nuestras necesidades ecológicas sin calentar al planeta y sin seguir destruyendo la naturaleza. Vivimos en un momento peculiar porque, por una parte, la crisis medioambiental plantea un escenario terrorífico pero, por otra, se está produciendo un ilusionante y emocionante cambio de mentalidad y de hábitos a gran escala inédito en la historia de la humanidad.

La crisis climática es un problema que tiene muchas soluciones, no existe solo una. Tenemos ahora, por ejemplo, muchas tecnologías para reducir el impacto que produce la agricultura. También, estamos viendo en la gestión de residuos una apuesta por volver a prácticas más tradicionales y menos industrializadas. De igual manera, estamos desarrollando cada vez más formas de calentar los hogares que nos permiten prescindir de los combustibles fósiles.

En pocas palabras, estamos en una suerte de puzle en el que tenemos que descifrar soluciones integrales en las que tanto la voluntad de la sociedad como los avances de la tecnología son indispensables.

En Europa, por ejemplo, la acción medioambiental es mayor que en muchos países de América (por ejemplo, México, Brasil y Perú) o África, en donde, desafortunadamente, aún suceden auténticos ‘ecocidios’. ¿Es una cuestión de conciencia medioambiental o que desarrollarse pasa inevitablemente por atentar contra el planeta?

No. En algunos casos puede que sea cierto, pero en otros no es así. La transformación de la agricultura, por ejemplo, en muchos países africanos, va muy avanzada. Allí hay zonas en las que se vive una auténtica revolución a favor de la transición verde. Me viene también a la mente la explosión de la energía renovable que se vive ahora en el África Subsahariana, que permite llevar la electricidad por primera vez a millones de pueblos. El cambio es, de verdad, vertiginoso.

Entonces, es cierto que en Europa tenemos un alto nivel de vida y que tenemos la capacidad de cuidar nuestros bosques y la naturaleza, sin embargo, también tenemos problemas como el de la contaminación importada a nuestros países. ¿Por qué? Pues porque nuestro impacto en el medio ambiente nace de nuestro consumo desmedido.

También es cierto que en Europa tenemos la capacidad de intervenir en todo el mundo, como sucede con el reglamento contra la deforestación importada o los aranceles al carbono que están por ser aprobados. Esas son algunas de las herramientas que nos permiten tener un impacto positivo en el resto del mundo.

Actualmente hay una explosión de ingenio para satisfacer nuestras necesidades ecológicas

Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que, si sumamos las emisiones del África subsahariana, donde vive mucha más gente que en Europa o que en Estados Unidos, éstas representan menos del 3% del total de emisiones en el mundo. La contaminación es un problema generado por los países más ricos. Las emisiones de alguien en Uganda son 300 veces menos que las de un estadounidense. Simplemente, por el nivel de consumo, una nevera en una casa europea tiene emisiones mucho más altas que las de familias enteras en África. Nuestro nivel de consumo es incomparable.

Cambiando de tema, vayamos a China. Cuando tú miras los niveles de emisiones por habitante que tiene ese país, que es la fábrica del mundo, son equivalentes a los de cualquier país europeo. Entonces, decir que los chinos contaminan mucho solo es un argumento para frenar el cambio hacia sociedades más sostenibles y mejores. Decir, “si no lo hace China, ¿por qué lo voy a hacer yo?”, es una idea falsa que solo nos perjudica a todos. En este cambio a favor del medio ambiente cada uno tiene que barrer lo que le corresponde.

Tras las últimas ediciones de la COP, ¿consideras que los líderes mundiales ya han tomado algunas decisiones imprescindibles para revertir los efectos del calentamiento global? 

Desde luego, aún no hay ningún país que esté cumpliendo al 100% las políticas para evitar que el calentamiento global supere los 1,5 grados. Pero no se puede negar que en este último año hubo avances sin precedentes al respecto. En China y en la Unión Europea los hubo a gran escala, y eso hace un par de años era impensable. No obstante, los esfuerzos para frenar el calentamiento global siguen siendo insuficientes.

Lo que está claro es que la carrera por el desarrollo de las energías verdes está avanzando muchísimo. Es como si atestiguáramos una carrera armamentística, pero en este caso es el de una carrera en la transición verde. Estados Unidos está inyectando miles de millones de dólares en su industria verde. Y China no se queda atrás; la Unión Europea tampoco.

Entonces, ¿hay esperanza de ver un mundo mejor? 

Estamos viendo cambios muy positivos, pese a los grandes obstáculos que aún tenemos.  Yo tengo esperanza porque creo que lo podemos conseguir, pero, desde luego, es una esperanza que cuesta mucho sostener. Hay movimientos en distintos sectores que intentan frenar este cambio, así que no nos queda más que luchar con todo.

En tu opinión, ¿consideras que vamos por buen camino hacia el cumplimiento de los objetivos Net Zero previstos para 2050?

No. No vamos por un buen camino aún. Estamos más cerca de lo que estábamos hace un año, pero tenemos que acelerar el paso mucho más.

Hay que avanzar hacia las energías renovables y electrificar la industria lo antes posible. Tenemos que transformar la agricultura. Tenemos pendientes muchas cosas para seguir por el buen camino.

Estás considerado, para muchos, como el Félix Rodríguez de la Fuente de la generación millenial. ¿Crees que el gran potencial de cambio a favor del medio ambiente ahora mismo está en manos de las generaciones más jóvenes?

