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Cinco documentales medioambientales para este verano

Fotograma de 'La tierra de noche'

El séptimo arte sirve para entretener, pero también para mostrar y recordarnos verdades que a veces pasan desapercibidas. En los últimos años han proliferado las películas, series y documentales que intentan, a través de los recursos cinematográficos más artísticos, lanzar un mensaje sobre uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos como humanidad: el cambio climático. A día de hoy, y a través de plataformas como Netflix o HBO, son muchos los filmes que, sin caer en la ciencia ficción, nos ayudan a reflexionar sobre la emergencia climática, sus consecuencias y sobre lo que podemos hacer para combatirla. A continuación, presentamos cinco documentales medioambientales para disfrutar de un verano tan entretenido como responsable.

1 - Our Planet (2019)

Mostrándonos la belleza de nuestro —y único— planeta, esta serie, producida por el equipo que está detrás de la serie documental de la BBC Planeta Tierra, nos impulsa a reflexionar sobre la fragilidad de nuestro entorno. Y no solo lo hace a través de unas impresionantes imágenes captadas con sistemas de producción de última generación, sino que su hilo argumental la convierte en una obra muy completa. A través de profundas y enmarañadas selvas, hondos océanos, recios bosques y suaves praderas, cada capítulo nos invita a conocer la asombrosa diversidad de vida que hay en la tierra y a recordar que los hábitats de nuestro planeta están conectados entre sí. De esta manera, el documental se presenta como un aviso del impacto que tienen nuestras acciones sobre los lugares antes descritos. Ante todo, Our Planet plantea un solo manifiesto: la defensa de nuestro hogar común.

2- La tierra de noche (2020)

Emitida a inicios de año, esta serie documental de Netflix de 6 capítulos utiliza tecnología de grabación más innovadora para mostrarnos la vida nocturna de animales de todo el mundo, desde leones en plena caza hasta murciélagos volando. Añadiendo luz donde no suele haber a través de cámaras de vídeo ultrasensible y sensores, esta obra nos revela las maravillas del planeta y descubre el lado menos explorado del entorno natural.

3 - Before The Flood (2016)

Con el actor Leonardo DiCaprio, también activista medioambiental y Mensajero de la Paz de Naciones Unidas contra el cambio climático, como conductor del filme, este nos muestra los efectos que el cambio climático ya tiene en nuestro entorno y la forma en que la sociedad puede luchar contra ellos. Las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación industrial o la ineficacia energética son algunos de los problemas que aborda el documental, en el que se nos da la posibilidad de observar, pero también de escuchar: toda la historia se vertebra a través de entrevistas a influyentes personalidades del entorno ecologista y político como Barack Obama o Ban Ki-Moon. Con todo, Before The Flood no se presenta como una lección, sino como una advertencia.

4 - More Than Honey (2012)

En las últimas décadas han desaparecido millones de abejas en todo el mundo. Sin duda, son datos preocupantes, no solo porque nos recuerdan el peligro que corre la biodiversidad, sino porque estos pequeños insectos rayados suponen la primera de una larga fila de piezas de dominó: sin abejas, no hay plantas (ya que de éstas, un 80% requieren ser polinizadas), ni ciertas frutas o vegetales. El filme aborda este fenómeno, conocido como “trastorno del colapso de la colonia”, que hace referencia a la desaparición abrupta de una cantidad considerable de abejas obreras de una colonia, y analiza el trabajo de apicultores y agricultores en el funcionamiento de las colmenas. Desde esta particular mirada, More Than Honey refleja la existente relación simbiótica entre el ser humano y la naturaleza, puesto que, queramos o no, todos compartimos las mismas cadenas.

5- Terra (2015)

Terra es un viaje al mundo animal, un canto a la vida. Tras constatar cómo a lo largo de los últimos años se han ido perdiendo miles de especies, su director, el fotógrafo Yann Arthus-Bertrand, nos plantea una pregunta que todavía planea sobre nuestras cabezas: ¿qué podemos hacer para preservar el maravilloso mundo natural que nos rodea? A lo largo de 90 minutos de impactantes imágenes y poderosas frases, uno empieza a tomar conciencia de la necesidad de crear una nueva relación consciente entre todos los seres vivos y proteger así, la Tierra.

Estrategia Española de Economía Circular 2030: ¿quién más se sube al barco?

En una nueva apuesta por la construcción de una sociedad fundada, ante todo, en los principios del desarrollo sostenible, el Consejo de Ministros aprobó a comienzos de junio la Estrategia de Economía Circular y el anteproyecto de Ley de Residuos. Este plan pretende convertirse en la hoja de ruta que impulse un nuevo esquema de producción y consumo de larga duración, en el que el valor de los productos, los materiales y los recursos empleados se mantengan dentro de la economía durante el mayor tiempo posible. Se trata de un plan dirigido hacia una mínima generación de residuos y a la mayor valorización de aquellos residuos cuya generación no se puede evitar.

Al igual que otros proyectos de ámbito continental o internacional, como el European Green Deal y la Agenda 2030, la Estrategia de Economía Circular se enfoca de cara al año 2030 a través de sucesivos planes de acción trienales que, aún por desarrollar de manera específica, permitirán ejercer los ajustes necesarios para culminar la finalización de los objetivos propuestos. Entre estos se encuentran, por ejemplo, la reducción de emisión de gases de efecto invernadero por debajo de las 10 millones de toneladas de CO2 equivalente, el aumento de la eficiencia en el uso de agua alrededor de un 10% o la reducción de residuos en un 15% respecto de lo generado durante el año 2010.

De este modo, los seis sectores prioritarios de actividad económica en los que se centra esta estrategia son: la construcción, el sector agroalimentario, el pesquero y forestal, la industria, los bienes de consumo, el turismo y, por último, el textil. En esencia, se trata de lograr una economía sostenible, descarbonizada, que sea eficiente en el uso de los recursos y mantenga la competitividad.

La Estrategia de Economía Circular y sus reflejos globales

La dirección tomada por el gobierno de España en materia de sostenibilidad y desarrollo ecológico no representa, desde luego, un salto al vacío. Más bien al contario: se enmarca dentro de un contexto internacional lleno de propuestas —y ambiciones— similares.

