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Los arrecifes de coral, pieza clave en los ecosistemas marinos

Si se piensa en el total de su presencia en los fondos marinos, los arrecifes de coral podrían parecer poco relevantes. Al fin y al cabo, solo ocupan el 0,2% de los lechos marinos, una cantidad mínima en la inmensidad de los mares. Sin embargo, y por muy baja que pueda parecer esa cifra, la importancia de los arrecifes de coral para mantener los ecosistemas marinos es decisiva y los efectos de su desaparición serían nefastos para el medio ambiente.

En lo que llevamos de 2022, se ha decolorado el 90% de la Gran Barrera de Coral

El estudio The Sixth Status of Corals of the World: 2020, elaborado por la Red Mundial de Vigilancia de los Arrecifes Coralinos en 2021, es el análisis más ambicioso que se ha hecho del estado de los arrecifes de coral hasta el momento.  «Las conclusiones son buenas y malas a la vez», aseguraba en la presentación de resultados Paul Hardisty, el director ejecutivo del Instituto Australiano de Ciencias Marinas.  «Existen tendencias claramente inquietantes que apuntan a una pérdida de corales y cabe esperar que esta situación continue mientras persista el calentamiento del planeta», aseveraba, recordando que el calentamiento global resulta nefasto para la supervivencia de los corales, pero añadiendo que algunos arrecifes habían mostrado ciertos patrones de recuperación.

Estos resultados van en línea con la visión de la Unesco, que alertó hace escasas semanas de que el proceso de blanqueamiento de los arrecifes de coral está siendo «mucho más rápido» de lo que se preveía. Solo en lo que llevamos de 2022, más del 90% de los arrecifes de la Gran Barrera de Coral se han decolorado. Esta pérdida de su tonalidad es uno de los síntomas visibles de la mala salud de los arrecifes de coral y el Instituto Australiano de Ciencias Marinas lo vincula directamente al cambio climático llegando a decir que los corales «se hierven vivos» por las elevadas temperaturas del mar. Por otro lado, la sobrepesca, la caída de la calidad del agua y el desarrollo excesivo en los litorales lastran los ecosistemas marinos y afectan también directamente a los arrecifes de coral.

Los arrecifes de coral son una fuente de alimentos y resultan clave en la fabricación de medicinas y la lucha contra la erosión del litoral

La importancia de los arrecifes

La pérdida de los arrecifes de coral tiene consecuencias directas para la población mundial. A pesar de su peso reducido en el total de los fondos marinos, una cuarta parte de todas las especies marinas viven en ellos. Además de ser una fuente de alimentación para la población global, los arrecifes también son cruciales para la fabricación de medicamentos y juegan un papel clave contra la erosión de las costas, ya que sirven de protección frente al oleaje durante tormentas, huracanes o tsunamis.

La Unesco insiste ahora en la importancia de trabajar para atajar el problema y recuperar estos ecosistemas. «El calentamiento global hace que las prácticas locales de conservación de los arrecifes ya no sean suficientes para proteger los ecosistemas de arrecifes más importantes del mundo», advierte Fanny Douvere, jefa del Programa Marino del Centro del Patrimonio Mundial de la Unesco, recordando que, aun así, la recuperación sí es posible si se toman ya medidas firmes. El organismo ha presentado un plan de emergencia para salvar los corales, que se centrará en reducir las presiones locales y aumentar la inversión en «estrategias de resiliencia climática».

Los primeros bosques que habitaron la Tierra (y construyeron nuestro clima)

En el bosque del Guangdedendron, ubicado en la provincia china de Guangde, los árboles no superaban los siete metros de altura. Crecían poco a poco, como si les avergonzara que la luz del sol mostrara sus hojas al mundo. Pocos serían los testigos de este tesoro natural. Ni siquiera los dinosaurios paseaban por él, porque no existían. Hablamos del bosque más antiguo jamás registrado en Asia y probablemente uno de los primeros de la historia de la Tierra. Con una superficie de 250 metros cuadrados y 365 millones de años de antigüedad, Guangdedendron ha desvelado información sobre cómo se desarrollaron los sistemas de raíces de los bosques modernos hasta configurar los 4.000 millones de hectáreas forestales que en la actualidad cubren un 30% de la superficie terrestre.