Es cierto que desde los jóvenes ha nacido mucho empuje. Y eso debería de abochornar a muchos adultos. Hay que reconocer que quienes han escuchado a la ciencia y quienes han puesto los temas medioambientales como prioritarios en las agendas internacionales han sido los chavales de instituto.

Sin embargo, se trata de una cuestión que tiene que pasar por los centros de poder. Son las grandes empresas y los Gobiernos quienes toman las grandes decisiones, y ellos están en manos de gente de mediana edad, no precisamente de los más jóvenes.

¿Qué se puede hacer en estos momentos con las herramientas digitales y las redes sociales para concienciar sobre el estado medioambiental actual en el mundo?

Yo intento traducir la ciencia y crear vídeos cortos con formatos propios de las redes para que sean comprensibles y que conecten con todos los públicos. Uso un lenguaje no excluyente. A eso es a lo que me dedico, a explicar la magnitud y la urgencia de lo que tenemos enfrente; a enseñar ese horizonte para reinventarnos como sociedad y para construir un planeta mucho mejor y llamar a la acción.

“Estamos siendo testigos del mayor acto criminal de la historia”, lo dijiste en referencia a la crisis climática. ¿Qué pasará si no logramos detener el calentamiento global? ¿cómo vislumbras a las futuras sociedades, a las juventudes venideras?

Si no logramos detener el calentamiento global, el escenario que quedaría no se puede ni imaginar. Ahora mismo estamos caminando alegremente por el borde de un precipicio. Y mucha gente ha caído ya. La crisis climática global no es una hipótesis, es un hecho. Sus efectos se han multiplicado por cinco: todos los años vemos sequías e inundaciones extremas, por ejemplo. Y esto es una cuestión que ya está produciendo muerte.

Estamos viviendo algo que hay quien denomina como “holocausto climático”, y es así porque ya llevamos décadas viendo cómo la gente muere

La pregunta es: ¿hasta dónde vamos a dejar que llegue este fenómeno? Los científicos ya hablan de puntos activos de no retorno, a partir de los cuales se nos puede ir de las manos el aceleramiento del calentamiento global. De no hacer nada al respecto, iremos hacia una extinción masiva de especies. Estamos viviendo algo que hay quien denomina como “holocausto climático”, y es así porque ya llevamos décadas viendo cómo la gente muere por los efectos de esta crisis ambiental.

El problema es que la inacción ante esta situación es una decisión consciente por parte de los ejecutivos de grandes empresas, por ejemplo, de las grandes petroleras. Ellos frenan la acción, saben de los dramáticos efectos del calentamiento global desde hace más de 50 años, y aun así nos están llevando hacia el acantilado. Claro, todo eso aunado a los gobiernos que no escuchan a la ciencia y que se dejan llevar por la inercia de no creerse que esto es una emergencia.

Insisto, se trata de un holocausto climático. Pero tenemos la fuerza de la ciudadanía que lo puede parar, aún puede hacerlo, y yo creo que lo podemos conseguir. Y de esta batalla dependerá el futuro de la vida en la Tierra. No ha habido nada más urgente en la historia de la humanidad.

Para hacer frente a los retos medioambientales a los que nos enfrentamos la cooperación entre administraciones, empresas y sociedad es fundamental. ¿Qué podríamos hacer para fortalecer más esas alianzas y redes de trabajo entre los actores mencionados?

Eso es algo que ya está ocurriendo. Hay muchas empresas que comprenden ya que la única manera de seguir existiendo es apostando por la sostenibilidad.  Se está produciendo una auténtica revolución de innovación y de creación de soluciones para satisfacer de forma distinta a las necesidades de consumo y producción. Y en esto la empresa juega un papel fundamental.

Ahora mismo hay muchas empresas que ya han dado pasos inspiradores y valientes hacia la transformación verde. Luego, claro, están aquellas que hacen ‘green-washing’, pero eso es un engaño, esos son solo cambios cosméticos.

Al margen de lo anterior, lo importante es lograr un cambio de legislación. Eso es lo que realmente hace falta. Necesitamos leyes que digan que una empresa no puede echar a los alimentos cosas que nos envenenan. Tiene que haber una legislación medioambiental mucho más avanzada y exigente. Afortunadamente, eso ya está sucediendo, pero necesita avanzar más rápido.

¿Qué mensaje darías a las personas que aún no han hecho conciencia de la gravedad de la crisis climática global? 

Les diría que no estamos en un momento seguro. Todos tenemos un papel en este proceso de cambio, seamos quienes seamos, vengamos de donde vengamos. También, que en esta revolución ciudadana hay que crear esfuerzos conjuntos para torcer el brazo de la destrucción masiva del planeta, y hacerlo por nuestra propia supervivencia.

Les diría que es este el momento para que todos nos sumemos a esta ola de transición que está siendo la mayor revolución social en toda la historia. Nunca la humanidad ha avanzado tanto ni evolucionado de la manera en la que lo tenemos que hacer en los próximos 20 o 30 años. Tenemos que cambiarlo todo ya, y cambiarlo para mejor. Tenemos la gran oportunidad de ser testigos de esa gran transformación como sociedad, y eso es un privilegio. Vamos a cumplir la mayor ambición de todos los tiempos y esa es dejar a nuestros hijos un mundo mejor del que recibimos.