Uno de los ejemplos más evidentes surge de las tierras nórdicas europeas, en Noruega, cuya Ley del Cambio Climático establece como objetivo el convertirse en el año 2050 en un país que cuente con una huella de carbono neutra. Asimismo, otra de las metas noruegas es la reducción de gases de efecto invernadero en 2030 hasta en un 40% respecto a los números base analizados en 1990. En este sentido, el Estado noruego se ha adelantado a la mayoría de países, habiendo establecido estas medidas ya en 2017. Además de esta pieza legislativa, Noruega ha tomado también otras medidas similares, como el Acuerdo NOx relativo al límite impuesto a empresas privadas para las emisiones de óxido de nitrógeno, o la creación de Enova SF, una empresa perteneciente al Ministerio del Clima y Medio Ambiente que contribuye no solo a la reducción de emisiones de gases invernadero, sino también al desarrollo de tecnología relacionada con el clima y el uso responsable de energía. La Ley de Control de Contaminación, que establecía una férrea gestión de los residuos, fue aprobada ya en 1998 (si bien su última enmienda, de hecho, tuvo lugar en 2017).

Noruega, Reino Unido o Japón también han puesto en marcha estrategias similares

Otros países del entorno europeo, como Reino Unido, han empezado también a desarrollar sus propias sendas de acción. Es el caso de lo que se conoce como Environment Bill, una propuesta legislativa aún no aprobada —si bien se espera que lo sea— debido a las excepcionales circunstancias creadas por el Brexit y la pandemia del coronavirus, pero cuyas propuestas se enmarcan dentro del enfoque verde adoptado por algunos países de la zona. Entre las más ambiciosas propuestas se encuentran la de mejorar la calidad del aire, encontrar un nuevo acercamiento más efectivo en relación al reciclaje y los residuos producidos y, sobre todo, el alcance de cero emisiones en el 2050.

Fuera de Europa, uno de los ejemplos en los que cabe fijarse es la Ley de Adaptación al Cambio Climático de Japón. En términos legislativos, su aprobación en 2018 supuso para el gobierno nacional la obligación de establecer contramedidas para frenar el calentamiento global. Entre estas, como en el resto de estrategias, se encuentra la de eliminar la emisión de gases de efecto invernadero. A pesar de ello, el plan ha recibido numerosas críticas debido a su supuesta “poca ambición”, ya que parte de las medidas recaerían en manos de gobiernos locales o en el “esfuerzo” de empresarios privados.  Sin embargo, no es la única actuación en este ámbito: ejemplo de ello es, sin duda, la Ley de Promoción de Contramedidas del Calentamiento Global. Esta legislación, aprobada previamente, señala que la meta de este país también es la de caminar hacia un planeta más sostenible. Afortunadamente, parece que esta tendencia dada día es más global.

La hora de las empresas

Pero si hace falta algún apoyo más para impulsar este nuevo modelo económico circular más sostenible, competitivo y respetuoso con el planeta, es el de las empresas. De todas las grandes corporaciones españolas que cotizan en el IBEX 35, hay varios ejemplos que demuestran que esta tendencia también está presente desde hace años en el mundo empresarial.

Uno de estos ejemplos es Red Eléctrica, que como parte de su modelo de negocio sostenible se ha marcado el objetivo de ser una empresa referente en el nuevo paradigma de la economía circular en 2030. Para ello, ha diseñado una hoja de ruta que, desde un enfoque transversal, ayudará a la compañía a impulsar la circularidad de manera interna y externa, movilizando a los actores claves para este proceso. Esta estrategia comprende diferentes áreas de actuación como pueden ser desde la gestión de agua, suelos o residuos –a fin de conseguir eliminar al completo la eliminación en vertedero de los mismos– al consumo de recursos naturales y la eficiencia energética en los procesos.

Red Eléctrica se ha marcado el objetivo de ser una empresa referente en economía circular

Otra empresa líder en su sector que también está comprometida con todo el proceso de la economía circular es Inditex. La textil española mantiene este enfoque en todo el proceso de creación de su ropa: diseño, producción y eficiencia energética en las tiendas. Por ello, su estrategia prima el uso de materias primas sostenibles, la elección de proveedores preferentes basados en su índice de sostenibilidad, el compromiso con las energías renovables y la vida útil del producto, al que se le intenta dar una nueva vida.

En Telefónica tienen el mismo enfoque: la economía circular es el futuro. Para ellos, el principal objetivo es reducir el consumo y llegar a ser 100 % renovables a medio plazo, por lo que necesitan el apoyo de proveedores y clientes para llevar a cabo medidas como la digitalización de la gestión los de residuos y el potenciar aún más el reciclaje. Además, esta nueva realidad permitirá aumentar el PIB nacional en un 7 %.  

Y el éxito de apostar por la economía circular es palpable. Un ejemplo claro de este triunfo es el de Ecoalf, que apuesta por utilizar la basura marina como materia prima. A través del proyecto ‘Upcycling the Oceans’’, que desarrolla en España (junto a Ecoembes) y en Tailandia (con el Ministerio de Turismo de Tailandia), ha limpiado los océanos durante los últimos años de desechos que posteriormente se reutilizan. Algunos ejemplos de esta segunda vida que se le da a la basura marina son la colección exclusiva con Apple de fundas sostenibles o los uniformes de la relojera Swatch hechos con botellas de plástico recicladas. La tendencia, como se apuntaba anteriormente, es imparable.

Día Mundial del Medio Ambiente: los hitos verdes que han marcado nuestra historia reciente

Ilustraciones: Valeria Cafagna

Hoy 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, la fecha más importante en el calendario verde de Naciones Unidas desde 1974. Este año, las celebraciones miran hacia el rol crucial de la biodiversidad, por lo que la ONU ha aprovechado la situación en la que nos encontramos para invitar a reflexionar sobre cómo el coronavirus es “un recordatorio de que la salud humana está vinculada a la salud del planeta”. Este año es momento de repensar cómo hemos convivido con el planeta hasta ahora. Por eso, aunque todavía queda mucho camino por recorrer, echamos la vista atrás y recordamos los hitos medioambientales de la última década que han marcado la hoja de ruta hacia un modelo de vida más sostenible.

2012: en busca del “futuro que queremos

“Confiamos en que durante las 72 próximas horas antepongan nuestro interés a cualquier otro. El tiempo corre: tic, tac, tic, tac…”. Subida al estrado frente a más de 100 líderes mundiales, la estudiante neozelandesa Brittany Fold (17 años) reflejó así el descontento de la sociedad ante la falta de políticas verdes. Era la ceremonia inaugural de la Conferencia de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible Rio+20 y el discurso que resonaba era el mismo que en 1997 pronunció otra estudiante, Seern Cullis, en la misma cumbre.

Tras varios días de negociaciones nació “El futuro que queremos”, un manifiesto que apuntaba hacia la erradicación de la pobreza como “el mayor reto que afronta el mundo y una condición indispensable del desarrollo sostenible”. En él, los líderes prometían adoptar medidas urgentes para lograr un desarrollo sostenible y “promover un crecimiento sostenido, inclusivo y equitativo, creando mayores oportunidades para todos”. Como colofón, se dedicó un subtítulo específico a las ciudades sostenibles y la importancia de la planificación transversal.