De su existencia no hemos sabido hasta ahora, cuando un grupo de investigadores descubrió varios fósiles de este tipo de árbol ya extinto que da nombre al bosque. Era alto, delgado, verde, sin flor, con ramas curvas que caían hacia el suelo y con megaesporas que le permitían reproducirse. Junto a él crecieron otras especies, de las que el único antepasado que conservamos es el Archaeopteris. Todas y cada una de ellas dieron forma a los árboles que proporcionan nuestro oxígeno hoy.

Antes de los primeros bosques, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de 2.000 ppm; hoy es de 413 ppm

Si bien el de Guangdedendron es el descubrimiento más reciente, a la hora de hablar de los primeros bosques también se deben mencionar el bosque de Cairo (en Nueva York), del que la Universidad de Cardiff encontró hace más de 10 años fósiles de plantas extintas hace más de 300 millones de años, y el de Gilboa (también en Nueva York), considerado hasta ahora la muestra de árboles fosilizados más antigua del mundo, a la que se le calculan 385 millones de años.

¿Por qué son tan importantes estos hallazgos? Conocer el origen de estas zonas siempre ha sido un trabajo arduo para la comunidad científica. Es difícil seguir el rastro de especies vegetales que han vivido incluso más que los propios dinosaurios, de los que ya es de por sí complicado recabar información. Pero merecen el esfuerzo. Sin esos bosques, la vida no hubiese existido en la Tierra –o, al menos, no tal y como la conocemos–: su función termorreguladora, resultado de la captación de carbono, fue la responsable de llenar la atmósfera de oxígeno, reduciendo la presencia de dióxido de carbono, suavizando las temperaturas de las superficies terrestres y marinas (al igual que los fenómenos meteorológicos) y estabilizando el ciclo natural del agua. Conviene conocer su historia para saber cómo protegerlos.

Antes de los primeros bosques existieron también los helechos y otros tipos de arbustos más pequeños que contribuyeron, de cierta forma, a rebajar la temperatura del planeta. A medida que evolucionaron por la propia ley de la naturaleza, se convirtieron en árboles cada vez más altos, marcando el ritmo del descenso de la temperatura del planeta y motivando, así, la aparición de más especies vegetales que contribuyeron, a su vez, a este cometido.

La deforestación ha acabado ya con más de 178 millones de hectáreas de bosque desde 1990

Hay un dato que ilustra a la perfección el papel clave que jugaron los primeros árboles de la historia: antes de su aparición, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de casi 2.000 ppm (partes por millón). En el presente es de solo 413 ppm. En otras palabras, los árboles cambiaron el curso de la historia de la vida refrescando el planeta y propiciando la aparición de los glaciares y el hielo de los polos, fundamentales también para continuar manteniendo la temperatura del globo a raya.

En los últimos años, la comunidad científica ha aludido reiteradamente al origen de los bosques para concienciar sobre la importancia de protegerlos de la deforestación, que ha acabado ya con más de 178 millones de hectáreas de bosque desde 1990, como calculan las Naciones Unidas. Actualmente, África tiene la mayor pérdida neta de bosques de la última década (3,9 millones de hectáreas) seguida de América del Sur (2,6 millones de hectáreas), con Brasil, Bolivia y Paraguay entre los diez principales países que más árboles han visto desaparecer desde entonces.

Si bien es cierto que hace dos años se registró una reducción en la tala de árboles y un aumento de las zonas protegidas, el experto de la ONU Anssi Pekkarinen ha advertido que «necesitamos fortalecer nuestros esfuerzos para hacer más en menos tiempo. Ahora mismo, tardaremos 25 años más en acabar con la deforestación, cuando nos habíamos propuesto hacerlo para 2020».Mientras tanto, la historia de los bosques ha añadido una nueva página. Otro grupo de investigadores, esta vez del Servicio Geológico de China, ha descubierto algo nuevo en un sumidero a 192 metros de profundidad. Y tiene vida: es un bosque subterráneo que alberga árboles antiguos de 40 metros de altura y malezas de la altura de una persona que podría contener especies vegetales y animales desconocidas para la ciencia. Lo han bautizado con un nombre mandarín, tiankeng. El pozo celestial.

