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Plantas invasoras, amenazas para el medio natural

especies exóticas

La introducción y proliferación de especies exóticas se ha convertido, desde hace unos años, en uno de los grandes causantes de la pérdida de biodiversidad en nuestro país. 


La introducción de especies exóticas en nuestros territorios es una de las grandes amenazas para la biodiversidad autóctona. En algunos casos porque la capacidad de crecimiento y regeneración de muchas especies autóctonas queda completamente alterada, y en otros, porque impacta directamente sobre la salud y la capacidad regenerativa de otras especies. 

Frenar el avance de las invasoras tiene sus desafíos, debido a la rápida proliferación en diferentes entornos naturales. En España tenemos un Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, detallado en la Ley 42/2007, donde se recogen todos los tipos de especies invasoras del territorio. Este es uno de los mayores esfuerzos de documentación de fauna y flora de la Península. Algunas de ellas son la Agave americana, originaria de Méjico, o la Acacia mimosa, proveniente de Australia. 

Algunas de las especies invasoras más comunes son el Jacinto de Agua o el Plumero de la Pampa

Pero, entre las especies invasoras más problemáticas del territorio español destacan el Jacinto de Agua y el Plumero de la Pampa, también conocido como Cortaderia selloana. Estas plantas, en términos generales, impiden el desarrollo de las especies nativas, alteran el hábitat de la zona modificando su físico y la química de sus suelos, compiten por espacio y alimento con especies autóctonas y se hibridan con las especies nativas. Además, introducen nuevos parásitos y enfermedades. A nivel particular, el Jacinto de Agua provoca una gran cantidad de materia orgánica que se junta en un denso tapiz sobre el agua que dificulta el intercambio de oxígeno con la atmósfera y obstruye el paso de la luz del sol. Así, limita altamente el desarrollo de otros animales y plantas y reduce la producción primaria bentónica. 

Algunas de las principales fórmulas para frenarlas son técnicas como el manejo integrado del territorio, la prevención de su expansión mediante la vigilancia y monitoreo e inspecciones en puertos y fronteras. Otra herramienta de intervención más lenta es la educación pública sobre los peligros que tiene la expansión de estas especies. 

La cortaderia es un problema de emergencia ecológica alrededor del mundo, y una de las 100 especies más dañinas en Europa

Existen una gran variedad de iniciativas en España que buscan frenar su propagación por nuestros ecosistemas, como Stop Cortaderia, un programa colaborativo que busca frenar la extensión de la cortaderia en zonas como Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco, así como en el norte de Portugal, y la región de Nueva Aquitania en Francia. 

La cortaderia es un problema de emergencia ecológica alrededor del mundo, y una de las 100 especies más dañinas en Europa, tal y como recoge el proyecto Delivering Alien Invasive Species Inventories for Europe (DAISIE). Por ello, sector público y privado (con empresas como Redeia) se han unido en este desafío y se han comprometido a detener la expansión de la planta así como a restaurar las zonas recuperadas. 

La colaboración de las empresas, los gobiernos y la sociedad en general en la lucha contra la pérdida de la biodiversidad es fundamental para garantizar el desarrollo y supervivencia de las especies del territorio. Stop Cortaderia es solamente uno de los muchos ejemplos existentes, y es solo una de las prácticas a las que se pueden sumar diferentes actores en nuestro país. Ante un contexto de emergencia climática, frenar la expansión de especies invasoras es uno de los pasos que harán que la acción local se convierta en global. 

Microplásticos, un problema para la agricultura

Microplásticos

Los microplásticos no solo afectan a los ecosistemas naturales, sino que se han acabado infiltrando en las plantaciones agrícolas, lo implica que incluso los alimentos que consumimos puedan acabar contaminados.


La presencia de los plásticos y los microplásticos hace tiempo que se ha convertido en un problema. Aunque es un material que se empezó a utilizar por su practicidad y su bajo precio, su uso a largo plazo es extremadamente contaminante, debido a la gran cantidad de residuos que genera y a la mala gestión de los mismos. El plástico, además de dañar los ecosistemas naturales, también ha empezado a afectar a uno de los pilares de nuestra subsistencia: la agricultura.