Sin embargo, hubo cierto sentimiento de decepción generalizado. Organizaciones sociales y gobernantes de algunos países, como el entonces primer ministro francés François Hollande, sintieron que pocas cosas había cambiado en 20 años. El entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, lo dijo bien alto: “Los esfuerzos no han estado a la altura del desafío”.

2015: nace el Acuerdo de París, primer compromiso internacional para reducir emisiones

Tres años después de Rio+20 nació el Acuerdo de París, el primer tratado universal de la lucha contra el cambio climático. Se gestó en un tiempo récord, tan solo 11 meses después de que fuera planteado. Era la primera vez que casi todos los países del mundo fijaban un marco legal para llegar juntos a la meta: no superar los 2 ºC de aumento en la temperatura de la Tierra.

Ese mismo año nacieron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como una llamada universal para poner fin a la pobreza y proteger el planeta de manera decisiva antes de 2030. Los 17 ODS reconocen que las intervenciones deben mantener un buen equilibrio entre la sostenibilidad ambiental, económica y social, por lo que tocan temas que van desde la igualdad de género hasta la industria, pasando por la educación, la energía sostenible y la economía circular.

2018: Los jóvenes salen a la calle bajo el lema #FridaysForFuture

La joven activista sueca Greta Thunberg hizo historia aquel frío viernes en el que faltó a clase para sentarse frente al Parlamento sueco y exigir una mayor acción política en la lucha contra el cambio climático. La imagen de la adolescente ataviada con su abrigo, impasible, corrió como la pólvora por Internet hasta conseguir que, en pocas semanas, más de 100.000 jóvenes de todo el mundo se manifestaran de la misma forma para denunciar la situación límite a la que se enfrenta el planeta debido a la contaminación del planeta.

Nació así #FridaysForFuture, un movimiento estudiantil que consiguió llevar la preocupación medioambiental de los jóvenes a Naciones Unidas y al Foro Económico de Davos. En este sentido, el despertar de la conciencia medioambiental ha supuesto un hito en cuanto a la movilización ciudadana por la lucha contra el cambio climático.

2019: nace el Green Deal

Según un informe de la ONU, 2019 fue uno de los años más negros en materia medioambiental, pero pasará también a la historia gracias a la aprobación del Green Deal europeo, el plan más ambicioso en materia medioambiental o “el momento ‘hombre en la luna’ de la UE”, como lo definió la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

El pacto verde, presentado en la COP25 que se celebró en Madrid el año pasado, promete ser una bocanada de aire fresco para el planeta y propone alcanzar la neutralidad de carbono en 2050, además de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad en diez años. Las medidas pasan por garantizar el acceso a energía limpia y asequible, impulsar la economía circular y los edificios eficientes así como reducir la polución a cero, proteger la biodiversidad e impulsar una movilidad sostenible y un modelo agroalimentario más justo.

A pesar de lo ambicioso de su paquete de medidas, la iniciativa pone en marcha un camino definitivo hacia la salud del planeta a través de un sistema económico más sostenible. Eso sí, siempre que este vaya de la mano de la justicia social: “O la transición es justa para todos o no funcionará”, sostuvo Von der Leyen durante la presentación del pacto.

Otro de los momentos más relevantes de 2019 fue el envío del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC) por parte de España a la Comisión Europea. En él se definen los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, de penetración de energías renovables y de eficiencia energética. El resto de miembros europeos también presentaron ante el ejecutivo europeo su propio plan en materia de energía y clima.

2020: España aprueba el anteproyecto de Ley del Cambio Climático

A pesar de que este año ha quedado completamente congelado por la pandemia del coronavirus, el escenario dibujado por la COVID-19 no frena el avance de la transición energética: aun con menor demanda de electricidad a nivel nacional, las renovables han incrementado en un 10,2% su generación durante los primeros cinco meses de 2020 con respecto al mismo periodo del 2019, tal y como reflejan los datos de Red Eléctrica de España. En lo que llevamos de año también hemos sido testigos de un avance importante para el futuro de nuestro país: la aprobación del Proyecto de Ley de Cambio Climático, un texto legal que sitúa a España en el camino hacia la neutralidad en emisiones de carbono en 2050. El texto hace además hincapié en la educación ambiental, una asignatura pendiente en nuestro país desde hace décadas.

Con el confinamiento y el parón de la actividad económica hemos visto nuestra forma de vida desde otro ángulo. Las medidas de distanciamiento social han demostrado que las ciudades no son tan sostenibles como cabría pensar: hacen falta más espacios para bicicletas, aceras anchas, más zonas verdes para limpiar el aire y menos coches.

Si bien es cierto que el parón ha mejorado la calidad del aire y del agua tras décadas de daño desmedido, esto no es más que un espejismo. Mucho antes del coronavirus, los científicos ya alertaron de que la pérdida de biodiversidad favorecería la expansión mundial de enfermedades infecciosas y cabe recordar que ahora estamos en camino de perder una de cada ocho especies en las próximas décadas, según el IPBES.  

Tras una larga racha de hitos históricos en el medio ambiente, este es el momento perfecto para dar el paso definitivo hacia políticas más sostenibles que sitúen al Green Deal en el eje de la recuperación económica. En el horizonte quedan pendientes la legislación contra los plásticos de un solo uso, la mejora de la eficiencia energética de las viviendas y otras tantas normativas que servirán para seguir cuidando a nuestro planeta.

La educación ambiental, un pilar de la Ley de Cambio Climático

La Ley de Cambio Climático y Transición Energética (PLCCTE) está un paso más cerca de convertirse en realidad. El pasado 19 de mayo, el Consejo de Ministros envió a las Cortes el primer proyecto legislativo para que España alcance la neutralidad de emisiones antes de 2050 y logre así cumplir con los objetivos del Acuerdo de París. Este texto permitirá, entre otras metas, que nuestro país fije por ley sus objetivos nacionales de reducción de emisiones de gases efecto invernadero en 2030 con un descenso del 20% respecto a los niveles de 1990.

Además de implicar a todos los sectores económicos en el reto de una reindustrialización más sostenible y una reducción drástica de sus emisiones, esta nueva Ley de Cambio Climático destaca por situar la educación ambiental en el centro del debate. De hecho, el octavo de sus nueve títulos está dedicado a la inclusión de la crisis climática en el sistema educativo español, ya que se trata de un aspecto que el Gobierno considera “de especial importancia” para implicar a la sociedad española en todas las respuestas frente al cambio climático y la promoción de la transición energética.