Proteger las plantas para proteger la vida

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Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), las plagas y enfermedades de las plantas provocan la pérdida de hasta el 40% de los cultivos alimentarios a nivel mundial. Por ese motivo, en 2021 Naciones Unidas estableció el 12 de mayo como el Día Internacional de la Sanidad Vegetal.

Conservar los anfibios para cuidar el planeta

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Según el Índice de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), los anfibios son el grupo animal más amenazado en el planeta. Ante los diferentes problemas que afectan a esta especie, se declaró el 28 de abril como el Día Mundial de los Anfibios con el objetivo de concienciar a la sociedad sobre la importancia de su conservación.

El (mejorable) estado de las masas de agua en España

Según la mitología griega, cuando el joven Narciso vio la belleza de su rostro reflejado en el agua cristalina, no fue capaz de separarse: sin poder evitarlo, cayó pesadamente dentro del estanque. El agua se convirtió en un peligro para él. Paradójicamente, hoy el agua también representa un peligro para nosotros:  según las evaluaciones realizadas por las distintas confederaciones hidrográficas, el 40% de las masas de agua –ríos, lagunas, humedales y acuíferos– de las que vive España se encuentran actualmente en un estado deficiente.

Las razones son diversas, pero todas tienen un punto en común: un uso inadecuado de los recursos. De este modo, el empobrecimiento hídrico surge a partir del desequilibrio entre el uso y la disponibilidad del volumen de agua, los vertidos agroganaderos, la reducida calidad química del agua o la degradación general de los ecosistemas por los que discurre la masa de agua. Las cifras oscilan en función de las distintas zonas territoriales. Así, mientras que la zona del río Segura –que discurre por Castilla-La Mancha, la Comunidad Valenciana y Murcia– ve afectadas un 60% de sus masas hídricas, la zona del Cantábrico oriental y occidental ronda el 20%.

La evidente gravedad del problema y los fuertes contrastes territoriales parecen preocupar al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), que ya ha anunciado medidas para reforzar la protección de unos recursos naturales de los que depende el total de la población española. Estas se centran, sobre todo, en uno de los principales agentes contaminantes del agua nacional: los nitratos, que afectan al 22% de las aguas superficiales y al 23% de las aguas subterráneas.

España cumplirá este año 36 meses de multa por su incorrecta depuración de las aguas

La reciente normativa impulsada desde el Ministerio supone un aumento del 50% de la superficie hídrica protegida y habilita el establecimiento de nuevas líneas de acción, como ocurre con la contaminación del exceso de nutrientes, que deberá ser reducida en un 50%. A su vez, alcanzar esta meta supondría una reducción de un 20% en el uso de fertilizantes, lo que demuestra la interrelación de las causas que provocan el cambio climático.

La metodología ya se ha perfilado, planeando incrementar significativamente la densidad de estaciones de control hídrico y el número –y la frecuencia– de los muestreos realizados en las aguas con el objetivo de analizar su contenido en nitrógeno y otros contaminantes.

El Ministerio ha establecido asimismo medidas adicionales y acciones reforzadas para revertir la contaminación existente. Una fuerte implantación territorial es esencial para su efectividad, ya que las masas de agua no reconocen las fronteras administrativas: un río puede cruzar varias en su decidido paso hasta el mar. Es por ello, que se pide a las comunidades autónomas que «actualicen sus zonas vulnerables y refuercen los programas de seguimiento de las aguas para determinar la evolución de la contaminación». Estas acciones dependen de las distintas cuencas hidrográficas españolas, que en nuestro país constituyen un grupo dividido en 48 partes que responden a los principales ríos nacionales, como el Duero, el Ebro, el Tajo o el Guadiana.