Los microplásticos y los nanoplásticos, esos pequeños residuos procedentes de los plásticos, están presentes en la agricultura en elementos de uso tan común con los fertilizantes biosólidos o algunas semillas recubiertas de polímero para favorecer la germinación. Aunque muchos de estos elementos han sido beneficiosos para la producción, el uso indiscriminado de materiales plásticos ha afectado ya a las condiciones del suelo, que, paradójicamente, acaba siendo menos productivo. Así lo explica el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP): los microplásticos degradan la calidad de una tierra que, a causa de los ritmos de producción contemporáneos, ya de por sí está sometida a mucha presión.

El uso indiscriminado de materiales plásticos ha afectado ya a las condiciones del suelo, que, entre otras cosas, es menos productivo

Pero los microplásticos no se quedan en el terreno, sino que de ahí pasan al agua y a lo que es más preocupante a corto plazo: nuestros alimentos. Los aparentemente inofensivos microplásticos pueden suponer un alto riesgo para la seguridad alimentaria, poniendo en jaque la salud pública.

La solución o, más bien, el paliativo, ya está en marcha: por un lado, se intenta reducir el uso de plástico, por otro, hacer que sea lo más biodegradable posible. Cada vez los plásticos empleados en la agricultura poseen mayor porcentaje de biodegradabilidad, y otras industrias contaminantes, como la textil, poco a poco van implementando tecnologías que reducen este residuo de sus productos. Del mismo modo, una producción agrícola más respetuosa con los tiempos de la naturaleza y que aproveche recursos naturales en vez de recurrir al plástico puede ser la clave para reducir el impacto en el suelo de estos residuos. Estas nuevas vías están aún en proceso de ser exploradas.

Los aparentemente inofensivos microplásticos pueden suponer un alto riesgo para la seguridad alimentaria, poniendo en jaque la salud pública

¿Qué podemos hacer nosotros, de manera individual, para ayudar a frenar esta lenta pero continua contaminación? Además del reciclaje, que asegura la correcta gestión de los residuos y minimiza su impacto, es fundamental el surgimiento de tendencias de reducción como el zero waste y la autoconsciencia sobre el propio consumo. Especialmente importante es conocer los residuos que generamos en épocas como la navideña. El intercambio de regalos en Navidad y Reyes suele resultar en decenas de plásticos no reutilizables (envoltorios, bolsas, decoración, botellas), de esos que, aunque nos parezcan insignificantes, pueden acabar teniendo un gran impacto en nuestra vida y en nuestra sociedad.

Anita Conti, luchadora de la pesca responsable

Anita Conti

Anita Conti fue una mujer todo terreno adelantada a su tiempo. Pionera en la oceanografía francesa, fotógrafa, cineasta y escritora, embarcó en pesqueros de altura para estudiar sus actividades y, al descubrir los peligros de la sobrepesca, comenzó su activismo para preservar los océanos.


El mar fue la gran pasión de Anita Conti, en la que se sumergió desde muy niña. Quería comprender sus secretos. Nacida en 1899 en el seno de una familia francesa acomodada, en 1914 se refugió de la Primera Guerra Mundial en la isla de Oléron. Allí se aficionó a la vela, la fotografía y la lectura. Tras casarse con un diplomático, se mudó a París y desarrolló una carrera como encuadernadora de arte sin dejar de lado el mar, publicandeo artículos sobre las riquezas marinas en revistas femeninas.

En 1932 viajó a bordo del navío oceanográfico Ville d'Ys para documentar sus actividades con artículos y fotografías captadas con su cámara Rolleiflex. Fue entonces cuando inició sus investigaciones sobre la pesca del atún. Alarmada por los excesos de la pesca, Conti denunciaba entonces que el mar no era un recurso inagotable como se pensaba. De hecho, en la actualidad solo el 1,5% de los mares y océanos del mundo son áreas marinas protegidas, según la fundación WMF.