La normativa contempla que el sistema educativo español refuerce el conocimiento sobre el cambio climático

A través de cuatro puntos, la normativa contempla que el sistema educativo español refuerce el conocimiento sobre el cambio climático en las aulas –tanto en colegios como institutos y universidades– con miras a que los alumnos adquieran la suficiente responsabilidad personal y social para comprender la realidad que supone el cambio climático y puedan desarrollar en el futuro “una actividad técnica y profesional baja en carbono y resiliente frente al cambio del clima”.

En esta línea, además, se revisará el tratamiento del cambio climático en el currículo básico de las enseñanzas, siendo posible incluir cualquier elemento “para hacer realidad una educación para el desarrollo sostenible”. En las universidades ocurrirá lo mismo en aquellos planes de estudios en los que, según se especifica, “resulte coherente conforme a las competencias de los mismos”. Además, será fundamental que el profesorado tenga la formación suficiente y adecuada para llevar a cabo esta educación ambiental de manera satisfactoria, por lo que el Gobierno podrá impulsar las acciones necesarias para mejorar la formación de los docentes en este aspecto.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico también pone el foco en la formación profesional y fija en el anteproyecto que mantendrá actualizado el Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales y el catálogo de ofertas formativas de FP “que capaciten en perfiles profesionales propios de la sostenibilidad medioambiental”.

La educación ambiental en Europa

Desde esta semana, el anteproyecto de Ley de Cambio Climático vuelve a recuperar -y a revitalizar con renovado impulso- un término que lleva largo recorrido en la historia educativa española. Ya en 1990, la Ley Orgánica para la Gestión del Sistema Educativo (LOGSE) planteó algunos contenidos ambientales que se fueron aplicando poco a poco en asignaturas como Conocimiento del Medio Natural y Geografía y Ciencias de Naturaleza. No obstante, no fue hasta la publicación del Libro Blanco de la Educación Ambiental en España en 1999 cuando quedaron implícitos sus objetivos y principios básicos.

En el resto de países europeos, la evolución de la educación ambiental ha sido muy dispar: depende del territorio y las medidas políticas. En el norte, Suecia y Finlandia lideran el camino: llevan introduciendo la ecología en los colegios públicos desde los noventa, alternando enseñanzas prácticas y teóricas. La formación ambiental en Dinamarca también se distribuye en un abanico multidisciplinar y variado, ya que la enseñanza escolar depende de las autoridades locales, mientras que el Ministerio de Educación controla las escuelas superiores y las universidades. En cuanto a Alemania, que estableció en 1980 sus objetivos de formación ambiental, cada uno de los 16 estados federados decide qué priorizar en los planes de educación. Este año, todas las escuelas del país deberían estar ofreciendo una asignatura por año que cubra el cambio climático desde diferentes perspectivas.

En el sur, las políticas de educación ambiental se aplican también de distinta forma. Francia tiene definida la estrategia de integración de la educación ambiental en la Circular de 1977 y apuesta por no tratarla como una rama independiente ni un tema de estudio en sí misma, sino que aboga por ampliar progresivamente el aprendizaje medioambiental en los distintos niveles educativos, desde la guardería hasta la Educación Secundaria Obligatoria. Por su parte, el Reino Unido ha desarrollado una política de educación verde más basada en la experimentación de los alumnos educando sobre el entorno y por el entorno.

También en Italia, el ministro de Educación, Lorenzo Fioramonti, llevó a finales del año pasado el cambio climático a las aulas tras anunciar que en el próximo curso las escuelas dedicarían 33 horas al año -en torno a una hora a la semana- a abordar la cuestión del cambio climático. El objetivo final del Ministerio es que la perspectiva verde se incluya en materias tradicionales como la Geografía, las Matemáticas o la Física para analizar los efectos de la acción humana en las diferentes zonas del planeta. Por su parte, Portugal sigue un camino muy similar al español: la educación ambiental quedó realmente integrada en la enseñanza a partir de 1986 y definida transversalmente en la reforma de 1987, que incluye definitivamente el concepto de educación ambiental. Sin embargo, todavía se plantean reformas para reforzar este aprendizaje.

#Coronavirus: la Tierra celebra su día en su momento más complicado

día de la tierra

El Día de la Tierra cumple 50 años en medio de una crisis sanitaria mundial que nos hace recordar la necesidad, ahora más que nunca, de cuidar el planeta. En estas últimas semanas hemos asistido atónitos a imágenes impensables en pleno siglo XXI, en el planeta globalizado e hiperconectado en el que vivimos y por el que 1.400 millones de personas viajaron por el mundo en 2019 para hacer turismo. Era inimaginable hasta hace unos días ver los canales de Venecia totalmente vacíos y con peces nadando sin tener que esquivar a las decenas de góndolas que los recorren, como también se nos hace raro ver la mítica Times Square, en Nueva York, sin turistas sacándose fotos y sentados en las gradas. Mientras, en España, es difícil recordar una fecha en la que la icónica Gran Vía madrileña haya estado tan vacía como durante este último mes.

La alteración que el ser humano provoca en los sistemas naturales aumenta el riesgo de pandemias

En estos días en los que el ser humano anda confinado en sus hogares para salvar sus propias vidas, parece que la Tierra empieza a respirar un poco. Los niveles de contaminación han bajado en todo el planeta (solo hay que ver los informes diarios de la calidad del aire en Madrid), los cielos se empiezan a vaciar de gases contaminantes para dejar paso a un azul brillante que apenas recordábamos, mientras que la fauna se adueña de territorios que en un pasado fueron suyos y el ser humano les arrebató (jabalíes en Barcelona, osos en localidades asturianas o delfines en Cagliari). La naturaleza se abre paso, y el equilibro entre esta y los humanos es cada vez es más frágil. Tanto que, según un informe presentado a principios de abril por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés), la alteración que el ser humano provoca en el equilibrio de los sistemas naturales aumenta el riesgo de aparición de pandemias y nuevas enfermedades. Parece que esta situación está creando una conciencia social que nos ha permitido comprender una realidad innegable que ha sido puesta en duda en multitud de ocasiones: nuestra salud y la del planeta van de la mano. Proteger la naturaleza es rentable.

Unos inicios duros y un cumpleaños diferente

El Día de la Tierra tiene sus orígenes en la década de los sesenta en Estados Unidos, en un clima de protesta con una sociedad activista que rechazaba la pasividad de su Gobierno en muchos asuntos. En unos años marcados por las protestas ciudadanas por la guerra de Vietnam, fue el senador demócrata por Wisconsin, Gaylord Nelson, el que puso encima de la mesa la cuestión medioambiental. Le sorprendía que, a pesar del clima de desencanto que estaba instalado en el país, la ecología no fuera un tema presente en la agenda política.