La contaminación por nitratos afecta al 22% de las aguas superficiales y al 23% de las aguas subterráneas

Una de las medidas que sí deberán tomar las comunidades autónomas será la elaboración –y vigilancia– de programas de buenas prácticas agrarias; es decir, programas de obligado cumplimiento que establecerán los periodos en que no es conveniente el uso de fertilizantes o las condiciones de su uso en tierras cercanas al agua, entre otros aspectos. Más allá de su componente punitivo, atado por fuerza al presente más inmediato, estos programas buscarán una mirada hacia el futuro: a través de la formación e información a los agricultores responsables de trabajar –y cuidar– nuestras tierras.

Estas nuevas vías de acción se esperan ver complementadas por la elaboración de nuevos planes hidrológicos que ayuden a la reducción de los nitratos presentes actualmente en las masas de agua (y, por tanto, a su propia recuperación). Muchos, sin embargo, sostienen que los planes adolecen de cimientos sólidos. Es lo que ocurre con los caudales ecológicos –es decir, el caudal destinado a la protección del hábitat en cuestión– de los ríos españoles, que en algunos casos cuentan con una escasa proporción del 10%; con la expansión indiscriminada de prácticas de regadío; y con la escasez de mejoras en las reservas naturales fluviales. El año en que nos hallamos es profundamente simbólico: es el último en el que España pagará las multas impuestas por el Tribunal Europeo de Justicia a causa de la incorrecta depuración de aguas. Mientras tanto, la hoja de ruta comienza a dibujarse.

España, el país con más Reservas de la Biosfera

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Las Reservas de la Biosfera son espacios que aúnan la conservación de la naturaleza y la promoción del desarrollo sostenible en un ejemplo de convivencia entre la naturaleza y el ser humano. España, con un total de 53, es el país del mundo con más Reservas de la Biosfera. Por comunidades, Castilla y León es la que suma mayor número de reservas, en concreto 10.

El papel de los bosques frente al cambio climático

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“Bosques: consumo y producción sostenibles” ha sido el lema elegido para celebrar este 21 de marzo el Día Internacional de los Bosques, una fecha que recuerda la labor que realizan estos ecosistemas para mantener la vida presente y futura en el planeta Tierra. Su preservación resulta fundamental para poder combatir el cambio climático.

Primavera en la ciudad: un momento clave para proteger la biodiversidad

La primavera se anuncia ya en los días que, poco a poco, empiezan a alargar sus horas de luz. También en los brotes de los árboles, que exhiben sus flores al mundo. Pero sobre todo en ese estallido de sonidos provocado por los animales que salen por fin de sus refugios. Si nos paramos un momento, seremos capaces de escuchar ese bullicio único de la estación, el periodo de cortejo por antonomasia y también un momento idóneo para las migraciones.

Sin embargo, en el entorno urbano, a medida que aumentan las interacciones animales también lo hace el riesgo. En España, más de 500 millones de aves mueren al año tras chocarse, en pleno vuelo, contra cristales y ventanas. También en nuestro país mueren atropellados anualmente 9 millones de aves y 1,5 millones de mamíferos, víctimas de los desplazamientos entre ciudades y pueblos. Eso sin contar con las vidas perdidas de animales invertebrados como las mariposas o las abejas.

En España, más de 500 millones de aves mueren al año tras chocarse, en pleno vuelo, contra cristales y ventanas

Desde hace varias décadas, la brecha que deja el conflicto entre el desarrollo urbanístico y el respeto a la biodiversidad no ha dejado de agrandarse: la mayor evidencia la encontramos durante el confinamiento provocado en 2020 por la covid-19, cuando numerosas especies de animales camparon a sus anchas por las calles y las carreteras sin correr el riesgo de sufrir daños. Tras el fin de las medidas, la presencia de los animales fue poco a poco reduciéndose de nuevo.