María Telkes, ‘la reina del Sol’, pionera de la energía solar

Cuando hablamos de energías renovables, la solar es una de las primeras opciones que nos vienen a la mente. De hecho, la solar fotovoltaica (la que aprovecha la luz del Sol) y la solar térmica (que aprovecha el calor) están entre las renovables más utilizadas y entre las que más se ha invertido en el mundo durante los últimos diez años.

Estados Unidos, China y Alemania son los países con mayores avances y atractivo de inversión para este tipo de energía, de acuerdo con el índice Renewable Energy Country Attractiveness Index (RECAI), uno de los más importantes en ese campo. Si ponemos el foco en España, este ranking nos sitúa en octava posición, un puesto más arriba que hace dos años.

Pero todo eso corresponde a la actualidad. La idea de ciudades calentadas con placas y paneles parece de este siglo, pero no es así. La creadora de esa tecnología fue María Telkes (Budapest, 1900-1995), una científica húngara (posteriormente nacionalizada estadounidense), que está considerada como un icono en la historia de la ciencia y de los avances tecnológicos hacia la sostenibilidad. No en vano es recordada como ‘la reina del Sol’.

Cuando Telkes (la mayor de ocho hermanos) nació, las grandes ciudades luchaban contra los fríos más inclementes con carbón, y se alumbraban, en el mejor de los casos, con lámparas de gas, y, posteriormente, con electricidad. Eran tiempos en los que los feroces inviernos hicieron que episodios históricos como la Primera Guerra Mundial o la Revolución rusa fueran más cruentos aún. La idea de que una placa que absorbiera la energía solar, y que gracias a ella ese calor se pudiera transmitir a una casa o a un edificio, parecía una locura. Sin embargo, para esta joven nacida en el antiguo Imperio austrohúngaro, eso resultaba algo completamente lógico y capaz de materializarse. Claro que, ella, durante su adolescencia, ya había leído acerca de las inmensas posibilidades que existían en el mundo para crear nuevas fuentes de energía, un tema que no dejaría de ser una preocupación durante todo el siglo pasado, en el que los avances tecnológicos y científicos crecieron como nunca antes en la historia.

Después de terminar el doctorado en Fisicoquímica en la Universidad de Budapest, María Telkes emigró a Estados Unidos. Y fue precisamente en el prestigioso Massachusets Institute of Technology (MIT) donde desarrolló la mayor parte de su carrera. Años antes de ese titánico salto profesional, sus primeros pasos en la gran potencia americana ya los había dado en la ciudad de Cleveland, donde creó un dispositivo fotoeléctrico que registraba las ondas cerebrales. Aquel invento le valió la atención de la comunidad científica, y gracias a sus investigaciones acerca del enorme potencial de la energía solar, nueve años más tarde, en 1934, llegaría su primer gran reconocimiento: de acuerdo a una publicación de The New York Times, entró en la lista de las 11 mujeres más relevantes de Estados Unidos.

No mucho más tarde, ya en 1940 e instalada en el MIT, estuvo a cargo de un proyecto de investigación de conversión de energía solar. Desafortunadamente, el trabajo quedó paralizado con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, su creatividad no dejó de rendir frutos: pese al difícil contexto, su ingenio y talento quedaron al servicio de las fuerzas militares, para las que inventó un kit portátil de desalinización de agua. Su creación fue patentada y formó parte del equipo de supervivencia para los soldados estadounidenses durante años.

La primera casa con energía solar

Para Telkes no pasó inadvertido el hecho de que las guerras y las crisis económicas tenían un impacto directo en la forma de calentarse de millones de hogares. Y fue gracias a eso que esta brillante mujer logró, en 1948, el hito científico por el que es recordada y reconocida hasta nuestros días: la primera casa con calefacción solar.

Se trataba de una vivienda con dos dormitorios, ubicada en la localidad de Dover, no muy lejos de Boston. El invento de Telkes consistía básicamente en una serie de ventanas con paneles de vidrio y metal que captaban la energía del sol y que estaban conectados con unos recipientes ubicados en las paredes y aislados con sales fundidas (otra de sus principales investigaciones) que almacenaban el calor. Aquella tecnología no tiene nada que ver con los paneles solares de hoy en día, pero ‘la casa solar de Dover’ fue el primer paso para entender que las energías renovables pueden cambiar la forma de calentarnos.

Ese no fue el único invento en el que Telkes aprovechó las bondades del sol. Un año antes, en 1947, ya había creado un generador termoeléctrico y una cocina solar con un diseño que, salvo algunos cambios y adaptaciones, sigue vigente en nuestros días. También el primer refrigerador termoeléctrico, de 1953, engrosa su lista de creaciones.

Una científica excepcional

No es nada sencillo cambiar la historia de la humanidad, y mucho menos hacerlo desde la ciencia. Pero María Telkes fue de esas personas: vio en el Sol una fuente energética inagotable capaz de solucionar tantos problemas en la sociedad. Y esa visión, puesta al servicio de su creatividad científica, le mereció incontables distinciones, una de las más importantes el primer premio de la Society of Women Engineers Achievement Award, en 1952.

Un par de décadas más tarde, en los setenta, cambió su residencia a Texas, donde se dedicó a asesorar a varias empresas interesadas en potenciar la energía solar en incontables sistemas tecnológicos.

María Telkes vivió prácticamente toda su vida profesional en Estados Unidos y volvió a su Budapest natal solo una vez, en 1995, y justo diez días antes de cumplir los 95 años, allí mismo falleció.