Durante esa década, Nelson no tuvo mucho éxito en sus reivindicaciones populares hasta que en 1970, el 22 de abril, decidió seguir el modelo de las manifestaciones contra el conflicto en Vietnam y la respuesta fue abrumadora: más de 20 millones de personas salieron a la calle para exigir la protección inmediata del medio ambiente. Ante tal presión, el gobierno federal creó la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés) y la lucha climática entró de lleno en la agenda pública.

En 1970, se celebró la primera manifestación climática de la historia en Estados Unidos

La trayectoria de la conmemoración del Día de la Tierra hasta hoy ha sido imparable. En 1972, la Conferencia de Estocolmo organizada por la ONU expandió el mensaje climático por todo el planeta. Veinte años más tarde, la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo fue más allá y recogió la necesidad de conseguir un equilibrio entre lo ecológico, lo social y lo económico para favorecer un desarrollo sostenible. Finalmente, unos meses más tarde, la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Nueva York reconocía la existencia del cambio climático y marcaba un objetivo final para la comunidad internacional: reducir la emisión de gases contaminantes a la atmósfera.

En 1997, el Protocolo de Kioto aumentó los compromisos acordados en las conferencias anteriores y se erigió como el primer gran acuerdo vinculante de reducción de emisiones entre países. No entró en vigor hasta 2005, ya que Rusia solamente lo ratificó en 2004, mientras que Estados Unidos, principal responsable de emisiones contaminantes en esa época (y en la actualidad) nunca lo hizo. Este mismo año caducan los acuerdos del Protocolo de Kioto y entran en vigor los de París de 2015, los más ambiciosos hasta el momento en materia climática, de los que, una vez más –y a pesar de que según varias encuestas el cambio climático es la mayor preocupación actual de los ciudadanos (un 67% según el PCR)–,  Estados Unidos se ha retirado.

Un futuro cada vez más incierto

En los últimos años, y bajo el impulso del Acuerdo de París, la sociedad ha ido interiorizando la importancia de luchar por la protección del medioambiente. Y ha hecho propio ese combate, implicándose más que nunca en una cruzada que sigue siendo rentable. Según un estudio publicado en la revista científica Science of the Total Environment, la contaminación ambiental es un factor clave en la tasa de mortalidad del coronavirus: un 80% de las muertes registradas en cuatro países de los más afectados por el virus (Italia, España, Francia y Alemania) tuvieron lugar en sus regiones más contaminadas.

El 80% de las muertes registradas en Italia, España, Francia y Alemania tuvieron lugar en sus regiones más contaminadas

Ahora, la humanidad vive una de sus etapas más retadoras y luctuosas, pero son muchas las voces que se han alzado para la que la cuestión climática no quede en el olvido. De hecho, en las últimas semanas, desde la sociedad civil, los Estados y organismos supranacionales como la Unión Europea, se ha reclamado una salida “verde” a la crisis de la COVID-19. Esto es, que se pongan en marcha medidas e iniciativas que favorezcan la recuperación económica y social a través de la sostenibilidad, la innovación y la tecnología y teniendo como pilar clave la transición hacia un nuevo modelo energético.

En Milán, la capital de Lombardía –la región italiana más afectada por la COVID-19 con miles de muertos–, las autoridades han entendido que es el momento de actuar. La ciudad pretende transformar su sistema de movilidad de manera radical para acabar con la polución que provoca el transporte. Para ello tiene previsto reconvertir durante el verano más de 35 kilómetros de calles en espacios donde el tránsito de peatones y ciclistas tenga prioridad sobre los coches. Ante la nueva situación, desde el consistorio italiano tienen claro que es necesario “reinventar Milán ante la nueva situación”. Estas medidas serán estudiadas en todo el mundo y podrían servir como una hoja de ruta para esta década.

El próximo año, con suerte, el Día de la Tierra será muy diferente a este, pero las lecciones que estamos aprendiendo durante estas últimas semanas no deben quedar en el olvido. El futuro será sostenible o no será.

Un viaje virtual a la naturaleza: ocho propuestas cinematográficas

Imagen de la película Honeyland

Pese a que la situación por la que actualmente atravesamos no es la que ninguno habría deseado, cada día estamos más cerca de retomar la normalidad, nuestra cotidianeidad. Por el momento, estamos afrontando el confinamiento con cierto estoicismo, pero también hay que reconocer que abstraerse de la realidad en la que vivimos a veces se hace a veces cuesta arriba. Hoy iniciamos un largo puente en el que muchos recordamos viajes entrañables y experiencias divertidas. Y, como este año no puede ser, proponemos un viaje, al menos virtual, por muchos de esos parajes de una naturaleza que hoy se antoja lejana pero que sigue ahí, pendiente de que la descubramos, de que la protejamos.

A continuación se detallan algunas propuestas culturales y de ocio para pasar estos días recordando la dimensión que la naturaleza tiene en nuestras vidas y lo importante que es saber transmitirlo a las generaciones más jóvenes.

Una verdad incómoda (2006), Davis Guggenheim

Probablemente el primer gran documental que puso en el centro del debate mundial el problema del cambio climático. La idea de hacer un documental surgió en 2004, tras una charla sobre el clima de Al Gore, el que fuera vicepresidente de los Estados Unidos bajo el mandato de Bill Clinton. La cinta, que obtuvo dos premios Óscar, se ha convertido en un imprescindible en escuelas y universidades de todo el mundo.

Wall-E (2008), Andrew Stanton

Una joya más de Pixar que reflexiona sobre el consumismo desmesurado del ser humano. Situada en el año 2800, en un planeta Tierra devastado y sin vida humana en el que un pequeño robot (Wall-E) sigue haciendo el trabajo para el que fue creado años atrás: limpiar toda la basura del planeta. La cinta hace reflexionar sobre si nuestro estilo de vida es realmente sostenible y compatible con la naturaleza.

Avatar (2009), James Cameron

Una película que en su momento rompió todas las listas de cintas más taquillera de la historia y que nos presentaba Pandora, un planeta alternativo al que el ser humano viajaba en busca de un mineral que ayudase a acabar con los problemas energéticos en la Tierra. Cuando la ciencia ficción se acerca tanto a la realidad quiere decir que algo estamos haciendo mal, ya que en 2009 planteaba problemas todavía muy presentes en 2020.