Es una problemática compleja y grave. En primer lugar porque el vínculo entre la biodiversidad urbana y nuestra forma de vida es muy estrecho. Perder una significa perder también la otra. Una investigación reciente basada en los resultados de 19 estudios, responsables de analizar un total de 40 tipos de relaciones entre la biodiversidad y la salud humana, llegó a la conclusión de que un 60% de estas conexiones eran positivas, frente a un 8% negativas y un 33% sin efectos significativos.

Explicado de una forma más clara, la biodiversidad no es un elemento ajeno a las ciudades, sino que esta contribuye al bienestar del ser humano: regula la aparición de plagas y parásitos, mejora el bienestar físico y mental, facilita la polinización y la reproducción de las especies vegetales –incrementando, por tanto, la presencia de pulmones verdes y sumideros de carbono– y contribuye a mitigar los efectos del cambio climático al garantizar la permanencia de los espacios verdes. Además, está demostrado que la presencia de biodiversidad nos acerca más a la naturaleza y nos obliga a asumir más responsabilidades con el medio ambiente.

En busca de ciudades más respetuosas

Aunque se tiende a concebir las ciudades como enemigas de los ecosistemas, lo cierto es que estos entornos per se no son los que provocan el daño. De hecho, estas pueden ayudar a conservar especies locales y facilitar los pasos migratorios. El problema llega cuando la actividad humana las hace inhabitables.

Crear corredores de fauna silvestre en jardines, plantar especies autóctonas o construir nidos artificiales son medidas efectivas para proteger la biodiversidad urbana

En este sentido, algunas tendencias del urbanismo ecológico han introducido innovaciones para integrar la naturaleza en los edificios, implantando fachadas verdes y jardines verticales, eliminando posibles reflejos en los cristales para evitar que los pájaros las confundan con paisajes, reduciendo la contaminación lumínica y acústica, limitando pavimentos artificiales o creando corredores de vida silvestre entre jardines y parques. Un buen ejemplo es la ciudad inglesa de Bristol que, dentro de los actos conmemorativos tras su nombramiento en 2015 como Capital Verde Europea, propuso convertir la ciudad en un entorno amigable para la fauna silvestre plantando especies vegetales capaces de atraer a abejas y mariposas y construyendo nidos artificiales para pájaros y murciélagos, entre otras acciones.

Otras propuestas más sencillas pasan por plantar especies autóctonas para atraer a insectos locales, evitar plantas exóticas invasoras, tapar piscinas para evitar que los animales caigan en ellas o evitar las podas de setos y arbustos entre los meses de mayo y agosto para no bloquear los procesos de reproducción de las aves y otros animales.

Sin embargo, organizaciones expertas como SEO/Birdlife consideran que para construir ciudades respetuosas con la biodiversidad es necesario subir un escalón más en el urbanismo, alcanzando la planificación urbanística. Como cada ciudad es única, las realidades de los distintos entornos urbanos permiten elaborar una hoja de ruta para hacer evolucionar las ciudades hacia espacios más resilientes y conectados a la naturaleza.

Así, los expertos de la organización han elaborado a través de los proyectos de conservación desarrollados a lo largo de los últimos 15 años en Cantabria una exhaustiva guía, inspirada en más de 40 estudios de caso, que incluye 100 medidas para la conservación de la biodiversidad en entornos urbanos –agrupadas en los ámbitos de gestión municipal, expansión urbanística, edificios e infraestructuras, zonas verdes, educación y participación ciudadana– para aunar esfuerzos y crear un mundo mucho más biodiverso y, por tanto, menos hostil.

La contaminación por medicamentos, una gran amenaza para los ríos

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Un estudio científico dirigido por la Universidad de Nueva York ha analizado la presencia de productos farmacéuticos en las aguas fluviales de 258 ríos de todo el mundo. Los resultados han detectado concentraciones potencialmente tóxicas en más de la cuarta parte de los lugares analizados. Una contaminación que representa una notable amenaza para el medio ambiente y la salud humana.