En 1934, la entonces Oficina de Pesca Marítima francesa la contrató como responsable de propaganda. Durante sus expediciones cartografió los primeros mapas de pesca y estudió la influencia de la temperatura y salinidad del mar en determinadas especies de peces, como el bacalao.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, fue la primera mujer que se alistó en la marina francesa 

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, fue la primera mujer que se alistó en la marina francesa y obtuvo permiso para embarcarse en dragaminas como fotógrafa, durante el desminado de Dunkerque. Las dificultades para la pesca en esas aguas hicieron que Conti siguiera a los pescadores franceses a las aguas de Guinea y Senegal, entre otros países del África occidental. Durante los siguientes diez años, realizó estudios en la zona, pero también ayudó a modernizar las artes de pesca y la conservación del pescado para mejorar la nutrición de las poblaciones locales con dietas más ricas en proteínas animales.  

Entre julio y diciembre de 1952, navegó junto con una tripulación de 60 marinos a bordo del bacaladero Bois Rosé III por los caladeros de Terranova, en el Atlántico Norte. Debían regresar con 1.000 toneladas de pescado. Anita Conti lo hizo, pero con numerosas anotaciones y fotografías, con las que publicó el libro Râcleurs d’océans (Surcadores de océanos, 1953). Y con las filmaciones del viaje realizó un documental del mismo título, donde relató la vida y faena de los marinos. Son imágenes crudas, con cubiertas repletas de sangrientos pescados. También reflejan aspectos más íntimos, como la peluquería a bordo o tripulantes actuando con estrambóticos disfraces. 

Ayudó a modernizar las artes de pesca y la conservación del pescado para mejorar la nutrición de las poblaciones locales con dietas más ricas en proteínas animales

En Francia, Anita Conti prosiguió su activismo en pos de una pesca sostenible. En los años 60, respaldó los inicios de la acuicultura y la instalación de las primeras granjas de peces y mariscos. En 1971, publicó L'Ocean, Les Bêtes et L'Homme (El océano, los animales y el hombre), en donde denuncia el desastre que provocan las personas y sus efectos en los océanos.

Sus contribuciones a las ciencias del mar son extensas. Realizó más de 50.000 fotografías, innumerables y detalladas anotaciones, artículos, libros y filmaciones sobre la vida cotidiana a bordo y la actividad de las pesquerías, que han permitido activar las conciencias. La cinemateca de Bretaña aloja algunas de sus obras. Y sus archivos, depositados en Lorient, Francia, han sido indexados y parcialmente digitalizados. 

Con la biografía Anita Conti: 20.000 Lieues sous les mers (Anita Conti: 20.000 leguas sobre el mar), Caterine Reverzy obtuvo en 2008 el gran premio del Mar de la academia de escritores en lengua francesa. Conocida como «dama del mar», Conti murió a los 97 años, pero hasta los 85 se mantuvo investigando y dando conferencias. Una vida casi centenaria digna de una buena película de aventuras. 

Hotel de insectos, nuestra ayuda para el ecosistema

Hotel de insectos, nuestra ayuda para el ecosistema

Ilustración por Valeria Cafagna

Con el objetivo de conservar la diversidad biológica y evitar la degradación de su hábitat surgen los hoteles de insectos, una forma de cuidar al grupo de animales más numeroso del planeta.


Los insectos constituyen una parte esencial para la vida. Según datos de la Royal Entomological Society de Londres, asociación que se dedica al estudio de los insectos, se estima que existen unos 10.000 millones de insectos por kilómetro cuadrado, superando cualquier otra forma de vida en términos de diversidad y número. La importancia de estos diminutos seres va más allá de su cantidad, pues desempeñan funciones cruciales para la vida en nuestro planeta.

Los insectos son polinizadores fundamentales para la reproducción de plantas, contribuyen a la descomposición de materia orgánica, controlan poblaciones de insectos perjudiciales y sirven como fuente alimentaria para una amplia variedad de animales, incluidos pájaros y mamíferos. Sin embargo, en las últimas décadas, las poblaciones de insectos han experimentado un declive alarmante debido a la pérdida de hábitat, el uso indiscriminado de pesticidas y otros factores ambientales. 

La extinción de los insectos podría suponer el desequilibrio de los ecosistemas; existen numerosos ejemplos de plantas con flores que necesitan un insecto específico para la polinización

Ante este escenario crítico, ha surgido una iniciativa ingeniosa para cuidar a estos pequeños héroes: los hoteles de insectos. Estos refugios, normalmente creados con materiales reciclados procedentes de la naturaleza, como troncos, cortezas, ramas o cañas, son diseñados para ofrecer un entorno seguro y propicio para la reproducción y descanso de los insectos.