Interstellar (2014), Christopher Nolan

Uno de los mejores directores de la actualidad, Christopher Nolan, nos muestra un futuro que tampoco parece muy descabellado: todos los recursos se están agotando y nuestro planeta tiene las horas contadas. La única solución es salir al espacio exterior para buscar otro lugar en el que poder habitar y salvar así la raza humana. Sin llegar a situaciones tan extremas, la explotación desmedida de los recursos en la actualidad puede tener consecuencias devastadoras en el futuro.

El olivo (2016), Icíar Bollaín

Película española que narra la historia de un árbol, un olivo centenario, que es vendido en contra de la voluntad de su dueño a una empresa para plantarlo en un edificio en Europa. La cinta de Icíar Bollaín defiende la importancia del patrimonio natural y pone de manifiesto la importancia que puede llegar a tener la naturaleza en nuestras vidas.

Capitán fantástico (2016), Matt Ross

Narra las aventuras de una familia grande, con seis hijos, que viven en las afueras de Oregón, en Estados Unidos, huyendo de la civilización y renunciando a la tecnología. Esta obra protagonizada por Viggo Mortensen, puede ser considerada una utopía pero nos recuerda que es posible vivir más en contacto con la naturaleza en nuestro día a día.

Nuestro planeta (2019), Alastair Fothergill

Es uno de los documentales más exitosos de Netflix, y eso quiere decir algo. Una producción que se rodó en más de 50 países y que hace una defensa a ultranza de la lucha contra el cambio climático. Visualmente brillante, avisa de que dentro de 20 años “el colapso de la Tierra será inevitable”, y para hacernos reflexionar, que mejor que ver a todas las víctimas de esta catástrofe ambiental que estamos provocando.

Honeyland (2019), Ljubomir Stefanov y Tamara Kotevska

La gran triunfadora de la última edición del famoso festival cinematográfico de Sundance es una cinta documental que sigue la vida de una criadora de colonias de abejas que vive en soledad en un remoto pueblo balcánico de Macedonia del Norte. El orden natural de la zona se ve amenazado cuando una familia se instala en el pueblo e intenta dedicarse también a la cría de abejas. Es una bella alegoría sobre el impacto que el ser humano tiene en la naturaleza y lo frágil que es el equilibrio entre ambos.

Eunice Foote, la primera (e invisibilizada) científica que teorizó sobre el cambio climático

El cambio climático constituye la mayor amenaza medioambiental a la que se enfrenta actualmente la humanidad. Aunque algunos se empeñen en negarlo, los datos están sobre la mesa y evidencian que la huella ecológica que dejamos a nuestro paso en el planeta tiene consecuencias devastadoras. De seguir con los actuales niveles de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera, se espera que las temperaturas globales sigan aumentando, con todas las consecuencias para nuestra salud y la del planeta que eso conlleva.

Muchos se preguntarán por qué no lo vimos venir con antelación o por qué no actuamos antes, pero lo cierto es que ya en el siglo XIX aparecieron las primeras advertencias sobre el calentamiento global. Pero quedaron silenciadas, probablemente porque fue una mujer quien las pronunció. Eunice Foote (1819-1888), científica estadounidense, fue la primera en teorizar sobre el cambio climático. Fue ella la que alertó sobre las consecuencias que las emisiones de dióxido de carbono podrían tener sobre la temperatura del planeta. Pero la vida de Foote, como la de muchas mujeres de la época, fue un camino marcado por los obstáculos y el olvido.

Durante siglos, el científico John Tyndall se llevó un reconocimiento que le correspondía a Foote

Nació en el seno de una familia numerosa y progresista en 1819, en Goshen, Connecticut (EE. UU.). Sus experimentos, realizados en un laboratorio construido en casa, evidenciaban el ingenio de Foote. Cuatro termómetros, dos cilindros de vidrio y una bomba de vacío para aislar los gases de la atmósfera y exponerlos a los rayos solares le bastaron para demostrar que el CO2 y el vapor de agua absorbían suficiente calor como para tener un impacto en el clima. Sin embargo, la historia concedió durante más de un siglo este reconocimiento al físico irlandés John Tyndall.

Según los libros de ciencia e historia, fue Tyndall el primero en descubrir, en 1859, que las moléculas de gases como el dióxido de carbono, el metano y el vapor de agua (los conocidos como gases de efecto invernadero) bloqueaban la radiación infrarroja. Pero lo cierto es que Eunice Foote ya había realizado estudios al respecto. En concreto, Foote había publicado en 1856 el paper ‘Circumstances affecting the heat of sun’s rays’.

El 23 de agosto de 1856, cientos de hombres -la mayoría científicos, inventores y doctores- se reunieron en Nueva York para compartir nuevos descubrimientos, discutir avances en sus respectivos campos y explorar nuevas áreas de investigación en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). Aunque Eunice Foote tenía un trabajo magnífico que presentar en esa reunión no pudo leerlo en el evento, ya que entonces las mujeres no tenían permiso para exponer sus ideas científicas. Fue su compañero de profesión Joseph Henry, profesor del Smithsonian Institution, quien presentó los resultados del estudio. Sin embargo, las pruebas quedaron fuera de las Actas y Foote fue condenada al olvido.

Sus descubrimientos únicamente vieron la luz en noviembre de ese año, cuando aparecieron publicados en una breve página y media de la revista American Journal of Art and Science. La teoría de Foote quedó en el olvido hasta 2011, cuando fue rescatada por Raymond Sorenson, un investigador independiente que dio con el artículo original que leyó Joseph Henry en aquella reunión de 1856.

Los descubrimientos de Foote se adelantaron a los estudios del momento, pero fueron relegados a un segundo plano. Por suerte ahora, aunque con mucho retraso -más de 200 años después de su nacimiento– la figura de Eunice Foote, como las de otras mujeres pioneras olvidadas, recupera el lugar que le corresponde en los anales científicos.

La gran pantalla, un altavoz para la acción climática

Ilustración: Natalia Ortiz

“Nos hemos desconectado mucho del mundo natural y vivimos en un entorno egocéntrico, explotando nuestro entorno solo para nuestro bien. Nos adentramos en la naturaleza y saqueamos sus recursos”. Esta frase no pertenece a un científico, tampoco a un filósofo: forma parte del discurso que pronunció el actor Joaquin Phoenix al recoger su Oscar a mejor actor protagonista en la pasada ceremonia de entrega de premios que celebra la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos cada año en Hollywood. De esta manera, Phoenix denunciaba ante cientos de actores, directores y productores la situación de emergencia climática en la que nos encontramos y recordaba que -igual que la culpa- la responsabilidad de frenar y revertir esta situación es compartida.