Australia declara al koala en peligro de extinción

Los koalas se asentaron en los campos de eucalipto de Australia hace millones de años. Les gustó especialmente la parte oriental, que convirtieron en su hábitat hasta que, hace apenas 250 años, los colonos británicos decidieron instalarse en la región y despejar terreno salvaje para dar cabida a la agricultura y a las infraestructuras urbanas. En consecuencia, los marsupiales de la zona quedaron en jaque teniendo que huir de su entorno al ver destruidos los campos que les servían de cobijo y alimento. Una huida que se vio agravada por la persecución de cazadores furtivos que codiciaban sus pieles, que empezaban a adquirir un enorme valor.

Afortunadamente, los dos siglos que nos separan desde aquella época permitieron a la población australiana reconciliarse paulatinamente con el koala, hasta el punto de convertirlo en símbolo nacional y embajador turístico. Sin embargo, pese a que hoy en día la caza furtiva de esta especie se ha controlado y casi eliminado por completo, el número de ejemplares continúa disminuyendo. Y es que el gran enemigo en el siglo XXI ya no lleva escopeta, los incendios, las sequías y la urbanización masiva es lo que, desde hace 20 años, está destruyendo el hábitat de los koalas.

En los últimos tres años, Australia ha perdido alrededor del 30% de las poblaciones de koalas, según un estudio de la Australian Koala Foundation

En 2012, los colectivos animalistas ya ejercieron presión a las autoridades para tomar cartas en el asunto, y consiguieron que los koalas fueran clasificados como especie vulnerable. No obstante, esa etiqueta no fue suficiente para frenar el declive. En los últimos tres años, Australia ha perdido alrededor del 30% de las poblaciones de koalas, según un estudio de la Australian Koala Foundation. Concretamente, si en 2018 se contabilizaron más de 80.000 ejemplares, el año pasado no llegaron a 60.000.

Ante esta situación, con la llegada de 2022, el Gobierno de Australia ha decidido incluir al koala en la lista de animales en peligro de extinción, y así dedicar más recursos a devolverles el espacio que una vez les perteneció. El primer ministro del país, Scott Morrison, ha anunciado que invertirá 50 millones de dólares durante los próximos cuatro años para la conservación y recuperación de la especie. “Los protegeremos mediante la restauración de su hábitat, el apoyo económico a tratamientos y cuidados médicos, el refuerzo en investigación en salud animal e intentaremos comprender mejor a sus poblaciones”, ha asegurado. De esta forma, se prevé que la ley medioambiental nacional no solo devuelva la calidad de vida a los koalas sino a muchos otros animales con los que comparten entorno.

Aun así, diversas organizaciones animalistas reclaman que esta acción no basta para solucionar el problema. El científico conservacionista Stuart Blanch, que trabaja en WWF-Australia, indicaba que “esta decisión es bienvenida, pero no parará el descenso de marsupiales hasta la extinción a menos que se tomen medidas legales más severas.” A fin de cuentas, en una década los koalas han pasado de no figurar en ninguna lista a ser catalogados como vulnerables, y de vulnerables a estar en peligro de extinción.

Australia invertirá 50 millones de dólares durante los próximos cuatro años para la conservación y recuperación de esta especie

Por otra parte, hay organismos que no están completamente de acuerdo con la decisión del primer ministro australiano. Si bien hay unanimidad en que el koala es una especie frágil, no la hay en cuanto al peligro de extinción. El origen de esta ambigüedad surge de la dificultad por censar koalas, ya que las estimaciones varían en gran medida según la zona y el equipo que realice el recuento. Por ejemplo, la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que es la máxima autoridad a nivel global sobre el estado de conservación de las especies, niega que el koala esté en un peligro de extinción real.

Sea como sea, los koalas están en una situación delicada, lo suficiente como para ser atendidos con más empeño que en el pasado. No podemos olvidar el gran papel que ocupan en el círculo de la vida: su desaparición de los ecosistemas conllevaría una complicación en la reproducción de los bosques, lo que supondría un impacto irreversible para el planeta y para todas las especies que habitamos en él.