La luz y la energía de ‘la reina del Sol’ siguen más vivas que nunca, ya que sus inventos e investigaciones hoy nos permiten tener a la energía fotovoltaica como una de las opciones más fuertes en la lucha contra el cambio climático.

David Attenborough, una vida dedicada a la lucha ambientalista

Su vocación por la defensa del planeta comenzó en la niñez cuando buscaba los secretos de la Tierra guardados en los fósiles. Hoy, su obra es un referente del cuidado medioambiental en la lucha contra el cambio climático.

Cuando David Frederick Attenborough (Londres, 1926) nació, la información sobre el pasado de las plantas, los animales y el planeta solo se encontraba en los libros y…, por supuesto, en las piedras. Y precisamente así fue como él, hoy considerada una de las voces más reconocidas de la defensa planetaria, comenzó a descubrir los grandes secretos de la vida en la Tierra. Desde entonces brotó dentro de él la fascinación por saber cómo era y había sido el mundo y qué podíamos hacer para preservarlo.

A los 12 años ya coleccionaba pequeños pedruscos y plantas y fue precisamente a esa edad cuando una de sus hermanas le regaló una piedra de ámbar con insectos fosilizados en su interior. Aquel gesto despertó en él, aún más, la imperiosa necesidad de hurgar en el ayer para saber cómo hemos cambiado como especies y cuál ha sido la huella que hemos dejado en la historia del planeta.

Actualmente, los documentales que ha dirigido y producido son un referente de la divulgación naturalista universal. Pero antes de consolidarse como uno de los ambientalistas más importantes de todos los tiempos, los primeros pasos profesionales de Attenborough fueron filmando y contando cómo eran los entornos naturales hacia mediados del siglo pasado (incluso en los tiempos en que las pantallas eran en blanco y negro). Eso, por supuesto, lo hizo después de obtener el grado en Ciencias Naturales por el Clare College de la Universidad de Cambridge.

Su vocación no pudo esperar e, inmediatamente después de concluir sus estudios universitarios, el joven David salió a recorrer el planeta. Mostró al resto del mundo escenas nunca vistas de frondosas selvas, desiertos enigmáticos, océanos inmaculados por la vorágine humana, bosques espectaculares e islas solo conocidas por la imaginación de quienes las habían descrito en relatos épicos y mapas. Pero eso solo es una parte de lo que yace en su inabarcable hemeroteca, pues en el resto de sus piezas audiovisuales, sobre todo en las más recientes, como A Life on Our Planet (2020), el protagonismo es para la ya innegable alerta medioambiental. Por ejemplo, en esa producción aparecen fotografías y vídeos de ecosistemas, especies animales y rincones del mundo que ya no existen. Ese trabajo bien podría ser la continuación de obras legendarias que lo llevaron al reconocimiento internacional, como A Life on Earth (1979), A Living Planet (1984), The Trials of Life (1990), The Life of Mammals (2002) y Life in the Undergrowth (2005).

Una voz ineludible contra el cambio climático

Tras siete décadas de una incesante labor documental y de divulgación científica y naturalista (cabe destacar que fue director de programación de la BBC en las décadas de los sesenta y setenta), David Attenborough actualmente se encuentra dedicado al activismo medioambiental.

Su discurso de 2021 en la COP26, en Glasgow, en la que fue designado defensor del pueblo, fue más que conmovedor: una última llamada de atención sobre lo que podría suceder en la Tierra si no hacemos algo para frenar el calentamiento global: nada más y nada menos que la sexta extinción masiva en la historia del planeta. Esa idea ya la había expuesto un año antes en A Life on Our Planet, donde deja muy claro que, de no cumplir con los objetivos de descarbonización para 2050 y no frenar la subida de temperatura global, el escenario planetario no será muy distinto al de un apocalipsis. Al margen de esas predicciones catastróficas, Attenborough presentó en ese documental el análisis de cuántas hectáreas de ecosistemas sanos hemos ido perdiendo década a década. ¿Su conclusión? Hoy tenemos menos de la mitad de los entornos naturales que existían hace setenta años.

En aquella intervención también subrayó la imperiosa necesidad de crear una nueva revolución industrial, una en la que la sostenibilidad sea la columna vertebral del modelo económico. “De lo contrario, todos los esfuerzos hacia la descarbonización serán inútiles”, dijo al respecto. Pero sus palabras también estuvieron cargadas de esperanza, pues dejó sobre la mesa la idea de que estamos en un momento excepcional para construir un nuevo mundo, uno más igualitario entre las distintas poblaciones, además de uno más sostenible, circular y sano. Es decir, tenemos la oportunidad de crear un nuevo mundo en el que la humanidad pueda convivir de manera más armónica con el entorno natural.

Como no podía ser de otra manera, su labor por el cuidado de los ecosistemas y la lucha ambientalista le ha valido incontables distinciones. Entre las más destacadas se encuentran el premio Princesa de Asturias, el premio Desmond Davis de BAFTA, el premio Kalinga de la Unesco, el premio Fonseca, el premio Primetime Emmy como mejor narrador, además de haber sido reconocido como Comendador de la Orden del Imperio Británico por sus servicios prestados a la conservación de la naturaleza. Por si fuera poco, este año fue nominado para el Premio Nobel de la Paz.