La idea ha ganado terreno y se estima que hay millones de hoteles de insectos en todo el mundo, desde pequeños refugios en jardines particulares hasta instalaciones más grandes en parques urbanos y áreas naturales.

La repercusión de los hoteles de insectos en la vida y el entorno es significativa, pues estas estructuras ofrecen refugio a insectos para promover su presencia y, por tanto, mejorar la polinización de plantas y la reducción de plagas. Además, al proporcionar hábitats específicos, los hoteles de insectos contribuyen a conservar la diversidad biológica en áreas urbanas, donde la degradación del hábitat es una amenaza constante.

Un ejemplo inspirador de esta iniciativa es el Bee & Bee, un hotel de insectos creado por la organización Friends of the Earth. Este singular refugio urbano cuenta con una variedad de compartimentos diseñados para atraer a diferentes especies de insectos, de forma que se promueve la biodiversidad en medio de la bulliciosa vida urbana.

Los hoteles de insectos ofrecen un entorno seguro y propicio para la reproducción y el descanso

En definitiva, los hoteles de insectos representan una respuesta creativa y eficaz para contrarrestar el declive de las poblaciones de insectos y preservar la biodiversidad. Al proporcionar refugio y hábitats adecuados, estas estructuras no solo benefician a los insectos, sino que también fomentan un equilibrio saludable en los ecosistemas. Es importante reconocer la importancia de estos pequeños habitantes y trabajar en conjunto para garantizar su supervivencia, recordando que el bienestar de los insectos es fundamental para el orden natural que sustenta toda la vida en nuestro planeta.

Humedales construidos, una solución biomimética para aliviar la escasez de agua

En un mundo donde la escasez de agua plantea desafíos cruciales, los humedales construidos emergen como una solución innovadora y sostenible. Esta solución no solo establece un marco para el aprovechamiento del agua, sino también para el conocimiento aplicable de nuestro entorno natural.


No es casualidad que las grandes civilizaciones se formaran en torno a masas de agua; su necesidad es innegable para la supervivencia humana. El agua es esencial para actividades como la agricultura, la industria, pero también necesidades del día a día como la limpieza de nuestra ropa, comida o espacios de nuestro hogar. Y, ante una población cada vez más numerosa y que cada vez genera más residuos, disponer de este recurso se vuelve indispensable tanto por su función vital como purificadora .

Si bien la conservación y recuperación de los bosques se han establecido como medidas protagonistas en la lucha contra el cambio climático; están lejos de ser los únicos actores en escena. Los humedales, a menudo pasados por alto, son igualmente vitales en la preservación del equilibrio ambiental. Si los bosques se consideran el «pulmón» del planeta, los humedales actúan como riñones. Estos ecosistemas de transición entre acuáticos y terrestres, tales como marismas, manglares, estanques, pantanos, lagunas o lagos, depuran el agua de manera natural. El Convenio de Ramsar,  aprobado en 1971 y a día de hoy, firmado por 172 países, reconoce su importancia vital para la biodiversidad, la mitigación del cambio climático y el bienestar humano. Sin embargo, el Global Wetland Outlook alerta que, desde 1970, estas fuentes de agua han desaparecido hasta un 40%, tres veces más rápido que los bosques. 

Si los bosques se consideran el «pulmón» del planeta, los humedales actúan como «riñones»

A pesar de cubrir un 70% de nuestro planeta tal y como destaca la WWF, la idea de que el agua siempre será abundante se ha visto desafiada por el agravamiento del cambio climático, colocando la preservación del agua en el centro de los desafíos ambientales actuales. Por ello se buscan formas innovadoras de aprovechar, tratar y reutilizar el agua en un ciclo sostenible, abrazando la filosofía y principios de la economía circular. Dentro de este enfoque existen soluciones innovadoras pero que se inspiran en la naturaleza, las llamadas soluciones biomiméticas. Este es el caso de los humedales construidos, diseñados a partir de la imitación de los procesos naturales de los humedales, como aquella de filtrar sedimentos, contaminantes y toxinas en el agua, en este caso, para resolver desafíos humanos.