Pero sería injusto afirmar que la industria cinematográfica ha hecho oídos sordos a lo que es ya el mayor desafío del siglo XXI. Desde hace unos años, el mundo del cine se ha hecho eco de esta amenaza y ha impulsado soluciones tanto a través de la gran pantalla como desde detrás de las cámaras. Porque, aunque cueste imaginarlo, la industria cinematográfica es altamente contaminante. Un ejemplo revelador es el del negocio del cine en California que, según un estudio realizado por el Instituto de la Universidad de California (UCLA) para el Medio Ambiente, es el más contaminante del estado, por encima incluso de la industria aeroespacial y la textil.

La organización de la Seminci ha creado un sello verde para certificar las producciones más sostenibles

Afortunadamente, los tiempos están cambiando y la lucha por hacer de nuestro entorno un lugar más sostenible ha llevado a cineastas, productores y académicos a poner este asunto sobre la mesa de manera urgente. Es el caso de la Seminci —la Semana Internacional de Cine de Valladolid—, donde la organización ha elaborado un manifiesto que, entre otras medidas, establece la creación de un ‘sello verde’ que premie y certifique el espíritu sostenible de algunas producciones. Es decir, se trata de una especie de distintivo que reconoce a los rodajes que se llevan a cabo de una forma más respetuosa con el medio ambiente. Entre las acciones valoradas destacan la utilización de energías renovables y papel reciclado, el uso de envases reciclables y la sustitución de productos plásticos por materiales biodegradables como madera o textiles orgánicos.

“El cine genera mitos, lanza o asienta paradigmas de pensamiento y puede ayudar a resolver esta emergencia planetaria”, comenta Carlos Castro, profesor de Física Aplicada en la Universidad de Valladolid. Coincide con él el director de cine Guillermo García, que destaca la importancia de “normalizar este tipo de medidas a la hora de filmar y entender el rodaje ecológico y sostenible como un reto”.

La Seminci, además, se ha convertido en el primer festival de cine que ha creado un premio especial —la Espiga Verde— para galardonar al filme que mejor represente los valores medioambientales. Durante el festival, ocho películas y documentales llevaron a la gran pantalla temas como la contaminación por pesticidas, el activismo ecologista, la experimentación con cultivos o la desaparición de la biodiversidad.

El periodista y director del festival, Javier Angulo, destacó en la pasada edición que “los efectos del cambio climático ya están aquí y el cine puede ayudar a concienciar a los ciudadanos sobre este grave asunto de muchas formas”. Un ejemplo de ello es la aclamada serie de HBO Juego de Tronos, en cuyo rodaje se consiguieron ahorrar 2.000 kilos de plásticos en siete meses gracias a la iniciativa de eliminar las botellas de agua en el set.

Películas para el planeta

Al mismo tiempo, cada vez más películas y documentales ahondan en la problemática que supone el cambio climático y las consecuencias devastadoras que tiene en el planeta Tierra. Una muestra de ello es el documental de Fisher Stevens, Before the flood, en el que, junto a Leonardo DiCaprio, el cineasta visita y documenta los impactos del cambio climático y la actitud de la humanidad ante catástrofe como el deshielo de la Antártida.

“Todo lo que presenciamos en este viaje nos muestra que el clima de nuestro mundo está increíblemente interconectado y que está en un punto de ruptura urgente. Queríamos crear una película que generase alarma en las personas y que les hiciera entender qué cosas particulares pueden resolver este problema”, dijo DiCaprio sobre la obra.

Esta concienciación, que no tiene edades ni límites, también está presente en el cine animación. La película de Pixar Wall-E es un ejemplo de ello. Han pasado ya diez años desde que el pequeño robot encargado de compactar basura Wall-E llegó a los cines y presentó la peor versión posible de la Tierra: un planeta cubierto por toneladas de basura y sin rastro de vida ni actividad humana. Después de todo este tiempo, el tema de la película sigue ligado a la actualidad y refleja preocupantes realidades como la alta contaminación de las ciudades y el vertido de residuos que acaban en la naturaleza.

Joaquín Phoenix:" Nos hemos desconectado mucho del mundo natural y vivimos en un entorno egocéntrico"

Fiel a sus palabras, Joaquin Phoenix, que nos sorprendió con su actuación del Joker este último año, también ha decidido utilizar el cine como arma de sensibilización. El actor ha dejado atrás el maquillaje de villano para protagonizar Guardians of Life (2020), un microdrama del director y activista Shaun Monson. En el vídeo, que dura apenas unos minutos, se muestra a un Phoenix vestido de médico que intenta salvar a un paciente herido en “los incendios forestales”. Con diálogos cortos y duros silencios, el cineasta golpea nuestra consciencia y nos traslada de manera simbólica a los múltiples incendios forestales que en los últimos meses han devastado miles de hectáreas en Australia y en el Amazonas.  

“Todo es una clara llamada de atención. La gente no se da cuenta de que todavía hay tiempo, pero solo si actuamos ahora y hacemos cambios generalizados en nuestro consumo. No podemos esperar a que los gobiernos resuelvan estos problemas por nosotros”, sentenció el actor, que no duda en acusar a todos y cada uno de nosotros por haber provocado de manera más o menos directa, el calentamiento global.

Indudablemente el cine cala en las emociones y sentimientos de los espectadores como casi ningún otro arte lo hace. Y aunque la gran pantalla es un buen altavoz para llamar a la movilización, que logremos revertir los efectos del cambio climático depende de que cantemos claqueta… ¡Y acción!  

Ahora o nunca: la lucha contra el cambio climático en EE.UU.

Recuerden esta cifra: 18,3. A simple vista, este número dice poco. Sin embargo, conviene que lo recuerden porque es histórico. El pasado 6 de febrero esa fue la temperatura que se registró en la Antártida: 18,3 grados centígrados. Nunca antes se había disparado el mercurio de esta manera en el continente austral. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) avisa: en los últimos 50 años, la temperatura en la Antártida ha aumentado tres grados.

Habrá ciudadanos que recibirán la noticia con preocupación y otros que, como Donald Trump, le restará importancia dentro de su discurso negacionista contra el cambio climático. Tras anunciar meses atrás la salida definitiva de EE.UU. del Acuerdo de París para avanzar en la lucha contra el calentamiento global, el presidente de los Estados Unidos sigue retrocediendo en las políticas climáticas. En las próximas horas presentará en el Congreso un primer borrador de los presupuestos anuales que incluyen una reducción de los fondos para la lucha contra el cambio climático (un 26% menos). En esa cruzada casi personal de Trump contra todo lo que tenga que ver con el medio ambiente, el presidente norteamericano se enfrenta a su primera gran reválida en las elecciones presidenciales del próximo noviembre.