Hoy, sin duda, David Attenborough es una de las voces con mayor peso en la defensa del planeta. Sus más de setenta años recorriendo y documentando cada rincón del mundo, a cada especie, a cada población, lo avalan como una voz ineludible para el proyecto global (en un futuro muy cercano) en el que las personas y los ecosistemas puedan convivir en armonía y prosperidad.

Más especies arbóreas para mejorar los bosques

Un reciente estudio en el que participaron el Museo Nacional de Ciencias Naturales y el Instituto de Ciencias Forestales ha demostrado que, si el número de especies en un bosque aumenta, entonces también lo hará la productividad y la estabilidad de ese ecosistema.

“En lo puro no hay futuro”, reza un viejo dicho. No son pocas las situaciones en las que esa máxima enaltece las bondades de la diversidad. Y una de ellas tiene que ver con un reciente descubrimiento científico que demuestra que un mayor número de especies de árboles dentro de un bosque aumenta su productividad. En pocas palabras, que la diversidad es la gran apuesta para el futuro de los bosques.

A grandes rasgos, esa es la conclusión de un reciente estudio internacional en el que participaron el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) y el Instituto de Ciencias Forestales (ICIFOR). De forma más concreta, ese trabajo académico revela que la producción en los bosques aumenta un 6%, y la estabilidad del crecimiento un 12%, con solo añadir una especie más. En esa investigación se analizaron 261 parcelas o rodales (conjunto de plantas que pueblan un terreno diferenciándolo de los colindantes) distribuidas a lo largo de una extensa área geográfica muy representativa de las condiciones climáticas que prevalecen en el continente europeo.

Además, el equipo de esa investigación ha analizado la capacidad de respuesta de los bosques ante los cambios ambientales, y lo hizo tanto en bosques mixtos como en los que solo vive una especie. Y los resultados fueron asombrosos, de tal manera que sugieren nuevas medidas para combatir los drásticos efectos del calentamiento global.

La diversidad de especies arbóreas mejora la calidad de los bosques

Una solución eficaz contra los efectos del cambio climático

Una de las grandes revelaciones de este estudio fue que el efecto de la temperatura en la desestabilización del crecimiento de los rodales puede mitigarse mezclando especies. “Hemos confirmado que la asincronía en el crecimiento de las diferentes especies es el principal impulsor de la estabilidad temporal en rodales mixtos, ya que diferentes especies tienen respuestas y requerimientos distintos en cada momento, por lo que la masa forestal termina respondiendo mejor ante las perturbaciones ambientales”, explica Miren del Río, investigadora del ICIFOR.

Gracias a este trabajo, ya sabemos que los bosques que cuentan con mezclas de especies son más resistentes a los cambios ambientales. Eso también lo afirma Andrés Bravo, del MNCN, pero aclara que introducir muchas especies de árboles en muchos lugares, y todo eso en poco tiempo, no es algo que se pueda hacer sin alguna directriz o proyecto. Sin embargo, pese a ser muy cauto en cuanto a las formas en las que se pueden ir introduciendo más especies arbóreas a distintos bosques, el experto confirma que la mera introducción de una sola especie en un bosque, algo relativamente sencillo, se traduce en mejoras sustanciales.

Un mayor número de especies de árboles resulta una medida realista y efectiva contra los efectos del cambio climático en los bosques europeos

La diversidad: una medida efectiva y realista contra los dramáticos efectos del cambio climático. Así lo define la investigadora Miren del Río, lo cual pone en relieve las propiedades asociadas a la combinación de especies y da como resultado ecosistemas más productivos, eficientes y temporalmente estables. “Hemos logrado demostrar el valor de los bosques mixtos como una alternativa para mejorar la producción y la estabilidad del crecimiento, esenciales para mantener los servicios ecosistémicos asociados con el nivel y el ritmo de crecimiento de los bosques”, concluye del Río, añadiendo que los resultados del presente trabajo podrían contribuir a lograr los objetivos de las políticas ambientales de la Unión Europea. 

Efectivamente, el futuro de los ecosistemas ha quedado supeditado a las medidas que se tomen para mitigar los efectos del cambio climático. Y, como se ha demostrado, la diversidad de las especies en un ecosistema resulta una de las mejores apuestas para conservar la salud de nuestros bosques, además de hacerlos más resistentes, productivos y estables. 

Ángeles Alvariño: la mujer que cambió la forma de entender los océanos

Dedicada a la investigación y a la divulgación de la vida en los océanos, la calidad de su trabajo le llevó a lo más alto y a merecer las máximas distinciones, como la de ser la única investigadora española incluida en la Encyclopedia of World Scientists. La vida submarina, sin ella, definitivamente no sería la que conocemos hoy.

El 3 de octubre de 2021, Google le dedicó un doodle por el aniversario 105 de su nacimiento. Nadie cuya vida y obra no hayan cambiado la historia merecen esa distinción en estos tiempos digitales. Sin ella, sin su obra, su vocación y entrega absoluta al estudio del mar yy de quienes habitan en él, las ciencias oceanográficas hoy estarían incompletas. Gracias a su trabajo, veintidós especies marinas son conocidas, y, como reconocimiento, su apellido forma parte de la taxonomía de algunas medusas y otros animales que forman parte del placton. Ella es, sin duda alguna, una de las glorias científicas de España, y para muestra de ello basta con constatar que ha sido la única mujer de los cuatro científicos españoles con el honor de estar incluida en la Encyclopedia of World Scientists, un prestigioso compendio en el que se destacan los nombres de los mil científicos más prestigiosos e importantes de la historia. 