Los humedales construidos ofrecen ventajas ecológicas, estéticas y recreativas en su entorno, facilitando su aceptación e implementación. No obstante, contrariamente a los sistemas de tratamiento de aguas por depuradoras con elevados costes energéticos y económicos, estos sistemas también destacan por su fácil operación y bajo coste. Por otro lado, su versatilidad y eficacia, pudiendo ser adaptados a diferentes contextos y diseñados para tratar distintos tipos de aguas residuales, desde sistemas pequeños para hogares hasta grandes sistemas para ciudades y regiones; lo convierten en una solución viable para enfrentar la escasez de agua y proteger nuestro medio ambiente. Por último, purificando el agua de manera natural y revitalizando comunidades, los humedales construidos ofrecen una solución accesible y descentralizada. 

Los humedales construidos ofrecen ventajas ecológicas, estéticas y recreativas en su entorno, facilitando su aceptación e implementación

En ciudades como Durban, Sudáfrica, además de tratar aguas residuales urbanas como en Shenzhen, China, los humedales funcionan como atractivos espacios recreativos para la fauna y destinos turísticos. Aunque en su mayoría se han considerado depuradoras de aguas residuales urbanas, a lo largo del Medio Oeste en América y en Europa en países como Países Bajos o Italia se han empezado a utilizar para tratar la contaminación de las aguas de granjas en ámbito rural. En España, los humedales de Illa de Mar y L’Embut, en el Delta del Ebro, contribuyen además a la restauración de humedales dañados por actividades humanas, ofreciendo no solo soluciones de tratamiento de aguas, sino también desempeñando un papel crucial en la preservación y restauración de ecosistemas vulnerables como aquel de aves en peligro de extinción.

Los humedales construidos, demuestran el potencial de la naturaleza para resolver nuestros desafíos más urgentes y hacerlo de manera transversal. Integrar estas soluciones naturales, multifuncionales, en nuestras estrategias de gestión del agua es clave para un futuro más sostenible e inclusivo.

Félix Rodríguez de la Fuente: el padre de la naturaleza

Ilustración por Valeria Cafagna

La pasión por la naturaleza de Félix Rodríguez de la Fuente lo convirtió en uno de los personajes más famosos de la televisión española. Naturalista, divulgador científico y activista, fue capaz de agitar conciencias, influyendo en la sociedad y en los gobiernos de la época sobre la importancia de cuidar la naturaleza. Más que un nombre, Félix Rodríguez de la Fuente es un legado.


Defensor de la vida salvaje y extraordinario comunicador, Félix Rodríguez de la Fuente transformó la forma en que entendemos y apreciamos la biodiversidad. Nacido en Poza de la Sal, provincia de Burgos, fue el divulgador medioambiental por excelencia en la España de los años setenta.

A través de documentales y programas de televisión como Planeta Azul o La aventura de la vida, transformó la percepción de la audiencia, llevándola a una experiencia casi mística de conexión con el entorno natural. Con la mítica serie El Hombre y la Tierra se convirtió en un fenómeno mediático, pionero en llevar la conservación de la naturaleza a los hogares de todos los españoles. Su característica voz, sus pausas alargadas y sus explicaciones didácticas le otorgaron un lugar privilegiado en los corazones de toda la familia.

Félix Rodríguez de la Fuente fue el divulgador medioambiental por excelencia en la España de los años setenta

Entre las muchas historias que rodean a este defensor de la naturaleza, su amistad con lobos ibéricos es una de las que más destaca. Hasta finales de los años 60, el lobo era considerado un animal peligroso, temido y perseguido. Félix Rodríguez de la Fuente utilizó todo su carisma para cambiar la percepción de la sociedad del momento, y convirtió la figura del lobo en emblema de la España salvaje, protegiéndolo y librándolo de una extinción segura.

Félix Rodríguez de la Fuente perdió la vida en un trágico accidente aéreo el 14 de marzo de 1980. Viajaba en una avioneta que se estrelló en Alaska mientras se trasladaba junto con su equipo del programa al círculo polar ártico para filmar la carrera de trineo con perros más importante del mundo. Como una desafortunada premonición, Rodríguez de la Fuente, con miedo a volar, esa misma mañana comentó: «Qué lugar más hermoso para morir». La noticia conmocionó a sus seguidores y al mundo de la conservación, y dejó un vacío irreparable en la lucha por la preservación del medio ambiente.