El 3 de febrero comenzaron las primarias demócratas en el estado de Iowa

Si en 2019 los españoles acabaron el año cansados de ir a votar, en 2020 puede que los estadounidenses experimenten esa misma sensación. Todo hace indicar que lo que suceda en la política estadounidense durante este año tendrá una importancia vital en la lucha mundial contra el cambio climático. Y ahí es donde debe entrar en juego el Partido Demócrata. El pasado tres de febrero dio el pistoletazo de salida a las primarias demócratas en el estado de Iowa. ¿El objetivo? Echar a Donald Trump de la Casa Blanca.

De las 29 candidaturas que se presentaron en un primer momento, solo once continúan en la carrera por el liderazgo del partido tras los caucus de Iowa pero, a día de hoy, solo cuatro candidatos cuentan con opciones reales de vencer: Pete Buttigieg, Bernie Sanders, Elizabeth Warren y Joe Biden. Los dos primeros salieron reforzados tras el caótico recuento de Iowa, mientras que Warren y Biden, favoritos meses atrás, pueden estar viviendo sus últimas horas en la carrera electoral. Las primarias de New Hampshire del próximo 11 de febrero pueden darnos las pistas definitivas sobre quién será el rival de Donald Trump el 3 de noviembre.

El Green New Deal pone de acuerdo a todos los candidatos

A pesar de las diferencias programáticas que tienen los candidatos en materias como sanidad, educación o defensa, hay algo en lo que coinciden todos: su apoyo al Green New Deal, la hoja de ruta que presentaron el año pasado en el Congreso el senador Edward Markey y la congresista Alexandra Ocasio-Cortez con el objetivo de situar a Estados Unidos al frente de la lucha contra el cambio climático a nivel mundial y que guarda, además del nombre, otras similitudes con el plan aprobado recientemente por la Comisión Europea, el European Green Deal. Curiosamente, tanto Markey como Ocasio-Cortez se han manifestado públicamente en favor de alguno de los candidatos: el primero lo hizo con Elizabeth Warren y la segunda con Bernie Sanders.

El Green New Deal ha marcado una meta: reducir de manera drástica la emisión de gases de efecto invernadero para lograr la neutralidad de emisiones en el año 2050. Además, en un plazo de diez años se espera generar el 100% de la electricidad del país a través de energías renovables o sin emisiones para conseguir una mayor eficiencia energética. Para ello, se modernizará tanto la red eléctrica como todos los edificios del país y se invertirá en el vehículo eléctrico y en el tren de alta velocidad.

Pero, ¿cuánto costará electrificar la economía de un país como Estados Unidos? Sanders promete una inversión de 16,3 trillones de dólares. El resto de candidatos son más tímidos: 3 trillones, Warren, 2 trillones, Buttigeig y 1,7 trillones, Biden. La  subida de impuestos a la industria carbonífera y la creación de millones de nuevos puestos de trabajo directamente relacionados con el Green New Deal pagarán gran parte de esta inversión.

Más allá de las cifras presupuestarias hay un aspecto en el que hay discrepancias: la energía nuclear. Sanders y Warren abogan por cerrar todas las centrales nucleares del país antes de 2035, mientras que Biden y Buttigieg creen que la nuclear es una fuente de energía imprescindible a medio plazo y el país no puede prescindir de sus 97 centrales.

Objetivo: recuperar el liderazgo internacional

Pero si hay algo en lo que coinciden de forma inequívoca los cuatro candidatos es en el papel que debe jugar Estados Unidos en el mundo en la lucha contra el cambio climático, y esto pasa por no abandonar bajo ninguna circunstancia el Acuerdo de París. Los argumentos de Trump para rechazar este consenso internacional son básicamente dos: que el acuerdo representa un “castigo” hacia los Estados Unidos y que el precio que los estadounidenses pagarían por “una reducción de solamente 0,2°” es demasiado alto.

Los demócratas consideran imprescindible recuperar la iniciativa internacional y convertirse en el país que lidere la lucha contra el cambio climático. No entienden que Estados Unidos, primera potencia económica mundial y responsable directo del 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero, solo por detrás de China, abandone un acuerdo al que se han sumado ya 195 países entre los que se encuentran los gigantes de la contaminación: la ya mencionada China, la Unión Europea e India. En este sentido, la presencia de la presidenta del Congreso de EE.UU., la demócrata Nancy Pelosi, en la COP25 de Madrid el pasado mes de diciembre fue un acto cargado de intención.

El Green New Deal equiparará la política climática estadounidense con la europea

Para los defensores de la lucha contra el cambio climático en Estados Unidos todavía hay espacio para la esperanza. La salida efectiva de cualquier país firmante del Acuerdo de París solo puede producirse cuatro años después de su entrada en vigor: en noviembre de 2020, justo después de las elecciones presidenciales, por lo que un cambio de liderazgo en la Casa Blanca cambiaría totalmente la panorámica.

Los grandes estados se rebelan contra Trump

La deriva de las políticas climáticas de Trump ha generado un rechazo total en gran parte del país. Por ello, hasta 25 estados han dicho basta y se han unido bajo la Alianza por el Clima de EE.UU. para defender sus intereses e implementar políticas energéticas limpias que permitan reducir las emisiones contaminantes. Entre esos 25 estados “rebeldes”, la gran mayoría gobernados por el Partido Demócrata, encontramos tres que pertenecen al bando republicano: Vermont, Maryland y Massachusetts. La unión de todos estos territorios, que representan el 65% de la población estadounidense, logrará reducir en un 28% las emisiones de CO2 para el año 2030.

El caso de California es singular: es el estado más poblado del país y su economía se sitúa en el quinto puesto a nivel mundial por encima de países como Francia o Reino Unido. Los demócratas californianos aprobaron el año pasado una ley estatal con el objetivo de usar energía 100% libre de emisiones en el año 2045, de la que un 60% deberá ser renovable. En esta línea, Los Ángeles se ha marcado como objetivo obtener el 100% de su energía de fuentes renovables para ese mismo año, mientras que la ciudad de Berkeley es, desde julio de 2019, la primera metrópoli estadounidense en prohibir el gas natural en todas sus nuevas construcciones. Por su parte, Nueva York, la ciudad más poblada del país, también ha aprobado una ley que obliga a que en 2040 toda su energía sea limpia, y se ha fijado 2050 como año límite alcanzar la neutralidad de carbono.

Los peligros del aire contaminado

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Más de siete millones de personas mueren al año de forma prematura por enfermedades relacionadas con la calidad del aire que respiran. La Organización Mundial de la Salud no deja lugar a dudas: la contaminación mata. Aunque no haya rincón del planeta que se libre de esta lacra, las grandes ciudades son las más afectadas. ¿Cómo podemos protegernos de la contaminación urbana?