Alvariño es la única investigadora española incluida en la prestigiosa Encyclopedia of World Scientists, en la que están los nombres de los mil científicos más importantes de la historia

María de los Ángeles Alvariño (Serantes, 1916 - La Jolla, California, 2005) fue una precursora en toda regla. Nacida en la Galicia profunda, estuvo en contacto con la ciencia y las artes desde muy pequeña: fue la hija del médico del pueblo, y su madre era pianista; y a los tres años, ya sabía leer y escribir y tenía conocimientos de piano y teoría musical. Esa, quizá, fue la semilla que sembraron sus padres en ella y que germinó en la pasión por la ciencia, una virtud que no tardó en dar los frutos que cambiaron la historia de la investigación oceanográfica en el mundo. 

De vocación científica innegable, cursó estudios de Bachillerato Universitario de Ciencias y Letras en la Universidad de Santiago de Compostela, los cuales concluyó exitosamente con los trabajos titulados Insectos sociales y Las mujeres en el Quijote. Pero sus ímpetus académicos no estaban saciados, así que decidió seguir su formación en Ciencias Naturales en la Universidad de Madrid. No obstante, aquellos estudios quedaron interrumpidos debido al estallido de la Guerra Civil, una situación que la obligó a radicarse nuevamente en su Galicia natal. Durante esos días tan convulsos, Alvariño aprovechó el tiempo para estudiar inglés, francés y alemán, pero también descubrió su pasión investigadora volcada en las aguas gallegas. 

Cuando aquel negro episodio en la historia del país finalizó Ángeles Alvariño regresó a la capital para culminar sus estudios y se casó con Eugenio Leira Manso, un capitán de la Marina de Guerra Española, y Caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Continuó con sus investigaciones y finalmente fue admitida (a pesar de que en aquel entonces el acceso a las mujeres no estaba permitido) en el Instituto Español de Oceanografía. 

En 1952 obtuvo una plaza como investigadora en el Centro Oceanográfico de Vigo, donde comenzó a investigar en profundidad el zooplancton (un tema en el que se especializaría más tarde y en el que quedarían muchas de sus mayores aportaciones a las ciencias del mar).

Su carrera fue meteórica. Gracias a la calidad de su trabajo, en 1953, el British Council le concedió una beca para seguir con sus investigaciones acerca del zooplancton en el Laboratorio inglés de Plymouth. Ese hecho le valió otro hito en su vida: convertirse en la primera científica en subirse a un buque oceanográfico británico, el Sarsia.

Un referente en Estados Unidos, pero con bandera gallega

Llegó el momento en que el viejo mundo le quedó pequeño a una mujer que nació para dedicar todos sus talentos al conocimiento de los mares, y en 1956 ya había cruzado el Atlántico para instalarse en Estados Unidos, país en el que obtuvo la nacionalidad y los máximos reconocimientos científicos. Todo fue gracias a una subvención de la Comisión Fullbright, con la que pudo continuar con sus investigaciones en el Instituto Oceanográfico Woods Hole (Massachusetts). Y, no mucho más tarde, bajo una recomendación de la prestigiosa oceanógrafa Mary Sears, Alvariño llegó al Scripps Institution of Oceanography en La Jolla (San Diego, California). 

En 1967 obtuvo el doctorado y en 1969 publicó sus últimas investigaciones para el Instituto Español Oceanográfico, un compilado de sus trabajos realizados entre 1952 y 1965 titulado Los quetognatos del Atlántico, distribución y notas esenciales, en la que ilustra detalladamente más de treinta especies marinas descubiertas por ella.

Su carrera investigadora recibió reconocimientos y distinciones en ambos lados del Atlántico. Uno de ellos fue el cargo que obtuvo como bióloga investigadora en la agencia Southwest Fisheries Center (SWFC, donde desarrolló estudios esenciales sobre la albacora, un pez que hoy conocemos como bonito del norte. 

Fue una precursora en las ciencias del mar y en la lucha por la igualdad de oportunidades de la mujer, tanto en España como en Estados Unidos

Aun así, a pesar de haber tenido una carrera meteórica y brillante, Alvariño padeció la discriminación por cuestiones de género. Y eso mismo fue lo que denunció ante el Gobierno de Estados Unidos, en 1977, mediante una carta que llevaba una copia dirigida al mismo Jimmy Carter (presidente estadounidense en aquel entonces). Durante los siete años que trabajó en el SWFC, ella misma constató que todos los cargos superiores siempre eran ocupados por hombres, y en su denuncia fue clara y contundente: la cuestión era “discriminación por género”. Aquel alzamiento de voz la convirtió en un referente de la defensa de los derechos laborales de las mujeres. Sí, una gallega, investigadora de primer nivel, defendió a sus compañeras científicas hace más de cuarenta años. 

Muchos años antes de su muerte en 2005, María de los Ángeles Alvariño ya era considerada como la máxima autoridad respecto al zooplancton. Y por toda su brillante carrera recibió, desde 1976, incontables distinciones en el mundo entero y por parte de prestigiosas instituciones académicas como la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de San Diego, el Instituto Politécnico Nacional (México), la Universidad Federal de Panamá, entre otras. Y su tierra no fue la excepción, pues la Real Academia Gallega de Ciencias le rindió un homenaje el Día de la Ciencia en Galicia (celebrado el 1 de junio). Y, por si fuera poco, su nombre quedó inmortalizado en un buque oceanográfico que entró en servicio en 2012.