«Estamos destruyendo nuestro medio ambiente y si lo destruimos nos estamos destruyendo a nosotros mismos»

Más de cuarenta años después de aquel trágico suceso, la memoria de Félix Rodríguez de la Fuente sigue más viva que nunca. En 2004 se constituyó una fundación con su nombre que tiene como objetivo difundir su legado y concienciar sobre la importancia de cuidar el entorno. «Estamos destruyendo nuestro medio ambiente y si lo destruimos nos estamos destruyendo a nosotros mismos», advertía mucho tiempo atrás Félix Rodríguez de la Fuente.

La magia oculta del micelio

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El micelio es la red que da vida a los hongos y está formada por un conjunto de filamentos muy delgados que se ramifican debajo de la tierra. Una red poco conocida pero con un peso enorme en los diversos ciclos naturales de la vida en la tierra y con una notable contribución para nuestra biodiversidad. 

 

Vandana Shiva: sembrando esperanza, cosechando futuro

Ilustración por Valeria Cafagna

El nombre de Vandana Shiva, la gran abanderada del ecofeminismo, resuena como un eco inspirador en el mundo de la agricultura ecológica y la defensa del medio ambiente. Su vida es un viaje extraordinario en la búsqueda de un mundo más justo y sostenible. 


Nacida en la India en 1952, Vandana Shiva es una destacada ecofeminista, filósofa, autora y defensora del medio ambiente. Con una pasión inquebrantable por la tierra, estudió física teórica en la Universidad de Punjab y obtuvo su doctorado en la Universidad de Western Ontario. Su amor por la ciencia y la naturaleza hizo que tuviera una comprensión profunda de la importancia de la biodiversidad.

Se convirtió en una referencia a nivel mundial en el ámbito de la agroecología gracias a su papel como activista en contra de la agricultura industrial

Criada en las colinas del Himalaya, Vandana Shiva demostró su inquietud por el medio ambiente desde muy temprana edad. Con un padre guardabosques y una madre granjera, exploraba cada día la diversidad del entorno, aprendiendo las lecciones que la tierra le ofrecía.

Sin embargo, a medida que crecía, Shiva observaba que la belleza de tu tierra natal estaba en peligro. La agricultura industrial estaba dejando cicatrices en la naturaleza, envenenando ríos y amenazando la vida de las comunidades rurales que dependían de la agricultura.

Luchadora histórica y constante

Vandana Shiva se convirtió en una referencia a nivel mundial en el ámbito de la agroecología gracias a su papel como activista en contra de la agricultura industrial. Una de las historias más destacadas de Shiva es su enfrentamiento con una poderosa corporación de agroquímicos. En la década de 1980, Monsanto intentó introducir algodón transgénico en la India. Shiva, junto con algunos agricultores locales, lideró la resistencia. Viajó por aldeas remotas, compartiendo su conocimiento sobre agricultura orgánica y la importancia de preservar las semillas tradicionales. Finalmente, lograron que el gobierno indio revocara la patente de Monsanto, una victoria de gran calado para la agricultura sostenible y la soberanía alimentaria.

Shiva: «Somos la Tierra. Lo que le sucede a la Tierra, nos sucede a nosotros»

La visión de Vandana Shiva va más allá de la agricultura. Ella entiende la Tierra como una entidad sagrada y cree que la explotación desenfrenada de los recursos naturales es la raíz de problemas globales como el cambio climático, la desigualdad y el hambre. Su mensaje es claro: «Debemos cambiar nuestra relación con la Tierra y vivir en armonía con la naturaleza si queremos construir un futuro sostenible»

Su preocupación por el medio ambiente y la justicia social le llevó a fundar Navdanya, una organización que promueve la conservación de la biodiversidad y el cultivo de semillas orgánicas. La fundación ha capacitado a miles de agricultores en prácticas agrícolas sostenibles y ha conservado cientos de variedades de semillas tradicionales que de otra manera habrían desaparecido.

El ecofeminismo como compromiso

Una parte esencial de la filosofía de Vandana Shiva es el ecofeminismo, un enfoque que combina la conciencia ambiental con la igualdad de género. La autora sostiene que la explotación de la naturaleza y la opresión de las mujeres están interconectadas. Al dañar a la Tierra, también se daña a las mujeres. Esta perspectiva nos invita a reflexionar sobre nuestras acciones y a luchar por la igualdad de género y la sostenibilidad de manera conjunta.

A través de su defensa de la biodiversidad y la resistencia a la agricultura industrial, Shiva encarna la unión entre la lucha feminista y la lucha medioambiental. En su filosofía, la Tierra es un ser viviente que forma parte de cada individuo, y su defensa de la transformación hacia un mundo libre de desigualdad, injusticia y hambre es un llamado a la acción que resuena en la lucha por un futuro más justo y sostenible. Porque como ella misma ha dicho: «Somos la Tierra. Lo que le sucede a la Tierra, nos sucede a nosotros».

Especies exóticas, un problema ambiental y de salud pública

Uno de cada siete mamíferos exóticos rescatados por la organización internacional Animal Advocacy and Protection portaban patógenos peligrosos para el ser humano tras haber sido utilizados como animales de compañía.


A más de uno le parecieron divertidas las primeras cotorras argentinas que aparecieron en los parques de nuestras ciudades. A todos nos resultaron exóticas. Y es que esta ave, al igual que la cotorra Kramer, también ya habitual de nuestras ciudades, es originaria de Sudamérica. Se trata, por tanto, de una especie exótica para nuestro entorno cuya entrada en la península ibérica la propiciaron personas que las compraron para tenerlas como mascotas. A día de hoy, la plaga de estas aves parece imparable. Tanto que comienzan a rebasar los límites de las ciudades y arrasan cultivos agrícolas a la vez que, dada su agresividad, desplazan a especies autóctonas. Mientras tanto, en sus lugares de origen, se encuentran entre los tipos de ave con las expectativas de supervivencia más bajas del planeta.

Cotorras argentinas o de Kramer, serpientes pitón, iguanas, mapaches, varanos, jinetas o murciélagos. Son sólo algunas de las especies exóticas que, justamente por serlo, han sido compradas, en los últimos años, por muchos conciudadanos. Muchas de estas especies forman parte del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras cuya tenencia está prohibida por representar un gravísimo peligro para la diversidad biológica autóctona.

Muchos animales exóticos son portadores de patógenos zoonóticos que pueden transmitirse al ser humano provocando enfermedades de difícil cura.

Pero, más allá del riesgo medioambiental que suponen dichas especies, existe también el peligro de que transmitan enfermedades de difícil cura al ser humano. Un ejemplo es el caracol gigante africano, un exótico molusco de enorme tamaño que alcanzó una tremenda popularidad como mascota hace unos años. El problema surgió al descubrirse que dicho molusco es el principal transmisor del parásito Angiostrongylus Cantonensis, que causa meningoencefalitis entre las personas. 

Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 75% de las patologías infecciosas son de origen animal. Por su parte, la organización Animal Advocacy and Protection (AAP), que protege el bienestar de los mamíferos exóticos en Europa, realizó un estudio en 2021 sobre 340 especies de mamíferos exóticos rescatados de la tenencia privada o del abandono. Uno de cada siete de estos animales portaba patógenos zoonóticos, esto es, que pueden transmitirse al ser humano, siendo altamente peligrosos para su salud.

Lamentablemente, se continúan pagando cantidades muy elevadas para adquirir animales exóticos. A día de hoy, el tráfico de animales es el tercer negocio más lucrativo del mercado negro global. Quienes trafican con dichos animales, y quienes los adquieren, no parecen ser conscientes del peligro que suponen para nuestros ecosistemas y nuestra salud. En su mayoría, se trata de especies con una alta capacidad de adaptación que, una vez en libertad, acaban desplazando a las especies autóctonas poniendo en riesgo el equilibrio medioambiental, además de ser un importante reservorio de virus, bacterias y parásitos zoonóticos.

Las cotorras que invaden nuestras ciudades, han alcanzado el entorno rural causando expulsando especies de animales autóctonos.