Su nombre, en la historia de la investigación científica de los océanos, está escrito con letras de oro. Su vida y obra, inspiradoras en todo rubro, son un ejemplo para las nuevas generaciones de investigadores e investigadoras en el mundo entero pero, sobre todo, en España y en Estados Unidos, los dos países en los que Ángeles Alvariño creció, se formó y desarrolló una brillante carrera que hoy nos permite entender las ciencias oceanográficas con mayor profundidad. 

Humanos, el (in) evitable obstáculo de la cadena alimenticia

Un reciente estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales y el CSIC confirma la teoría de que, al estudiar las redes alimenticias, podremos predecir el nivel de impacto de la actividad humana en los ecosistemas.

La presencia humana afecta, indudablemente, cualquier ecosistema en el que se hace presente. Somos transformadores (para bien o para mal) de territorios, y eso afecta directamente a las redes propias de cada entorno. Hemos construido templos, acueductos y ciudades donde no había más que tierra o hielo, y nos hemos interconectado presencial y digitalmente de formas que durante siglos fueron inimaginables. Y, como especie, hemos cambiado los rumbos de la naturaleza, pero eso solo es el lado obvio de un fenómeno muy complejo que nos obliga a preguntarnos: ¿cuánto afecta la actividad humana a las estructuras básicas de un ecosistema y, sobre todo, ¿cómo estos cambios pueden hacernos ver el impacto que tendrán nuestras acciones en un entorno específico?

Una investigación española demuestra que las perturbaciones en los ecosistemas influyen de forma predecible en la estructura de las redes alimenticias

Al respecto, un reciente estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (MNCN-CSIC) se ha encargado precisamente de reformular la interrogante anterior en una conclusión. Es decir, la investigación corrobora empíricamente la teoría de que el tipo de perturbaciones que sufren las redes (ya sea en un entorno natural acuático o terrestre) influirá en su arquitectura, y que esta se volverá más aleatoria. Ahora bien: ¿arquitectura?, ¿perturbaciones?, ¿aleatoria? A simple vista estos términos tan generales dejan la idea central en algo muy rebuscado; sin embargo, no lo es tanto. Para digerirlo un poco más, Miguel Bastos Araújo, director de la investigación y autor del revelador artículo sobre ese tema en la revista Ecology Letters, sostiene lo siguiente: “Las redes en las que se organizan los sistemas complejos tienen una arquitectura, que se repite. La regularidad de los patrones de este diseño, así como sus excepciones, es un tema de gran interés porque, si entendemos cómo se autoorganizan sistemas complejos como los ecosistemas, estaremos mejor posicionados para prever el impacto de las actividades humanas en su estructura y funcionamiento”. En pocas palabras, los ecosistemas en los que ha influido más la mano del hombre se vuelven más aleatorios (menos predecibles).

 Una cuestión de redes, su estudio y su impacto

Ahora bien, las redes se manifiestan de incontables maneras. Una de ellas es la red centralizada, donde todos los elementos se interconectan entre sí vía una principal. Otra de ellas, más compleja aún, es donde los elementos no están centralizados y sus conexiones son lo más aleatorios posible. ¿Qué tiene qué ver esto con el tema en cuestión? Pues que para entender cómo afecta la actividad humana en la arquitectura de un ecosistema es obligatorio comprender que los sistemas de interconexión entre sus elementos vitales no son estáticos ni únicos. Para ejemplificar esto, el caso de los ríos funciona muy bien. Si una población cerca del río Nilo (Egipto) contamina la vía fluvial de agua, el impacto en todos los afluentes será altísimo, pero si la contaminación solo es en un afluente, el impacto en el resto del río (tanto la vía central como en los otros afluentes) será mucho menor. 

Miguel Bastos Araújo: “Cuando la presencia humana es menor, las redes organizadas en función de la ley de poder son prevalentes y, cuando el impacto humano es mayor, las redes más comunes son las que se organizan de modo aleatorio”

La presente investigación fue realizada mediante el estudio de 351 redes tróficas (trófico significa el conjunto de cadenas alimentarias de un ecosistema, interconectadas entre ellas mediante relaciones de alimentación. Los animales —carnívoros y herbívoros— forman ese tipo de redes), submarinas y terrestres, y, ante eso, Araújo explica lo siguiente: “Anticipamos que los ecosistemas que sufren mayor presión humana están asociados a perturbaciones o ataques dirigidos a nodos concretos, por ejemplo, especies con tamaños más grandes, más longevas o más especializadas, mientras que aquellos que sufren menor presión humana están expuestas a las perturbaciones normales en la dinámica de los ecosistemas, que son más fortuitas. Por lo tanto, cuando la presencia humana es menor, las redes organizadas en función de la ley de poder son prevalentes y, cuando el impacto humano es mayor, las redes más comunes son las que se organizan de modo aleatorio”.

Cabe destacar, de igual manera, que este trabajo es la confirmación empírica de la teoría que defendió en 2020 la investigadora rumano-húngara Réka Albert, de la universidad estatal de Pennsylvania, en un artículo publicado en la prestigiosa revista Nature, en la que sostenía que la arquitectura de las redes determina su resiliencia a los ataques externos. Solo que el estudio que dirigió Araújo no se dio mediante redes simuladas (como el trabajo de Albert), sino que es el resultado del análisis de 351 redes tróficas de distintos entornos. 