España ya sufre la invasión de ciertas especies exóticas como las cotorras en ciudades como Madrid, Varanos en jardines urbanos de Cataluña, cerdos vietnamitas cerca de la ciudad de Zaragoza o mapaches y galápagos de Florida en Mallorca, son solo algunos de los ejemplos más peligrosos. 

La legislación comienza a ser más restrictiva en lo relativo al comercio y tenencia de animales exóticos, pero aún lo hace únicamente a través de listados negativos como el antes citado catálogo de especies invasoras. Medidas como una mayor dureza en las sanciones son imprescindibles para poner fin a los innecesarios riesgos que este comercio supone para las personas, el medio ambiente y la supervivencia de los propios animales objeto de la transacción.

El aguilucho cenizo, aliado y víctima de la agricultura, es protagonista en 2023

Ilustración de Valeria Cafagna

España cuenta con la mayor población europea de esta ave rapaz –la única en su clase que cría a sus pollos en el suelo–. Por lo tanto, el país tiene una mayor responsabilidad de protegerla.


Cada año, desde 1998, la Sociedad Española de Ornitología Seo/Birdlife destaca un ave del año para llamar la atención sobre la delicada situación de algunas especies de la avifauna española. Se trata de poner el foco sobre una especie que necesita una atención especial por su mal estado de conservación o porque «simboliza la urgencia de proteger los hábitats que la acogen» con el fin de poder reclamar medidas a las administraciones y a las instituciones para la conservación del patrimonio natural.

Hasta ahora, 34 especies han sido elegidas Ave del Año por su declive poblacional o por sus amenazas de conservación. En 2023, la votación popular se ha decantado por el aguilucho cenizo, que ha obtenido 3.187 votos, seguido del alimoche común, con 2.355, y la ganga ibérica, con 2.105 votos. 

El ave ha sufrido un declive de entre 23% y 27% de su población en los últimos 10 años

El aguilucho cenizo (Circus pygargus) es una rapaz migratoria de tamaño mediano y plumaje cenizo en los machos –del que toma su nombre– con una población que oscila entre las 4.269-5.360 parejas reproductoras en España, según el último censo realizado por SEO/BirdLife. De este mismo se desprende que ha sufrido un declive de entre 23% y 27% de su población en los últimos 10 años, especialmente en Galicia, Andalucía, Extremadura, Madrid y País Vasco.

El aguilucho es la única ave de su clase que cría en el suelo, principalmente en grandes extensiones cultivadas de trigo y cebada. Los ejemplares llegan a finales de marzo, procedentes de África, donde pasan el invierno, y hacen el nido en los campos de cereal, alimentándose de topillos, ratones, langostas, saltamontes, pequeños reptiles o aves granívoras, por lo que son un gran aliado para mantener los equilibrios naturales.

¿Cuáles son sus principales amenazas?

La transformación de los cultivos de cereal, la intensificación de la agricultura y las cosechas tempranas suponen sus principales amenazas. Las grandes maquinarias de cosecha tienden a destruir los nidos antes de que los pollos hayan volado.

También el uso de plaguicidas –que disminuye el número de presas de las que alimentarse– y la eliminación de senderos y barbechos afectan a esta especie declarada como «vulnerable a la extinción», la segunda categoría de mayor amenaza en España, y también catalogada como «vulnerable» en el Libro Rojo de Aves de España. 

Las cosechas tempranas, debido a los cortos plazos de crecimiento del cereal, hacen que las cosechadoras destruyan los nidos antes de que los pollos hayan volado

El reto para la conservación del aguilucho cenizo pasa por buscar mecanismos que permitan mantener los equilibrios naturales entre producciones con las que los agricultores obtengan una renta digna y que no supongan «arrasar con todo lo que hay alrededor», según afirma Antonio Aguilera, de la asociación Tumbabuey.

Un ejemplo es el programa de seguimiento y conservación del aguilucho cenizo que lleva a cabo el Grupo Ibérico de Aguiluchos (GIA), en el que técnicos y voluntarios levantan y trasladan a los pollos, crean rodales en torno al nido con una malla o entregan una compensación a los agricultores para que no cosechen terrenos donde haya un gran número de nidos.

Como expresó la directora ejecutiva de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz, no se trata de proteger sino de «actuar para conservar» los campos con vida y asegurar el futuro de las comunidades locales que viven en –y de– ellos.