Miguel Delibes de Castro: el hombre con la última palabra sobre el lince ibérico y Doñana

Hacia finales de los años ochenta, Miguel Delibes de Castro (Valladolid, 1947) jugaba con una frase que sugería que el Parque de Doñana «servía» para lo mismo que el Museo del Prado; en pocas palabras: «Para nada». Por supuesto, se trataba de una broma con una buena dosis de ironía con la que exaltaba la innegable importancia de ambos: «Doñana es un patrimonio mundial, un patrimonio de la humanidad, una herencia natural, porque no solo las culturales son herencias que hay que respetar», zanjaba en una entrevista para Canal Sur en 1989.

El distinguido biólogo y experto en la conservación del Parque de Doñana como patrimonio de la humanidad participa en la mesa redonda «Cambio climático y biodiversidad, dos caras de la misma moneda» de las Jornadas de Sostenibilidad de Redeia.

Sin embargo, más allá de aquella puntiaguda broma con la que Delibes intentaba poner sobre la mesa el inmenso e irrenunciable valor patrimonial que tiene el que está considerado como uno de los santuarios naturales de España, su opinión se centraba también en la importancia de una las especies más emblemáticas del sur de Europa, es decir, del lince ibérico. «Si alguien dice que al lince le ha llegado su hora, y que qué más da que se extinga, pues sería como perder a Mozart. Nadie se murió por la falta de Mozart, y nadie se va a morir por la falta de linces, pero el mundo y la humanidad sí que estarían perdiendo una parte muy importante de sí mismos sin ellos», agregó por aquel entonces.

Delibes de Castro es la máxima autoridad en el país sobre el lince ibérico, pues fue, durante doce años, director de la Estación Biológica de Doñana. Además, es un reconocido biólogo, profesor e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Entre las distinciones que ha recibido por su dilatada carrera divulgativa y científica se encuentran el Premio Nacional de Medio Ambiente (2001), el Premio Rey Jaime I de Protección del Medio Ambiente (2003), el Premio nacional de Investigación Alejandro Malaspina (2005), además de es parte de la Selección Española de la Ciencia (2016). También ha sido distinguido con el Premio del Mérito de la Conservación del WWF International, y fue merecedor de la Medalla de Andalucía al Mérito Medioambiental (2022).

Miguel Delibes de Castro es la máxima autoridad en cuanto al lince ibérico y la Estación Biológica de Doñana

Un dato interesante sobre su trayectoria es que, cuando hacía su tesis, trabajó con Félix Rodríguez de la Fuente (el gran referente español de la divulgación ambientalista y naturalista de las últimas décadas gracias a su programa El hombre y la Tierra), y fue precisamente él quien le mostró cómo escribir para que sus historias llegaran a la gente y se interesaran cada vez más por las cuestiones medioambientales. No mucho más tarde llegaría a la mencionada Estación de Doñana, pero antes de eso, en 1983, fue uno de los firmantes del Manifiesto de Tenerife: el texto precursor del ecologismo político en España.

Entrar en su obra publicada merecería un texto aparte; aun así, cualquier perfil biográfico suyo quedaría incompleto sin citar obras como La naturaleza en peligro (Destino, 2005), La tierra herida: ¿qué mundo heredarán nuestros hijos? (Destino, 2005), una pieza elaborada con la coautoría de su padre, el novelista Miguel Delibes, y Cuaderno de campo de la naturaleza española (J. M. Reyero, 1995). Cabe mencionar que durante su juventud fue redactor de la Enciclopedia Salvat de la fauna, cuya dirección y coordinación estuvo a cargo del mismo Rodríguez de la Fuente.

Y es que son décadas las que lleva Miguel Delibes de Castro luchando por la conservación del lince ibérico. Hoy, los números del que está considerado como el felino más preciado de España y Portugal son alentadores, y sugieren que su recuperación en la naturaleza está siendo todo un éxito, pero no siempre fue así. A principios de este siglo estuvo a punto de extinguirse (en 2002 quedaban menos de 100 ejemplares). En una entrevista de 2003 del diario ABC, Delibes llegó a sostener que, de no ponerse en marcha con urgencia un plan para la cría y conservación del lince, sería prácticamente «un muerto viviente». Afortunadamente, ahora mismo, en 2022, la realidad ya es otra: en uno de los últimos censos realizados, el número de linces fue de 1400 (se calcula que para que esté fuera de peligro son necesarios entre 3000 y 3500 ejemplares).

El lince ibérico vive un «milagro», pues sus números se han recuperado notablemente después de haber sorteado la extinción a principios de siglo

El espacio natural de Doñana es, sin duda alguna, uno de los corazones silvestres de nuestro país y representa a la naturaleza peninsular en su estado más puro. No obstante, es un sitio que ha sufrido, por ejemplo, incendios, como el del trágico junio de 2017. Además, esta «joya» medioambiental es uno de los lugares más afectados por el impacto del cambio climático. Hoy, gracias a los incontables esfuerzos de las administraciones y de la sociedad civil, se recupera y aparece como un santuario para el lince.

Es precisamente el calentamiento global lo que está definiendo las agendas internacionales de muchos países europeos, y España no es la excepción, pues es una de las grandes causas de la desertificación. Por eso mismo, la extensa labor que Miguel Delibes de Castro lleva haciendo desde hace más de cuatro décadas para conservar y mantener sanos los ecosistemas más preciados del país resulta una labor invaluable hoy más que nunca.